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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-02-2018

Karl Marx (1818-1883). En el bicentenario de su nacimiento (VI)
Una antologa de Francisco Fernndez Buey para los faros del siglo XX (y 2)

Salvador Lpez Arnal (editor)
Rebelin


Nos habamos quedado en la antologa de Marx que elabor Francisco Fernndez Buey (1942-2012) [FFB] para una exposicin del CCCB a finales de 1998 (en la que tambin colabor su amigo, el filsofo-dibujante Mximo). La exposicin dur un mes, del 3 de diciembre de 1998 al 3 de enero de 1999. Llevaba por ttulo "Marx por Marx" y se abra con esta reflexin:

Desde la muerte de Marx los filsofos y los polticos se han dedicado prioritariamente a interpretar su obra de distintas maneras marxistas. Se ha escrito tanto sobre Marx que ste ha acabado siendo un perfecto desconocido y se ha perdido su espritu crtico. Pero la sustancia de toda la obra de Marx consiste precisamente en esto, en la crtica de lo existente: crtica de la filosofa especulativa y sistemtica, crtica de la crtica mistificadora que se considera crtica, crtica de la poltica al uso, crtica de las ideologas, crtica de la economa standard en su cinismo y en sus presupuestos.

As que lo que hace falta en el siglo XXI es leerlo. Leerlo como se lee a un clsico: no sintomticamente, o sea, buscando cortes epistemolgicos para adaptar sus palabras a nuestras preocupaciones preferentes, ni reconstruyendo su obra analticamente para hacerlo caber en nuestro concepto finisecular de racionalidad, sino atendiendo al contexto y a la evolucin de su pensamiento, a sus contradicciones y a sus paradojas. La breve antologa de las ideas de Marx que sigue a continuacin se basa en esa pretensin. En ella no est todo Marx, naturalmente. Lo que de ella brota no es "nuestro Marx" (el Marx que habramos querido) ni "el Marx de ellos" (el Marx de los que le declaran muerto). Es un Marx cuyo pensamiento va cambiando con los aos: el Marx de las afirmaciones rotundas, contundentes, y el Marx de la duda; el Marx de las anticipaciones sobre el desarroll general del capitalismo y el Marx de los matices sobre las particularidades histricas; el Marx proftico y el Marx analtico; el Marx enamorado de las ideas propias y el Marx de los distingos sobre los enamoramientos por flechazo que produjeron sus ideas.Tambin Marx cambi. Pero de otra manera.

Un Marx sin ismos, conclua FFB, un Marx que da qu pensar, un Marx para dialogar y discutir.

Es decir, su Marx, el Marx que siempre recomend, el marxismo sin ismos que l siempre practic.

Vayamos ahora por la segunda parte de la antologa [1]. Los ttulos de los apartados son de FFB, y los aos que aparecen al final de los textos remiten a la fecha de publicacin de las obras del padre de Tussy. Laura y Jennyschen Marx de donde han sido extrados. FFB discuti en artculos y notas algunos de los textos seleccionados. Un ejemplo de estos textos comentados: "En tal caso, por penoso que resulte a nuestros sentimientos personales el espectculo de un viejo mundo que se derrumba, desde el punto de vista de la historia tenemos pleno derecho a exclamar con Goethe: Quin lamenta los estragos/ si los frutos son placeres?/ no aplast a miles de seres/ Tamerln en su reinado?" (Vase FFB, Ms Marx (y ms marxismo) sin ismos, Vilassar de Dalt (Barcelona), El Viejo Topo (en prensa)).

La segunda parte de su antologa.

Materialismo y praxis

La doctrina materialista que dice que los hombres son producto del ambiente y de la educacin y que, por tanto, sus cambios son consecuencia de cambios en el ambiente y en la educacin olvida que son precisamente los hombres quienes modifican el ambiente y que el educador mismo tiene que ser educado. La coincidencia entre mutacin del ambiente y de la actividad humana, o autorrealizacin, slo puede ser concebida y entendida racionalmente como praxis revolucionaria.

Toda la vida social es esencialmente prctica. Todos los misterios que empujan a la teora hacia el misticismo encuentran su solucin racional en la actividad prctica, en la praxis humana y en la comprensin de esta praxis [1845]

Lo que una clase es

Los individuos particulares forman una clase slo cuando entran en una lucha comn con otra clase. El resto del tiempo estn compitiendo entre ellos y con sus adversarios. Pero, por otra, una clase tiende a hacerse, a su vez, autnoma respecto de los individuos, cada vez que stos encuentran ya predestinadas sus condiciones de existencia, reciben como asignadas por la clase su posicin en la vida y, por tanto, su personal desarrollo y se somenten a su clase [1845, La ideologa alemana]

El primer hecho histrico

El primer principio de toda existencia humana y, por consiguiente, de toda historia, es que los hombres tienen que poder vivir para poder "hacer historia". El primer hecho histrico es, por tanto, la produccin de los medios para satisfacer las necesidades bsicas del ser humano: alimentarse, beber, tener vivienda, vestirse y unas cuantas cosas ms [1846].

No es la consciencia la que determina la vida; es la vida la que determina la consciencia [1846]

Ideas dominantes

Las ideas de las clases dominantes son, en toda poca, tambin las ideas dominantes. La clase que tiene a su disposicin los medios de produccin material dispone igualmente de los medios de produccin espiritual [1846]

Lo que ahora importa: transformar el mundo

Los filsofos no han hecho otra cosa que interpretar el mundo de diferentes maneras. Lo que ahora importa es transformarlo [1846]

Gran industria, mundializacin

La existencia de la gran industria permite hablar con fundamento de historia mundial. La gran industria ha destruido el carcter naturalmente limitado de las naciones, ha sometido al capital las ciencias de la naturaleza, y destruye lo natural en la medida en que ha sustituido todas las relaciones naturales por relaciones dinerarias [1846].

Una fraternidad nada fraterna: la explotacin en su fase cosmopolita

La fraternidad que el libre-cambio establecer entre las diferentes naciones de la tierra no tendr nada de fraternal. Denominar fraternidad universal a la explotacin en su estadio cosmopolita es una idea que slo poda nacer en el seno de la burguesa. Todos los fenmenos desestructuradores que la libre competicin hace nacer en el interior de un pas se reproducirn a escala gigantesca en el mercado universal [1848].

Lucha de clases

La historia [escrita] de todas las sociedades hasta nuestros das es la historia de la lucha de clases. Nuestra poca, la poca de la burguesa, se distingue empero por el hecho de haber simplificado los antagonismos de clase. Toda la sociedad se divide cada vez ms en dos grandes bandos hostiles, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente entre s: la burguesa y el proletariado [1848].

Papel histrico revolucionario de la burguesa

La burguesa ha jugado en la historia un papel esencialmente revolucionario. Ha desgarrado despiadadamente todos los abigarrados lazos feudales que ligaban a los hombres a sus superiores naturales no dejando en pie, entre hombre y hombre, ningn otro vnculo que el inters desnudo, que el insensible "pago al contado". Ha ahogado el sagrado paroxismo del idealismo religioso, del entusiasmo caballeresco y del sentimentalismo pequeo-burgus en las heladas aguas del clculo egosta. Ha hecho de la dignidad personal un simple valor de canibio. Ha sustituido las numerosas libertades estatuidas y bien conquistadas por una nica y desalmada libertad: la libertad de mercado. En una palabra, ha sustituido la explotacin disfrazada con ilusiones religiosas y polticas por la explotacin franca, descarada, directa y escueta.

La burguesa ha dado una conformacin cosmopolita a la produccin y al consumo. Mediante el rpido mejoramiento de todos los instrumentos de produccin y la infinita facilitacin de las comunicaciones, la burguesa arrastra hacia la civilizacin a las naciones ms brbaras [...] Crea un mundo a su propia imagen y semejanza. Ha creado ciudades enormes, ha incrementado en alto grado el nmero de la poblacin urbana con relacin a la rural, sustrayendo as a una considerable parte de la poblacin al idiotismo de la vida rural [1848]

Crisis, sobreproduccin, demasa

En las crisis comerciales se destruye regularmente gran parte no slo de los productos engendrados sino de las fuerzas productivas ya creadas. En las crisis estalla una epidemia social que en todas las pocas anteriores hubiese parecido un contrasentido: la epidemia de la superproduccin. Sbitamente la sociedad se halla retrotrada a una situacin de barbarie momentnea: una hambruna, una guerra de exterminio generalizada parecen haberle cortado todos sus medios de subsistencia; la industria, el comercio, parecen aniquilados, Y ello por qu? Porque posee demasiada civilizacin, demasiados medios de subsistencia, demasiada industria, demasiado comercio [1848].

Proletarios sin patria

Por su forma, aunque no por su contenido, la lucha del proletariado contra la burguesa es primeramente una lucha nacional. Es natural que el proletariado de cada pas deba acabar en primer lugar con su propia burguesa.Los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no tienen [1848]

Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas e intenciones. Proclaman abiertamente que sus objetivos slo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Los proletarios no tienen nada que perder en la revolucin comunista ms que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar. Proletarios de todos los pases, unos! [1848].

La conquista de la democracia

El primer paso de la revolucin obrera lo constituye la elevacin del proletariado a clase dominante, la conquista de la democracia.

Una vez que, en el curso de la evolucin, las diferencias de clase hayan desaparecido y toda la produccin se halle concentrada en manos de los individuos asociados, el poder pblico perder su carcter poltico.

El lugar de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, ser ocupado por una asociacin en la que el libre desarrollo de cada cual ser la condicin del libre desarrollo de todos [1848].

O revolucionarios o nada

La clase trabajadora o es revolucionaria o no es nada [1849]

Las revoluciones son las locomotoras de la historia [1850]

La dictadura del proletariado como perodo de transicin

No es mrito mo el haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni el haber descubierto la lucha entre las clases. La novedad que yo he aadido ha sido demostrar: 1 que la existencia de las clases est vinculada a ciertas luchas definidas, histricas, vinculadas al desarrollo de la produccin. 2 que la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado; que esta dictadura es solo el perodo de transicin hacia la supresin de todas las clases y hacia una sociedad sin clases (1850). 

Hacer la propia historia

En general los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen arbitrariamente, en condiciones elegidas por s mismos, sino en las condiciones directamente dadas y heredadas del pasado [1852].

Que los muertos entierren a sus muertos

Las revoluciones anteriores tenan necesidad de reminiscencias histricas para disimularse a s mismas su propio contenido. La revolucin del siglo XIX debe dejar que los muertos entierren a sus muertos para lograr su propio objetivo. Las revoluciones proletarias se critican a s mismas constantemente [1852].

Contra la pena de muerte

Para defender la pena de muerte se suele presentar sta como un medio de correccin e intimidacin. Pero la historia y la estadstica demuestran plenamente que desde Can el mundo jams se ha corregido o intimidado por el castigo. Miserable sociedad sta que no ha encontrado otro medio de defenderse que el verdugo y que proclama su propia brutalidad como una ley eterna [1853].

Colonialismo: hipocresa y barbarie sin disfraz

La profunda hipocresa y la barbarie propias de la civilizacin burguesa se presentan desnudas ante nuestros ojos cuando en lugar de observar esa civilizacin en su hogar propio, donde adopta formar honorables, la contemplamos en las colonias donde se nos ofrece sin ningn disfraz [1853].

Colonialismo: el instrumento inconsciente de la historia

Lo que importa es saber si la humanidad puede cumplir su misin sin una revolucin a fondo del estado social de Asia. Si no puede, entonces, y a pesar de todos sus crmenes, Inglaterra fue el instrumento inconsciente de la historia al realizar all dicha revolucin. En tal caso, por penoso que resulte a nuestros sentimientos personales el espectculo de un viejo mundo que se derrumba, desde el punto de vista de la historia tenemos pleno derecho a exclamar con Goethe: Quin lamenta los estragos/ si los frutos son placeres?/ no aplast a miles de seres/ Tamerln en su reinado? [1853].

Colonialismo: progresos hechos con miseria

La nica manera de que los hindes puedan recoger los frutos del progreso es: o que el proletariado industrial britnico acabe con su burguesa o que los propios hindes se hagan lo bastante fuertes para sacudirse el yugo britnico. Pues de la burguesa slo se pueden esperar progresos hechos con miseria y degradacin de individuos y pueblos enteros [1853].

Ciencia, tcnica y alienacin humana

En nuestros das toda cosa parece estar preada de su contrario. Vemos cmo la maquinaria, dotada de la maravillosa fuerza de disminuir y fecundar el trabajo humano, lo mutila y devora hasta el agotamiento. Un extrao conjuro transforma las nuevas fuentes de riqueza en fuentes de miseria. Las victorias de la ciencia parecen pagarse con la prdida de carcter, A medida que domina la naturaleza el hombre parece sometido por otros hombres o por su propia vileza. Hasta la pura luz de la ciencia parece no poder brillar sino sobre el oscuro trasfondo de la ignorancia. Todos nuestros inventos y todo nuestro progreso parece desembocar en un dotar a las fuerzas materiales de vida espiritual y en la conversin de la vida en estpida fuerza material [1856].

La existencia social determina la consciencia

El conjunto de las relaciones de produccin histricamente determinadas configura la estructura econmica de la sociedad, la base real sobre la cual se eleva un edificio jurdico y poltico, y al que corresponden determinadas formas de la consciencia social. El modo de produccin de la vida material domina en general el desarrollo de la vida social, poltica e intelectual. No es la consciencia de los hombres lo que determina su existencia, sino, al contrario: la existencia social lo que determina la consciencia [1858].

La visin burguesa de las cosas: aoranza y vaco

El individuo particular aparece ms pleno en perodos anteriores de la evolucin precisamente porque todava no ha elaborado y manifestado la plenitud de sus relaciones ni se les ha puesto enfrente como fuerzas y circunstancias sociales independientes de l mismo. Pero tan ridculo como ansiar nostlgicamente aquella plenitud originaria es creer que hay que quedarse en este total vaciamiento. La visin burguesa no ha ido nunca ms all de la oposicin a aquella otra visin romntica, y por eso sta la acompaar, como justificado contrario, hasta que descanse en paz [1858].

Lo que entiendo por partido

Antes que nada te recuerdo que a partir del momento en que la "Liga de los Comunistas" se disolvi, a propuesta ma, en noviembre del 52, yo no he formado parte nunca, ni formo parte ahora, de ninguna asociacin, ni secreta ni pblica. As que el "partido", en este sentido absolutamente transitorio [in diesem ganz ephemeren Sinne], ha dejado de existir para m desde hace ocho aos [] Repito: del "partido", en el sentido de tu carta, no s nada desde el 52. Si tu eres poeta yo soy crtico y, sinceramente, ya he tenido suficiente con las experiencias del 49-52. La 'Liga de los comunistas" lo mismo que la "Sociedad de las Estaciones" y otras cien sociedades parecidas son slo un episodio en la historia del partido que se construye naturalmente en el mbito de la sociedad moderna... He intentado en esta carta eliminar el equvoco de que por "partido" yo entiendo una Liga muerta hace ocho aos o la redaccin de un peridico que se disolvi hace doce aos. Cuando hablo de partido me refiero al partido en el amplio sentido histrico del trmino [1860, carta a Freiligrath, MEW, Bd. 30, pg. 489 y ss.].

La clase trabajadora se libera por s misma

La emancipacin de la clase trabajadora tiene que ser obra de la clase trabajadora misma [1863].

Es tarea de la Asociacin Internacional de Trabajadores coordinar y generalizar los "movimientos espontneos" de las clases trabajadoras, no ordenar e imponer un determinado sistema doctrinario. De manera que, por eso mismo, nuestro congreso no debera proclamar ningn sistema especial de cooperacin, sino limitarse al enunciado de unos pocos principios generales [1864].

Importancia del vnculo fraterno entre los trabajadores de los distintos pases

Tenis uno de los factores del xito: el nmero. Pero el nmero slo pesa en la balanza cuando va unido a un vnculo y dirigido conscientemente a un fin. La experiencia del pasado ensea que el desprecio del vnculo fraterno que debera existir entre los obreros de los distintos pases y que debera impulsarles a mantenerse unidos en todas las luchas por la emancipacin, se castiga con la derrota general de sus esfuerzos no coordinados. Esta es la consideracin que llev a los obreros de diferentes pases, reunidos el 28 de septiembre de 1864 en un congreso pblico en St Martin Hall, a formar la Asociacin Internacional de Trabajadores [1864].

Las sencillas leyes de la moral y del derecho en las relaciones internacionales

Las clases trabajadoras han aprendido el deber que tienen de adentrarse tambin en los misterios de la poltica internacional: vigilar las actividades diplomticas de sus gobiernos y, donde no hay posibilidad de impedir tal orientacin, a elevar la voz acusatoria, pblica y simultneamente, y proclamar las sencillas leyes de la moral y del derecho que deberan regular tanto las relaciones entre las personas como las leyes superiores de las relaciones entre las naciones.

La lucha por una poltica exterior propia es parte de la lucha por la emancipacin de las clases trabajadoras, Proletarios de todos los pases, unos [1864, Llamamiento inaugural de la AIT]

Necesidades y goces de las clases: su relatividad

Un aumento sensible del salario presupone un rpido aumento del capital productivo. El rpido aumento del capital productivo provoca un aumento igualmente rpido de la riqueza, del lujo, de las necesidades sociales y de los goces sociales. De modo que aunque los goces del obrero hayan aumentado, la satisfaccin social que stos procuran habr disminuido por comparacin con los crecientes goces del capitalista, inaccesibles al obrero, por comparacin, esto es, con el nivel de desarrollo de la sociedad en general. Nuestras necesidades y nuestros goces surgen de la sociedad. Nosotros los medimos, por tanto, sobre la base de la sociedad y no los medimos sobre la base de los medios materiales para su satisfaccin. Puesto que son de naturaleza social, son tambin de naturaleza relativa [1865]

Produccin de plusvala

Al adelantar un valor en el que hay cristalizadas seis horas de trabajo del obrero el capitalista recibir a cambio un valor en el que hay cristalizadas doce horas de trabajo del mismo obrero. Y, al repetir da tras da esta operacin, el capitalista adelantar diariamente tres chelines y se embolsar cada da seis, la mitad de los cuales volver a invertir en pagar nuevos salarios, mientras que la otra mitad forma la plusvala, por la que el capitalista no abona ningn equivalente.

Este tipo de intercambio entre el capital y el trabajo es el que sirve de base a la produccin capitalista o sistema del salario, y tiene que conducir sin tregua a la produccin del obrero como obrero y del capitalista como capitalista [1865].

Plusvala es la diferencia entre el dinero desembolsado por la clase capitalista para adquirir medios de produccin y el dinero obtenido por ella al final de este proceso. La fuerza de trabajo humano convertida en mercanca es pagada, como toda mercanca, segn el tiempo de trabajo necesario para reproducirse (o sea, para producir la subsistencia del trabajador). El tiempo de trabajo suplementario crea un valor excedente, plusvala. Cuando en la sociedad existen, de una parte, la propiedad privada de los bienes de produccin y, de otra, una clase de hombres que no dispone de ms mercanca que su fuerza de trabajo la apropiacin de la plusvala por el capital se realiza en la igualdad jurdica formalmente considerada [1865].

Cuota de plusvala

La cuota de plusvala depender, si las dems circunstancias permanecen invariables, de la proporcin existente entre la parte de la jornada de trabajo necesaria para reproducir el valor de la fuerza de trabajo y el tiempo suplementario o plustrabajo destinado al capitalista. Depender, por tanto, de la proporcin en que la jornada de trabajo se prolongue ms all del tiempo durante el cual el obrero, con su trabajo, se limita a reproducir el valor de su fuerza de trabajo o a reponer su salario [1865].

Plusvala absoluta y plusvala relativa

Llamo plusvala absoluta a la plusvala producida mediante la prolongacin de la jornada de trabajo, Por el contrario, llamo plusvala relativa a la plusvala que brota de la abreviacin del tiempo de trabajo necesario y la alteracin correspondiente de la razn cuantitativa entre los dos elementos de la jornada de trabajo. En este caso el capital tiene que subvertir las condiciones tcnicas y sociales del proceso de produccin, o sea, del modo de produccin mismo, para aumentar la fuerza productiva del trabajo, rebajar el valor de la fuerza de trabajo y abreviar as la parte de la jornada de trabajo necesaria para reproduccin de ese valor [1867].

El capitalista como persona y como personificacin de las relaciones econmicas

No coloco precisamente bajo una luz rosa las figuras del capitalista y el terrateniente. Pero aqu [en El capital] slo se trata de personas en la medida en que son personificaciones de categoras econmicas, portadores de determinadas relaciones e intereses de clase. Mi punto de vista, que concibe el desarrollo de la formacin econmica de la sociedad como un proceso histrico-natural, es el que menos puede hacer al individuo responsable de relaciones y situaciones de las que socialmente es criatura por mucho que pueda elevarse sobre ellas subjetivamente [1867].

Cuando las fuerzas productivas se hacen fuerzas destructivas

Lo mismo que en la industria urbana, en la agricultura moderna el aumento de la fuerza productiva y la mayor fluidificacin del trabajo se compra al precio de la devastacin y la extenuacin de la fuerza de trabajo misma. Y todo progreso de la agricultura capitalista es un progreso no slo en arte de depredar al trabajador sino tambin, y al mismo tiempo, en el arte de depredar el suelo; todo progreso en el aumento de su fecundidad para un plazo determinado es al mismo tiempo un progreso en la ruina de las fuentes duraderas de esa fecundidad. Cuanto ms parte un pas de la gran industria como transfondo de su evolucin tanto ms rpido es ese proceso de destruccin. Por eso la produccin capitalista slo desarrolla la tcnica y la combinacin del proceso social de produccin al precio de minar al mismo tiempo las fuentes de las que mana toda riqueza: la tierra y el trabajador [1867].

El trabajador reclama al capitalista

Me pagas la fuerza de trabajo de un da y me consumes la de tres. Eso va contra nuestro contrato y contra la ley del intercambio de mercancas. Reclamo, por tanto, una jornada de trabajo de duracin normal, y la reclamo sin apelar a tu corazn, pues cuando se trata de la bolsa no hay cordialidad que valga. Es posible que seas un ciudadano ejemplar, tal vez miembro de la Asociain para la Supresin del Sufrimiento de los Animales, y hasta que ests en olor de santidad, pero la cosa que t representas frente a m no tiene corazn que le palpite en el pecho. Lo que parece pulsar all dentro es el latido del mo. Reclamo la jornada normal de trbajo porque reclamo el valor de mi mercanca, como cualquier otro vendedor [1867].

Derechos del hombre y carta magna del trabajo

Para defenderse contra la serpiente de sus torturas los trabajadores tienen que juntar las cabezas e imponer como clase una ley al Estado, un obstculo social superpotente que les impida venderse ellos mismos y su linaje, hasta la muerte y la esclavitud, en el contrato voluntario con el capital.

En el lugar del majestuoso catlogo de los derechos inalienables del hombre aparece la moderna Carta Magna de una jornada de trabajo legalmente limitada, la cual pone finalmente en claro cundo termina el tiempo que vende el trabajador y cundo empieza el suyo propio. Quamtum mutatus ab illo. [1867].

La violencia en la historia

La violencia es la comadrona de toda vieja sociedad preada de una sociedad nueva [1867].

El capitalista no hace sino afirmar su derecho de comprador cuando intenta alargar todo lo posible la jornada de trabajo y convertir, si lo consigue, una jornada de trabajo en lo que antes eran dos. Por otra parte, la naturaleza especfica de la mercanca vendida en este caso impone un lmite a su consumo para el comprador, y el trabajador afirma su derecho de vendedor cuando pretende limitar la jornada de trabajo a una determinada magnitud normal. As hay, pues, una antinomia, derecho contra derecho, sellados ambos igualmente por la ley del intercambio mercantil. Y entre dos derechos iguales lo que decide es la violencia, la fuerza (Gewalt) [1867].

En privado

Ocurra lo que ocurra [con El capital] la burguesa se acordar de mis fornculos mientras viva [a Engels, 1867]

Mi mxima favorita es: Nihil humanum a me alienum puto. Mi motto favorito es: De omnibus dubitandum [1868]

Sobre la cuestin irlandesa

La burguesa inglesa no ha explotado solamente la miseria irlandesa para hacer empeorar la situacin de la clase obrera en Inglaterra por la inmigracin forzosa de los irlandeses pobres, sino que, adems, ha dividido al proletariado en dos campos hostiles, El ardor revolucionario del obrero celta no combina con la naturaleza robusta, pero pausada, del obrero anglosajn. Hay, en todos los grandes centros industriales de Inglaterra, un antagonismo profundo entre el proletariado irlands y el proletario ingls Este antagonismo entre los proletarios de la propia Inglaterra est alimentado artificialmente por la burguesa, que sabe que esta escisin es el verdadero secreto del mantenimiento de su poder.

Irlanda es el nico pretexto del gobierno ingls para mantener un gran ejrcito permanente que, en caso de necesidad, es lanzado, como se ha visto, contra los obreros ingleses, tras haber pasado sus estudios soldadescos en Irlanda. Finalmente en Inglaterra se repite en nuestros das lo que nos ense la antigua Roma en una escala monstruosa. El pueblo que subyuga a otro pueblo forja sus propias cadenas.

La posicin de la AIT respecto a la cuestin irlandesa es muy clara. Su principal obligacin es impulsar la revolucin social en Inglaterra. Y para ello hace falta dar un golpe decisivo en Irlanda. Las resoluciones del Consejo General sobre la amnista irlandesa han de servir para introducir otras resoluciones que afirmen que es condicin preliminar de la emancipacin de la clase obrera inglesa transformar la presente Unin forzosa, es decir, la esclavitud de Irlanda, en una Confederacin igual y libre, si es posible, o en separacin completa, si hace falta [1870].

Internacionalismo: la red

El objetivo de la AIT es la emancipacin econmica de la clase obrera mediante la conquista del poder poltico y la utilizacin de este poder poltico para la realizacin de los fines sociales.

Nuestros objetivos tienen que ser necesariamente tan amplios como para abarcar todas las formas de actividad de la clase obrera. Dar a estos objetivos un carcter particular habra significado reducirlos a las necesidades de una solo seccin, a las necesidades de los trabajadores de una sola nacin. Pero entonces cmo convenceramos a todos de que se unieran si el objetivo fuera alcanzar slo las metas de algunos? Si nuestra AIT fuera as no tendra derecho a llamarse Internacional.

La AIT no impone ninguna forma fija al movimiento poltico. Slo exige que este movimiento se oriente hacia un mismo fin. La AIT est formada por una red de sociedades afiliadas que abarca todo el mundo del trabajo. En cada una de las partes del mundo aparecen aspectos particulares del problema del trabajo; los obreros los tienen cuenta y tratan de resolverlos a su manera. Pues las organizaciones obreras no pueden ser absolutamente idnticas en Newcastle y en Barcelona, en Londres y en Berln. La Internacional no tiene la pretensin de imponerles su voluntad, ni siquiera pretende dar consejos: ofrece a todo movimiento en curso su simpata y su ayuda, dentro de los lmites establecidos por sus estatutos. [1871, Entrevista concedida a The World, de New York].

El azar y la subjetividad en la historia del mundo

La historia del mundo sera realmente una historia muy fcil de hacer si toda accin se llevara a cabo slo bajo el impulso de suertes infaliblemente favorables, Y, por otra parte, si en ella no entrara en manera alguna "el azar" sea una historia de naturaleza completamente mstica, Estos azares fortuitos entran, naturalmente, en el curso general de la evolucin de las cosas y resultan compensados por otras casualidades fortuitas, Pero la aceleracin o el retraso de los acontecimientos son cosas que dependen en gran parte de casualidades de ese tipo, entre las cuales hay que contar tambin con el carcter de las personas que estn a la cabeza del movimiento [1871, Carta a Kugelmann]

Dialctica

La dialctica, en su figura racional, es un escndalo y un horror para la burguesa, porque abarca en la comprensin positiva de lo existente tambin y al mismo tiempo la comprensin de su negacin, de su ocaso necesario, concibe toda forma devenida en el flujo del movimiento, o sea, tambin por su lado perecedero, no se deja impresionar por nada y es, por su esencia, crtica y revolucionaria [1873].

Necesidad y libertad

El reino de la libertad slo empieza all donde termina el trabajo impuesto por la necesidad y por la coaccin de los fines externos: se encuentra, pues, ms all de la esfera de la verdadera produccin material. As como el salvaje tiene que luchar con la naturaleza para satisfacer sus necesidades, para encontrar el sustento de su vida y reproducirla, el hombre civilizado tiene que hacer lo mismo bajo todas las formas sociales y bajo todos los sistemas de produccin. A medida que se desarrolla, desarrollndose con l sus necesidades, se extiende este reino de la necesidad natural, pero al mismo tiempo se amplan tambin las fuerzas productivas para satisfacer aquellas necesidades.

En el mbito de la produccin la libertad slo puede consistir en que el hombre socializado, los productores asociados, regulen racionalmente este su intercambio material con la naturaleza, lo pongan bajo su control comn en vez de dejarse dominar por l como por un poder ciego, y lo lleven a cabo con el menor gasto posible de energa y en las condiciones ms adecuadas y ms dignas de su naturaleza humana. Pero, con todo ello, siempre segiuira siendo ste un reino de la necesidad. Es ms all de sus fronteras donde comienza el despliegue de las fuerzas humanas que se considera como fin autnomo. Tal es el verdadero reino de la libertad, el cual slo puede florecer tomando como base aquel mismo reino de la necesidad. La condicin fundamental para ello es la reduccin de la jornada de trabajo [El capital, libro 3, captulo IIL]

Movimiento y programas

Cada paso del movimiento real es ms importante que una docena de programas [1875].

Poner un bozal al Leviatn estatal

La libertad consiste en que el Estado deje de ser un rgano superpuesto a la sociedad para convertirse en rgano completamente subordinado a ella. Ya hoy las formas de Estado son ms o menos libres segn la medida en que se limite la "libertad del Estado" [1875].

De cada cual segn sus capacidades, a cada cual segn sus necesidades

Slo cuando haya desaparecido la subordinacin de los individuos a la divisin [social] del trabajo as como la oposicin entre trabajo intelectual y trabajo corporal, cuando el trabajo no sea ya medio de vida, sino la primera necesidad de la vida, cuando todas las fuentes de la riqueza cooperativa fluyan en abundancia, o sea, en una fase superior de la sociedad comunista, slo entonces la humanidad podr escribir en sus banderas: De cada cual segn sus capacidades, a cada cual segn sus necesidades [1875].

Viento del Este

Rusia est desde hace algn tiempo en el umbral de la revolucin. El cambio comenzar con un comedia constitucional y luego habr una buena gresca. Si la madre naturaleza no es extremadamente dura con nosotros tal vez todava vivamos lo suficiente para ver el delicioso da de la ceremonia. La revolucin empezar esta vez en el Este, el mismo Oriente al que hemos considerado baluarte hasta el presente invencible y ejrcito de reserva de la contrarrevolucin [1877].

Una precisin sobre la teora de la historia

Acontecimientos de una semejanza extraordinaria, que tienen lugar en diferentes contextos histricos, llevan a resultados totalmente diferentes. Estudiando cada uno de esos desarrollos por separado, y luego comparndolos, se puede descubrir fcilmente la clave del fenmeno. Pero nunca se alcanzar el xito con la llave maestra de una teora histrico-filosfica general, cuya suprema virtud consistiera en ser suprahistrica [1878].

La revolucin de las mayoras

No hace falta ser socialista para anticipar que en Rusia, Alemania y Austria, y quizs en Italia, si los italianos siguen movindose en la direccin actual, habr revoluciones sangrientas. Los acontecimientos de la revolucin francesa podran repetirse en esos pases. Esto es evidente para todo el mundo que conozca las relaciones polticas, Pero estas revoluciones las harn las mayoras. Las revoluciones no las har un partido: las har todo el pas [1878-1879, servicio especial desde Londres para Chicago Tribune, MEW, bd, 34, pg. 508-516].

EEUU/Rusia

Es imposible encontrar analogas reales entre Estados Unidos y Rusia. En los Estados Unidos los gastos del gobierno aumentan cada da y la deuda pblica se reduce rpidamente cada ao que pasa. En Rusia la bancarrota es una perspectiva que cada vez parece ms inevitable. En los Estados Unidos se han liberado (eso s, de una manera particularmente infame, en beneficio de los dadores de crdito y a costa del menu peuple) de su papel moneda: Rusia, en cambio, no tiene industria ms floreciente que la del papel moneda. En los Estados Unidos la concentracin del capital y la expropiacin progresiva de las masas no son slo el vehculo sino tambin el resultado natural (aunque acelerado artificialmente por la Guerra de Secesin) de un desarrollo industrial, de un progreso agrcola, etc. que se produce con una rapidez sin precedentes; Rusia recuerda ms bien la poca de Luis XIV y de Luis XV por el hecho de que la sobrestructura financiera, comercial, industrial o, para decirlo mejor, la fachada del edificio social, dan la impresin (aunque en Francia tuviera una base mucho ms slida que en Rusia) de subrayar irnicamente el estado estancado de la masa de la produccin (agrcola) y el hambre de los productores. Actualmente los Estados Unidos han alcanzado a Inglaterra en cuanto a la rapidez del progreso econmico, aunque todava van retrasados en cuanto a la extensin de la riqueza adquirida, pero al mismo tiempo las masas son ms mviles y cuentan con medios polticos ms importantes para rechazar una forma de progreso realizado a su costa. [Carta a Danielson, 10 de abril de 1879].

Limitacin del anlisis realizado en El capital

La "inevitabilidad histrica" de la evolucin capitalista est expresamente limitada [en El capital] a los pases de Europa occidental. El anlisis de El capital no aporta razones ni a favor ni en contra de la vitalidad de la comuna rusa. Sin embargo, el estudio especial que he hecho sobre ella me ha convencido de que la comuna es el punto de apoyo para la regeneracin social en Rusia. Ahora bien, para que pueda funcionar como tal, las influencias dainas que asaltan a la comuna por todos los lados deben ser primero eliminadas y luego se le deben garantizar las condiciones normales para su desarrollo espontneo [1881].

Ultimas palabras del revolucionario esperanzado: Viento del Este/Viento del Oeste

Si la revolucin rusa se convierte en una seal para la revolucin proletaria en Occidente, de tal modo que una complemente a la otra, entonces la propiedad campesina comunal de la tierra podr servir como punto de partida para un desarrollo comunista [1882].

Marx crtico del marxismo

Yo no soy marxista [a Engels, 1882]

Aqu finaliza la antologa del que fuera profesor de la UPF y maestro, compaero y amigo de muchos de nosotros. Puede verse entre su documentacin una versin de esta antologa ms reducida. Probablemente fuera esta ltima la que se facilit al visitante de la exposicin del CCCB. Yo mismo fui uno de ellos pero mi memoria no ha acuado bien este detalle.

Marx no fue marxista segn su propio comentario (cuya profunda irona poltico-epistemolgica se entiende muy bien un siglo despus). Francisco Fernndez Buey lo fue, fue un marxista-comunista. Pero sin ismos, sin repeticiones, pensando con su propia cabeza, enriqueciendo (y revisando cuando fue necesario) una tradicin de poltica socialista transformadora, siempre con mirada documentada, praxeolgica y pensando y sintiendo desde abajo. Como Marx, como uno de sus grandes clsicos.

PS: Un respiro. Hemos hablado ya de la pelcula de Raoul Peck, El joven Karl Marx (Le jeune Karl Marx), Francia, 2016. Conviene regresar sobre ella. Les dejo en buenas manos, con una mirada siempre crtica e interesante, con una resea (bien interesante, como todo lo suyo) de Josep Torrell [2]

A m, me gust El joven Marx, del mismo modo que amo Presidente Mitterrand (2005), de Robert Guediguian, o Pasolini (2015), de Abel Ferrara. Son todas ellas pelculas tradicionales pero, al mismo tiempo, son tambin pelculas serias. Presidente Mitterrand es la primera (y la ltima) pelcula que acepta pactar el programa comn con el partido comunista francs (y en la que hay poderosas imgenes de Mitterrand hablando a una clase en trance de desaparecer de la historia). El asesinato de Pasolini es algo ms complicado que lo que cuenta Ferrara, como queda de manifiesto con el hecho de que participaron en la muerte ciertas personas que no formaban parte de las calientes noches romanas (pero s de la historia contempornea italiana). Una pelcula siempre necesitar alguien que la cuente, alguien que la explicite, aunque slo sea por el tiempo transcurrido.

En El joven Marx hay un plano extraordinario y contradictorio de Marx y Engels comindose un opparo bogavante. Pero la extraeza desaparece cuando uno piensa que estos viejos crustceos se pescaban en el mar Atlntico por los pescadores occidentales, pero se vendan solo como morralla: como comida de "domingo" para familias de pocos medios (como los Marx).

El joven Marx es un relato de aprendizaje de Marx y de Engels de que los cientficos siempre han tratado de explicar el mundo, pero ahora se trata de transformarlo (actitud no precisamente compartida por Proudhon, por ejemplo).

La pelcula empieza con la pesadilla del robo de lea (1843) y termina con la edicin de El Manifiesto Comunista (1848): comprende, pues, cinco aos, los aos en que Marx y Engels se conocen y se hacen amigos. No faltan apuntes lcidos sobre quines eran y que queran estos jvenes revolucionarios, y hay una buena escena en la que queda patente (aunque no dicho) que la pasin amorosa de Engels es en realidad la nueva relacin amorosa.

Es evidente que la historia de Marx y Engels no termina con la publicacin de El Manifiesto Comunista, sino que ms bien empieza con ella. Ambos lucharon en las trifulcas de la asociacin internacional de trabajadores y Marx public El Capital (1867). El problema es que esa historia no cabe en dos horas de pelcula.

Lo que hay que ver hoy, hay que verlo con los ojos del maana. Cualquier profesor que se plantee explicar El Manifiesto comunista tendr en sus manos esta bella y arrebatada pelcula (y lo agradecer). Adems el joven Marx es tambin una historia bien contada y magnficamente fotografiada.

Notas:

(1) Primera parte de la antologa marxiana de FFB:http://www.rebelion.org/noticia.php?id=237630

(2) Fuente: http://mientrastanto.org/boletin-165/en-la-pantalla/el-joven-karl-marx


 
 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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