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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-03-2018

Nueva marea por la igualdad

Antonio Antn
Rebelin


El da 8 de marzo fue un xito del movimiento feminista, con la participacin masiva en las movilizaciones. Millones de mujeres, especialmente jvenes, participaron, de una u otra forma, en las manifestaciones pblicas, paros y concentraciones laborales y estudiantiles, as como en actividades reivindicativas y culturales. Han estado acompaadas por la solidaridad de muchos hombres y el reconocimiento y apoyo de un amplio tejido asociativo, sindical, meditico y poltico.

Se ha conformado una nueva marea social plenamente justificada frente a la discriminacin de gnero, el acoso machista, la brecha salarial y la desigualdad social y laboral, y por una igualdad fuerte y efectiva. Espaa, y particularmente Madrid, ha sido referencia mundial por su capacidad expresiva y la claridad y contundencia de sus mensajes. Es un hecho singular cuyo sentido sociocultural y poltico tiene especial relevancia, ms en la actual coyuntura.

Es una protesta democrtica y cvica que busca la emancipacin femenina. Refleja un cambio de mentalidades y relaciones interpersonales en la sociedad, un proceso de empoderamiento individual y colectivo en gran parte de mujeres y una voluntad transformadora. Contribuye a cambiar el papel y la relacin de los distintos actores sociales y polticos, de los movimientos sociales o la ciudadana crtica respecto de las representaciones polticas. Modifica las prioridades de la agenda poltica: hay que dar respuesta a esas demandas.

Por tanto, desde la autonoma de su participacin cvica, esta marea feminista reafirma el perfil social del cambio en un contexto difcil y complicado con fuertes tendencias poltico-econmicas regresivas, dinmicas sociopolticas y culturales reaccionarias, bloqueo institucional de las derechas, as como divisin y relativa impotencia de las fuerzas progresistas para implementar un cambio poltico sustantivo.

Tres hechos encadenados de este contexto explican esta amplia participacin ciudadana y dan sentido y proyeccin a la reafirmacin feminista por la igualdad.

Primero, la persistencia de la desigualdad, la discriminacin y la violencia hacia las mujeres, junto con el insuficiente reconocimiento pblico de su aportacin, as como con mayores dificultades y desventajas comparativas en su doble condicin de mujeres y trabajadoras (presentes y futuras) . No hace falta ilustrarlo. ltimamente es el rasgo con mayor visibilidad que contrasta con el incremento de la percepcin individual y colectiva de su injusticia conformando una actitud transformadora igualitaria y liberadora.

Segundo, el lmite de las polticas pblicas y los mecanismos institucionales que tericamente favorecen la igualdad de gnero, as como los recortes sociales y de derechos que perjudican especialmente a las mujeres.

Por un lado, el carcter limitado o solo retrico, sin suficientes presupuestos y recursos, de algunas leyes como la Ley de igualdad, la de conciliacin y la normativa contra la violencia machista o de gnero, esta ltima casi solo centrada en reforzar su carcter punitivo en detrimento de una estrategia realmente integral para erradicarla. Estn agotadas y necesitan una nueva y real implementacin, superando su cortedad aplicativa.

Por otro lado, las deficiencias de los sistemas pblicos de atencin a las personas y los cuidados que suelen recaer en las mujeres, con desventajas comparativas y adjudicndoles un mayor esfuerzo y carga de trabajo, no reconocidos, en esa actividad reproductiva, incluida la maternidad y la crianza: escuelas infantiles de cero a tres aos, ayuda a la dependencia, mejora de los servicios pblicos, paridad con los hombres en la distribucin y conciliacin de las tareas domsticas y profesionales

Adems, la consolidacin de las reformas laborales regresivas, la devaluacin salarial, la precariedad de las trayectorias laborales y el mercado de trabajo y las dificultades de insercin profesional en un empleo decente, en el actual contexto de las polticas de austeridad, perjudican ms a las mujeres, particularmente de las capas populares (clases trabajadoras y clases medias estancadas o en retroceso).

En consecuencia, se ha configurado una exigencia feminista de reformas efectivas contra la desigualdad de gnero en los distintos mbitos de las relaciones interpersonales, las garantas institucionales de un Estado de bienestar ms avanzado, la democratizacin poltica y las reformas progresistas econmico-laborales bajo el objetivo de la igualdad real . Muchas reivindicaciones pueden ser compartidas con varones frente a las estrategias de subordinacin y segmentacin del poder establecido, como, por ejemplo, la intolerable precariedad laboral juvenil; pero tambin hay que sealar el sesgo y la especificidad de gnero. Al mismo tiempo, denotan la interaccin de lo personal, lo grupal y lo poltico, as como su impacto institucional y cultural.

Impacto feminista en el cambio poltico

Tercero, esta amplia expresin cvica feminista (junto con cierta reactivacin popular y movilizaciones significativas como la de personas pensionistas) se produce ante el bloqueo poltico del cambio derivado del reforzamiento institucional y meditico de las derechas, incluso con su prepotencia autoritaria y su desprecio machista (solo camuflado ante este xito movilizador), el continuismo hegemonista del bloque liberal conservador en las instituciones europeas y la divisin de las fuerzas progresistas incapaces de configurar una alternativa poltica unitaria y creble.

Se ha terminado un prolongado ciclo electoral que haba despertado ciertas esperanzas transformadoras por la va de la delegacin representativa y su accin en las instituciones. Se han consolidado las fuerzas del cambio y su gestin poltica en algunos grandes ayuntamientos, paliando situaciones sociales graves. Pero, sin claras mayoras o slidas alianzas institucionales y sin un cambio gubernamental (y europeo), con una fuerte base de apoyo ciudadano, el impacto del cambio para las mayoras sociales y sus condiciones de vida es limitado e insuficiente ante la prolongacin de la crisis social y econmica y las polticas neoliberales dominantes.

Es el marco y contrapunto para la inquietud de mujeres activas que late en la necesidad de una movilizacin social general que desbloquee la situacin e impulse reformas igualitarias efectivas. La oportunidad de cambio poltico (mocin de censura) se desvanece, se acumulan fuerzas y discursos progresistas pero la expectativa se aplaza hacia el nuevo ciclo electoral por venir. Sin embargo, los factores de malestar de fondo, feminista y popular, persisten y no esperan para expresarse en el campo social (dejo al margen el conflicto territorial). Este proceso participativo tiene un valor propio como activacin social y refuerzo de la ciudadana crtica, con un perfil feminista fundamental y un impacto directo en las relaciones sociales y polticas. Configura una necesidad y un complemento sustancial para el cambio poltico e institucional y su carcter.

Se ha reforzado, precisamente, ante un impasse a medio plazo en las expectativas transformadoras sin un horizonte claro de probabilidad de avances sociales y democrticos. La alternativa inmediata de un cambio gubernamental de progreso ha sido rechazada por el Partido Socialista que renuncia a forjar un acuerdo progresista con Unidos Podemos y convergencias. Tras un breve parntesis del nuevo PSOE su direccin retoma sus preferencias por la operacin de gran centro de la mano de Ciudadanos, su responsabilidad de Estado y el consenso europeo, as como el distanciamiento y la marginacin de Unidos Podemos.

Pero, aunque no todo est dicho, con esa dinmica se restringe la capacidad de cambio sustantivo en el prximo ciclo electoral del ao 2019 (elecciones municipales y autonmicas) y 2020 (generales), aun cuando las fuerzas del cambio tengan un buen resultado, ganen en algunos mbitos en trminos relativos y se alcancen algunos acuerdos concretos. En ese sentido y con esas coordenadas su legtima aspiracin a ganar no se traduce necesariamente en un cambio institucional suficiente para implementar un giro social progresista y democratizador de alcance general. Sera insuficiente para modificar sustancialmente la dinmica socioeconmica, poltica y de las relaciones machistas y patriarcales. Es la sensacin feminista que avala la idea de coger el presente y el futuro en las propias manos. Por tanto, con esa inercia, el cambio real de polticas pblicas y gestin institucional es incierto, y desactiva las expectativas e ilusiones ciudadanas de una transformacin gubernamental de progreso.

En consecuencia, este fenmeno de activacin popular, adems de expresar una exigencia de cambio inmediato y conformar mayores capacidades colectivas de influencia social y poltica, es una variable fundamental para modificar los campos electorales, fortalecer la dinmica de cambio poltico real, condicionar al Partido Socialista hacia una alianza de progreso y configurar una alternativa institucional firme y creble con esa orientacin de fondo de la igualdad y la participacin cvica.

Existe una pluralidad de corrientes ideolgicas y culturales. Hay, al menos, dos grandes corrientes feministas: una de corte liberal, ms formalista y adaptable a las actuales estructuras de poder, y otra de orientacin igualitaria o progresista que enlaza con una actitud transformadora. Ambas tienen un fuerte componente cultural, simblico e identitario. Y tambin una gran repercusin poltica-institucional, a veces de signo distinto o contrapuesto.

Un movimiento social debe ser autnomo de cualquier dependencia partidista y, en ese sentido, transversal a las distintas pertenencias polticas; es decir, su identificacin y su cohesin se producen en torno a objetivos propios y compartidos en esa esfera de su funcin social inmediata. No obstante, ello no puede llevar a negar el impacto o el sentido poltico de su actividad. Es lo que pretende ahora las derechas del PP y Ciudadanos y su aparato meditico al querer desactivar (despolitizar) la dimensin crtica y transformadora de una accin sustantiva por la igualdad real frente a las resistencias del poder establecido que aparece difuminado.

En definitiva, el movimiento feminista (y sus aliados), dentro de su diversidad, tiene, a mi modo de ver, dos retos por delante: consolidarse como movimiento social autnomo, como marea cvica, con su articulacin organizativa y sus referentes reivindicativos y discursivos; contribuir, desde sus objetivos transformadores, compartidos por otros movimientos sociales y agentes sociopolticos, al cambio poltico e institucional de progreso tras ese gran valor de la igualdad.

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid.

@antonioantonUAM

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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