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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-06-2018

La cultureta y el Molt Honorable

Pasqual Esbr
Rebelin


El trmino cultureta se populariz bastante en los dos ltimos decenios del siglo pasado, especialmente de la mano del iconoclasta Joan de Sagarra. Por supuesto que se trata de un trmino despectivo, bajo el que se reunan todo una serie de caractersticas culturales no demasiadas galanas: superficialidad, endeblez, objeto de subvencin, Ignorancia camuflada, en sumo. Aunque el diminutivo es claramente cataln, asumo que el fenmeno debe ser bastante universal; ahora ms que nunca, cuando el recurso permanente a internet, permite a cualquier osado aquello que clsicamente se denominaba hablar por boca de ganso.

Y se preguntarn los lectores qu tiene que ver lo dicho con el recientemente elegido Molt Honorable, Quim Torra. Resulta que cuando Puigdemont dio el dedazo y lo nombr, rpidamente surgieron halagadores que hablaban del gran nivel cultural de Torra. Tambin es cierto que alguien ha osado calificarlo de intelectual frustrado, en la medida en que no le sobrara precisamente audiencia. Se habl de que en sus libros (alguno producto de su propia editorial) al parecer intenta demostrar que la Catalua de la dcada de 1930 era una especie de arcadia intelectual. La argumentacin pasara por destacar, entre otras cosas, la categora de periodistas de la poca como Eugeni Xammar o Josep M Planes. Todo ello eludiendo descaradamente que esa gran poca del periodismo, que la hubo, se dio en toda Espaa. Basta evocar los nombres de un diario como El Sol, o un periodista como Manuel Chaves Nogales.

Del primero de los periodistas catalanes citado, Xammar, supongo que al nuevo presidente le atrae su nacionalismo radical; del segundo, Planes, ya resulta ms difcil dilucidar la conexin. Quiz su conservadurismo, porque por lo que hace al periodismo de investigacin que practicaba, tan pronto embesta contra las tendencias fascistoides de las juventudes de ERC, como denunciaba ciertos manejos gansteriles de la FAI, que se vengara dndole el paseo en 1936. Pero bueno, quiz el motivo fuera el famoso dandismo de Planes, ya que tambin se ha dicho de Torra que tena un toque British, en el sentido de elegancia. Francamente, el atuendo de que hace gala en una reciente foto, hecha durante la Patum de Berga, en la que aparece encuadrado por sendas manolas, no nos los presenta precisamente como un Beau Brummell.

En esa bsqueda de la supuesta arcadia feliz catalana, el ahora presidente parece que ha recuperado tambin personajes ms bien tenebrosos por su xenofobia, como los hermanos Badia o Daniel Cardona. Pero voy a aparcarlo. Como me he metido en honduras estticas, voy a seguir en ello.

La ltima ocurrencia de Torra (asumo que con permiso del berlins) es meterle mano al saln ms solemne del Palacio de la Generalidad, edificado en la parte renacentista del edificio, el conocido como Sal de Sant Jordi. En el breve perodo de tiempo que Prat de la Riba ejerci de presidente de la Mancomunidad de Catalua (1914-1917), dada su temprana muerte, le propuso a Joaquin/m Torres Garca la decoracin del citado espacio. Eran los aos de la eclosin del noucentisme (novocentismo o novecentismo, dado el doble significado que tiene la palabra nou en cataln: nuevo y nueve), una esttica neoclasicista que surgi como reaccin al modernismo. Muy burguesa en el peor sentido del calificativo y, por lo tanto, muy del gusto, vetusto y mojigato, de la oligarqua catalana de la poca y, por descontado, de Prat. Torres Garca, nacido en Uruguay (1874) de padre cataln y madre oriental, coqueteaba por entonces con el catalanismo y puso manos a la obra en una ingente tarea de exaltacin del nacionalismo cataln. Baste decir que uno de los frescos que realiz se titulaba Catalunya eterna. A la muerte de Prat de la Riba, el pintor, por razones que sera prolijo analizar, pierde el encargo. Despechado, abandonar Catalua e iniciar un periplo (Pars, Nueva York), para recalar finalmente en su nativo Uruguay, donde morira en 1949.

Mientras, en Barcelona, con la dictadura de Primo de Rivera, el nacionalismo espaol sustituye al cataln, se arrancan los frescos de Torres Garca y se lleva a cabo una nueva decoracin, la que existe en la actualidad, obra de varios artistas, de acuerdo con los nuevos tiempos.

Es precisamente cuando el uruguayo trasplantado abandona Catalua, cuando surge el gran Torres Garca, creador de un estilo constructivista muy personal, admirado en todo el mundo. De tal manera que se le poda aplicar aquella versin festiva de Lemigrant de Verdaguer que, apcrifamente, se ha atribuido a Josep M de Sagarra. Este la habra dejado, como gesto irnico, en su vivienda de Barcelona al huir, para no acabar quiz como Planes.

Dola Catalunya, ptria del meu cor,

qui de tu sallunyarecony, quina sort!

(Dulce Catalua, patria de mi corazn, quien de ti se alejacoo, vaya suerte!).

Viene a cuento porque Torres Garca no fue el nico que huy del ambiente estticamente opresivo y pacato que se viva en la Barcelona de la poca. Otros vanguardistas como Gargallo o Julio Gonzlez, hicieron lo propio.

Soy un gran admirador del Torres Garca constructivista y, sin embargo, considero bastante prescindible su etapa noucentista. No valoro esa obra, en s misma, como de mucho mayor inters que la ya citada que adorna actualmente el Sal de Sant Jordi, que Torra pretende sustituir por los frescos originales de Joaqun Torres. Desde el punto de vista esttico, para ese viaje no hacen falta alforjas. Podra pensarse que se hara para visualizar una obra temprana de un artista de fama mundial, pero los tiros no van por aqu, porque los frescos de Torres Garca ornan otro saln del Palacio, que lleva adems el nombre del pintor, desde la dcada de 1960. Gustos personales del president? Quiz, sobre todo si uno los pone en relacin con la fotografa antes mencionada, que refleja, en todos sus detalles, una esttica que es cualquier cosa menos rupturista. Pero pudiera ser que los tiros fueran por otro lado. A un esencialista como el okupa del edificio de la Plaza de San Jaime (le habrn dado ya un despachito?) lo de Catalunya eterna lo debe embelesar. El problema es que como Torres Garca no termin su trabajo, sus frescos solo cubriran una pequea parte de los muros del saln. Y qu hacemos con el resto? Dado el no muy profundo horizonte intelectual de la cultureta nacionalista, me temo lo peor, en la lnea de las cuatro escatolgicas columnas que bloquean la perspectiva de Montjuc desde hace unos aos. Por cierto que son obra de Puig i Cadafalch, el mismo que puso al futuro pintor constructivista de patitas en la calle.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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