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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-06-2018

La Extremadura en Transicin en las pginas de la revista Triunfo

Jnatham F. Moriche
Rebelin


Los siglos de silencio / que tanto pesan / te duelen ms, amigo / que la tristeza / de ver que es para el amo / lo que tu siembras.

Pablo Guerrero


La coexistencia e interaccin entre el moderno movimiento por la recuperacin de la Memoria Histrica de la Guerra Civil, la dictadura y la Transicin nacido con el siglo con la aparicin de la ARMH y sus primeras exhumaciones y el amplio y heterogneo ciclo de movilizacin colectiva iniciado en Espaa en 2011 con el 15-M es un elemento clave para la comprensin de nuestra reciente historia poltica. Quienes ocuparon las plazas del 15-M lo hicieron mayoritariamente impulsados por los padecimientos materiales de la crisis econmica y por una crtica en general presentista y desideologizada de la corrupcin e ineficacia del sistema poltico. Pero, con la persistencia de las protestas y el intenso desarrollo de su dimensin formativa y deliberativa, los indignados encontraron, en el relato contrahegemnico de la historia poltica espaola elaborado por el movimiento memorialista durante la dcada precedente, respuestas satisfactorias a muchas de sus preguntas sobre las causas histricas y la estructura profunda de la situacin del pas.

Como con toda razn haban temido sus detractores, a la recuperacin de los cuerpos abandonados en fosas, minas y cunetas y la polvorienta documentacin de la represin y el expolio de la guerra y la dictadura haba de seguir, inevitablemente, el cuestionamiento de la legitimidad del rgimen poltico nacido de la Transicin pactada entre franquistas y demcratas a partir de unas reglas de juego inequvocamente favorables a los primeros. Un cuestionamiento an muy minoritario durante la dcada de 2000, pero que con su insercin en la emergente cultura poltica antagonista del 15-M, especialmente entre sus sectores ms conscientes y rupturistas, se converta en un desafo de gran calado para una construccin ideolgica hegemnica ―esa cultura de la Transicin a la que se han referido Guillem Martnez y otros analistas― esencial para sostener el orden social en Espaa durante las ltimas dcadas.

Evidencias de esta insercin seran la difusin, muy superior a la habitual en el campo del ensayo historiogrfico, de los libros de revisin transicional y post-transicional de Juan Carlos Monedero, Emmanuel Rodrguez, Juan Andrade, Mariano Snchez Soler o el citado Guillem Martnez, la aparicin de colectivos memorialistas especficamente enfocados al perodo transicional como La Comuna - Presxs del Franquismo, las campaas por la memoria de vctimas de la violencia institucional o escuadrista como Salvador Puig Antich, Yolanda Gonzlez o Manuel Garca Caparrs y, por supuesto, las primeras acciones judiciales, hasta ahora infructuosas pero de gran impacto meditico y poltico, contra planificadores y ejecutores de la violencia institucional del tardofranquismo y la Transicin. El concepto de Rgimen del 78, de uso muy extendido no solo en la esfera pblica alternativa sino tambin en la convencional, viene a cristalizar y volcar ese amplio bagaje de saber historiogrfico contrahegemnico al terreno del antagonismo poltico prctico.

Esta crtica memorialista empap al movimiento 15-M y sus sucesivas extensiones y modulaciones hasta convertirse en un rasgo estructural de la nueva cultura poltica contrahegemnica en Espaa, pero su impacto sobre las culturas polticas y esferas pblicas territoriales fue y sigue siendo desigual. En el caso de Extremadura, algunas caractersticas histricas y polticas especficas podran ayudar a explicar su menor impacto. Uno de ellos sera sin duda la fuerte institucionalizacin del movimiento memorialista extremeo bajo los sucesivos gobiernos autonmicos del PSOE, que si por un lado ha permitido un trabajo exhaustivo y en algunos tramos ejemplar en la recuperacin de la memoria de la guerra y la posguerra, tambin ha ejercido como freno a su extensin al tardofranquismo y la Transicin; otro, la endmica pobreza de recursos especficos (libros y cabeceras impresas, radio y televisin digital libre o espacios de formacin y debate) para el combate cultural de los movimientos antagonistas extremeos. Como resultado, ni la crtica de las estructuras de dominacin econmica, poltica o cultural transvasadas del franquismo a la monarqua parlamentaria y, con ella, al rgimen autonmico extremeo, ni la memoria de los empeos, sacrificios y logros de aquella otra transicin hecha desde abajo y a la contra, tambin aqu, en Extremadura, del apao transfranquista, han irrumpido con fuerza suficiente en el espacio pblico extremeo como para amenazar la hegemona del edificio ideolgico del Rgimen espaol del 78 y su correlato territorial del Rgimen extremeo de 1983.

Es pronto an para saber si la notable expectacin generada por las publicaciones y eventos en torno al aniversario del volumen colectivo Extremadura saqueada. Recursos naturales y autonoma regional supone una excepcin feliz pero aislada o seala un cambio de tendencia en este estado de cosas. Cuarenta aos despus de su publicacin, Extremadura saqueada sigue siendo un contundente acopio de saber contrahegemnico cuya vigencia no solo persiste, sino que parece multiplicarse ante la proliferacin de proyectos mineros, agroindustriales o tursticos agresivamente extractivistas en una Extremadura puesta al lmite en trminos econmicos, ecolgicos y hasta demogrficos por la crisis universal y local del neoliberalismo. Su recuperacin es una noticia feliz, pero no puede olvidarse que la mayora de los principales materiales informativos, analticos y propagandsticos extremeos de la poca son hoy de muy difcil o imposible acceso. Los textos que informaron y difundieron toda una nueva conciencia regional ―Extremadura afn de miseria o la Historia de Extremadura de Vctor Chamorro, la poesa social de Luis lvarez Lencero o el periodismo crtico de Jos Antonio Gabriel y Galn, entre tantos otros― llevan dcadas ausentes de las libreras extremeas, y apenas hay fuentes primarias escritas, fotogrficas, fonogrficas o videogrficas debidamente catalogadas, conservadas y divulgadas ―buena parte de ellas permanece de hecho en manos particulares, y su misma supervivencia puede correr serio peligro a medio y corto plazo. Solo gracias al empeo ejemplar de algunos particulares y colectivos, una porcin meritoria pero an muy pequea de todo ese patrimonio cultural contrahegemnico se va haciendo accesible a travs de internet.

Una parte de ese material felizmente recuperado son los contenidos de temtica extremea en publicaciones espaolas o internacionales que ahora gozan de una segunda vida gracias a su digitalizacin y puesta a disposicin en la red. Es el caso de la fundamental revista espaola Triunfo, digitalizada con la colaboracin de la Universidad de Salamanca [www.triunfodigital.com]. El semanario Triunfo naci en 1946 en Valencia como revista de espectculos. En 1962, ya desde Madrid y con el trnsito de la Espaa de la autarqua a la del desarrollismo y del franquismo cuartelario al tecnocrtico, se reconvierte en revista de informacin general, que rene una excelente cantera de jvenes periodistas e intelectuales (Eduardo Haro Tecglen, Ramn Chao, Manuel Vzquez Montalbn, Enrique Miret Magdalena y un largo etctera) y explora tenazmente los estrechsimos resquicios que el rgimen va abriendo a la informacin y el pensamiento crticos, entre constantes multas y secuestros pero eludiendo, a veces por los pelos, el cierre de la cabecera, que llega a la dcada de los 70 y la muerte del dictador convertida en la revista poltica de mayor difusin e influencia del pas. Si a mediados de los aos 60 Triunfo vende en torno a 50.000 ejemplares, en enero de 1976, tras una suspensin de varios meses en cuyo transcurso sobrevino la muerte del dictador, alcanz la cota pica de los 150.000. Todo un hito que no la librara de correr la misma suerte que otras tantas publicaciones de ndole poltica con el proceso de despolitizacin de masas posterior a la consolidacin de la monarqua parlamentaria. Los nuevos tiempos y costumbres neoliberales consiguieron lo que no haba conseguido la dictadura: en 1982 Triunfo desapareca de los quioscos espaoles.

Difcilmente podra decirse que Triunfo prestase una atencin privilegiada a Extremadura. Poco ms de una veintena de textos enfocan especficamente a nuestra regin entre 1962 y 1982. Pero la calidad e inters de buena parte de ellos convierte este breve dossier extremeo de Triunfo en una fuente valiossima para el estudio crtico de nuestro perodo transicional.

La primera pieza de este dossier aparece en diciembre de 1964 (nmero 134). Se trata de un reportaje de Eduardo Garca Rico titulado Oro en las Hurdes, sobre la efmera expectativa de explotacin aurfera en la comarca, con un excelente acompaamiento fotogrfico y en tono de contundente denuncia: sus gentes, pauperizadas hasta un extremo inconcebible si no se considera que el fenmeno viene de siglos, sin fuerzas ya ni para contar sus penalidades, su hambre, su soledad, rodean sin demasiada curiosidad al viajero que se adentra en este mundo desheredado. Triunfo publicar otros dos textos sobre la situacin de las Hurdes, paradigmtica (y a la vez, paradjicamente distractiva) de la situacin generalizada de subdesarrollo en la regin. En septiembre de 1973 Luis Carandell publica una nota (Todava, las Hurdes, nmero 571), al hilo de un duro informe de la Comisin Episcopal de Migraciones y de sus propios viajes a la comarca en los aos 50, con algunos pasajes terribles: Vi, y sirva esto como botn de muestra, el entierro de un nio en la alquera de Fragosa, perteneciente al municipio de Nuomoral, en el que se utiliz por todo atad una caja de las que se empelan para el embalaje de tomates, que el padre llevaba bajo el brazo en la macabra procesin hasta el cementerio. La tercera pieza ser, en junio de 1974, un extenso trabajo de Benito Martn, Ymelda Navajo, Luis Tejero y Nieves Zuasti (Hurdes, se busca un plan, nmero 609), de nuevo con excelente acompaamiento fotogrfico, en el que se disecciona con fuerte acento crtico la situacin de la comarca, sus servicios mdicos y educativos, el impacto de la emigracin y los planes para su desarrollo del rgimen franquista, que califica de improvisacin generalizada [...], desperdiciar tiempo y dinero en desviacionismos intiles e intereses creados.

Se publicarn en Triunfo, antes de la muerte de Franco, otros textos de temtica extremea, como una resea de Francisco Almazn sobre el cantautor Pablo Guerrero, que acaba entonces de publicar dos hitos de su cancionero como Por una calle de Cceres y Son hombres que mueren sin haber visto la mar (Extremadura en la voz de Pablo Guerrero, abril de 1970, nmero 412), una nota de Antonio Burgos sobre un nio milagrosamente superviviente a cuatro das de extravo por los campos extremeos (El Robinson Bellotero de la Sierra de Hornachos, noviembre de 1972, nmero 529), un reportaje etnogrfico de Natacha Sesea, con bellsimas fotografas, sobre los Alfares de Extremadura (noviembre de 1973, nmero 580) o una crnica de Luis Carandell sobre la exhumacin en Villanueva del Fresno y traslado a Lisboa de los restos del general y poltico opositor portugus Humberto Delgado, asesinado a este lado de la frontera por un comando de la polica poltica del dictador Salazar en 1965 y rehabilitado tras la Revolucin de los Claveles (La vuelta de Humberto Delgado: muerto y tarde, febrero de 1975, nmero 644).

Pero destaca por su singular calidad e inters una nota de Manuel Vzquez Montalbn, publicada ya a pocos meses de la muerte del dictador (bajo el seudnimo Sixto Cmara, A seis kilmetros de Portugal, marzo de 1975, nmero 648), dedicada a una ciudad de Badajoz plenamente empapada de la ebullicin social, cultural y poltica que atraviesa todo el pas: En Badajoz encontr gentes que cruzan la raya de Portugal en busca de su propia sombra; liberales ilustrados cargados de memoria y deseo, como todos los liberales ilustrados; chicos y chicas de COU que toman apuntes en las conferencias avanzadas; jvenes universitarios que han aprendido el duro ejercicio del grito y la carrera; muchachas con o sin flor que forcejean a bofetada sucia (ellas ponen la cara y sus padres ponen la mano) para conseguir el derecho de volver a casa despus de las diez de la noche; periodistas jvenes y honestos que buscan la verdad bajo las destrucciones y las conspiraciones de silencio. Es decir, una ciudad viva, un descosido ms que demuestra la estrechez del traje superestructural de las Espaas. Por desgracia, poco sabemos hoy de aquellos jvenes que describe el visitante, sus conferencias, gritos y carreras, porque ni una sola monografa de envergadura se ha dedicado an al movimiento estudiantil extremeo del tardofranquismo y la Transicin.

Ser tambin de Manuel Vzquez Montalbn (El cabo Piris, marzo de 1975, nmero 650) la ltima pieza del dossier extremeo de Triunfo antes del parteaguas histrico de la muerte del dictador, dedicada al polica municipal de Cceres que alcanz celebridad nacional e internacional por haber ordenado a los dueos de una librera cubrir, por impdica, una reproduccin de La maja desnuda de Goya que ornaba su escaparate y contemplaban unos adolescentes, accin y posterior escandalera (choteo universal, define Montalbn) en las que el cabo sera firmemente respaldado por el consistorio cacereo. Toda la Espaa sensata, reclama Montalbn, debera lanzar una campaa radical de apoyo moral al librero que exhiba el cuadro y a los adolescentes que lo contemplaban. Inundad los escaparates de majas desnudas. Esperad la llegada de todos los cabos Piris que quedan entre nosotros, de todos los alcaldes de Cceres que crucifican nuestra geografa, y obligadles a que acten segn la ley de su instinto, segn la oscura verdad de sus propios ojos.

Vienen despus, en coincidencia con la agona de Franco, el cierre de varios meses de la cabecera por orden gubernativa, y su triunfal retorno a los anaqueles en enero de 1976. El dictador ha muerto y se abre una Transicin en tensa disputa entre continuidad transfranquista y ruptura democrtica, poderes constituidos y constituyentes, severa y a menudo violentamente embridada por arriba, pero una y otra vez desbordante por abajo. Tambin en Extremadura, donde se multiplican, como en el resto del pas, la conflictividad laboral y estudiantil, el activismo vecinal, ecologista o feminista, la pugna por el autogobierno o las expresiones artsticas y culturales alternativas. En Extremadura, esta transicin desde abajo toma sobre todo el color de la tierra, en la que an trabaja por entonces la mitad de su masa laboral, por un lado encadenada a las atvicas y brutales estructuras y procedimientos del caciquismo, por otro, amenazada por la desatada pulsin extractivista de los oligopolios energticos y alimentarios por entonces en vas de mundializacin. Enfrente, un pueblo que se sacude un miedo terrible de cuarenta aos y levanta, en oposicin y alternativa al declinante imaginario nacional-catlico de la Extremadura tierra de conquistadores y solar de Hispanidad, toda una nueva identidad colectiva, de amplia base social y enrgico sentido reivindicativo de clase, medioambiental y decolonial, que se expresa en su mxima potencia disruptiva y transformadora en el intenso ciclo de movilizaciones que terminar imponiendo al Estado y las elctricas la paralizacin de la central nuclear de Valdecaballeros.

Los textos de esta segunda parte del dossier extremeo de Triunfo son pocos, pero de extraordinario valor como catas de gran precisin en aquel momento de decisivos cambios histricos. El primero de ellos es una pieza de Patricio Chamizo sobre La guerra del tomate (marzo de 1976, nmero 686) que enfrenta a los colonos y pequeos productores de las vegas del Guadiana, irrigadas por el Plan Badajoz, con las cinco grandes industrias transformadoras de la regin. La nota recoge un comunicado de los tomateros de Santa Amalia que expresa el sentir de buena parte, por no decir la totalidad, del campesinado extremeo, que en esos aos protagoniza cientos de huelgas, marchas, encierros o cortes de ruta, y encuentra muchas veces como nica respuesta las porras y las balas de goma de la Guardia Civil: nosotros tuvimos fe en que este Plan Badajoz vendra a solucionar nuestra miseria ancestral, y as esperamos aos y aos. Ahora vemos que los que se fueron de aqu acertaron. Si nos quieren echar que hablen claro, que nos digan: labradores, colonos, iros de aqu, que nosotros, latifundistas y conserveros, nos bastamos solos. Pero que hablen claro, pues claramente responderemos con toda la amargura acumulada durante aos y aos. En febrero de 1977 (nmero 733), Joaqun Arajo escribe una nota, titulada Y ahora las encinas, en la que denuncia el indiscriminado asalto que sufren encinares y alcornocales adehesados, ancestral ecosistema humanizado de la regin, para la roturacin masiva de nuevos regados. La deforestacin ms extensa de los ltimos tiempos en todo el occidente europeo, una ms de esas megalomanas heredadas del franquismo, describe Arajo, que recomienda: no debe arrancarse un rbol ms hasta que la ltima de las hectreas ya preparadas para ser regadas en Badajoz, en el valle del Titar, en Gabriel y Galn, comiencen a ser cultivadas.

En marzo de 1977 (nmero 736), Pedro Costa Morata publica en Triunfo una nota titulada Las nucleares, en ayuda de Extremadura, en la que recoge los primeros momentos de la que despus ser multitudinaria lucha contra la central nuclear de Valdecaballeros, enloquecido proyecto del oligopolio elctrico franquista en plena cabecera del Guadiana extremeo (y por tanto, de los regados del Plan Badajoz), que mantienen los primeros gobiernos de la monarqua entre la indignacin generalizada primero de los lugareos y luego de toda Extremadura. Cuatro meses despus, en agosto de 1977 (nmero 761), Mario Gaviria, uno de los investigadores principales de Extremadura saqueada, publica bajo el ttulo El despertar de Extremadura uno de los textos clave de este dossier extremeo de Triunfo, cuya primera pgina ilustra una fotografa excepcional: la de las barricadas levantadas en el centro de Badajoz tras la histrica marcha del 14 de agosto ―aniversario de la sangrienta entrada de la horda fascista en la ciudad en 1936. Los congregados ondean cientos de banderas verdes, blancas y negras ―todava no oficiales, pero ya consagradas como ensea regional por el movimiento popular; una de ellas ser izada por los manifestantes, por primera vez en un edificio pblico, en el balcn del ayuntamiento―, y demandan memoria histrica, paralizacin de Valdecaballeros, dignificacin del trabajo campesino y el mundo rural y autonoma regional. Tras un mitin multitudinario y la disolucin de la convocatoria oficial, un millar de manifestantes corta el trfico, levanta barricadas y confronta durante minutos inditos a dos compaas de la Polica Armada. En aquella plaza, narra Gaviria, haba militantes de base de casi todos los partidos de izquierdas, probablemente de todos, unos ms visibles y otros menos, adems de anarquistas, emigrantes, grupos autnomos de las Vegas Altas, obreros de la construccin, jornaleros del campo en paro y numerosos luchadores colonos y sobre todo hijos de colonos del Plan Badajoz. La resignacin casta, concluye, se est terminando.

En diciembre de 1977 Triunfo recoger un texto (La difcil salida de Extremadura, nmero 779) firmado por Eugenio Triana, dirigente del Partido Comunista de Espaa que al ao siguiente ser su cabeza de lista cunero al Congreso por Badajoz, y que en la clave de extrema moderacin habitual de los anlisis econmicos del PCE de la poca, repasa algunas de las grandes cifras de la regin y propone como solucin a su subdesarrollo ms inversin pblica e innovacin tecnolgica, autonoma regional y solidaridad interregional ―y muy tmidamente, la ansiada pero nunca ejecutada reforma agraria. En junio de 1978 (nmero 803) el crtico teatral de Triunfo, Jos Monlen, que por segunda vez visita Extremadura para comentar la Semana Teatral de Badajoz ―desde su arranque en 1973, una de las iniciativas culturales punteras de la poca de la regin―, publica una crnica, titulada Extremadura: preautonoma, solo una palabra, en la que recoge opiniones de, entre otros, el cantautor Pablo Guerrero y el dramaturgo Manuel Martnez Mediero sobre la reivindicacin autonmica extremea.

En agosto de 1979 (nmero 862) Pedro Costa Morata publica una elogiosa resea de Extremadura saqueada, que recin editado circula con profusin en la regin y tambin fuera de ella de mano de extremeos de la dispora, activistas sociales y acadmicos crticos. Tambin en agosto de 1979 (nmero 865), otro de los investigadores principales de Extremadura saqueada, Artemio Baigorri, publica en Triunfo un reportaje, expresivamente titulado Tractores en Badajoz: la huelga de los caciques, sobre la enorme tractorada que recorre las carreteras pacenses el 11 de agosto. Baigorri analiza el rol de la convocante Federacin de Agricultores y Ganaderos de Badajoz como instrumento de la gran propiedad agraria, en sintona con la gobernante UCD, para administrar el descontento del campo, frente a los sindicatos FTT-UGT, vinculado al PSOE, y UCE-COAG, vinculado al PCE, y las distintas expresiones de autoorganizacin de los pequeos propietarios de las zonas de colonizacin. Pero el balance de la experiencia no es a ojos del analista enteramente negativo: Sin duda los pequeos y medianos agricultores van a conseguir muy poco con la huelga, como no sea descubrir de una vez quin se esconde tras la UCD, pero tan solo con salir a la carretera, aunque sea detrs de los terratenientes, han dado un gran paso. Se han demostrado a s mismos que pueden hacerlo; han perdido el miedo a los civiles; han entrevisto la posibilidad de organizarse y luchar unidos. El movimiento campesino extremeo durante la Segunda Repblica ha sido objeto de las exhaustivas investigaciones de Francisco Espinosa, Hortensia Mndez y otros historiadores, pero su reaparicin como movimiento clandestino a partir de la legendaria huelga arrocera de las vegas del Guadiana en la primavera de 1961 y su papel en la Transicin y el proceso autonmico extremeo estn an casi enteramente por escribir.

La ltima pieza de este dossier extremeo de Triunfo es la ms importante y constituye, por derecho propio, un pequeo pedazo de la historia poltica contempornea de Extremadura. El 8 de septiembre de 1979 (nmero 867), la revista lleva en su portada a todo color a todos los quioscos de Espaa la reivindicacin antinuclear extremea, con una imagen del encierro de alcaldes y la gigantesca manifestacin contra Valdecaballeros del 1 de septiembre en Villanueva de La Serena, la segunda movilizacin popular ms importante del siglo XX en Extremadura, solo por detrs de la ocupacin masiva de latifundios del 25 de marzo de 1936. En el interior de la revista, dos textos encabalgados, el reportaje de Pedro Costa Morata La batalla nuclear de Extremadura y, bajo el ttulo Un boletn de combate, extractos del boletn informativo que cada da imprimen a la vietnamita los encerrados en el ayuntamiento villanovense, que llegan a ser hasta 130 alcaldes extremeos de todos los partidos y a cuya llamada acuden, sorteando la prohibicin del gobernador civil y el imponente despliegue policial, entre 30.000 y 40.000 extremeos. Lo nunca visto, dice Costa Morata, Extremadura entera en ebullicin. A las primeras protestas de las Comunidades de Regantes, explica, se han unido agricultores jvenes y antinucleares independientes que van configurando el ncleo ideolgico y reivindicativo del regionalismo extremeo, y las convocatorias van reuniendo a cada vez ms gente y las manifestaciones y marchas ―generalmente reprimidas sin contemplaciones― hacen que la gente pierda el miedo y aprenda a defender su tierra. El boletn de los encerrados ―un documento fundamental de la historia poltica extremea contempornea, nunca reeditado en su integridad― da buena cuenta con su contenido y estilo del momento de vibrante empoderamiento colectivo que experimenta Extremadura: All donde el pueblo se defiende, las nucleares pierden la batalla; el miedo a que Extremadura se les desmande les est subiendo por la columna vertebral; est autorizada o no, la manifestacin se va a celebrar.

Concluye con esta pieza el dossier extremeo de Triunfo, pero esta nota requiere un escolio para atender a dos textos de importancia que publica la revista Tiempo de Historia, proyecto paralelo de divulgacin historiogrfica de la redaccin de Triunfo, editada entre 1974 y 1982 y tambin digitalizada con la colaboracin de la Universidad de Salamanca [www.tiempodehistoriadigital.com]. Son Las matanzas de Badajoz de Rafael Tenorio Garca (julio de 1979, nmero 56) y Tambin el horror fue aqu: la impresionante tragedia de Villarta de los Montes de Eduardo de Guzmn (abril de 1982, nmero 89). El texto de Tenorio relata el monstruoso bao de sangre cometido por las tropas franquistas al mando del general Yage tras la toma de Badajoz del 14 de agosto de 1936 ―probablemente, el mayor y ms espeluznante crimen de toda la Guerra Civil espaola―, apoyndose en las crnicas de Jay Allen, Mario Neves y otros periodistas extranjeros. Testimonios hoy bien conocidos pero que en 1979, solo cuatro aos despus de la muerte del dictador, suponan an para el lector medio una intensa conmocin.

Pero si la matanza de Badajoz fue un acontecimiento noticioso planetario y con el tiempo se ha convertido, junto a otros crmenes de masas como los de Mlaga o Gernika, en una suerte de emblema universalmente reconocible de la brutalidad franquista, el texto de De Guzmn aborda otra realidad, hoy mejor conocida gracias al esfuerzo de familiares, historiadores y memorialistas, pero entonces an enmudecida por el terror, como es el genocidio disperso cometido durante y despus de la guerra en el mundo rural extremeo, tomando como ejemplo el pequeo municipio pacense de Villarta de los Montes, donde 40 de sus 2.000 vecinos fueron ejecutados por los fascistas. Y narra tambin cmo, en aquel y otros muchos pequeos y grandes municipios de toda Extremadura, la memoria, el coraje y la autoorganizacin popular vencieron durante los aos de la Transicin una primera y decisiva batalla al miedo y el olvido con la recuperacin y dignificacin de los restos de las vctimas: Los muertos estuvieron ms de cuarenta aos sepultados en mitad del monte. Solo el 8 de marzo de 1981 se permiti que los familiares desenterrasen lo que quedaba de los restos de sus deudos y los trasladasen al cementerio de la localidad extremea. El acto constituy una impresionante manifestacin de duelo. Los dos kilmetros del recorrido estaban llenos de gente que lloraba al paso de la fnebre comitiva. Ahora, los fusilados reposan en una fose del cementerio municipal cubierta totalmente de flores todos los das del ao como expresin sincera del dolor de todo un pueblo. Aunque el movimiento memorialista ya ha levantado acta de los crmenes del franquismo en casi cada pueblo o comarca de Extremadura, tiene an por contar su propia historia y la de los pioneros que, a contrapelo de la amnesia programada, impulsaron decenas de iniciativas similares en toda la regin.

Aunque, en conjunto, todos estos textos de Triunfo y Tiempo de Historia apenas sumen un centenar de pginas, componen una fuente de primer orden para el estudio crtico de la Transicin en Extremadura. Una tarea intensamente poltica en un tiempo abierto a la posibilidad del cambio poltico. La memoria que un pueblo tiene de s mismo siempre es performativa en su presente y hacia su futuro. Frente a la memoria burocrtica, hagiogrfica y paralizante de la Transicin extremea impuesta por el Rgimen autonmico de 1983, una historia popular de dignidad y resistencia ―y, ms veces de las que el tpico desinformado asigna a nuestro pueblo, de victoria―, y con ella toda una hilazn an a medio descubrir de saberes y prcticas contrahegemnicas, arraigadas al territorio y la memoria viva de las gentes, puede ser un poderoso instrumento de concienciacin y movilizacin en manos de quienes hoy defienden demandas que no son, en tantos casos, sino la continuidad histrica de las demandas irresueltas de entonces, en un contexto espaol, europeo y planetario que ha cambiado mucho para, en relacin a Extremadura y su lugar subalterno y expoliado en el mundo, no haber cambiado casi nada.

Publicado originalmente en El Salto Extremadura, 25 de mayo de 2018

Fuente: www.elsaltodiario.com/saltamos-extremadura/extremadura-transicion-paginas-revista-triunfo

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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