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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2018

La metafsica de los "comunes" y el reformismo posmoderno

Alfredo Apilnez
Rebelin


No es por una especie de purismo extremista ni, menos an, por una poltica del estilo cuanto peor, mejor, por lo que hay que desmarcarse de todos los 'ordenadores' de la economa: es simplemente por realismo ante el devenir patente de todo el asunto. Se trata de un relevo a la dominacin, puesto que le proporciona sobre la marcha, de un lado, una oposicin de las llamadas constructivas y, del otro, arreglos de detalle

Jaime Semprn, Enciclopedia de la nocividad


"Omnia sunt communia!" (Todo es comn!). Ante el pasmo del secretario municipal, que tuvo que solicitar la repeticin de la extravagante frmula, el concejal de Ahora Madrid Guillermo Zapata adorn de tal guisa la promesa de su cargo en la puesta de largo del ayuntamiento del cambio tras su xito rutilante en las elecciones de 2015. Tanto Zapata como otros concejales electos estaban muy vinculados al Patio Maravillas -un centro social okupado que se defina como un comn urbano- y expresaban de este modo su rechazo al fulminante desalojo un nada sutil aviso para navegantes- ejecutado en las ltimas horas del mandato de la inefable Ana Botella. La rotunda sentencia, originaria del filsofo escolstico Toms de Aquino, fue popularizada en el siglo XVI por el atrabiliario pastor Thomas Mntzer, smbolo del protestantismo revolucionario, que ejerci su carismtico liderazgo durante la sangrienta guerra de los campesinos alemanes de 1524, tambin conocida como la revolucin del hombre comn. Omnia sunt communia! era el grito que proferan los siervos de la gleba que, apremiados por la miseria rampante, reclamaban el restablecimiento de los derechos de uso comn sobre los pastos y los bosques y la reduccin de la presin asfixiante de las cargas seoriales.

La ancdota refleja la enorme extensin que han alcanzado el paradigma del comn y sus frondosas ramificaciones (bienes comunes, procomn, comunales, comunes inmateriales) en los mbitos relacionados con la constelacin de movimientos sociales, fundaciones, think tanks y departamentos universitarios que fungen de compaeros de viaje de las fuerzas de la llamada nueva poltica. La defensa de los bienes comunes destaca como eje fundamental en los programas de Ahora Madrid, Barcelona en Comn, la Marea Atlntica y dems exitosas plataformas municipales, sedicentemente herederas de la explosin popular quincemayista. Los altavoces del nuevo credo se extienden por doquier. La jerga refrescante del procomn coloniza los espacios de reflexin y de elaboracin de dispositivos de intervencin tecnopoltica, ocupados en su mayora por jvenes graduados universitarios con elevado capital cultural y fuerte implicacin en la plyade de colectivos alumbrados al calor del nuevo ciclo poltico surgido tras el 15-M. La Hidra Cooperativa, la librera Katakrak, La Casa Invisible, la editorial Traficantes de Sueos, la librera Synusia y otros espacios para el comn, aglutinados en torno a la casa madre de la Fundacin de los Comunes, alimentan la profusa actividad cultural, editorial y periodstica que rinde culto al flamante evangelio comunal. El lenguaje inclusivo y dulcificado autotutela de derechos, empoderamiento emocional, conocimiento abierto, gobernanza cooperativa, economa de los cuidados...- impregna los discursos de los lderes del nuevo municipalismo transformador, procedentes de las canteras donde se han ido cincelando -en ntima simbiosis con el asalto a los cielos de las huestes de Podemos- las herramientas de la revolucin ciudadana. Todos ellos porfan por capitalizar el frenes de empoderamiento ciudadano que aprovechar la ventana de oportunidad que la dichosa crisis de legitimidad del rgimen del 78 ofrece para arrebatar las demediadas instituciones a la casta y devolvrselas al pueblo soberano.

La nebulosa de los comunes es pues a la micro-poltica municipalista lo que el fulminante asalto a los cielos del populismo "podemita" pretenda ser a la macro-poltica parlamentaria. Se tratara del correlato desde abajo de la papilla postmoderna de Gramsci y Marx que, a travs de la moda Mouffe-Laclau, vertebr el renovador discurso de Podemos y la fugaz hegemona del nuevo populismo errejoniano de los significantes vacos. Csar Rendueles, uno de los referentes intelectuales de la nueva izquierda, miembro de Podemos y coautor con Joan Subirats de un ensayo sobre los 'comunes', no puede contener su asombro ante la enorme extensin de la moda comunal, cuyo influjo llega incluso al terreno del enemigo: Es realmente impresionante el modo en que en diez aos se ha difundido el vocabulario relacionado con los bienes comunes entre personas que provienen de espacios sociales y tradiciones intelectuales muy diversas. Es evidente que se ha convertido en un elemento esencial del bagaje conceptual de ecologistas, tecnlogos, feministas, economistas heterodoxos, artistas y ciberactivistas. Pero es que incluso ha pasado a formar parte del lxico cotidiano de los agentes polticos y las instituciones pblicas. Hasta las empresas y los bancos lo emplean en su publicidad.

Los promotores del nuevo credo pugnan por convertirlo en el centro neurlgico de la reflexin sociopoltica del pensamiento transformador, superando las trasnochadas categoras decimonnicas de los clsicos del socialismo marxista o del anarquismo. Las viejas palabras herrumbrosas clase, comunismo, explotacin, expropiacin...- han desaparecido del acervo o de la caja de herramientas de la nueva poltica. Laval y Dardot, autores del texto Comn, subtitulado pomposamente Ensayo sobre la revolucin del siglo XXI, teorizan profusamente sobre la necesidad de instituir lo comn como el trmino central de una lgica de pensamiento capaz de salir de los impasses de la poltica del siglo XX y del paradigma de la modernidad (izquierda/derecha, Estado/mercado, pblico/privado): Y sta es tambin la razn por la cual no hemos querido construir uno de esos grandes relatos que la posmodernidad descalific ampliamente: lo comn no toma de ningn modo el relevo de la emancipacin del ciudadano, de la realizacin del Espritu o de la sociedad sin clases (por retomar los principales relatos mencionados por Lyotard en La condicin posmoderna, de 1979). Michael Hardt y Toni Negri, celebrrimos popes del posmodernismo pseudomarxista, en el ltimo tomo de su monumental triloga sobre el 'nuevo orden biopoltico del mundo', subtitulado nada menos que El proyecto de una revolucin del comn, defienden la idea del comn como va de superacin de la oposicin entre lo privado y lo pblico y de la poltica en la que se basa dicha oposicin. El mencionado Joan Subirats, el mayor apstol y divulgador de los comunes en la piel de toro y actual comisionado de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona, insiste machaconamente en subrayar la necesidad de la innovadora cua en la que se inserta la hiptesis comunal, como va alternativa a la vetusta dicotoma (cual si se tratara de mnadas autnomas) entre lo privado y lo estatal: "los bienes comunes exigen una forma de racionalidad diversa de la que ha dominado tanto tiempo la escena del debate econmico, social y poltico. Nos referimos a la lgica binaria que nos obligaba a escoger entre propiedad pblica o privada (...) Desde hace muchos aos, la pugna, la tensin, se ha establecido nicamente entre las formas privadas de gestin de los asuntos colectivos y las formas estatales de gestin de los mismos.

La Fundacin de los Comunes expresa su voluntad de contribuir a la difusin del nuevo evangelio sustituyendo la presencia hegemnica del pensamiento revolucionario de la poca dorada del movimiento obrero por el nuevo kit constituyente (sic): pretendemos poner nuestro grano de arena para la constitucin de ese kit constituyente del que habla Rancire. Qu tena el movimiento obrero de finales de XIX, primera mitad del XX? Herramientas de anlisis propias, formas de vida propias, algo no solo alternativo, sino sustitutivo, constitucional, fundacional.

Distancindonos del triunfalismo que desprenden las sospechosamente exageradas fanfarrias que entronizan lo comn como el trmino central de la nueva lgica de pensamiento poltico del siglo XXI, propondramos tres ejes, slo aparentemente heterogneos, con presencia destacada en el cdigo gentico del evangelio comunal: el posmodernismo pseudoizquierdista, con todo el oropel de su neolengua "idealista", como paradigma ideolgico; el aroma autogestionario de la recuperacin de los comunes, despojado casi completamente del andamiaje, radicalmente "ilegalista", caracterstico de la tradicin anarquista, como propuesta prctica y el sustrato economicista de cariz ortodoxo, basado en la eficiencia de la gestin colectiva de los recursos de uso comn frente al aprovechamiento exclusivo de los derechos de propiedad privada, como fundamento terico. El resultado de semejante amalgama es un anlisis sumamente deficiente del capitalismo actual combinado con una prctica poltica profundamente reformista (caracterizada, a pesar de su pretensin renovadora, por la clsica boutade bernsteniana: La meta final no representa nada; el movimiento lo es todo).

Cul es el origen histrico de un paradigma con tales pretensiones de devenir el eje vertebrador de la reflexin terica que alumbre una renovada prctica socio-poltica con aspiraciones emancipatorias? Tiene algo de realmente novedoso un concepto que, a pesar de la neolengua utilizada, aparentemente no hace otra cosa que remitirse a la secular tradicin autogestionaria de raigambre anarquista? Cul es, en fin, la articulacin de su conexin -en las antpodas, por cierto, de la tradicin libertaria- con la praxis poltica institucional de la nueva izquierda ciudadanista?

En el aplastamiento sistemtico de las conquistas del Estado del bienestar bajo la apisonadora de las polticas neoliberales reside -junto con la penosa agona del estatismo burocrtico y el movimiento comunista internacional- la clave para entender el origen de la tercera va que representa la moda comunal. Tras el prolongado auge de los treinta gloriosos, con su mitificado aroma de explotacin mitigada y colaboracin de clases, el final del espejismo que gener la esperanza en la viabilidad de un capitalismo dulcificado se plasma en el ataque furibundo contra las condiciones de vida de las clases populares y la privatizacin de los servicios pblicos del welfare state. A principios de los aos setenta con el Nixon Shock como olvidado pero decisivo desencadenante simblico-, la alarmante merma de la rentabilidad del capital propulsa la hipertrofia de capital ficticio productos financieros derivados que multiplican centenares de veces la riqueza real- generada por el crecimiento disparatado del dinero-deuda creado por la banca y la sobreexplotacin del trabajo. La mutacin adaptativa del sistema de la mercanca en la fase neoliberal responde pues a las crecientes dificultades de realizacin productiva de la ganancia y no a un malvolo proyecto de las lites para aplastar los restos del movimiento obrero y del Estado del bienestar, acaparando una parte cada vez mayor del pastel de la riqueza social. El endurecimiento de la poltica del capital se centra en la extraccin de rentas y ganancias extraordinarias de las privatizaciones masivas de monopolios y servicios pblicos y en la generacin de colosales burbujas de activos inmobiliarios, dando rienda suelta a la ingeniera financiera mediante la liberalizacin total de los mercados de capitales. Tales cimientos sustentan el crecimiento exponencial de lo que el economista marxista Michel Husson denomina plusvala no acumulada, que huye de su destino natural hacia la inversin productiva para multiplicarse desorbitadamente en la nebulosa financiera.

La prdida de soberana monetaria de los estados -consagrada en la UE con el tratado de Maastricht, donde se crean la moneda nica y el BCE-, compelidos a endeudarse en los mercados libres debido a la camisa de fuerza que representa la prohibicin de recibir financiacin directa del 'dueo del euro', consuma la amputacin de las herramientas redistributivas tradicionales y la imposibilidad de realizar polticas keynesianas de estmulo fiscal de la demanda agregada. Quedan as postrados a los pies de los tiburones de las finanzas internacionales y de la banca corporativa, que les someten al chantaje del cese de la financiacin de la deuda o la degradacin crediticia en caso de pretender realizar irresponsables polticas inflacionarias de aumento del gasto o de las transferencias sociales.

En el anlisis terico que sirve de base a la eclosin del paradigma del comn en los nuevos movimientos transformadores, el empeo en construir un relato simplista, que conserve la ilusin de la posibilidad de revertir el embate neoliberal a travs de las mutiladas palancas institucionales, hace que tal conclusin sobre la impotencia de la va estatal-legalista para contener los desmanes del capital financiero desaparezca.

Castro, y Mart, de La Hidra Cooperativa, uno de los nodos de la Fundacin de los Comunes en Barcelona, concretan la insercin de la hiptesis del comn en la encrucijada de la destruccin del Welfare State ante el embate neoliberal: Entendemos que si el anlisis de los comunes es relevante hoy en da es porque puede ser una herramienta eficaz frente a la descomposicin de las instituciones del Estado del Bienestar y una forma de organizacin poltica desde la base a travs de la cual la forma del Estado neoliberal pueda ser confrontada y trascendida.

Laval y Dardot, citando a la filsofa ecofeminista india Vandana Shiva, describen el imperativo de la lucha poltica de nuestra poca como la necesidad de recuperar los comunes: Si la globalizacin neoliberal es el cercamiento final de los comunes nuestra agua, nuestra biodiversidad, nuestros alimentos, nuestra cultura, nuestra salud, nuestra educacin recuperar los comunes es el deber poltico, econmico y ecolgico de nuestra poca. Difcil no obstante superar la metafsica idealista que rezuma la extravagante descripcin que hace Negri de la esencia de la financiarizacin como extraccin del comn, desplazando olmpicamente el eje de la lucha de clases de su antagonismo clsico al nuevo paradigma: La segunda figura en la que se encarna esta nueva forma de explotacin es la financiarizacin, que representa la forma en la que el capital mide la "extraccin del comn". Se podra decir que el dinero es la figura perversa y la total mistificacin del comn. () El capital pierde as su dignidad (sic), que consista en su capacidad para organizar la produccin e imprimir a la sociedad un desarrollo. Ahora, el capital es obligado a reorganizar y mostrar, en forma extrema, su naturaleza antagonista. Eso significa que la lucha de clases se desarrolla alrededor del comn.

A pesar de los denodados esfuerzos de las luminarias del posmodernismo por situarlo en el ncleo del anlisis socio-poltico, el nuevo artefacto no habra tenido apenas impacto en los mbitos serios del pensamiento cientfico-social ni habra colonizado los 'tanques de pensamiento' de las fuerzas del cambio, sin el bao de respetabilidad proporcionado por los trabajos previos de la economista estadounidense Elinor Ostrom. Sus desarrollos tericos fundamentalmente el texto El gobierno de los bienes comunes, publicado en 1990, en plena hegemona de la ortodoxia neoclsica-neoliberal- ofrecen la fundamentacin rigurosa, frente al dogma de la primaca absoluta de la gestin privada, caracterstico de la economa convencional, de la viabilidad de la gestin colectiva de ciertos recursos de uso comn. Subirats resume su aportacin, merecedora del pseudopremio Nobel de economa de 2009: La labor investigadora de la profesora de la Universidad de Indiana logr recoger multitud de experiencias que demostraban que la existencia de espacios y bienes comunales, es decir, la no atribucin de propiedad especfica a sus usuarios, no conllevaba inevitablemente la sobreexplotacin de los recursos y la prdida y erosin de ese patrimonio. De esta manera responda a la influyente obra de Garrett Hardin (1968), que situaba a los bienes comunes en una lgica de explotacin descontrolada que forzosamente acababa en tragedia. El planteamiento de Ostromdentro del estrecho marco de la teora de juegos y de la axiomtica de modelizacin de la conducta racional, caractersticos del anlisis microeconmico de la 'Nueva Economa Institucional'- ofrece una va de gestin de los recursos comunes -definidos segn parmetros convencionales como de 'alta rivalidad' y 'difcil exclusividad'- basada, frente a la despiadada racionalidad individualista de la microeconoma neoclsica, en la cooperacin entre los usuarios. Montes que se manejan de forma comunal, cofradas de pescadores, programadores de software libre, cooperativas que apuestan por una energa sostenible, iniciativas de crdito colectivo o grupos educativos de crianza compartida conforman el paisaje de autoorganizacin social alumbrado por el nuevo campo de estudio.

Con su inclusin en la estela de la escuela terica iniciada por Ostrom, el flamante evangelio goza ya, en las antpodas de las etreas disquisiciones de los santones de la posmodernidad, del marchamo de rigor que le permitir ser un 'elemento esencial del bagaje conceptual de ecologistas, tecnlogos, feministas, economistas heterodoxos, artistas y ciberactivistas' adems de fuente inagotable de tesis universitarias y de plmbeos simposios autoformativos.

No obstante, Ibez y de Castro destacan el alcance sumamente restringido del uso de semejante aparato terico, extrado del laboratorio de la ortodoxia acadmica y purificado de contaminacin alguna con las relaciones de produccin imperantes, como fundamento de una herramienta de cambio poltico-social: Pero la virtud de una mayor formalizacin terica y una mayor precisin en la conceptualizacin de los bienes de uso comn se realiza a costa de reducir la alternativa de la gestin comn a los huecos que la economa capitalista decida ir dejando libres. Pues aqu los comunes dejan de ser un fenmeno social total, que requiere de un entramado social y poltico propio (por tanto, necesariamente conflictivo con la lgica dominante), para pasar a ser una gestin econmica alternativa de determinados recursos. Se trata pues de un discurso economicista, preocupado fundamentalmente por la eficiencia y sin ninguna conexin con la construccin de sujetos polticos anticapitalistas. Una mercanca convencional como una lavadora -y no digamos una fbrica o una vivienda-, as como cualquier otro bien mercantil producido con el trabajo social generador de plusvala, que sirvi de ncleo originario al anlisis de la mercanca en el monumental artefacto crtico construido por Marx en El Capital, queda fuera del restringido mbito de estudio de los recursos de uso comn.

Tenemos tan integrados y asumidos ciertos valores capitalistas que no nos damos cuenta del absurdo que supone tener una lavadora en cada casa. La rotunda afirmacin corresponde a Unai, vecino del barrio okupado vitoriano de Errekaleor, una de las comunidades autogestionadas ms importantes del pas. 'Errekaleor bizirik' ('Errekaleor vivo') representa un magnfico ejemplo en curso de experiencia anticapitalista, fundamentada en relaciones de apoyo mutuo y solidaridad desde abajo y, por tanto, una muestra fehaciente del significado verdaderamente socializador que puede tener la 'recuperacin de los bienes comunes': Vamos a dar un paso ms y a prescindir de ciertos servicios en las viviendas como cocinas elctricas, lavadoras, frigorficos..., para tenerlos en zonas comunes, explica Estitxu Vilamor, otra vecina de Errekaleor. En las antpodas de las metafsicas conceptualizaciones de los apstoles del evangelio comunal y de las ilusiones reformistas en la va legalista-institucional de los cambios graduales, la claridad del lenguaje es asimismo meridiana: Esta crisis tiene sntomas y nombres distintos (crisis energtica, ecolgica, social, crisis de cuidados) pero la enfermedad es siempre la misma: el capitalismo.

Precisamente, David Harvey, gegrafo marxista y representante de la rama dura-materialista del enfoque de los comunes, toma pie en los fragmentos de El Capital sobre la acumulacin primitiva, donde Marx haba hecho una amplia descripcin de las mltiples formas en las que las tierras y los derechos comunes fueron apropiados por el capitalismo naciente, para asentar su tesis de la acumulacin por desposesin, caracterstica de la barbarie neoliberal: El thatcherismo desencaden los instintos intrnsecamente montaraces del capitalismo (los espritus animales de los empresarios, como los llam tmidamente John Maynard Keynes), y nadie ha intentado detenerlos desde entonces. La roturacin temeraria a base de talar y quemar se ha convertido en la consigna de la clase dominante prcticamente en todas partes.

Si bien Harvey, que ampla y profundiza el estrecho marco economicista de Ostrom, dotndolo de msculo poltico anticapitalista, parte del anlisis marxista de la crisis de acumulacin de los aos 70, destacando la enorme relevancia de la deuda privada y el rentismo financiero-inmobiliario como generadores de burbujas de activos y propulsores de la 'desposesin', su tesis central desplaza el foco hacia los deletreos efectos de la roturacin temeraria. Ello le permite admitir abiertamente la posibilidad de detener los espritus animales, atenuando la arremetida del capital desembridado, a travs de polticas pblicas que reviertan los 'cercamientos' y recuperen el comn usurpado. Harvey es, en este sentido, y a pesar de su devocin explcita por la ortodoxia revolucionaria marxiana, profundamente bernsteniano: Estoy a favor de Syriza, por ejemplo, al igual que Negri y varios anarquistas griegos que conozco, y tambin de Podemos, no porque sean revolucionarios, sino porque ayudan a abrir un espacio para un tipo diferente de polticas. La movilizacin del poder poltico es esencial y el Estado no puede despreciarse como un sitio potencial para la radicalizacin. En todos estos puntos siento disentir con muchos de mis colegas autnomos y anarquistas.

Sin embargo, la destruccin sistemtica de las escasas herramientas de poltica econmica que quedaban en manos de las demediadas instituciones pblicas convierte la, aparentemente modesta, aspiracin de desarrollar 'un tipo diferente de polticas' en completamente vana. Sin poner coto al papel neurlgico de la banca privada, autntica supra-entidad planificadora de la economa mediante la creacin de deuda dirigida a la propulsin de burbujas de activos y la privatizacin masiva de todo lo que huela a rentas monoplicas; a la independencia de la banca central, que con su cepo austericida deja al Estado a los pies de los caballos de los dueos de la deuda y las compaas de calificacin de riesgos o al absoluto descontrol de los ignotos canales a travs de los cuales fluyen los productos financieros derivados es absolutamente utpico pretender revertir los intrnsecamente montaraces instintos del gran capital por la va legalista-institucional. Al desplazar el foco de la sala de mquinas a los efectos depredadores del embate neoliberal se simplifica y deforma el diagnstico, pretendiendo recuperar el ensueo de la fenecida posibilidad de utilizar las herramientas estatales para detener el expolio y emprender la recuperacin del comn.

Si, como sealan Castro y Martnez, el neoliberalismo es producto de la conquista de las instituciones por parte de las lites econmicas y el poder financiero, la va para reapropiarse de lo comn usurpado pasara necesariamente por su reconquista para ponerlas al servicio de la ciudadana: La reapropiacin de los bienes comunes ha de plantearse como un problema institucional, como la necesidad de defender, disear, implementar y asumir un conjunto de derechos, normas, obligaciones y compromisos para reapropiarse de lo enajenado y garantizar las condiciones materiales de subsistencia y reproduccin social.

El marco anacrnico y desenfocado, basado en la tozuda insistencia en la verosimilitud de la posibilidad de recuperacin del viejo estado redistribuidor fulminado por el neoliberalismo, queda, en fin, ejemplificado de nuevo en la siguiente declaracin programtica de la Fundacin de los Comunes: El bloque de crisis econmica comprende, por ejemplo, anlisis relativos a la espiral rescate/deuda, a las posibilidades de un nuevo sistema fiscal de redistribucin ms igualitaria o a propuestas de mecanismos de reparto de la riqueza a travs de la renta () El mito de la renta bsica, proclamada como panacea asistencial-redistributiva, emerge -y de hecho figura en lugar prominente en las proclamas de los 'tanques de pensamiento' del evangelio comunal- como la coronacin de este ftil intento de construccin nostlgica de un capitalismo con corazn.

La misma creencia mistificadora en el sueo "hmedo" de la vieja socialdemocracia anida en el eslogan de usar el estado contra la casta, que caracteriz el frustrado intento de asaltar los cielos protagonizado por las huestes de Podemos. Miguel Sanz desvela brillantemente la errnea abstraccin de estirpe funcionalista que opera en la base de la artificial dicotoma Estado-Capital inserta en la hiptesis populista: El populismo de izquierdas no tiene otro objetivo que hacerse con la maquinaria del Estado para dar un giro a las polticas del neoliberalismo, como ha expresado Chantal Mouffe mucho ms explcitamente que Laclau, en multitud de artculos y entrevistas. Esta creencia en la posibilidad de usar el Estado contra la minora dirigente (la casta) procede del planteamiento de autonoma de las estructuras de la sociedad, cuya naturaleza no est definida y son slo un producto relacional de la articulacin de diferentes elementos. Por decirlo de alguna forma, para poder utilizar a Gramsci necesitan vaciarlo al completo de las aspiraciones socialistas revolucionarias, a las que consagr su vida, su obra y su muerte. He aqu, en la combinacin entre un anlisis superficial del capitalismo y una visin "idealista" de la poltica, basada en la creencia en la posibilidad de revertir el papel totalmente subalterno del Estado bajo la gida del capital financiero, la raz del reformismo posmoderno, expresin poltica del populismo pseudoizquierdista y de la metafsica comunal.

Mientras tanto, el ayuntamiento del cambio de la capital del Estado ha autorizado recientemente la conversin de la ltima sede del Patio Maravillas en apartamentos tursticos. Eso s, la medida provoc la escisin simblica de una parte del equipo municipal: cuatro ediles de Ahora Madrid -entre ellos Guillermo Zapata- evitaron mancillar su honra saliendo del pleno en el momento de la votacin y otro Snchez Mato- emiti su voto con la nariz tapada! Omnia sunt communia!

Blog del autor: https://trampantojosyembelecos.wordpress.com/2018/03/30/la-metafisica-de-los-comunes-y-el-reformismo-posmoderno/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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