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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-05-2018

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Entre Mayo del 68 y la guerra de Vietnam

Francisco Fernndez Buey
TopoExpress


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El primer problema acerca del que hay que decidir cuando se habla del perodo que comprende la guerra de Vietnam y la contestacin estudiantil de los 60 es este: cules de las manifestaciones culturales y poltico-culturales de entonces tienen que ser consideradas realmente novedosas y al mismo tiempo ms representativas.

Para decidir sobre esto hay que solventar dos obstculos previos. El primero es que la contestacin estudiantil y la cultura a la contra afect a numerosos pases, desde los Estados Unidos de Norteamrica a Japn y desde Mxico a Checoslovaquia, pasando por Francia, Alemania, Italia, Espaa, Polonia, etc. Y eso sin hablar de la llamada revolucin cultural china. Es imposible reducir todo eso a un mnimo comn denominador.

El segundo obstculo que hay que superar es que todo lo relativo al 68 se ha conmemorado y analizado tantas veces, y desde pticas tan diferentes, que no es fcil ya distinguir entre lo que fueron manifestaciones realmente representativas de la poca y lo que son reconstrucciones de la misma en funcin de aquellas otras cosas que ms han cuajado luego o que ms eco han tenido en nuestras sociedades.

Pondr un ejemplo sobre esto. Se ha hecho habitual afirmar que durante aquellos aos, en torno a 1968, toman cuerpo los tres principales movimientos sociales nuevos del siglo XX: ecologismo, feminismo y pacifismo. Pero el estudio de los documentos de aquellos aos desautoriza esta afirmacin y obliga a numerosas matizaciones en los casos de Pars, Praga, Barcelona, Miln o Berln, aunque resulta, s, ms verosimil para el caso norteamericano. Es ms: si se da prioridad a los casos, emblemticos, de la contestacin estudiantil en Pars, a la universidad crtica berlinesa o el disenso ciudadano en Praga seguramente habra que decir que feminismo, ecologismo y pacifismo han nacido algo despus y precisamente en oposicin a la lnea principal de la cultura sesentayochesca. Teniendo en cuenta esta consideracin, y tambin las limitaciones de tiempo, me he inclinado por priorizar tres de las manifestaciones culturales que tomaron cuerpo en esos aos: el nacimiento de la contracultura en USA, el papel del situacionismo en Francia y la propuesta berlinesa de universidad crtica y abierta. Esto significa atender preferentemente (aunque, desde luego, no slo) a la influencia que tuvieron en esos aos ideas expresadas por Theodore Roszak, Herbert Marcuse, Guy Debord y Rudi Dutchke.

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La intervencin norteamericana en Vietnam data de los primeros aos de la dcada de los sesenta, de la poca de la administracin Kennedy. Comienza con el envo de asesores de los servicios de inteligencia en apoyo del rgimen existente en Vietnam del Sur y se convierte progresivamente en intervencin militar abierta desde 1964. La guerra de Vietnam se prolongara durante toda la dcada hasta la retirada definitiva de las tropas de los EE.UU en 1972. El momento culminante de la guerra tuvo lugar, sin embargo, en la segunda mitad de la dcada de los sesenta, que es tambin el momento en que se multiplican los movimientos estudiantiles y universitarios en todo el mundo segn una secuencia que incluye California, Madrid y Barcelona, Berln, Pars, Miln, Praga, Londres, Ciudad de Mxico, Pekin, Tokio, Varsovia, Frankfurt y muchas otras ciudades con una poblacin universitaria importante.

Con independencia de las causas inmediatas de la eclosin de estos movimientos estudiantiles, en todos los casos estuvo presente la protesta contra la guerra de Vietnam, y ms concretamente contra la invasin militar norteamericana de la regin del Sudeste asitico. En Estados Unidos de Norteamrica la protesta inicial, en 1964, contra el autoritarismo vigente en la gestin de las universidades, y concretamente en Berkeley (California), se junt en seguida con la lucha en favor de los derechos civiles y sta con la oposicin, cada vez ms generalizada, al reclutamiento para la guerra. En Latinoamrica la protesta estudiantil enlaz en seguida con el antinorteamericanismo tradicional, agudizado por lo que se consideraba una nueva agresin imperialista, y sto con la atraccin por la actividad de la guerrilla, de la que el poeta salvadoreo Roque Dalton dijo por entonces que era lo nico limpio que quedaba en el mundo.

Ernesto Che Guevara haba vinculado las luchas guerrilleras con el llamamiento a crear varios Vietnam; y despus de su muerte, en 1967, esa idea guevarista fue repetida en numerosas movilizaciones estudiantiles no slo en el cono sur sino tambin en algunas ciudades europeas. Los ecos de la protesta contra la intervencin norteamericana en Vietnam en favor de un rgimen dictatorial desprestigiado entre la poblacin y de aquel llamamiento de Ernesto Che Guevara llegaron tambin a Europa. Este eco era ya muy perceptible en los discursos de los lderes estudiantiles de la Universidad Libre de Berln aquel mismo ao 1967. Y desde 1968 se convirti en el elemento unificador de las vanguardias ms politizadas prcticamente en todos los lugares en que cuaj la protesta estudiantil: en Pars, en Miln y en Roma, en Madrid y en Barcelona, en Londres, etc.

La importancia de la protesta contra la guerra, que acta como transfondo o hilo rojo unificador de la gran mayora de las protestas estudiantiles de la segunda mitad de los sesenta en todo el mundo, es un hecho reconocido por todos los autores que se han ocupado de los movimientos sociales y de la cultura juvenil de esta poca. Con matices y diferentes acentuaciones aparece en las obras, documentos, panfletos y ensayos que se pueden considerar ms representativos de aquel momento: en las obras de Theodore Roszak sobre el nacimiento y desarrollo de la contracultura en los EE.UU; en el anlisis que entonces hizo Noam Chomsky sobre el papel de los intelectuales; en las conversaciones y discusiones de Herbert Marcuse con los estudiantes berlineses, en 1967, sobre el fin de la utopa; en las imgenes que han quedado de las asambleas y manifestaciones de los estudiantes de la Sorbonne y de Nanterre durante la rebelin de mayo de 1968; en los manifiestos inaugurales del Living Theater; en los documentos del movimiento estudiantil italiano y en los documentos del movimiento estudiantil en Espaa a partir de 1967.

Habra que aadir que la protesta contra la guerra de Vietnam fue tambin en esos aos el principal factor de aproximacin entre los movimientos y organizaciones estudiantiles y muchas otras manifestaciones poltico-culturales, o culturales en sentido amplio, animadas por diferentes intelectuales, artistas y profesionales tanto en Europa como en otros lugares del mundo. Esta protesta contra la guerra est muy presente en la actividad de Bertrand Russell en Gran Bretaa y de Jean Paul Sartre en Francia; en las declaraciones del Movimiento Pugwash, formado por cientficos de todo el mundo comprometidos en la lucha contra las armas nucleares y contra la utilizacin de armas qumicas y biolgicas; en las canciones de los Beatles, de Bob Dylan y de Joan Baez; en los relatos contemporneos de Norman Mailer; en el teatro de Peter Weiss y en el cine de Bertolucci.

No hay ms que repasar la lista de los primeros firmantes del manifiesto para la creacin de un tribunal internacional llamado a juzgar los crmenes de guerra en Vietnam, manifiesto animado por la Bertrand Russell Peace Foundation, en 1967, para darse cuenta de la dimensin y pluralidad de este otro movimiento que tantos puntos de contacto tuvo con el movimiento universitario: Gunther Anders, Lelio Basso, Simone de Beauvoir, Lzaro Crdenas, Stokely Carmichael, Josu de Castro, Vladimir Dedijer, Isaac Deutscher, Danilo Dolci, Jean-Paul Sartre, Laurent Schwartz, Peter Weiss.

 

Es importante decir que ninguno de esos autores era en 1967-1968 pacifista en el sentido que luego tomara esta palabra a mediados de los ochenta, ante el espectro de una guerra librada con armas nucleares en el escenario europeo. Todos ellos estaban a favor de una salida negociada y honorable de la guerra, pero todos ellos condenaban la intervencin norteamericana en Vietnam, como una manifestacin de la barbarie del mundo libre, llamaban la atencin de la opinin pblica sobre la destruccin que el ejrcito norteamericano estaba llevando a cabo con napalm en las selvas vietnamitas y apoyaban, adems, con mayor o menor decisin segn los casos, el punto de vista de Ho Chi Mihn, presidente de Vietnam del Norte, y del Frente de Liberacin de Vietnam, el vietcong de Vietnam del Sur, orientado entonces por el partido comunista aunque con participacin de otras personalidades (por ejemplo, de una importante minora budista). Eran, eso s, antimilitaristas, simpatizantes de la revolucin, aunque crticos tambin de la burocratizacin del socialismo en la Unin Sovitica. Eran declaramente anticapitalistas y aceptaban, en aquel caso exremo, la necesidad de la violencia para hacer frente a la violencia. Con algunos matices que luego comentar el abanico de ideas representado por estos autores fue tambin el que predomin en las vanguardias de la mayora de los movimientos estudiantiles de la poca.

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Pero lo que acab convirtindose en 1968 en uno de los hilos de las movilizaciones estudiantiles y universitarias no estuvo, naturalmente, en su origen. Se suele decir que la revuelta de Berkeley fue el primer aldabonazo de los movimientos estudiantiles. Eso ocurra en el otoo de 1964. Y su causa inicial fue la protesta contra la forma autoritaria de gestionar la universidad pblica. Quienes iniciaron la protesta en los EE.UU eran en su mayora los hijos de las clases medias del final de la segunda guerra mundial, jvenes que haban nacido justo al acabar la guerra, excelentes estudiantes (como Mario Savio) y que mostraban su descontento tanto por la forma en que estaban siendo tratados por los rganos directivos de la universidad como por la inadecuacin de los programas acadmicos y por la discriminacin de las minoras, en particular de los negros. En este incipiente movimiento estudiantil norteamericano hay un vnculo muy claro con el movimiento, ms amplio, en favor de los derechos civiles. De hecho, el conflicto naci en Berkeley como una extensin del movimiento en favor de los derechos civiles para convertirse casi inmediatamente en un conflicto que pona el acento en los problemas de fondo de la universidad, de la Multiversidad, como la llamaron.

En la primera revuelta de Berkeley aparece ya uno de los temas que se reiterara en todas las protestas estudiantiles de la segunda mitad de la dcada: la contradiccin existente entre lo que para las autoridades acadmicas (en EE.UU o en Europa) era definido como progresiva masificacin de la universidad y que para los estudiantes que se rebelaban era profunda inadecuacin de la universidad a la ya inevitable generalizacin de la enseanza superior en una fase nueva. La extensin del principio de igualdad de oportunidades chocaba clamorosamente con las viejas estructuras universitarias. He dicho generalizacin inevitable de la enseanza superior. Y quera justificar aqu el uso de este adjetivo. Inevitable, en primer lugar, por las consecuencias, muy evidentes, del crecimiento demogrfico que se haba producido al acabar la segunda guerra mundial. Hay que tener en cuenta a este respecto que, en aquel momento, en Amrica y en varios de los pases europeos, ms del 50% de la poblacin tena menos de 25 de aos de edad. Eran, pues, muchsimos los nacidos entre 1945 y 1950 que estaban llamando a las puertas de las universidades. E inevitable, en segundo lugar, porque la recuperacin econmica de la postguerra, las transformaciones tecnocientficas aplicadas a la produccin y la vigencia del principio de igualdad de oportunidades obligaban a los Estados a abrir el entonces an muy restringido acceso a los estudios universitarios.

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De ah surgen dos conflictos paralelos que en la segunda mitad de la dcada de los sesenta pasaran a primer plano. El primero tiene que ver con la persistencia de las formas autoritarias en la vida universitaria: en la relacin profesor/alumno determinada por el mandarinato y la clase magistral sin discusin ni crtica y en la gestin tecnocrtica de la universidad en manos exclusivamente de las autoridades. Precisamente de la crtica de esta situacin surgi el tan perceptible elemento antiautoritario en todos los movimientos estudiantiles de la poca.

Hay, desde luego, muchos matices entre el antiautoritarismo de los estudiantes de Berkeley entre 1964 y 1967, de los estudiantes de Pars y Berln entre 1967 y 1968 y de los estudiantes de Madrid o Barcelona a partir de 1968; matices que pueden analizarse a partir de la comparacin entre la idea marcusiana de la tolerancia represiva funcional a las sociedades industriales avanzadas, la idea berlinesa de la contrauniversidad, tan funcional al particular estatus que la ciudad de Berln, dividida, tena entonces, y el carcter antidictatorial, prodemocrtico, antifranquista, que el movimiento estudiantil tuvo aqu en sus orgenes. Pero hay que decir que, a pesar de las diferencias, pronto se produjo una identificacin en la crtica del autoritarismo, con la crtica de la tecnocracia y con la crtica de la sociedad de consumo. Esta identificacin es patente ya en algunos de los documentos del movimiento estudiantil barcelons a finales de 1966 y comienzos de 1967, documentos que esbozan el enlace con lo que sera la lnea principal de los otros movimientos estudiantiles europeos desde 1968.

El segundo conflicto se produjo en torno a los contenidos y las materias de los estudios acadmicos universitarios. Tanto en Berkeley y en otras universidades norteamericanas como en las principales universidades europeas los estudiantes de Letras, Economa y Ciencias Sociales principalmente (pero, en algunos casos, tambin los de Derecho, Arquitectura e Ingeniera) consideraban anacrnicos los planes de estudio entonces existentes y/o exclusivamente funcionales a la formacin autoritaria en la sociedad de consumo. En todas partes hubo una misma insistencia: planes de estudio y temarios estaban muy alejados de los problemas cotidianos (sociolgicos, sexuales y psicolgicos) que ms interesaban entonces a los jvenes. Fue la denuncia de la incapacidad institucional para tratar estos problemas desde una perspectiva global, no fragmentaria, lo que acab de poner en crisis la universidad tradicional, napolenica, tecnocrtica o autoritaria, como se deca, segn los pases.

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Sobre estos dos conflictos tom cuerpo un tercero: el conflicto entre generaciones, el conflicto intergeneracional. Esto no es nada nuevo. Est presente, de manera ms o menos abierta o larvada, en cualquier momento histrico. Pero en aquellos aos se acentu y agudiz por el motivo demogrfico antes dicho (el peso cuantitativo de los jvenes en la pirmide de edades) y porque la mayora de los jvenes dejaron de creer que sus mayores tuvieran que seguir dirigiendo la universidad y la sociedad en la forma en que lo hacan. Vieron en esta forma un obstculo que se opona a que cuajaran las nuevas ideas, creencias y costumbres que estaban surgiendo.

He dicho ya que para los estudiantes que se rebelaban en la segunda mitad de la dcada de los sesenta esta creencia tom la forma de oposicin abierta al autoritarismo en los centros de estudio (gestionados por los mayores). Habra que aadir ahora que desde 1968 esta crtica se ampli al autoritarismo existente en la familia (dominada por la estructura patriarcal), en las relaciones entre los sexos y en conjunto de la vida social (en la que lo que contaba eran los gustos, las costumbres, los gestos, la vestimenta, las expectativas y las necesidades de los mayores). De modo que la forma mnima e inicial de la protesta juvenil fue oponer otros lenguajes, otra imagen fsica, otros espacios para la relacin, otra manera de vestir, otra manera de entender las relaciones sexuales. En suma, otra manera de estar en el mundo.

Para ponerse en situacin en esto basta con reflexionar sobre un hecho, en mi opinin decisivo, muy relacionado con la demografa: si los 90 son los aos de la viagra, la pldora para viejos en una sociedad envejecida, los 60 son los aos de la pldora anticonceptiva, entonces la pldora sin ms, para jvenes de una sociedad en la que los jvenes eran mayora y exigan algo ms que la palabra. Y para entender la prdida de predicamento de los mayores en aquellas circunstancias y la dimensin autntica de este conflicto hay que tener en cuenta otros dos factores: la dificultad que los jvenes tenan entonces para disfrutar de las relaciones sexuales en un espacio propio de la casa familiar y la relativa facilidad con que, en cambio, se poda encontrar un empleo estable (o casi) en sociedades para las cuales el pleno empleo era casi un dogma. A partir de ah se entiende bien el que el irse de la casa paterna para vivir con otros jvenes en comunas (urbanas o rurales) se generalizara a una edad bastante temprana. Independientemente del xito o del fracaso de tantas experiencias de este tipo, ah est origen de otro de los movimientos del momento: las comunas como alternativa a la familia tradicional y como prefiguracin de un nuevo tipo de relacin social.

La forma extrema del conflicto intergeneracional tom cuerpo en una idea que pronto se convirti en slogan del Free Speech Movement y que luego se repetira muchsimas veces en todos los casos de contestacin estudiantil: Desconfa de los que tienen ms de 30 aos. Esa idea naci entre estudiantes universitarios. Pero cuaj tambin fuera de las universidades, al margen de las protestas, de la contestacin y de las ocupaciones de las aulas: en las fbricas y en la sociedad en general. De ah nace la cultura juvenil, con su aspiracin a la diferenciacin en todo: en el vestir, en el relacionarse con otros, en el aparentar, en la forma de oir msica o de hacer teatro, en el contar. A medida que la contestacin estudiantil fue en aumento, desde 1964 a 1969, tanto en Estados Unidos como en Europa la edad media de los participantes en asambleas, sentadas, demostraciones ldicas y manifestaciones de protesta sera an ms baja, al incorporarse numerosos estudiantes de la enseanza secundaria que estaran entonces entre los 14 y los 17 aos.

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Si se compara la revuelta de Berkeley en 1964 con las protestas y movilizaciones que tuvieron lugar en esa y otras muchas universidades norteamericanas o europeas desde 1967 hay una cosa que ha cambiado. En 1967 la crisis empez en Berkeley con una sentada de un grupo de postgraduados contra el reclutamiento para la Marina entre miembros del sindicato estudiantil. Los efectos de la guerra de Vietnam sobre la juventud norteamericana estn ya en primer plano. Se empiezan a conocer no slo los efectos de la barbarie sobre el pueblo vietnamita sino tambin el nmero de muertos entre los jvenes norteamericanos enviados a la guerra. Y este conocimiento convierte la protesta en el objecin a las armas y la objecin en insumisin, en desobediencia civil.

Es el momento de decir que la movilizacin estudiantil de aquellos aos jug un papel muy importante en el desenlace de la guerra de Vietnam. El que la fase ms aguda de esta guerra, entre 1967 y 1969, se resolviera finalmente a favor del contendiente ms dbil (militar, tecnolgica e industrialmente) es una anomala histrica, una excepcionalidad. Y esta excepcionalidad no se puede explicar nicamente a partir de la inteligencia militar, poltica y organizativa del Vietcong, de Ho Chi Minh y del general Giap. Ni siquiera aadiendo a eso la reconocida capacidad de resistencia del pueblo vietnamita a lo largo del siglo. Para que esto llegara a ocurrir hay que tener en cuenta otros tres factores. El primero de ellos fue la mera existencia en las proximidades del conflicto de otras dos potencias militares (la URSS y China). Pero los otros dos factores tienen que ver precisamente con la amplitud de la protesta contra esta guerra (no slo juvenil ni slo universitaria). Primero en los EE.UU. al producirse una contracultura que acab dando en crisis social interna. Y luego en toda Europa.

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Qu rasgos tuvo lo que entonces se llam contracultura? Muy heterogneos. Tan heterogneos que sin el transfondo de la guerra de Vietnam, que actu como elemento catalizador, seguramente la contracultura nos parecera un mosaico de ideas y actitudes fragmentadas, incomponibles. Lo primero que hay que decir a ese respecto es que lo se llam contracultura, aunque cuaj mayormente entre los jvenes, sobre todo en EE.UU., es una combinacin de expectativas y actitudes juveniles con teorizaciones de los seniors que influyeron o quisieron dar un sentido, bien ms global, bien ms particular y concreto, al movimiento de protesta en marcha: Theodore Roszak y Herbert Marcuse, Allen Ginsberg y Alan Watts, Timothy Leary y Carlos Castaneda, D.L Laig y Paul Goodman eran, en su mayora, autores de los que, si nos atenemos al slogan antes mencionado, habra que haber desconfiado por su edad.

La contracultura de aquellos aos tuvo, para empezar, un halo neorromntico. En su filosofa y en su prctica hay varios temas y actitudes que recuerdan el romanticismo histrico. Enumerar algunos: la crtica radical de la ciencia y del complejo tecnocientfico; el comunitarismo; la atraccin por el misticismo y por las religiones orientales; el nfasis rousseauniano que se puso en la vuelta a la naturaleza; el papel central que se concedi a los sentimientos y la imaginacin frente a la razn tecnocrtica e instrumental; la atraccin por las drogas y los alucingenos (tanto por evasin como por experimentalismo); la importancia concedida a lo cognitivo frente al punto de vista analtico; la tendencia a relacionar todo con todo, al pensamiento holstico; la aspiracin a una psicologa crtica de las alienaciones y al mismo tiempo geltaltista, etc.

La cultura a la contra tuvo una primera y aparente manifestacin ya en el lenguaje mismo. En los pases anglosajones se hizo habitual en aquellos aos hablar de (y defender) anticulturas y antientornos, antiteatro y antipoesa; las comunas eran presentadas como antifamilias; la liberacin psquica y sexual se asimilaron a la contrapsiquiatra; los experimentos alternativos en el mbito de la enseanza se llamaron antiescuela o contrauniversidad. Se aspiraba, en todos los casos, a crear contrainstituciones. Contra y anti quera decir, en suma, definitivamente fuera del sistema o, a lo sumo, en sus mrgenes. De ah naci tambin la aspiracin a otra prensa, a la prensa underground (no slo a un uso alternativo de los medios de comunicacin existentes) as como la idea de crear redes o canales de comunicacin escritos o de transmisin de msicas y de imgenes fuera de los circuitos institucionalmente establecidos.

Puesto que para la contracultura la forma alternativa era tan esencial como los contenidos se difundi la idea de que en todo -anti hay ya un elemento de subversin de lo establecido. As, por ejemplo, en las entonces muy divulgadas justificaciones del LSD y de otras drogas. He aqu una: El imperio se enriquece, se urbaniza y depende cada vez ms de cosas materiales, y es entonces cuando los nuevos movimientos subterrneos salen a la superficie [] Todos son subversivos. Todos tienen un mismo mensaje: drgate, sintoniza, abandona. Acaso puede funcionar el mundo sin LSD?.

Lo interesante es que en ese mbito llagaran a aproximarse y a coincidir figuras tan distintas como el hippy radicalmente pacifista, los panteras negras defensores de la violencia en favor del poder negro en EE.UU. y dirigentes estudiantiles que, como Mario Savio, el principal organizador de la protesta en Berkeley, eran al mismo tiempo los mejores estudiantes del establishment universitario. Tal vez, pues, lo ms caracterstico de lo que se llam contracultura fue la proliferacin de formas y actitudes distintas en un marco que Herbert Marcuse defini en sy momento como el gran rechazo, la gran negacin. Del dinero, de la sexualidad reprimida, del poder establecido. Mientras un da los hippies de Nueva York invadan la bolsa y hacan pedacitos con los billetes de dlar para luego tirarlos como confetti, otro da en San Francisco aparecan grupos que se manifestaban por el centro urbano completamente desnudos para llamar la atencin sobre la tolerancia represiva en cuanto a las costumbres sexuales. Lo que no era obstculo para coincidir luego en las marchas contra la guerra con panteras negras, guevaristas y maostas.

No es fcil entender ahora cmo llegaron a combinarse dos almas tan distintas en la contracultura americana de los sesenta: el alma hyppi y el alma revolucionaria (guevarista, marxista, marcusiana, de los panteras negras). Pero fue as. Y la explicacin de eso seguramente fue la facilidad de la traduccin recproca de los lenguajes de tradiciones y actitudes tan diferentes ante el asunto central de la guerra de Vietnam. Por debajo de las diferencias en la crtica de la guerra en curso y ms all de las diferencias de lo que entendan por paz grupos y movimientos tan distintos, la oposicin al reclutamiento, las llamadas a la desercin y la desobediencia civil unificaban lenguajes. Vertirse de flores, usar bicis blancas en la ciudad dominada por el automvil, diferenciarse persistentemente de los mayores en la forma de vestir, dejarse el cabello largo, huir de la familia para ir a establecerse en una comuna rural, proletarizarse, mezclarse con los negros donde eso estaba mal visto, organizar marchas contra la guerra, participar en una sentada en la que se cantaba el No, no nos movern o el Submarino amarillo, publicar un peridico underground: son formas varias, unas veces en competicin, otras en aproximacin, de lo que se llam el Gran Rechazo, formas que seguramente no habran coincidido sin el espectro de fondo que atenazaba a los jvenes y a sus familias: la guerra de Vietnam.

Julin Beck, director del Living Theater, que haba sido expulsado de Nueva York en 1964, lo dijo as en un manifiesto versificado, que es al mismo tiempo un homenaje al 68, escrito en Londres y que lleva por ttulo Paradise Now:

1968
Soy un mago realista
Veo a los adoradores del Che
Veo al hombre negro
forzado a aceptar
la violencia
Veo a los pacifistas
desesperar
y aceptar la violencia
Veo a todos, todos, todos
corrompidos por las vibraciones
vibraciones de violencia de la civilizacin
que estn sacudiendo nuestro nico mundo

 

Queremos
zaparles
con santidad
Queremos
levitarles
con alegra
Queremos
desarmarles
con filtos de amor
Queremos
vestir al infeliz
con una tnica blanca
Queremos
revestir de msica y verdad
nuestra ropa interior
Queremos
que el pas y sus ciudades resplandezcan
con actos creadores.
Y lo haremos
irresistible
incluso a los racistas
Queremos cambiar
el carcter demonaco de nuestros oponentes
en una exaltacin creadora.

8

La imaginacin al poder. De todas las frases acuadas por los movimientos de aquellos aos, sta es la ms clebre. Y la ms repetida. Tan clebre y tan repetida que hace ya mucho tiempo que se trivializ. Ya no quiere decir nada o quiere decir cualquier cosa. Cuando se la usa ahora, por lo general sugiere una de estas dos cosas: hyppis y provos, protesta ldica, ecologista y pacifista. Y a veces cuando se la emplea ahora acaba queriendo decir casi lo contrario de lo que quiso decir la primera vez que alguien la escribi en un muro. Voy a restituir su sentido original. Esa frase cerraba una breve pero contundente declaracin de principios en la entrada principal de la Sorbona de Pars asediada por la polica. Deca as:

Queremos que la revolucin que comienza liquide no slo la sociedad capitalista sino tambin la sociedad industrial. La sociedad de consumo morir de muerte violenta. La sociedad de la alienacin desaparecer de la historia. Estamos inventando un mundo nuevo original. La imaginacin al poder.

No me extraa que un situacionista como Guy Debord se muriera de risa, diez aos despus, al constatar lo que la sociedad del espectculo haba conseguido hacer con esa y otras muchas frases clebres del movimiento del 68.

En relacin con esta risa de Guy Debord hay todava un par de nociones que surgieron entonces al calor de la cultura a la contra, entre los Estados Unidos y Europa. La primera es la nocin de paradigma, que, desde su primera formulacin por T.S. Kuhn, invadi las ciencias sociales y la historiografa de la poca. La segunda es la nocin de proletarizacin (en su doble acepcin de pobre y proletario).

Se podra decir que paradigma es la palabra que ms plsticamente resume el espritu de la contracultura de los 60, su talante postpositivista y neorromntico. Lo recubre todo: una nueva concepcin del mundo (aunque no sea del todo explcita), un nuevo mtodo globalizador u holstico de aproximacin a la realidad y una nueva manera de entender el papel de la ciencia en su historia, la ciencia en acto (tan vinculada al poder desnudo). Paradigma es una palabra que recoge el distanciamiento de la poca respecto de las cosmovisiones o concepciones del mundo tradicionales y prefigura al mismo tiempo una nueva concepcin que quiere integrar lo local y lo planetario, lo global y lo particular, la pluralidad y la complejidad. El xito de la palabra (en seguida se habl de nuevos paradigmas en todos los campos y an se habla de eso) radica en que permite enlazar bien el espritu crtico de la contracultura con la reorientacin de las ciencias sociales acadmicas que aspiraban a su institucionalizacin universitaria.

La otra palabra es proletarizacin. En el mbito anglosajn eso alude generalmente a la revalorizacin de lo pobre en la cultura propia: en la pintura, en la msica, en la poesa, en el cine, en el teatro, en el vestir. Apunta a una inversin de los valores vigentes, hacia una transmutacin de todos los valores establecidos, pero particularmente all donde se cree que es posible actuar y crear efectivamente de manera alternativa (no en el mbito de la poltica institucional, del poder poltico, que se ve ya muy alejado, inalcanzable). Lo pobre acepta su vnculo directo con lo underground, pero tiende a rebasarlo provocadoramente.

 

En Europa, en cambio, y sobre todo en Francia, Holanda, Alemania e Italia, la llamada sesentayochesca a la proletarizacin trata de enlazar en forma directa con aquella parte de las tradiciones revolucionarias, un da vanguardistas, que se haban conservado ms vivas y ms crticas: ciertas corrientes anarquistas y marxistas que quedaron desplazadas ya en los aos veinte y treinta por el leninismo y por el estalinismo. La Internacional Situacionista en Francia, los enrags del mayo francs, el movimiento de los provos en Holanda y la mayora de los dirigentes de la universidad crtica en Berln o del movimiento estudiantil en Italia son exponentes de este punto de vista, que tambin se encuentra representado en algunas de las organizaciones estudiantiles de Madrid y Barcelona (sobre todo despus de 1968).

La llamada a la proletarizacin refleja bien, en Europa, la tensin interna de un movimiento que naci en la Universidad, entre estudiantes, pero que quera enlazar cuanto antes y como fuera con el movimiento obrero, con los trabajadores de las fbricas, o, como en caso de Berln, con el proletariado mundial representado por los pueblos del Tercer Mundo. Proletarizacin quera decir, adems, control obrero, autogestin de la produccin. Y esa idea es inseparable, en aquel momento histrico, de dichos tan conocidos y repetidos como que bajo el pavs est la playa o que la humanidad slo ser feliz el da en que el ltimo burcrata haya sido colgado con las tripas del ltimo capitalista.

Hoy esto seguramente suena a chino. Pero en su momento el general De Gaulle entendi muy bien, en francs, aquel lenguaje. No hay que olvidar a este respecto que el momento decisivo del mayo francs, cuando De Gaulle desaparece de Pars para entrevistarse con los jefes del ejrcito (un hecho histrico muy bien captado, por cierto, en una clebre pelcula de Louis Malle), se produjo justo en la semana en que estudiantes y obreros haban logrado, por fn, conectar, hacerse entender, en las fbricas y en la calle. Y que todo lo que vino despus, a pesar de la emotiva despedida del movimiento estudiantil Esto es slo el comienzo no fue precisamente un comienzo, como se quera, sino un final de poca. Pero eso lo sabemos ahora. No entonces.


Fuente: Texto para los cursos de tica y filosofa poltica impartidos por Francisco Fernndez Buey en la UPF.

Nuestra fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/entre-mayo-del-68-y-la-guerra-de-vietnam/

 



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