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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-02-2018

Por dnde cortar el nudo gordiano en la negociacin ELN-Gobierno de Colombia?

Jos Antonio Gutirrez D.
Rebelin


Como muchas personas que hemos aportado, en la medida de nuestras capacidades, un granito de arena a las luchas sociales, por derechos, y transformadoras en Colombia, tengo una inquietud enorme por los preocupantes sucesos que se viven con las negociaciones en Quito entre el ELN y el Gobierno Nacional de Colombia, crisis que se arrastra desde el fin del cese al fuego el da 9 de enero del corriente ao. Cese al fuego imperfecto, por cierto, en el cual de parte y parte se cometieron errores y atropellos. Sin embargo, en lugar de buscar las maneras de solucionar estas dificultades y avanzar en un proceso de construccin de confianzas, los puentes se han ido dinamitando, los delegados del gobierno van y vienen de Quito, y el sector del pas interesado en la paz y la justicia social queda en vilo. Y las partes vuelven a la guerra los elenos a atacar la infraestructura petrolera y las tropas del Estado, y el Estado a atacar a los campamentos insurgentes y a desplegar grandes operativos de copamiento en territorios donde hace presencia el ELN-. En eso estamos, y toca ver las maneras de poder cortar este nudo gordiano. Partamos de la base que ni soy ni pretendo ser un elenlogo. As que no tengo ms perspectiva que lo que ms o menos entiendo por mi seguimiento al tema del conflicto y mi labor de aos en temas vinculados al rea de derechos humanos. No tengo una perspectiva privilegiada sobre el tema, ni tengo un conocimiento nico de este movimiento insurgente, como se pavonean por ah algunos doctores, que afortunadamente han decidido darse nuevos aires y salir del pas. Que les vaya bonito.

Para entender la actual crisis del proceso de paz con el ELN, hay que entender la situacin general de crisis que atraviesa el pas. Ya ni siquiera la crisis permanente por la que atraviesa el pueblo, con mil y una dificultades econmicas, sino que hablamos de la crisis terminal en la que ha entrado la esperanza de que ahora s, podan sentarse las bases para la construccin de un pas con unos mnimos de democracia y justicia social que permitieran a los movimientos populares ejercer su voz y su accin sin el temor al espectro de la violencia poltica. Estas esperanzas, tal vez demasiado ingenuas por ciertos sectores, se han visto aplastadas desvergonzadamente por un gobierno que no tiene inters, voluntad, y tal vez ni siquiera capacidad, para hacer cumplir un acuerdo de paz mnimo como el firmado con las FARC-EP. Si el primer acuerdo, el de Cartagena, apenas retomaba un impulso medianamente progresista para el pas, un impulso que ms se asemejaba a la herencia de Lpez Pumarejo que al temido coco del castrochavismo, el del Teatro Coln no alcanza ni siquiera a eso, esfumndose de l prcticamente todo potencial transformador. Ms que reformas, buscaba garantas junto a que se cumplieran temas que el gobierno est, en teora, obligado a cumplir porque hacen parte de los derechos constitucionales-. Y aun as, esto era demasiado para una oligarqua intransigente, vengativa, rencorosa y, de hecho, muchsimo ms subversiva del orden constitucional que las propias FARC-EP. Garrotean la constitucin, se ren descaradamente del pas mientras roban y se intercambian favores como en da de feria, no respetan su palabra empeada, burlan los acuerdos y exigen, exigen, y exigen a Raimundo y todo el mundo que ellos s, cumplan con su palabra. Su descaro no tiene lmites. Al final, a la FARC-EP lo nico que le ha quedado, prcticamente, de esto, es un partido poltico y ni siquiera eso les respetan, pues escasamente pasa una semana sin noticias de un nuevo asesinato a algn miembro de este partido-. Eso para no hablar de los movimientos populares. La oligarqua est garroteando al pescado y acabando con el agua.

Los elenos no son ni ciegos ni sordos. Claramente ven lo que est pasando y se pueden hacer legtimas preguntas. Qu voluntad tiene este gobierno de negociar con ellos? Qu garantas hay de que cumpla lo acordado? Qu garantas hay que no se les aplique su dosis de plomo una vez que hayan entregado las armas? As como los medios de la oligarqua y los elenlogos ponen sus cortinas de humo echando toda la culpa de la actual dificultad en los supuestos sectores del ELN que no quieren la paz, que las dificultades de mantener la cohesin interna, en que el ELN estara creciendo y perdiendo inters en la paz, etc. deberan ver qu es lo que est ocurriendo con el clima de la paz en el pas. Si existe tanta preocupacin por sectores del ELN que estaran reticentes a la paz, que desconfiaran, hay solamente una manera en que esos sectores pueden ser persuadidos: con seriedad. Si el gobierno demostrara seriedad en torno al tema de la paz como una oportunidad transformadora para el pas, muchas de estas crisis y dificultades se disiparan.

Pero no, es ms fcil poner la responsabilidad en manos del ELN, as los micrfonos le caen a uno y puede tener sus cinco minutos de fama como experto en conflictos en la tele. Debera abandonarse la tendencia a exigir de manera unilateral a los insurgentes y dejar que el gobierno siga haciendo la vista gorda a los constantes incumplimientos y negando el actual plan de exterminio (o incluso de genocidio) en curso. En el marco del proceso de paz de las FARC-EP tambin expres, en ms de una ocasin, mi desacuerdo con demandar ms y ms acciones unilaterales a la insurgencia, sin acompaarlas de exigencias al Estado en mi opinin el gran responsable de las causas del conflicto social y armado, lo que no deja espacio para simetras engaosas. El tango se baila entre dos-. De otro modo, lo que tenemos es sencillamente, la bsqueda de la rendicin, que es lo que pretende la oligarqua triunfalista que siente que ya derrot poltica, militar y moralmente a las FARC-EP. Para ellos el ELN es un problema menor. No han entendido nada de la historia colombiana.

El proceso de paz del ELN ya no depende, me atrevera a decir, ni del ELN ni del Gobierno. Depende de las fuerzas sociales que puedan tener un inters de adelantar este proceso. Hay que recordar, que el tema del proceso de paz, ni con los elenos ni con los farianos, fue un asunto de prioridad para una mayora nacional que ve este conflicto como un problema lejano, que no los afecta mayormente. Esta lejana y la falta de pedagoga en torno al tema, as como el escaso potencial transformador del acuerdo con las FARC-EP, afectaron al entusiasmo e inters popular con la paz. No hubo fiesta ni nada, con la firma entre esa guerrilla y el gobierno de un acuerdo. Este proceso avanzar en la medida en que la sociedad en su conjunto quiera que avance, no mediante la voluntad pura y dura de las partes que negocian. Sin embargo, la apata se ha impuesto en la sociedad. Cmo vencer esta apata hacia la paz y lograr que la sociedad se convierta en una fuerza que impulse un acuerdo y se convierta en garante de la construccin de una paz orgnica, transformadora, que comience la amplia tarea de rehabilitacin del pas? Las claves a esta respuesta la recibi Santos en su ltima visita a Irlanda del Norte: con la participacin de la sociedad en el proceso. Esta participacin amplia no es una mera exigencia del ELN; es lo que dicta el sentido comn, mxime cuando hemos visto el impacto que ha tenido la falta de participacin de la sociedad en el proceso con las FARC-EP: termina como un proceso del que no se apropian ms que sectores minoritarios y que desprecia aquel sector que no quiere que nada cambie en el pas de las maravillas.

Es imprescindible que hoy todos los sectores democrticos, populares, progresistas, se apropien de este proceso que no debe verse como un asunto sencillamente de elenos y gobierno. Es necesario avanzar en la exigencia de implementar un dilogo lo ms amplio posible del conjunto de la sociedad, que se vayan apropiando los sectores populares del proceso y de sus conclusiones, Esto no puede seguirse dilatando. Ac necesitamos seriedad. Como tambin en la implementacin de medidas de desescalamiento bilaterales. Desescalamiento que va ms all de que no se bombardee a los elenos: pasa porque pare esta infame guerra sucia en contra de las organizaciones populares de Colombia, que el Estado reconozca la existencia del paramilitarismo y acte en consecuencia, depurando y sealando a sus promotores. El Estado tiene la capacidad de acabar con este fenmeno. Le falta voluntad poltica, pero podra hacerlo si quisieran los altos funcionarios, comenzando por el Presidente, que no remueve a mandos militares all donde se les encuentra en la cama con escuadrones de la muerte. Tambin, dados los incumplimientos con el proceso de las FARC-EP, el fortalecimiento de la presencia de garantes internacionales es algo que dicta el sentido comn. Estas propuestas sencillas solamente podrn llevarse a cabo si existe presin popular. La oligarqua est demasiado borracha con lo que creen es su triunfo, como para ceder en nada motu propio.

En segundo lugar, adems del desescalamiento bilateral, que no unilateral por parte de los elenos, es imprescindible avanzar en la instalacin del quinto ciclo de conversaciones, que qued en veremos despus de que los delegados del gobierno se retiraran de Quito, quedando los delegados elenos a la espera que el gobierno vuelva a la Mesa y cumpla lo firmado. Instalado el ciclo, con organizaciones actuantes y testigos internacionales, debe procederse a una evaluacin rigurosa de qu pas en el anterior cese del fuego de 101 das, sus alcances, aciertos y limitaciones. Slo cuando se haya hecho esto, se podr proyectar un cese al fuego perfeccionado, que sirva para evitar el desangre y exterminio del movimiento social; para mejorar la situacin carcelaria, particularmente en lo relativo a presos polticos y de guerra; para dar chance a que el Estado expulse de su seno a agentes de alto rango que desarrollando la guerra sucia y la herramienta paramilitar; un cese que ayude a la recomposicin de comunidades y territorios violentadas.

Todos los sectores populares hoy deberan rodear este dilogo en Quito, independientemente de su cercana o no con los elenos. Se trata de construir una sociedad cuyo eje sea la vida digna para todos. Y eso requiere de generosidad; si fallamos en esto, los efectos negativos de este momento histrico lo pagarn varias generaciones posteriores.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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