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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2018

El combate contina

Miguel Manzanera Salavert
Rebelin


El final de la hegemona unipolar del imperialismo liberal en el mundo sigue su curso; su primera manifestacin evidente es la crisis econmica en el centro del modo de produccin capitalista los llamados pases desarrollados del primer mundo-, que se desarrolla imparable en los ltimos aos tras superar la depresin de la dcada pasada. El regreso a la senda del crecimiento capitalista se ha conseguido a costa de reducir las remuneraciones del trabajo y el nivel de vida de los sectores populares, mientras aumentan los beneficios de los inversores capitalistas. La oligarqua mundial ha apostado por una gestin dura y represiva de la crisis, siguiendo los dogmas y prejuicios de la ideologa liberal y la economa de libre mercado. Los polticos conservadores que alcanzaron el gobierno, aupados por el desconcierto de la izquierda social ante las nuevas realidades histricas, aplican medidas que recortan los derechos sociales y econmicos de los trabajadores, al tiempo que se enriquecen los ms ricos a travs de la privatizacin fraudulenta de los bienes pblicos.

Esta coyuntura histrica repite situaciones histricas conocidas: es similar a la descrita por Marx y Engels en El manifiesto comunista de 1848, y a los acontecimientos del periodo de las Guerras Mundiales. Y augura fuertes conflictos sociales para los prximos aos, sobre todo porque al mismo tiempo se fomenta el nacionalismo extremista alentando la guerra y el conflicto internacional, para evitar que las iras populares se dirijan contra los responsables de la desastrosa gestin social.

La contrapartida est ya en marcha. En Asia emerge una nueva potencia econmica y poltica, a partir de la alianza entre la Repblica Popular China y la Federacin Rusa, a la que se aaden las repblicas turcas de Asia central, la India y Pakistn, y otros Estados firmantes del Acuerdo de Shangai. Por un lado, China se convierte en la economa ms fuerte del mundo, capaz de confrontarse con xito frente a la economa estadounidense en la intensa guerra comercial que ha comenzado el actual presidente Trump; por otro, Rusia demuestra su potencia militar en la guerra de Oriente Medio, impidiendo a la OTAN realizar sus planes de destruir el Estado sirio como ha sucedido con Irak. El potencial econmico y el podero militar de Asia se convierten en polo de atraccin para la humanidad sufriente bajo el capitalismo desbocado.

El panorama internacional se transforma lentamente hacia la configuracin de un mundo multipolar, donde el antiguo bloque hegemnico ve perder sus privilegios entre convulsas agitaciones sociales. Como todo lo que acontece a la humanidad, no es un proceso lineal, sino contradictorio y conflictivo. Y una de sus contramarchas ms peligrosas est aconteciendo en el continente americano; aqu vemos cmo se est difuminando la gran esperanza que amaneci en Latinoamrica durante la dcada pasada: se han hundido la mayor parte de los gobiernos progresistas que lideraron las polticas democrticas y redistributivas, sustituidos por gobiernos liberales y conservadores que implementan polticas reaccionarias. La oligarqua imperialista, al tiempo que se consolida en Europa y EE.UU. mediante el impulso de los movimientos de extrema derecha, se ha lanzado a reconquistar el terreno perdido en el continente americano.

Esa deriva comenz hace tiempo y se ha ido desarrollando paulatinamente. Primero fue el golpe de Estado en Honduras contra el presidente legtimo, Manuel Zelaya, fundndose en falsas excusas legales para destituirle; y a pesar de que el movimiento popular contina organizado, desde entonces los escuadrones de la muerte fascistas se han cobrado un nmero creciente de vctimas. La incapacidad de las fuerzas progresistas para responder adecuadamente a esa agresin, fue un aviso de su debilidad estratgica y anim la ofensiva reaccionaria. Una buena parte de la izquierda europea prefiri hacer campaa contra Gadafi y el-Assad, en lugar de denunciar las maniobras golpistas de los reaccionarios.

Continu un golpe de Estado similar en Paraguay contra Fernando Lugo, bajo pretexto de restaurar la paz social, alterada por un conflicto violento que provoc la propia oligarqua golpista. Los medios de comunicacin distrajeron a la opinin pblica con la guerra en Oriente Medio ayudados por los terroristas fabricados por la logstica y la inteligencia militar de la OTAN-; y agitando el espantajo de Rusia convertida por la propaganda en el Estado tirnico que se opona a la democracia liberal. De nuevo, las almas bellas de la izquierda bienpensante se tragaron el bulo, llegando incluso la difamacin de los crticos que denunciaban la superchera.

Hay que reconocer que el operativo de esas maniobras polticas fue bien pensado y mejor organizado. Consisti en utilizar la judicatura conservadora, el tercer poder del Estado segn Montesquieu no segn Locke-, para recortar la democracia y escamotear la voluntad del pueblo. Siguiendo la misma pauta, el xito de aquellas actuaciones propici un tercer golpe blando en Brasil contra la presidenta del PT, Dilma Rousseff, y el bloqueo del lder popular para la jefatura del Estado, Lula. El golpe blando consiste en una accin judicial contra los gobernantes elegidos democrticamente, sin importar los hechos ni las pruebas demostrativas. Se inventan o se fabrican falsas causas para descabalgar a los dirigentes de la izquierda.

Para que esas maniobras polticas tengan xito es necesario que los poderes armados del Estado estn dominados por militares y funcionarios policiales reaccionarios y conservadores. El tndem golpista est constituido por el sistema judicial apoyado por los cuerpos de seguridad del Estado. Por eso en Venezuela no ha podido prosperar un golpe de esas caractersticas. Mientras que en Brasil, los lderes del PT son acusados de corrupcin con escasas pruebas, dentro de un sistema poltico profundamente corrompido, donde la mayora de los polticos estn bajo procesos judiciales con total impunidad, en Venezuela la fiscal del Estado se ha tenido que exiliar por intentar una maniobra parecida contra la democracia. La diferencia es que en Venezuela el ejrcito es bolivariano y est a favor de las polticas redistributivas del Estado, y en Brasil los militares amenazan con asaltar el poder por la fuerza, si los dirigentes de los trabajadores acceden al gobierno del Estado. Evidentemente, el poder descansa en la punta de las bayonetas, pero los militares no han tenido que violar la ley, porque la ley ha sido violada por los propios custodios de su validacin.

Es de notar el paralelismo con la dinmica poltica en la pennsula ibrica, que es Europa pero a medias. En el Estado espaol, ms parecido a las repblicas bananeras de Centroamrica que a cualquier democracia europea, la destruccin de la democracia ha adoptado formas similares bajo el gobierno conservador del PP, que utiliza el poder judicial para bloquear la protesta social, lo que ha resultado especialmente evidente por la crisis catalana del ltimo ao. Tras criminalizar a miles de personas por el mero hecho de protestar o expresar su disconformidad con la poltica conservadora, en diciembre de 2017 la polica espaola golpeaba impunemente en Catalua a manifestantes desarmados que queran votar en un referndum por la independencia, mientras los jueces culpaban a las vctimas y declaraban vctimas a los verdugos. Con una dinmica radicalmente diferente, en el ao 2014 importantes sectores de las fuerzas armadas portuguesas de tradicin revolucionaria se manifestaron contra el gobierno de la derecha que aplicaba las polticas antisociales recomendadas por las instituciones europeas. Ahora Portugal tiene un gobierno de izquierdas que desafa con xito esas directrices reaccionarias.

Pero esa dinmica golpista no ha sido la nica va para derrotar las polticas progresistas en el continente americano. Otra lnea poltica de la oligarqua consiste en crear Estados fallidos, all donde el movimiento popular podra amenazar su hegemona: Mxico y Colombia, posiblemente Guatemala, entran en esta categora; son sociedades donde una enorme violencia militar y paramilitar se dirige contra las organizaciones populares para evitar su consolidacin y desarrollo. El ejrcito y la polica estn profundamente corrompidos por la complicidad con el narcotrfico y los crmenes de Estado. En Mxico los zapatistas, en Colombia las FARC, las organizaciones armadas del pueblo han intentado infructuosamente alcanzar acuerdos con el Estado para terminar o al menos reducir la violencia del conflicto. Los guerrilleros han abandonado la lucha armada tras firmar los acuerdos de paz, pero el Estado no ha cumplido sus promesas de proteger con ecuanimidad los derechos humanos universales.

Los Estados fallidos no son una excepcionalidad americana; han aparecido como resultado de las guerras en Oriente Medio; las actuaciones blicas de la OTAN y sus aliados Israel y Arabia Saud han ocasionado la destruccin de pases enteros: Afganistn, Irak, Libia, Yemen, Siria, la propia Palestina. Podramos aadir Lbano, aunque este pas parece estar saliendo de la crisis tras la derrota del Estado islmico. Tambin en frica subsahariana, Sudn del Sur y Congo parecen candidatos a esta categora. Tal vez sin llegar a los niveles de destruccin social que se manifiestan en estas regiones del globo, producindose genocidios de millones de personas, en Amrica se est desarrollando este peligroso fenmeno, que es resultado directo de las polticas neoliberales.

Segn evolucionen los acontecimientos en Honduras y Brasil, podran convertirse en Estados fallidos. La resistencia popular contra la manipulacin de la democracia es muy fuerte, poniendo en entredicho la dominacin oligrquica, lo que despierta las tentaciones militares para restaurar el orden en el pas en favor de las elites. Pero el propio ejrcito parece incapaz de sostener el Estado, como sucedi en el pasado. No tenemos noticias de corrupcin por el narcotrfico en el ejrcito brasileo, pero aparecen otros factores degenerativos del orden poltico a travs de los cuales la oligarqua ejerce su influencia sobre las decisiones de los gobernantes. La implicacin de jueces, policas y militares en los casos de corrupcin poltica se evidencia por sus actuaciones contra los movimientos sociales. Dos hechos recientes parecen indicar que el Estado brasileo se encuentra al borde de la quiebra: el asesinato planificado de una dirigente de izquierdas por un grupo de paramilitares, posiblemente policas, y la ocupacin de las favelas de Ro de Janeiro por el ejrcito. No es la primera vez que se ocupan las favelas, pero ahora se trata de un experimento social en palabras del propio general encargado de la operacin.

Se han producido tambin formas menos dramticas de alcanzar el poder a travs de la va electoral y la implosin de los partidos de izquierda. Esa tercera lnea de accin consiste en vaciar el contenido poltico de los partidos populares. Es lo que podramos llamar los gobiernos traidores: el Frente Amplio de Uruguay y la traicin de Lenin Moreno en Ecuador. Tal vez podamos incluir en esta categora el gobierno de Bachelet en Chile, con su parecido de familia respecto de los gobiernos del PSOE en Espaa. Se trata de un liberalismo de izquierdas, respetuoso con los derechos humanos mientras no afecten los intereses de la oligarqua financiera; en poltica econmica son liberales y en las relaciones internacionales se alinean con el imperialismo.

Sin llegar a la radicalidad de los bolivarianos venezolanos, los gobiernos petistas en Brasil (Lula y Dilma) y peronistas en Argentina (el matrimonio Kirschner), implementaron polticas redistributivas hacia los sectores populares, intentando preservar la soberana nacional y buscando alianzas con las potencias emergentes de Asia. Por eso la prdida del poder poltico en Argentina ha sido un duro golpe para los sectores populares, porque en este caso la oligarqua ha seguido las reglas democrticas del poder poltico. Los Estados ms europeizados de Amrica Latina siguen la estela de los Estados imperialistas.

No quedan, despus de todo, ms que algunos focos de resistencia: la Venezuela bolivariana, el gobierno del MAS en Bolivia, y la irreductible Repblica de Cuba. Suficiente para sostener el ncleo revolucionario americano, cuyo fruto ms inmediato habra de ser la revolucin brasilea: de momento sigue viva la esperanza con la resistencia del movimiento obrero y popular a favor de Lula. Qu podemos hacer para apoyar, difundir y desarrollar la revolucin en Brasil, el mayor Estado latinoamericano? Esta me parece una tarea central de la izquierda latinoamericana en esta coyuntura crtica, que debera ser asumida por los movimientos progresistas a nivel mundial sin obviar otras tareas urgentes, como son la solidaridad con los pueblos palestino, saharaui y yemen, y la lucha contra el fascismo y el belicismo de la OTAN-.

Lula ha preferido entregarse a las autoridades corruptas antes que oponer resistencia a su encarcelamiento. Ahora tal vez intente mantener una batalla por la legalidad demostrando su inocencia, que parece perdida de antemano: ha sido juzgado y condenado antes de demostrar los hechos. Hubiera podido resistir apoyndose en el movimiento popular, lo que seguramente habra conducido al golpe de Estado y la guerra civil. Su accin resignada tiende a evitar esa deriva destructiva en el Brasil: hay que evitar que el desmoronamiento del Estado destruya tambin la sociedad civil, que todava mantiene su fuerza y cohesin. La confrontacin directa con el poder oligrquico solo podr hacerse con las suficientes garantas para la victoria y el dirigente del movimiento obrero brasileo ha considerado que todava no existen esas garantas.

Unas palabras sobre Cuba para terminar. Tras la extraordinaria labor militar de Fidel Castro en el siglo XX, varias veces vencedor sobre el imperialismo, ha seguido una no menos extraordinaria, aunque menos vistosa, labor diplomtica de Ral Castro. Mantuvo e incluso recuper las buenas relaciones con los pases africanos, consigui reconciliarse con China, desarroll la tradicional amistad con Rusia decada tras el hundimiento de la URSS-, dialoga con las instituciones europeas, y pudo establecer relaciones diplomticas formales con los EE.UU., su ms acrrimo enemigo. En la Asamblea General de la ONU, Cuba derrota todos los aos a los EE.UU. consiguiendo el apoyo internacional para la reprobacin del bloqueo, casi por la unanimidad de los Estados miembros, ms de 190 votos contra los 2 votos de EE.UU. e Israel. Gracias a esa intensa labor la Repblica de Cuba mantiene hoy una extensa red de relaciones internacionales, que son la mejor garanta contra las agresiones externas. Incluso tras las amenazas y prohibiciones del actual presidente Trump, se mantiene un importante nmero de turistas estadounidenses hacia la isla. Ral Castro ha hecho bien sus tareas. Sin embargo, la agresividad del imperialismo en Amrica Latina est estrechando el cerco contra la hasta ahora inexpugnable Repblica de Cuba. Es posible, que se est cerrando un periodo de la historia de Cuba, con la extincin natural de la generacin que hizo la revolucin hacer casi 60 aos, y entre las incgnitas del futuro latinoamericano se encuentra tambin la evolucin del socialismo cubano.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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