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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-05-2018

Movilizar mayoras amplias en torno a la lucha contra el crecimiento sin lmites
Generando a la vez gases contaminantes y desigualdad durante dcadas

Jos Luis Velasco
La Marea


La central trmica de As Pontes, situada en A Corua y propiedad de Endesa, ha vuelto a ser noticia por su contribucin al deterioro del medio ambiente. En efecto, As Pontes es una de las 20 instalaciones que ms gases expulsan en la UE: ocho millones de toneladas de CO2 equivalentes en 2017. Decimos vuelve, porque no es la primera vez, ni la segunda, que As Pontes aparece en este tipo de clasificaciones: ya en 1989 (hace 29 aos!) era la trmica ms contaminante de Europa, segn la revista Acid News. La tercera era la de Andorra, en Teruel, tambin propiedad de Endesa.

En aquel momento, las clasificaciones de centrales de carbn se centraban en las emisiones de dixido de azufre; esto era debido a que la lluvia cida se perciba como una amenaza ms tangible que el cambio climtico. Precisamente por su papel en la aparicin de lluvia cida (y consiguiente dao a los bosques) en la regin cercana a la central de Andorra, Endesa estuvo acusada de delito ecolgico en los aos ochenta. Para ms inri, en lo que quizs es un buen precedente del greenwashing que llevan a cabo actualmente las compaas elctricas, Endesa puso en marcha por aquel entonces una campaa titulada: Energa viva. La naturaleza, la tierra y el agua nos merecen el mximo respeto.

Pero es interesante no detenernos en el aspecto puramente ecolgico del efecto que As Pontes ha tenido y tiene en su entorno, pues la vida de los ciudadanos que habitaban en la regin cercana a la central se ha visto afectada por esta instalacin tambin en otros mbitos. El objetivo de este artculo es llamar la atencin sobre algunos de ellos y especialmente sobre el hilo que los conecta.

As Pontes se puso en marcha en 1976 y su construccin se distingui, incluso para los estndares de entonces, por una notable inseguridad en el trabajo: en tres aos murieron 18 trabajadores. Segn los vecinos, en la construccin se ocuparon terrenos expropiados por el Instituto Nacional de Industria sin pagar a sus propietarios. No solo eso, sino que en los pueblos de los alrededores los precios de la vivienda se haban multiplicado debido a la necesidad de alojar a los trabajadores que la construyeron. Por todo ello, tuvieron lugar ocupaciones de terrenos y manifestaciones multitudinarias. Los vecinos consideraban que a todo lo anterior se sumaba que no reciban beneficio suficiente de la existencia de la central. En particular, faltaba empleo.

Ocurri que cuando, en su primera visita oficial a Galicia, el rey Juan Carlos visit la central, los residentes en el lugar quisieron pedir su intercesin [] para que se dieran puestos de trabajo en la central, preferentemente a vecinos de la zona. Las pancartas que se exhibieron exigan la devolucin de los montes comunales a los vecinos, atacaban a los caciques y hacan patente la incongruencia de que teniendo a dos pasos la central trmica [] varios pueblos continen sin luz. La respuesta del rey fue que ese mismo da el Consejo de Ministros estudiara el Plan Nacional de Electrificacin Rural, para que en Espaa llegue la luz a todos los pueblos.

Pero ms all de la ancdota (la cual, a pesar de lo que dijeran algunas pancartas, no deja de tener su toque caciquil), cul fue el papel del Estado en este abanico de conflictos? Como estamos lamentablemente acostumbrados a ver, se puso de parte de la empresa, que adems era entonces pblica. As, las manifestaciones convocaron a ms de 1.000 personas, a pesar de las presiones en contra y de que se contaba con la drstica intervencin de la Guardia Civil. De hecho, acercarse al rey no fue tarea sencilla: el gobernador de La Corua impidi que los representantes sindicales hablasen con l, se mand a gran parte de los obreros de la central de permiso, incluso poniendo autobuses a su disposicin, se borraron pintadas y se eliminaron pancartas. Y en la acusacin de delito ecolgico antes mencionada, el Fiscal General del Estado se opuso a que se inculpara al presidente de Endesa, Feliciano Fuster.

Un conflicto con muchas caras

Quedmonos con las reivindicaciones: constatamos una vez ms que la falta de respeto por el medio ambiente es tan solo una de las multiples caras de un mismo conflicto. Los habitantes de la zona no se manifestaban por la contaminacin, o al menos no era este el motivo principal: lo hacan porque la instalacin de la central trmica les gener diversos daos (expropiaciones, problemas de vivienda) de los que la contaminacin era solo uno, y quizs no el ms apremiante; a cambio, haban recibido escaso beneficio. Qu imagen ms reveladora puede haber que la de varios pueblos sin electricidad al lado de la que, entonces, era la mayor central trmica de Espaa.

El caso de As Pontes no es particular. Similares problemas de contaminacin, expropiaciones y falta de oferta de trabajo se dieron alrededor de la central trmica de Compostilla, en el Bierzo (Len). Tambin ah los vecinos se opusieron a la compaa (organizaron incluso brigadas vecinales) y tambin all el Gobierno mand a la polica a defender los intereses de una empresa que tena beneficios rcord. Otro tanto ocurri en As Encrobas, donde una filial de Fenosa quiso expropiar unos terrenos para explotar una mina de carbo?n con la que alimentar una central te?rmica en proyecto. En esa ocasin, la oposicin vecinal nos dej imgenes icnicas.

El mismo tipo de situaciones, y con esto nos aproximamos al momento actual, se han visto hace poco en muchos pases de Latinoamrica: en Esquel (en la tundra patagnica) y Andalgal, en Argentina; en las colinas boscosas de Chalatenango, en El Salvador; en el desierto peruano en Tambogrande; en Sipacapa, en la selva guatemalteca; en Cochabamba, en el altiplano boliviano. En todos los casos, la historia fue fundamentalmente la misma: una gran empresa, con apoyo legal (y a menudo policial, por accin o por omisin) del correspondiente Gobierno, que trata de explotar recursos naturales para su propio beneficio y pone en peligro el modo de vida de una comunidad local.

Tambin en Norteamrica se estn organizando movimientos de oposicin a, por ejemplo, Keystone XL, un oleoducto que planea transportar el petrleo proveniente del fracking en Dakota y de las arenas bituminosas de Alberta, en Canad. De nuevo, los que luchan lo hacen por motivos complementarios: estn los que se oponen a las expropiaciones de tierras (con los nativos americanos en un papel protagonista), los que se preocupan por la contaminacin del agua que se produce en origen y que se puede desarrollar a lo largo del oleoducto en caso de incidente y los que creen que el proyecto contribuir a acelerar el cambio climtico. Esta lucha conjunta les llev a conseguir temporalmente su objetivo, y el expresidente Barack Obama paraliz temporalmente Keystone XL por no servir a los intereses nacionales de EE UU.

Negocio para una minora

Y no hace falta irse tan lejos: aqu y ahora, en Espaa, vemos imgenes de la Armada espaola abordando a activistas que se oponen a prosprecciones petrolferas. Tambin aqu y ahora se desarrollan proyectos fsiles que benefician a unos pocos a costa de perjudicar a la mayora. Qu es la apuesta espaola y europea por el gas natural sino una fuente de ingresos garantizados para una minora recordemos los ms de mil millones de euros que se ha embolsado ACS por el proyecto Castor, y los intereses que han recibido los bancos que lo financiaron y de problemas a corto y largo plazo terremotos en la costa, amenazas a parques naturales, malgasto de recursos econmicos finitos, formacin de oligopolios, endeudamiento, dependencia energtica y, por supuesto, cambio climtico para el resto? Con esto en mente, muchas y muy diversas organizaciones preocupadas por diferentes aspectos de la apuesta por el gas han comenzado a juntarse a hablar y a organizarse.

Ya que hablamos de cambio climtico, es probablemente as, tejiendo redes de demandas, como mejor podremos ganar tiempo para luchar contra la amenaza con maysculas a la que nos enfrentamos. A rueda de otros requerimientos ms a corto plazo como por ejemplo no regalar dinero en almacenes de gas intiles podremos poner en marcha las estrategias de mitigacin y adaptacin que son imprescindibles para las siguientes dcadas. Pero no solo eso: en el largo plazo sern inevitables reformas todava ms profundas que acaben con la lgica actual de crecimiento sin lmites; movilizar mayoras amplias en torno a esta lucha es la nica forma de que el resultado de dichas estrategias y reformas sea justo.

Jos Luis Velasco es miembro del Observatorio Crtico de la Energa

Fuente: http://www.lamarea.com/2018/05/16/la-marea-generando-a-la-vez-gases-contaminantes-y-desigualdad-durante-decadas/


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