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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2018

Europa en la encrucijada
Mujer y Agenda Social Europea

Ruth Rubio Marn
Economistas frente a la crisis


La bsqueda de la igualdad de gnero, que comenz con la igualdad salarial contemplada en el Tratado de Roma y continu con numerosas directivas e innovaciones polticas, ha sido una prioridad en esta evolucin y se ha considerado fundamental para la puesta en prctica de la agenda econmica y de crecimiento.

Concretamente, desde mediados de los noventa, Europa abandon su preocupacin central y exclusiva por el desempleo masculino. En el marco de la Estrategia Europea de Empleo, formulada en un contexto que haca presuponer oportunidades de empleo ilimitadas, la promocin del empleo de la mujer y de la igualdad de gnero adquirieron una legitimidad renovada desde la cual se impuls a todos los estados miembros de la UE a mejorar sus sistemas de permisos parentales y a ampliar los servicios de guardera para contribuir con ello a cumplir el objetivo de aumentar la tasa de ocupacin laboral de las madres sin por ello desincentivar la reproduccin en una Europa cada vez ms envejecida.

Por otra parte, ms all de consideraciones econmicas, tanto la Unin Europea como el Consejo de Europa comenzaron a formular desde finales de los aos 80 y sobre todo desde mediados de los 90, un objetivo ms ambicioso, el del empoderamiento de la mujer, como criterio fundamental de la democracia, hacindose eco de la preocupacin expresada en el mbito mundial en la Conferencia y Plataforma de Accin de Beijing. Y as, en varios pases el objetivo pas a ser la democracia paritaria, un concepto acuado en Europa.

Lamentablemente, el anlisis de los documentos recientes sobre polticas de la UE, incluyendo los que definen metas e instrumentos, as como el entorno en que se estn elaborando, sugieren que las polticas sociales estn siendo subordinadas a los objetivos econmicos y que se le est prestando menor atencin, en cantidad y calidad, a las cuestiones de gnero que en dcadas anteriores. Esta sensacin de decreciente urgencia por abordar la desigualdad de gnero en las polticas europeas est, qu duda cabe, relacionada con el estallido de la crisis financiera y econmica y con las medidas de austeridad y polticas de consolidacin fiscal que, una vez finalizada la breve e inicial fase expansionista, le siguieron. Por desgracia, la percepcin de que la crisis econmica la han soportado principalmente los hombres borr toda consideracin a la igualdad de gnero en la formulacin de polticas durante la primera y la segunda etapa de la crisis. La mayora de los pases ha reducido sus compromisos de igualdad de gnero y ha desmantelado o reducido significativamente la maquinaria e institucionalidad a su servicio. Predomina el sentimiento de que tales polticas de gnero no suponen ms que, en el mejor de los casos, una distraccin en la crisis actual.

No se trata de negar que la ltima dcada haya trado tambin algunos logros. As, especialmente en la lucha contra la violencia se han dado hitos importantes, como la adopcin, en el marco del Consejo de Europa, del Convenio de Estambul para prevenir y combatir la violencia contra las mujeres y la violencia domstica, en 2011 o la adopcin, en el mbito de la UE, de la Directiva sobre la prevencin y lucha contra el trfico de seres humanos (2011) y la Directiva sobre las vctimas (2012). No obstante, a excepcin del Acuerdo Marco sobre el permiso parental que ampla el perodo de permiso de 3 a 4 meses, el resto de las iniciativas legislativas con vistas a un mayor empoderamiento de la mujer y a la ulterior subversin de roles de gnero ha fracasado. Han fracasado las propuestas de reforma de las Directivas sobre permiso de maternidad y jornada laboral, y la propuesta de Directiva sobre paridad de gnero en los consejos de administracin.

Para emprender la adopcin de medidas que puedan revertir la parlisis y avanzar nuevamente hacia la igualdad conviene en todo caso partir de una pregunta: cmo les ha ido en realidad a las mujeres y qu ha pasado con las brechas de gnero durante la crisis y bajo las polticas de austeridad? Y qu nos dice lo que ha pasado acerca de las perspectivas de futuro para las mujeres en Europa? Pues bien, en estos tiempos de crisis, hemos aprendido fundamentalmente tres cosas:

1. En primer lugar, independientemente del descenso significativo tanto de la tasa de empleo masculina como femenina tras el estallido de la crisis, la participacin de la mujer en el mercado laboral ha aumentado durante estos aos debido al efecto del trabajador aadido (aunque haya empezado a descender en los ltimos aos en pases con una tasa de desempleo altsimo como el nuestro). En general, las mujeres en Europa, lejos de abandonar el mercado laboral, siguieron en bsqueda de empleo cuando perdieron su trabajo. Es ms, muchas llegaron a convertirse en el nico sustento familiar y otras se incorporaron por vez primera vez al mercado laboral. El retorno al modelo familiar del varn sustentador, el varn ganapn, el breadwinner, simplemente no cabe en las economas avanzadas porque descansa sobre unas estructuras familiares tradicionales basadas en fuertes lazos familiares que son cada vez menos frecuentes, as como sobre la seguridad del empleo masculino y la existencia de trabajos que proporcionaran un salario suficiente como para sustentar a toda una familia, nada de lo cual parece probable.

2. En segundo lugar, se ha notado una leve disminucin de las desigualdades de gnero en el trabajo. Esta disminucin de la desigualdad desafortunadamente se debe a la mayor prdida de empleos y a la proliferacin de modalidades de contratacin flexible y a tiempo parcial entre los hombres, a la congelacin y recortes salariales y, en definitiva, a la precarizacin y el deterioro generalizado de las condiciones de trabajo, todo ello con repercusiones de largo alcance. En otras palabras, lo que se ha producido es un proceso de nivelacin a la baja que ha cerrado, en cierta media, la brecha de gnero.

3. Por ltimo, en el marco de las polticas de austeridad y consolidacin fiscal, se ha producido una contraccin del empleo en el sector pblico, importante fuente de contratacin para las mujeres en parte porque les permite conciliaras como una importante retirada del Estado del mbito del cuidado, la dependencia y, en definitiva, la reproduccin social, situacin que a su vez ha sobrecargado an ms a las familias y, dentro de ellas, a las mujeres. Esta evolucin implica que la desigualdad de gnero propiamente dicha se est volviendo menos crtica que otras tendencias como las que la economista estadounidense Nancy Folbre ha dado en llamar el empobrecimiento de la maternidad o la maternalizacin de la pobreza, tendencias que, evidentemente, inciden especial y negativamente sobre las mujeres.

Aqu es donde estamos y nada de la lenta recuperacin que Europa experimenta augura cambios importantes si no se toman polticas mucho ms agresivas. De cara al futuro estas tendencias parecen apuntar a dos escenarios posibles. Slo uno de ellos resulta compatible con el compromiso de Europa con la igualdad de gnero, la democracia y la justicia social.

En el primer escenario, se prev que persistan las tendencias actuales hacia la intensificacin del neoliberalismo, as como los postulados que ven en la economa y en las polticas econmicas las fuentes de riqueza y productividad, en contraposicin a las polticas sociales que seran improductivas, costosas y no haran sino atrofiar el crecimiento. En este escenario, segn la opinin de muchos, se prev que las sociedades se vuelvan ms polarizadas en funcin de la clase y la etnia. Es decir, cabe esperar una equiparacin de las condiciones econmicas y de empleo entre los trabajadores con menor cualificacin y migrantes (ya sean hombres o mujeres), as como la ampliacin de la brechas entre stos y los mejor formados y ms cualificados, panorama que ya es una realidad en Estados Unidos. Como resultado se producir previsiblemente una nivelacin general a la baja de los puestos de trabajo y expectativas laborales tanto para hombres como para mujeres. Al mismo tiempo, la merma de inversin estatal en labores de cuidado har que las mujeres con menor formacin o inmigrantes acaben aumentando el nmero de horas que dedican al trabajo domstico y al cuidado, o, en todo caso, a trabajos a tiempo parcial o precario mientras que las mujeres con mayor formacin seguiran en condiciones de contratar a quien se encargue de las tareas domsticas, entre las clases deprimidas, y tendrn adems, por su mayor poder de negociacin y eleccin, mayores posibilidades de distribuir de forma equitativa el trabajo domstico con sus parejas. Adems, las tasas de fertilidad tambin se mantendrn a la baja lo cual acelerar el envejecimiento de la poblacin europea.

En un escenario diferente que muchos deseamos, la actual situacin sera una oportunidad para apartarse del modelo neoliberal de capitalismo imperante poniendo bridas al proceso de financiarizacin de la economa. En su lugar, podra crearse un modelo de desarrollo ms inclusivo que tenga en cuenta el valor productivo y social de otras actividades ms all de las del mercado, como seran las del cuidado, actividades que por cierto pueden compatibilizarse bien con la meta de un medio ambiente sostenible. Sera para ello necesario revertir la tendencia hacia las polticas deflacionistas y la merma de la inversin pblica que sta conlleva y combatir la percepcin de mayor urgencia, en un contexto que no posibilita el pleno empleo, por solucionar el paro masculino. En este nuevo marco emancipatorio habra que buscar la representacin igualitaria de las mujeres en cada proceso de toma de decisiones, es decir, la paridad democrtica, pero adems de esta presencia igualitaria de mujeres que debiera abarcar tambin las cspides de las empresas, se requerira la puesta en prctica de innovadoras polticas macro-econmica, educativas y laborales. As habra que pensar en la adopcin de medidas para revertir el deterioro y la precarizacin generalizada de los mercados de trabajo pues tanto los sueldos que no permiten salir del nivel de pobreza como las jornadas interminables o la flexibilidad a demanda del empleador (contratos de cero horas, mini jobs, etc.) hacen imposible la conciliacin. Adems, las polticas de conciliacin que habra que entender como beneficiosas para todos y no slo para las mujeres, incluiran previsiblemente un sistema de permisos por nacimiento o adopcin igual para madres y padres, remunerado al 100% y no transferible y servicios de calidad para el cuidado de los ms pequeos, tanto en el horario escolar como fuera de l, as como para la atencin a otras personas dependientes, incluyendo los mayores y aquellas con capacidades mermadas. Igualmente indispensable resultara aportar versatilidad al diseo de la jornada laboral y de la modalidad de trabajos, una versatilidad que permitiera, entre otros, trabajar desde casa, repartir el trabajo entre varias personas, horarios y jornadas diarias y semanales flexibles y otras medidas innovadoras que fomentasen el reparto igualitario de las tareas domsticas y de cuidado, incluyendo, a travs de un sistema de adecuados incentivos fiscales e intervenciones en el mbito educativo que buscaran la subversin de roles de gnero, el cultivo de nuevas masculinidades y el incentivo de la participacin de la mujer en las profesiones ms masculinizadas, como las ingenieras.

Slo en este segundo escenario albergamos la esperanza de prevenir el deterioro general de las condiciones de vida de las clases ms desfavorecidas, as como el miedo, la inseguridad y la sensacin de impotencia y expropiacin que minan a una juventud que no puede ni siquiera confiar lo suficiente como para reproducirse. Porque el miedo, la inseguridad y el sentimiento de impotencia slo pueden ser alimento de los fundamentalismos religiosos, fundamentalismos que en gran medida se ceban en el control del cuerpo y de la sexualidad de la mujer. Que nadie se engae: este miedo, inseguridad y sentimiento de impotencia tampoco permitir a los hombres europeos renunciar al privilegio de la dominacin masculina, ya que, en este contexto de emasculacin y desesperanza, es posible que el hombre acabe percibiendo la jerarqua de gnero precisamente como un ltimo reducto de seguridad e identidad.

Por todo ello ahora precisamente, y ms que nunca, es el momento de sacar a relucir la opresin de la mujer y de abordar todas aquellas cuestiones que estn estrechamente relacionadas con ella. Hacerlo requiere arrinconar mltiples dogmatismos, entre ellos, las supuestas bondades de los mercados financieros no regulados o de los Estados neoliberales austeros o la diferenciacin valorativa entre el trabajo productivo y reproductivo. Pero en la nueva Europa social no puede permitirse el lujo de que en ella siga oprimida ms de la mitad de su poblacin.

 

Ruth Rubio Marn, catedrtica de Derecho Constitucional Comparado del Instituto Universitario Europeo de Florencia, profesora de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla, es miembro de Economistas Frente a la Crisis.

Fuente: https://economistasfrentealacrisis.com/europa-en-la-encrucijada-mujer-y-agenda-social-europea/



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