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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-02-2018

En el 20 aniversario de la muerte del filsofo Cornelius Castoriadis, una reflexin a partir de su trabajo sobre la experiencia del movimiento obrero
Poltica de clase como poltica del encuentro

Amador Fernndez-Savater
eldiario.es

Por qu los votantes de clases populares apoyan hoy opciones de derecha extrema contrarias aparentemente a sus intereses? Qu es hoy la clase y la poltica de clase?


Por qu una fraccin significativa de los votantes de las clases populares que antes sostenan electoralmente opciones progresistas (socialistas, comunistas) apoyan hoy decididamente a los populistas de derechas como Trump o Marine Le Pen... aparentemente contra sus propios intereses?

Esta pregunta dispara en diferentes contextos (EEUU, Europa) debates encendidos en el campo progresista. Habra que volver a una poltica que ponga en primer plano las cuestiones econmico-materiales-de clase en vez de las cuestiones culturales-identitarias-de valores donde la derecha parece moverse como pez en el agua?

O bien es justo al revs: es en el terreno cultural justamente donde se encuentra el humus en el que podra gestarse un nuevo sujeto amplio (ya no la clase, sino el pueblo) que no est dado en la realidad, sino que podra articularse en torno a smbolos y polos de identificacin abiertos, transversales?

Quin es hoy el sujeto de cambio? El pueblo o la clase? Quines somos, en definitiva, nosotros?

Me temo que este interesante debate se desarrolla en general muy sesgado por las claves partidarias y electorales. Desde ah, las dos concepciones mencionadas antes comparten mucho en el fondo.

En primer lugar, ambas entienden la poltica como la accin de ganarse a las mayoras sociales. La poltica queda dividida as entre un sujeto (el Partido, el ncleo irradiador) y un objeto (la gente o las clases populares) a convencer, a interpelar, a seducir, etc.

Cmo puede el sujeto representar mejor al objeto? Mediante qu imgenes, qu temas, qu tipos de liderazgo, qu identificaciones?

Se trata de reflejar con toda la fidelidad posible la identidad, los gustos y los intereses de un grupo sociolgico ya constituido? O bien de construir una nueva voluntad colectiva articulando diferentes fragmentos sociales en torno a significantes vacos? Coldplay o Quilapayn? En ambos casos la poltica se piensa fundamentalmente como poltica de comunicacin.

En segundo lugar, ambas comparten tambin el marco y el horizonte de la accin: es la soberana, la restauracin de un Estado fuerte con mrgenes de maniobra frente al mercado. Es el orden o la capacidad de disputar a la derecha populista la demanda de seguridad de las vctimas de la globalizacin a travs de la propuesta de un regreso al Estado del bienestar. Es la renacionalizacin de la poltica, ya sea con base en la vieja clase obrera nacional o en un nuevo sujeto colectivo popular.

Poltica de comunicacin, poltica electoral, poltica de la soberana: no es de extraar que se trate de un debate muy interno a Podemos.

Me gustara proponer otro punto de partida: la clase nunca fue un conjunto de opiniones, identificaciones y comportamientos electorales, sino un mundo. Un mundo hecho de muchos mundos, de instituciones y tradiciones propias, de espacios y lugares comunes, de imgenes de referencia y de vnculos fuertes, de prcticas discursivas y no discursivas. Lo que ha estallado ya hace aos es ese mundo, y en el vaco que resulta todos los monstruos son posibles: clases populares que votan a la derecha extrema, etc.

Podemos pensar las cuestiones del sujeto de transformacin y el nosotros en trminos de experiencias de mundo y no de comportamientos electorales? Propongo para ello dar un paso atrs y tomar impulso en las reflexiones sobre el movimiento obrero del filsofo greco-francs Cornelius Castoriadis, de quien se cumplen estos das 20 aos de su muerte.

El proletariado como experiencia

Desde 1948 a 1965, Castoriadis milita en el grupo revolucionario Socialismo o Barbarie que, con la idea de la autonoma del proletariado como bandera, se mezcla y piensa a fondo las luchas del movimiento obrero de posguerra: huelgas en la industria automovilstica, movilizaciones de los obreros portuarios, revueltas anti-burocrticas en el Este de Europa, etc.

En 1974, Castoriadis recoge en dos volmenes sus textos sobre la cuestin obrera publicados antes en la revista homnima de Socialismo o Barbarie. En el prlogo, se plantea filosficamente la pregunta: qu tipo de actor histrico, poltico y social es el movimiento obrero? Qu tipo de sujeto de transformacin y de nosotros?

Segn el marxismo ms ortodoxo de la poca con el que Castoriadis discute, el proletariado tiene una definicin objetiva: es lo que es por su posicin o situacin en las relaciones de produccin capitalistas (la clase en s segn Trotsky).

De ese ser objetivo se deduce una misin o finalidad histrica (la clase para s): el progreso de la Historia, el fin de la sociedad dividida en clases, la emancipacin de la humanidad entera, etc.

Y la conciencia de ese ser y de esa misin debe serle inyectada desde fuera, encerrado tal y como est el proletariado en las cuestiones inmediatas de la supervivencia cotidiana, por una vanguardia consciente organizada en Partido.

El debate puede resultar quiz algo lejano, pero creo que tiene resonancias muy actuales. El esfuerzo de Castoriadis es pensar el movimiento obrero no como un producto, una cosa o una vctima, sino fundamentalmente como un hacer, como su propio hacerse.

Por un lado, no basta que haya obreros para que haya clase obrera. La clase no se define por su situacin en las relaciones capitalistas de produccin, sino que se hace a partir de ellas. No es pues un grupo sociolgicamente constituido, ni tampoco es un reflejo o una respuesta automtica ante su posicin. Es en buena parte su propia creacin: de formas organizativas, de vnculos sociales, de una entera cultura poltica.

"La historia del movimiento obrero es la historia de la actividad de personas pertenecientes a una categora socioeconmica creada por el capitalismo mediante la cual esa categora se transforma Se transforma al transformar la pasividad, la fragmentacin, la competencia que desea e intenta imponerle el capitalismo en actividad, en solidaridad, en colectivizacin.

Tampoco es una cosa. No es una mercanca por ejemplo. Una definicin clsica de proletario dice: es aquel que tiene que vender (por un salario) su fuerza de trabajo para sobrevivir, una vez le han sido arrebatadas las condiciones de subsistencia autnomas.

Pero Castoriadis se pregunta qu tipo de mercanca es esa y responde: no es una mercanca como las dems. No slo porque, como explique Marx en El Capital, produzca ms de lo que cuesta a su comprador, sino porque la rentabilidad que se extrae de ella (la plusvala) es el resultado de una pelea que tiene lugar a lo largo y ancho del proceso de produccin.

"Cuando el empresario compra una tonelada de carbn sabe cuntas caloras puede extraer de ella, el negocio est para l terminado. Cuando ha comprado una mercanca fuerza de trabajo, el negocio no hace ms que empezar. Lo que podr extraer de ella como rendimiento efectivo ser el resultado de una lucha que no se detendr ni un segundo durante la jornada de trabajo. Ni el estado de la tcnica, ni las leyes econmicas bastan para determinar lo que es una hora de trabajo.

Hay lucha de clases viene a decir aqu Castoriadis. Y es la lucha de clases la que crea las clases, no al revs.

Lucha de clases no solamente explcita o manifiesta (una huelga, una insurreccin), sino tambin informal, invisible y subterrnea: pequeos sabotajes, frenados en los talleres, contraorganizacin del trabajo. Y esa lucha micro constante y subterrnea tiene efectos macro gigantescos: en la evolucin de la tcnica, en la orientacin de la acumulacin capitalista, en los niveles de paro y empleo, etc.

En definitiva, la mirada sociolgica-objetiva es ciega al hacer y al hacerse de la clase. Slo ve objetos, no la lucha. Slo ve categoras, no experiencias. Slo ve el punto de partida, no la transformacin. Slo ve el origen, no las metamorfosis. Slo ve las determinaciones, pero las determinaciones son una presin o un lmite y no una fatalidad o un destino. Son las condiciones a partir de las cuales el proletariado hace y se hace.

Por otro lado, el movimiento obrero no es el agente ciego de una finalidad que haya de serle inyectada desde fuera. Ni tampoco es un momento de un todo ordenado, teleolgicamente, hacia un objetivo. Es una singularidad histrica, no la pieza de un plan maestro.

Segn Castoriadis (y antes de l, E. P. Thompson), el proletariado no esper a Marx para comprender la explotacin o la teora del valor-trabajo: ya est formulada en la prensa obrera de comienzos del XIX. No esper a los revolucionarios profesionales para crear formas propias de autoorganizacin, lucha y ayuda mutua (Comuna, consejos, shop-stewards). No esper a ninguna vanguardia consciente para crear un proyecto histrico propio que habla de abolicin de las clases y organizacin universal de los productores. Y no esper a nadie para darse s mismo algo que va mucho ms all de una simple toma de conciencia: una cultura emancipada.

Merece la pena tal vez detenerse aqu un instante. Qu es la cultura obrera? Es, en primer lugar, el rechazo a conformarse con la cultura que le corresponde por nacimiento y posicin. La emancipacin esttica obrera fue la entrada en la escritura de gente que viva -y que supuestamente deba vivir- en el mundo popular de la oralidad.

"Desde 1800 a 1840, el proletariado ingls se alfabetiza prcticamente por s mismo, reduce sus noches ya breves y sus domingos para aprender a leer y escribir, y sus salarios de miseria para comprar libros, peridicos y velas. La clase obrera lee a Paine, a Voltaire, a Volney Retoma en su propio hacer instrumentos y contenidos de la cultura burguesa existente y les confiere una nueva significacin.

Al proletariado le corresponde la oralidad, pero aprende a leer y escribir. No le corresponde la cultura burguesa, pero se la reapropia y resignifica. La emancipacin esttica obrera consisti en hacerse capaz de lo imprevisto. En fabricarse una nueva piel sensible a aquello que est supuestamente fuera de su alcance.

Hoy, en lugar de la oralidad puede ser el trap o el reggaeton, pero se nos viene a decir un poco lo mismo: la cultura de las clases populares es la que les toca. En nombre de la sana crtica de un elitismo (no despreciemos el trap o el reggaeton), se reproduce otro: se presupone la incapacidad de las clases populares para entender, disfrutar o reapropiarse de formas, imgenes o enunciados complejos. No pueden entender palabras raras, no tienen luces para seguir un pensamiento abstracto, no les preocupan las cuestiones de sentido, slo tienen intereses materiales, no tienen tiempo para otra cosa que no sea ver la tele, no experimentan alegra, slo rabia y desesperacin, etc.".

El elitismo es siempre la presuposicin de la incapacidad del otro. La labor policial es fijar lo que la gente puede o no puede segn su origen. Emanciparse es hacer una experiencia de lo impropio, ir ms all de uno mismo, no simplemente la afirmacin de lo propio, de lo que te toca, de lo que te corresponde.

En definitiva, Castoriadis propone redefinir el movimiento obrero, no como un objeto de explotacin o una vctima sufriente, sino como una fuerza social determinante. Y en esa redefinicin el concepto clave es el de experiencia. Qu es la experiencia? No lo que nos pasa, sino la elaboracin de lo que nos pasa. Una elaboracin que trasciende lo dado y crea lo nuevo.

La fuerza subversiva del movimiento obrero consisti en hacer una experiencia capaz de desafiar la definicin capitalista de la realidad: el ser humano existe para la produccin. Una definicin no escrita en los libros, dice Castoriadis, sino inscrita en el actuar de los hombres y las mujeres, en sus relaciones, en su organizacin, en su percepcin de lo que es, en su afirmacin y bsqueda de lo que vale. El capitalismo quera proletarios que fueran slo una mezcla de orangutn y robot, como deca Henry Ford, pero el movimiento obrero respondi creando -por su actividad y su lucha- seres humanos capaces de leer y escribir, de pensar y poetizar, de autoorganizar su trabajo.

Poltica del encuentro

La configuracin de la clase obrera europea analizada por Castoriadis estall hace aos, l mismo lo constata ya en ese texto de 1974. En parte debido a la propia ofensiva neoliberal contra los movimientos de los aos 60 y 70: deslocalizaciones, cierre de fbricas, desempleo, etc. Es decir, nada se asemeja hoy a lo que fue la poltica obrera de la lucha de clases y sus niveles de conflictividad, de contrapoder, de contraorganizacin social.

Podra decirse de alguna manera que hemos vuelto a 1800. Partimos de ese estallido, de esa explosin. Slo hay fragmentos: luchas y movimientos de precarios, de mujeres, de migrantes, de las formas supervivientes del trabajo garantizado.

Imaginemos lo siguiente: una nueva figura de clase podra surgir de la multiplicacin de los cruces y los encuentros entre los distintos fragmentos. No fue tambin en su da la primera configuracin proletaria el efecto de las alianzas impuras entre labourers, mechanicks, burgueses e ilustrados radicalizados por la Revolucin Francesa, capas plebeyas y artesanas, etc.?

"Que el nmero de nuestros miembros sea ilimitado deca la primera de las reglas fundamentales de la Sociedad de Correspondencia de Londres en 1792. El movimiento obrero nunca fue el bloque o el frente de que nos hablan los relatos ms estereotipados, sino siempre un patchwork, un collage y un frankenstein de distintas formas de vida y de trabajo. Un nosotros abierto e incluyente que aspiraba a tener miembros ilimitados, tal y como relata E. P. Thompson la formacin (mejor el hacerse, el making) de la clase obrera inglesa.

No se trata de pegar los fragmentos para volver a obtener la vieja configuracin, ni tampoco de reunir los pedazos en torno a un fragmento central o privilegiado (ya sean los obreros blancos o el cognitariado), sino de multiplicar los encuentros sin remitir a un centro y crear a partir de ellos una nueva figura.

Podramos hablar entonces de una poltica del encuentro como pre-condicin para la emergencia de una nueva figura de clase a partir de la condicin ms comn y compartida hoy: la precarizacin general de la existencia.

Un pequeo ejemplo al que pude asistir en directo: la tentativa que hicieron algunos jvenes del movimiento Nuit Debout de desplazarse desde el centro a los barrios perifricos de Pars buscando atravesar la fractura entre dos juventudes precarizadas pero de diferente modo y con distinta intensidad, buscando no "captar" o "concienciar", sino el encuentro, el dilogo y el roce (tenso, qu duda cabe) con la juventud de las banlieues.

El encuentro se hace saliendo de tu lugar. Es decir, la poltica del encuentro no es exactamente una poltica del inters o de la identidad. Es, como dice Sandro Mezzadra, "una poltica en movimiento de la solidaridad y lo comn". Lo comn no es una suma de intereses o identidades. Hay que salir del propio lugar (inters, identidad, lenguaje) para ir al encuentro del otro.

El peor enemigo son los estereotipos. La caricatura del otro tapa nuestros odos, impide el encuentro afectivo y efectivo. Por ejemplo, juzgar a quienes piden ms seguridad en un barrio popular automticamente como fascistas, en lugar de escuchar, captar la ambivalencia de esa demanda de seguridad o tratar de componerse. O ridiculizar los movimientos de jvenes precarios como privilegiados o pijos. O presuponer lo que algo puede dar de s -un movimiento, una persona- a partir de su origen de clase. Nada menos elitista, menos ensimismado y menos narcisista por ejemplo que los militantes (de clase media, etc.) que han dado vida en estos aos -junto a los afectados directos- a experiencias como el Ferrocarrril Clandestino, las Oficinas de Derechos Sociales, la PAH o Yo S Sanidad Universal.

La teora como escucha y dilogo

Por ltimo, creo que el ejemplo de Socialismo o Barbarie podra ser tambin inspirador, en condiciones por supuesto muy cambiadas, a la hora de pensar hoy las relaciones entre pensamiento y poltica de transformacin.

Socialismo o Barbarie parti de esta pregunta: si no puede encontrarse al proletariado en su representacin (en el Partido, en la Teora), dnde buscarlo entonces? Hemos adelantado ya la respuesta: en su experiencia misma, en su hacer y hacerse.

-En la actividad productiva misma, en el trabajo, donde el proletariado no slo es un engranaje, sino tambin autoactividad y autoorganizacin.

-En las luchas explcitas: huelgas, episodios insurrecionales, etc.

Pero, cmo escuchar la experiencia, cmo ir a su encuentro, como hacerla circular? Es la tarea del pensamiento, la tarea de los intelectuales revolucionarios. Hay que inventar instrumentos de escucha, de contacto, de circulacin. En el caso de Socialismo o Barbarie, podemos citar por ejemplo:

-La recogida de testimonios obreros. En cada nmero de la revista haba un apartado especial llamado La palabra a los trabajadores donde se publicaban relatos en primera persona sobre la vida cotidiana y el trabajo.

-Las investigaciones (encuestas obreras) sobre el terreno. En los momentos de lucha abierta (por ejemplo las huelgas mineras belgas de 1961), el grupo se esforzaba por acercarse, preguntar y conocer desde dentro qu pensaba y cmo lo vivan los protagonistas.

-La propia composicin mixta del grupo. En Socialismo o Barbarie participaban tanto intelectuales revolucionarios como trabajadores de base (Daniel Moth en Renault, Henri Simon, Jacques Gautrat). No se trataba de tener una cuota obrera, sino de producir otra experiencia del pensamiento a partir de un encuentro en igualdad entre diferentes, con todas las dificultades que ello implica.

Una teora revolucionaria no puede ser igual que una teora clsica slo que con otros contenidos. Un intelectual revolucionario no puede ser igual que uno convencional slo que habla de revolucin. La teora no puede ir sola, con piloto automtico, salir simplemente de cerebros y libros. El intelectual no puede pasarse el da hablando de sujetos -las clases populares, etc.- que ni se enteran de ello. La teora debe ir al encuentro de la experiencia, escucharla y ayudar a conceptualizarla y comunicarla. El intelectual debe medirse inmediatamente con aquellos sujetos de los que est hablando.

La teora revolucionaria no presupone lo real, codificndolo a partir de tal o cual esquema conceptual a priori. No habla de los dems ni por los dems, sino que sabe escuchar. Es por tanto un dilogo y un hacer: una co-produccin entre la experiencia y el pensamiento. Y requiere ella misma de un desplazamiento: salir de tu lugar, abandonar los estereotipos (de lo intelectual o de lo popular) e ir al encuentro. Ese es el legado ms fuerte de Socialismo o Barbarie y nos tocara hoy a nosotros traducirlo al presente.

Texto escrito para las jornadas "Cornelius Castoriadis: un filsofo para pensar el presente. En el veinte aniversario de su muerte" organizadas los das 6 y 7 de febrero en la Universidad Autnoma de Madrid.

Referencias:

"La cuestin de la historia del movimiento obrero", Cornelius Castoriadis, La experiencia del movimiento obrero, Vol. 1. Cmo luchar, Tusquets 1979.

"La fuente hngara", Cornelius Castoriadis, La exigencia revolucionaria, Acuarela Libros 2000.

La formacin de la clase obrera en Inglaterra, E. P. Thompson, Capitn Swing 2012.

Construir pueblo, Iigo Errejn y Chantal Mouffe, Icaria 2015.

Amador Fernndez-Savater sobre Socialismo o Barbarie y la Internacional Situacionista (vdeo).

"De la autonoma obrera a la autonoma social: la experiencia de Socialismo o Barbarie": entrevista a Daniel Blanchard, Luchas autnomas en los aos 70, Traficantes de Sueos 2008.

"Hacer algo 'contra' no construye un comunismo positivo" de Jacques Rancire

"Por una poltica de clase a la altura de los tiempos" (en italiano) de Sandro Mezzadra

Fuente: http://www.eldiario.es/interferencias/clase_obrera-Cornelius_Castoriadis_6_738486148.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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