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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-05-2018

Nicaragua
No pasarn

Carlos Fonseca Tern
Rebelin


Ahora le toc el turno a Nicaragua; un pas con envidiable estabilidad en una regin inestable y despus de sucesivas guerras; con ndices de crecimiento de alrededor del 5% en los ltimos diez aos; con altos ndices de seguridad ciudadana; y segn datos del PNUD, uno de los pases latinoamericanos con mayor disminucin de la pobreza y de la desigualdad social durante ese mismo perodo de tiempo, o sea desde que volvi el sandinismo al poder.

Durante poco menos de una semana, el pas literalmente, ardi. El detonante fue una reforma al seguro social ya derogada, que consista en aumentar levemente las cotizaciones a los trabajadores y en mayor medida a los empresarios, y establecerla para los jubilados. Otra medida fue hacer que quienes devengan salarios superiores a determinada cantidad, paguen sus cotizaciones conforme al total de lo que ganan y no solamente hasta un determinado monto, como ha sido hasta ahora. Esta ltima medida tuvo como objetivo disminuir las posibilidades de los empresarios de desangrar la seguridad social al reportar altos cargos fantasmas con enormes sueldos, para luego cobrar al sistema de seguridad social los beneficios correspondientes. Pero el objetivo general del conjunto de medidas tomadas era resolver la crisis financiera del Instituto Nicaragense de Seguridad Social (INSS), ocasionada por la mayor cobertura de la seguridad social y la mayor cantidad de beneficios que sta otorga a los trabajadores. Esta fue la alternativa encontrada por el gobierno para no aplicar la propuesta del FMI, de aumentar la edad de jubilacin y la cantidad de semanas requeridas para sta, y eliminar las pensiones a vctimas de guerra y la pensin reducida a quienes teniendo edad de jubilacin no hayan completado la cantidad de semanas, beneficio que implementado por el sandinismo al poco tiempo de haber regresado al gobierno en 2007.

Como puede verse, las medidas tomadas eran menos perjudiciales para los trabajadores que las planteadas por el FMI, las cuales haban sido respaldadas por los empresarios privados, quienes se manifestaron en contra de la reforma aprobada y que fue luego derogada; lo cual es normal, ya que los principales afectados eran los empresarios y quienes devengan altos salarios.

Por tanto, no es de extraar que ningn sindicato y ningn trabajador hayan salido a protestar, a excepcin de los empleados de las grandes empresas privadas a quienes por cierto, stas no dejan sindicalizarse , obligados a marchar por sus patrones, los empresarios afiliados al Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP). Pero el protagonismo lo tuvieron varios grupos de estudiantes universitarios, sobre todo en algunas universidades privadas que reciben subvencin pblica para facilitar el acceso a ellas de jvenes con escasos recursos.

Las protestas comenzaron con pequeos piquetes organizados por jvenes de clase media alta y clase alta, que de manera recurrente organizan ese tipo de actividades en contra del gobierno sandinista. La variante esta vez fue que los enfrentamientos entre ellos y los jvenes sandinistas de los barrios populares llamados turbas por la derecha gener un sentimiento de solidaridad en una buena parte del estudiantado universitario, que escal la protesta colocando barricadas en la va pblica y enfrentndose a la polica con armas de fuego caseras, cuando sta intent despejar la va.

Este fenmeno fue producto de la percepcin generalizada de que la reforma afectaba a los trabajadores y a los jubilados, mientras que como contrapartida no hubo un proceso de discusin y apropiacin de las medidas, lo cual hizo que los posibles defensores de la misma no supieran qu defender y por tanto, en su mayor parte no estuvieran motivados para hacerlo, lo cual fue un factor decisivo para la tarda respuesta del sandinismo polticamente organizado en los barrios e instituciones del Estado, y del movimiento social afn al sandinismo. Esto fue tambin en parte lo que motiv la participacin en contra de la reforma, de grupos de estudiantes y jvenes en general que asuman estar defendiendo reivindicaciones que consideraban justas, pero que ahora corren ms peligro que nunca ante la correlacin de fuerzas que habr en el necesario dilogo nacional instaurado para ver este y otros temas; correlacin que es producto, precisamente e irnicamente, de las protestas.

La confrontacin fue en aumento, hasta que la situacin se sali de control para las autoridades y proliferaron los enfrentamientos entre detractores y defensores, ya no tanto de las reformas, sino del gobierno sandinista, que ha contado durante los ltimos ocho aos con un respaldo popular invariablemente superior al 60%. Al fragor de la confrontacin aparecieron armas de guerra y con ello, inevitablemente, los muertos de uno y otro lado, incluyendo policas, ya que hubo tambin armas mortales en manos de los grupos enfrentados a las autoridades. De igual manera, durante dos das seguidos proliferaron los incendios de edificios pblicos, ataques a instituciones y saqueos a negocios privados, sobre todo supermercados, casi todo perpetrado obviamente, por el bando antigobierno.

El Presidente Daniel Ortega se dirigi a la nacin durante los dos das ms violentos del enfrentamiento, primero para llamar al dilogo y luego, para anunciar la derogacin de la reforma que motiv el inicio de las protestas. A solicitud de ambos sectores enfrentados, la Conferencia Episcopal de la Iglesia Catlica acept ser mediadora en el dilogo, aunque algunos obispos se han declarado abiertamente en contra del gobierno.

La situacin volvi a la calma cuando el Presidente declar que se derogaba la reforma a la seguridad social, para buscar otras opciones en el dilogo nacional. A continuacin, pequeos grupos politizados permanecieron protestando, repudiando el dilogo y exigiendo la renuncia del Presidente, en aras de lo cual han permanecido incitando a la violencia desde los medios de comunicacin controlados por ellos, y a travs de stos divulgando cifras falsas que aumentan cada vez ms la cantidad de fallecidos en las protestas, para lo cual incluyen en sus listas a personas cuya muerte no tuvo nada que ver con los hechos violentos ocurridos, entre los que adems se debe mencionar el hecho de que la delincuencia aprovech la situacin para atacar a las autoridades del orden pblico e incluso, fueron muchos los casos de enfrentamientos entre diversos grupos delincuenciales por el control de territorios; lo cual tambin ocasion muertes, pero no hizo que la situacin de violencia se prolongara, debido a que tales grupos en Nicaragua no tienen ni de cerca la capacidad organizativa y operativa de las maras, que son caractersticas de los tres pases vecinos del Norte: Guatemala, El Salvador y Honduras. Actualmente, la Fiscala General de la Repblica investiga los hechos para proceder a acusar formalmente a las personas que sean encontradas como responsables de las muertes ocurridas, y por iniciativa de la bancada sandinista en la Asamblea Nacional, sta form una Comisin de la Verdad integrada por personalidades de prestigio en el pas, ajenas al conflicto. Sin embargo, en la percepcin general tanto dentro como fuera de Nicaragua, se ha instalado el mito de que hubo una masacre estudiantil perpetrada por la Polica Nacional, lo cual es absolutamente falso.

Es posible que tanto las reformas en s como el mtodo para implementarlas no hayan sido lo mejor, pero no puede negarse que con ellas se intentaba frenar las polticas que pretende imponer al pas el FMI con respaldo de la empresa privada, que precisamente por eso no respald las reformas del gobierno, apoy las protestas e incluso, inicialmente pretendi condicionar su participacin en el dilogo. Esto constituy una ruptura temporal del mecanismo de consenso que se ha venido implementando con participacin del gobierno, los sindicatos y el sector privado para definir cosas tales como los aumentos al salario mnimo, la poltica fiscal y dems aspectos de la vida econmica y laboral del pas.

Llama la atencin que la escalada violenta se haya presentado simultneamente en varias de las principales ciudades del pas, y que se haya desarrollado con mtodos similares en todas partes donde esto sucedi. Tambin es llamativa la similitud entre estos hechos y el formato de desestabilizacin aplicado por el imperialismo en los pases rabes. Es curioso ver a alguien como Ileana Ross-Lethinen y a toda la fauna ultraderechista norteamericana y latinoamericana respaldando lo que pretende presentarse como una protesta social en contra de polticas neoliberales. Lo alucinante, sin embargo, es ver cmo algunos opinadores autoconsiderados de izquierda cierran filas en contra del sandinismo a raz de lo sucedido, acusando al gobierno nicaragense y al Presidente Daniel Ortega, de haber abandonado los principios revolucionarios, y presentando como los verdaderos sandinistas a los renovadores que renunciaron al socialismo y al antimperialismo a raz del derrumbe sovitico, y que no han dudado en acudir desde hace ya algn tiempo ante los sectores ms reaccionarios del Congreso norteamericano a solicitar sanciones econmicas contra Nicaragua.

Se acusa al gobierno sandinista y al Frente Sandinista de Liberacin Nacional, de estar dirigido por corruptos, y se habla del surgimiento de una burguesa sandinista. Sin embargo, curiosamente la actual burguesa sandinista fue precisamente la que abandon el FSLN y fund el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), al cual se sumaron a mediados de los noventa la mayora de quienes fueron los ms altos dirigentes polticos y gubernamentales de la Revolucin Sandinista en la dcada de los ochenta, y cuando el sandinismo perdi el poder fue este sector el que se apropi indebidamente de bienes pblicos y se ali con la derecha gobernante, como continan hoy respaldando a los candidatos ms reaccionarios de la derecha en las elecciones, mientras atacan al FSLN por las negociaciones que hizo con un sector de la derecha cuando era oposicin, y que era la nica posibilidad de elegir magistrados y contralores debido a disposiciones jurdicas promovidas por los mismos renovadores a espaldas del pueblo y en alianza con otro sector de la derecha; pero ocultando el hecho de que el FSLN jams ha ido a elecciones en alianza con ninguno de los dos sectores de la derecha en Nicaragua: la oligarqua de la que es aliada el MRS, ni el sector de la burguesa plebeya con el que aos atrs el FSLN lleg a acuerdos sin los que el sandinismo no habra vuelto al poder; acuerdos que incluso, fueron criticados desde dentro del FSLN, pero sin que por ello quienes equivocadamente los criticamos dejramos de apoyar al FSLN y sus candidatos en las elecciones siguientes.

Ningn burgus fue visto en las manifestaciones del sandinismo en defensa de la Revolucin durante los reciente acontecimientos; en cambio, en las manifestaciones de la derecha era notoria la presencia entusiasta de la burguesa nicaragense, inconfundible como en todas partes por su buena ropa de marca, sus pauelos y gorras, sus caros lentes oscuros, sus refinados modales y en el caso de Amrica Latina, su piel blanca heredada de los colonizadores que con el despojo a nuestros pueblos originarios, dieron origen a sus fortunas teidas de la sangre indgena y del sudor de los esclavos, as como de los obreros y campesinos que en Nicaragua, con Sandino, levantaron la frente para siempre y para admiracin de los pueblos del mundo, enfrentando a sus opresores de adentro y de afuera con valenta sin igual, como se disponen ahora a defender las conquistas revolucionarias, alcanzadas por el sacrificio de ms de ochenta mil nicaragenses cados en la guerra de liberacin contra el somocismo y en la guerra de los ochenta en defensa de la Revolucin Sandinista, que hoy como ayer advierte al imperialismo y sus lacayos, que NO PASARN.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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