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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-02-2018

Burocracia y derechos ciudadanos

Antonio Lorca Siero
Rebelin


Los derechos ciudadanos, que quedaron definidos como un avance de las masas al amparo de la revolucin burguesa -lo que no es de todo exacto, por cuanto a quien beneficiaban era a los propios burgueses y slo de rebote al resto del llamado tercer estado- continan siendo a estas alturas un filn para los ejercen el poder formal. En este punto, frente a los primeros gestores de tales derechos, hoy buena parte del papel poltico de aquella burguesa revolucionaria lo ha asumido la burocracia. Tanto la burocracia poltica -entindase la clase poltica, es decir, los que en trminos "weberianos" seran los que viven de la poltica- como la burocracia tcnica -o sea los que viven de la administracin del Estado- han pasado a ser patrocinadoras y garantes de los intereses de las masas que, una vez debidamente formalizados, se postulan como derechos.

En cuanto resulta que los verdaderos derechos no se otorgan graciosamente por quienes detentan el poder, sino que los presuntos beneficiarios tienen que conquistarlos, parece que tales concesiones deben ser vistas con cautela. Pudiera ser que los capitalistas modernos, sucesores de aquellos burgueses revolucionarios, y los burcratas actuales se mostraran tan predispuestos a promover derechos de la ciudadana porque han oteado con la vista larga el negocio. Los capitalistas de hoy, para consolidar su poder econmico y los otros para ampliar su poder poltico. La base del negocio del capitalismo est en asegurarse el dominio del mercado, de manera que, desde el monopolio por l establecido, las masas acaten las reglas del juego que ha fijado. Pero como el mercado depende de las masas, a travs de los consumidores, hay que seducirles con derechos, en definitiva, garantas de bienestar, que en realidad sirven de infraestructura que permite dar solidez al sistema capitalista. Vistos desde la otra realidad, los derechos que se otorgan a los ciudadanos son garantas de seguridad para el funcionamiento del empresariado capitalista.

Desde que la burocracia poltica ha pasado a depender tericamente de las masas -en forma alguna en la prctica- en virtud de la democracia representativa, tiene que complacer a los electores no solo con ideologas populistas -de derechas, de izquierdas y de centro del espectro poltico-, sino con derechos. De ah que a medida que marchan los tiempos otorgue nuevas oleadas de derechos, porque ah est la base del negocio poltico. Como la ampliacin de los derechos ciudadanos siempre es bien recibida, de esta manera las masas se sienten satisfechas y la burocracia mucho ms, porque se amplan sus niveles de poder. Cada derecho otorgado conlleva fiscalizacin y nuevas obligaciones para casi todos, pero pocas veces para ella.

Con la burocracia tcnica sucede algo similar. La creacin de nuevos derechos ciudadanos y las garantas con que deben acompaarse suponen incremento de las facultades de intromisin en los espacios de la vida de los individuos; en definitiva, ampliar las esferas del poder que ejerce en virtud de la legalidad sin que, por contra, ella misma est sujeta a fiscalizacin ms all de la establecida por la jerarqua de la organizacin. Asimismo, para garantizar esos derechos hay que incrementar la plantilla del colectivo, para crecer como organizacin a cuenta de los propios contribuyentes. El resultado es una administracin estatal mastodntica con poderes desmesurados, dedicada a arrasar con la libertad, la intimidad y los derechos consolidados del individuo, en cuanto todo se burocratiza. Este proceso de burocratizacin tiene lugar tericamente en inters de esos nuevos derechos ciudadanos que dice procurar.

El control de la carrera de los derechos, que permiti al primer capitalismo moderno acceder al poder poltico colocando como pantalla a la clase de los polticos profesionales, se le ha escapado de las manos o cuanto menos se ha quedado rezagado en la explotacin del producto. Parece conformarse con promocionar la democracia representativa y publicitar trminos como Derecho, derechos y libertades para procurar la seguridad jurdica del mercado, al objeto de mantener a salvo sus intereses y no espantar al consumo.

Tal situacin ha sido aprovechada por la burocracia para avanzar y tomar la delantera en la carrera por el control de masas, convirtindose en mecenas de los derechos ciudadanos, con el beneplcito de los numerosos grupos de intereses que surgen y se enquistan en el cuerpo social, abusando de la tolerancia del colectivo. La burocracia quiere tomar protagonismo en el poder liberndose de tutelas capitalistas, o sea, caminar por libre para colocarse sobre la fuerza real que domina la sociedad, basada en la realidad econmica, acudiendo al soporte institucional del Estado y a la supuesta legitimacin que le otorga el electorado. El propsito es que tanto la poltica como la administracin puedan consolidarse definitivamente como autntico poder autnomo, sustentado en una fuerza artificial que no emana de la sociedad, para operar al margen de las determinaciones del empresariado capitalista y de la voluntad general.

Siguiendo la estrategia tomada del mercado capitalista, centrada en las masas consumidoras, la moneda de cambio en la poltica de la burocracia no es otra que las masas. A las que se encandila con derechos y libertades de papel, que luego se dejan a voluntad de quien asume la funcin de garante. Pero la jugada tiene una doble dimensin.

Ante el capitalismo, la burocracia utiliza a las masas como aval de su gestin, invocando su condicin de patrocinadora de la democracia representativa, dada su funcin de maquinaria formalizadora de derechos ciudadanos. La consecuencia es que la burocracia no solamente se vende al gran patrn como imprescindible en el marco poltico, sino en su papel de conductora de las masas. Reclamando as la exclusividad para establecer el orden en la sociedad capitalista, reservndose esta funcin en rgimen de monopolio a la clase poltica.

Del otro lado, se juega con las masas ofertando derechos calificados de modernos, como expresivos de un supuesto progreso. Su promocin ideolgica no es cosa de todos, sino que lo asumen grupos minoritarios que aspiran a ser dominantes sobre la sociedad para imponer sus particulares conveniencias, a cambio de la prdida real de derechos y libertades de la generalidad. En cuanto al canon a pagar en el plano colectivo no es otro que mayor control de las actividades ciudadanas e incremento del poder de la burocracia. Ahora en disposicin de arrasar incluso con la intimidad de las personas invocando modernos derechos ciudadanos de nombre, que solo formaliza cuando interesa por razones electorales.

 


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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