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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2018

Estado y movimientos sociales en la coyuntura latinoamericana

Oscar Soto
Rebelin



Deisa Tremarias Grimau (Venezuela, 1987) en America Latina. Huellas y retos del ciclo progresista.

 

La mayor novedad de los ltimos das, meses y aos, posiblemente radique en dos fenmenos que las ciencias sociales y la teora poltica no pueden ignorar: ni las ideologas emancipatorias han muerto, como se ha presumido desde la intelectualidad orgnica de las derechas globales; ni los terrorismos econmicos y estatales han desaparecido, como una difundida versin del liberalismo latinoamericano ha propuesto, bajo la idea de una supuesta democratizacin de nuestras sociedades perifricas.

Lo nico cierto del panorama poltico regional es que, desde el final de las dictaduras militares en America Latina, solo hemos asistido al engrandecimiento de un modo de organizacin social hegemnica: el capitalismo sin fin. Sean dirigentes polticos de derecha, liberales, conservadores, socialdemcratas -o todo esto junto-, la imaginacin de las clases polticas latinoamericanas solo alcanza al umbral de la administracin de este triste drama con ropaje neo-liberal y democracias representativas.

Cmo perforar ese sistema que parece no tener final?... Qu lugar le cabe al Estado? Cules son las formas o las alternativas?... Podemos poco ms que solo mirar las estrategias de los pueblos en resistencia para discernir el camino de luchas sociales que pueden abrir salidas. Sin embargo, una hiptesis puede ser la de pensar que las fuerzas sociales en emergencia constituyen hoy, las posibilidades o brechas de futuro de maana.

Una mirada gramsciana

Desde la crisis del modelo neoliberal, a finales de los aos 90, se articul en la regin una discusin terica de la poltica latinoamericana en torno a la tensin hegemonismo-autonomismo. Estado versus movimientos contrahegemnicos, o el Estado y su articulacin/reconfiguracin con los movimientos sociales. No pocas veces redund en nuestras lecturas una cierta idealizacin de la sociedad civil y sus organizaciones, como una contraposicin a la arena de la poltica propiamente dicha, generalmente asociada al Estado.

Sociedad y Estado, tal como se presentan en la cotidianeidad de nuestros vnculos, constituyen grandes planos de una superestructura con peso propio. La sociedad civil, ese entramado de organismos privados, est articulada a la sociedad poltica -o Estado, en Gramsci- cuyo dominio jurdico/poltico estructura el todo social. El mismo Gramsci dir que el Estado es una combinacin de fuerza y consenso, hegemona revestida de coercin. [1]

Si miramos en retrospectiva, lo que surgi a la salida de los 90, no fue otra cosa que la articulacin de la lucha social y poltica de grandes movimientos populares latinoamericanos con capacidad de desestabilizar algunos consensos neoliberales bsicos. La llegada a los gobiernos de la regin de negros, pobres, obreros y mujeres, fue consecuencia de batallas ganadas en el debate poltico cotidiano y en cierta concepcin del mundo, expresada como sentido comn, tal como afirma Gramsci.

Ahora bien, el breve periodo de afianzamiento en el poder de nuevas derechas con vestigios modernizantes y prcticas tradicionales, no ha hecho ms que desestabilizar lo desestabilizado; es decir, de un momento a otro, el contractualismo liberal y la idea de la articulacin de las clases sociales, en torno de una individualidad sustentada en el derecho de propiedad (privada), se han hecho ms slidos en los sectores medios y bajos de la poblacin; quienes finalmente terminan defendiendo el predominio del capital, aun en su contra.

La hegemona de este sistema en el que naufragamos est atada a la idea de democracia. Nos dominan ya no por la fuerza, sino que logran ganarse el consenso del jubilado que ver sus sueldos licuarse en unos meses, atraen al docente que educa para la libertad pero no podr acceder a paritarias libres, convencen al ciudadano que se empobrecer cada da ms, pero siempre sabiendo que la culpa es de los pobres de abajo, antes que de los ricos de arriba

Nuevamente nuestro continente observa a las derechas en el poder ganando las batallas. Sea por la va de la coercin pero sobre todo a travs del consenso de la estatalidad latinoamericana, en Brasil -por ejemplo- se militariza la sociedad y se mina de militares la burocracia estatal, al tiempo que en Argentina se liberan represores y se asesina a nios por la espalda. [2] Si en algo fue cuestionado el sentido comn dominante antes, se robustece con intensidad ahora.

La discusin terico-poltica de la centralidad del Estado en Amrica Latina y la recurrencia de su formato poltico-institucional para resolucin de los conflictos sociales, ha vuelto a situar la problemtica del Estado en Amrica Latina, como una de las aristas necesarias para comprender el suceso de cambios polticos econmicos y sociales en la regin.

Los debates por abajo

El auge populista-progresista-nacional-popular en Nuestra Amrica, implic debates sobre la direccin cultural y poltica de los procesos econmicos, debates que pudieron haberse profundizarse de cara a las potenciales restauraciones conservadoras -hoy en vigencia-. De cualquier manera, volvemos al punto cero otra vez: en la brecha de la estatalidad y la accin callejera de los movimientos sociales, se sitan las disputas por el consenso entre las clases dominantes y los sectores subalternos.

De lo que se trata es de un combate originado en la intencionalidad de las clases dominantes de expresar sus intereses corporativos y econmicos, como los intereses de la sociedad en su conjunto; en tanto los feminismos, los trabajadores urbanos y rurales, el sindicalismo, la economa popular y los desplazados en general, pueblan las calles.

En estos das, mientras el liberalismo latinoamericano se hace fuerte en las medidas de ajuste y represin, las marchas sociales y las discusiones polticas de los movimientos populares se enriquecen. Solo para continuar con la referencia de Argentina y Brasil, la unidad del reclamo sindical [3] en el primero, y los debates de la construccin popular posible ante el ataque al ex presidente Lula [4] en el segundo, colocan a la discusin poltica en el punto de la emergencia de lo que est por venir. Es en este ltimo sentido es que el Estado acta como espacio de disputa, contra la mercantilizacin de todos los mbitos de la vida, y conmina a gran parte de la izquierda latinoamericana todo un desafo terico respecto de la estrategia de poder y resignificacin de los estados nacionales. Tal vez el Foro Social Mundial 2018, en Salvador de Baha, ayude a estos objetivos.


Notas

[1] Gramsci, A. Notas sobre Maquiavelo, sobre la poltica y sobre el Estado moderno. Buenos Aires, Nueva Visiona 1984, p.158

[2] Ni los nios se salvan del horror https://www.pagina12.com.ar/100810-ni-los-ninos-se-salvan-del-horror

[3] Unidad sindical para enfrentar el gobierno http://www.elcohetealaluna.com/unidad-sindical-confrontar-gobierno/

[4] Guilherme Boulos lder del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST) de Brasil, lanzado a la candidatura de Presidente de la Republica, con apoyo de Lula Da Silva, propone una unidad democrtica de la izquierda brasilera https://www.brasildefato.com.br/2018/03/03/guilherme-boulos-lanca-pre-candidatura-a-presidencia-da-republica/

 

Oscar Soto, Lic. en Ciencias Polticas. Estudiante de la Maestra en Estudios Latinoamericanos - Universidad Nacional de Cuyo y la Especializacin en Epistemologas del Sur CLACSO.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 


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