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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-06-2018

Los ecos de Herclito y Aristteles en la dialctica de El Capital de Marx

Nstor Kohan
Revista Anacronismo e irrupcin


El fantasma insepulto de la dialctica 

El autobautizado pensamiento contemporneo, en gran medida hegemonizado por las metafsicas post (posmodernismo, postestructuralismo, posmarxismo, etc.), labr durante las ltimas dcadas del siglo XX y comienzos del XXI el acta de defuncin de la lgica dialctica (Jameson, 2013: 32). No slo la abandona como epistemologa crtica del sistema mundial basado en el mercado y el capital. Adems es expulsada de la filosofa y las ciencias sociales y condenada al ostracismo.

Por propiedad transitiva, si es cierto que la dialctica ya no es pertinente para las disciplinas sociales, carece de sentido cualquier intento exploratorio que ponga su centro de inters e investigacin en la teora dialctica de la dependencia, ttulo de una obra pionera y paradigmtica para todo el marxismo tercermundista crecido al calor de las rebeldas latinoamericanas (Marini, 1973). No es casual entonces que estas metafsicas post, tercas y empecinadas impugnadoras de la lgica dialctica en el plano terico, hayan compartido al mismo tiempo en el terreno poltico una autntica furia anti-tercermundista (Cueva, 2007: 151).

En el caso del posmodernismo, esta corriente pretendi jubilar a la dialctica por decreto, caracterizndola como un metarrelato de la historia mundial y una legitimacin totalitaria de la sociedad (Lyotard, 1993: 80-81).

Al interior de las filas del posestructuralismo, se la descart sin mayores trmites ni esfuerzos rechazando su supuesto carcter conservador y clasificando una de sus categoras centrales la de totalidad lisa y llanamente como una totalidad del enemigo (Guattari-Negri, 1995: 108, 117 y 157; Negri-Hardt, 2002: 87-88).

El marxismo analtico, a pesar de su pretensin de reinventar a Marx para ajustarlo al lecho de Procusto de las unilateralidades tecnologicistas, mecnicas y causales (Cohen, 1986: 31 y 163); adems de la teora de los juegos, la lgica de la eleccin racional y el individualismo metodolgico, descalific y se mof de la dialctica llamndola alegremente el yoga del marxismo (Roemer, 1989: 219). De este modo no haca ms que prolongar con nueva jerga, fragmentos marxistas deshilvanados y citas deshilachadas la vieja impugnacin neopositivista que le reprochaba (a) sus inconsistencias lgicas, (b) el mezclar los niveles discursivos-formales con los fcticos, (c) el confundir la contradiccin dialctica con las lgicas difusas (Lungarzo, 1971: 127), (d) el no respetar los principios de no contradiccin y tercero excluido, es decir, la bivalencia en las tablas de verdad (Garrido, 1986: 35 y 109).

Incluso aquellas corrientes que en los ltimos aos se animaron y volvieron a discutir a Hegel en nombre de la llamada dialctica sistemtica, tambin autodenominada nueva dialctica, terminaron despachando a Marx por idealista, acusndolo de no haber comprendido las mistificaciones metafsicas de Hegel (Christopher Arthur, 2014: 348).

La empresa de expulsar a Hegel del marxismo (habitualmente frustrada, aunque peridicamente reciclada) y el intento de borrar del pensamiento social crtico toda huella asociada al perfume embriagador de la lgica dialctica no son de ningn modo nuevos. Ambos poseen larga data y abultado prontuario. Adems tampoco pertenecen exclusivamente al pensamiento contemporneo (utilizamos las comillas porque bajo este rtulo manipulador en verdad suelen identificarse algunas pocas corrientes de filosofa y teora social, principalmente de factura francesa con alguna ramificacin en el mbito anglosajn, pero de ningn modo semejante denominacin abarca ni agota al conjunto del pensamiento social de los tiempos actuales). A pesar de sus pretensiones de novedad y ltimo grito, las fuentes de esta arremetida terica contra las categoras del marxismo dialctico y su epistemologa crtica son bastante aejas y remiten a una prolongada y extendida historia intelectual.

Ya en las dcadas de los aos 1950 y comienzos de 1960 (antes de que en Amrica Latina naciera la teora dialctica de la dependencia) se formaron escuelas europeas de pensamiento social cuyo centro de atencin fue, precisamente, el apuntar sus dardos contra la lgica dialctica.

De origen italiano, sobresale por su rigor lgico la escuela liderada por Galvano della Volpe (della Volpe, 1956, 1963 y 1971 y el prefacio del mismo autor a Marx, 1963), secundado por varios de sus discpulos (Colletti, 1977 y 1985; Rossi, 1971; en Argentina representada por Dotti, 1983). La tesis principal de esta corriente clasifica a la lgica dialctica y sus mediaciones como una hipstasis mistificada.

En Francia, se destaca ms por su fluidez literaria y por la seduccin en el empleo de sus coloridas figuras retricas que por su rigor lgico o filolgico en el estudio del marxismo, la muy influyente y extendida escuela de Louis Althusser y sus discpulos, quienes rechazan no slo el sistema de Hegel sino tambin el mtodo dialctico (Althusser, 1988: 103; 1996: 274).

Ambas escuelas, que abrieron la puerta, en el caso italiano, al abandono del marxismo gramsciano, historicista y dialctico (Gramsci, 2000. Tomo 4: 293) y propiciaron, en el mbito francs, el desplazamiento de las posiciones radicales hacia las filas moderadas del eurocomunismo, retomaban sin mencionarlo y de modo vergonzante la herencia anti-dialctica y socialdemcrata de Eduard Bernstein.

Este ltimo, viejo lder moderado del socialismo alemn posterior a Marx y Engels (perteneciente a la Internacional Socialista o II Internacional), critic no slo la metodologa dialctica de El Capital sino que adems aspir a revisar, cuestionar y deslegitimar sus conclusiones tericas. El rechazo apasionado de la dialctica corra parejo con su negativa terminante a aceptar sus derivaciones polticas (impugnadas en bloque bajo el epteto inquisidor de blanquismo, esto es: la concepcin de la historia humana concebida como un proceso de saltos cualitativos, el culto revolucionario de la violencia plebeya y el terrorismo proletario, la concepcin de la revolucin permanente, la teora leninista del asalto al poder y otros ncleos polticos anlogos). Sin duda, aunque sus epgonos posteriores de mediados del siglo XX y sus continuadores actuales del siglo XXI no le hagan justicia a su abolengo y se nieguen siquiera a mencionar su inocultable padrinazgo, Eduard Bernstein fue uno de los grandes iniciadores de la cruzada anti-dialctica contempornea. Para el antiguo lder socialdemcrata alemn (tan admirado por nuestro moderado Juan Bautista Justo), todas aquellas temidas posiciones radicales se derivaban inequvocamente del gran fraude de la dialctica incrustada en el marxismo (Bernstein, 1982: 140). De all su meticulosa, erudita y pionera obsesin por lograr la extirpacin del virus dialctico en la teora crtica.

En esa elastizada secuencia de impugnaciones, rechazos, cuestionamientos y condenas, la lgica dialctica fue invariablemente asociada al misticismo reaccionario, a una ontologa social totalitaria y a una metafsica hipostasiada.

El blanco de mira puso su ojo y apunt sus proyectiles contra El Capital de Marx. Su supuesto pecado original habra consistido en declararse explcitamente, con nombre y apellido, discpulo de aquel gran pensador llamado Hegel y en haber coqueteado [sic] con la Ciencia de la Lgica en la exposicin dialctica de sus descubrimientos en el marco de su ambicioso proyecto de crtica de la economa poltica, ya sea de sus exponentes cientficos como de sus representantes vulgares (Marx, 1988. Tomo I, Vol. 1: 20).

En la mayor parte de los casos, las impugnaciones contra la lgica dialctica se presentaron como una escoba epistemolgica cuya tarea prioritaria habra consistido en barrer toda huella de Hegel en el despliegue expositivo de las categoras de la teora del valor de El Capital de Marx. Asesinando la dialctica de Hegel (o tratndolo como a un perro muerto segn la expresin textual del autor de El Capital) Marx quedaba liberado para ser compatible con diversos malabarismos filosficos y tericos, reacios a las posiciones polticas radicales. Al fin de cuentas Bernstein habra tenido algo de razn: en la lgica dialctica anidaba la fruta filosfica prohibida y la oscura tentacin epistemolgica que haca culto de las teoras del desarrollo socio-econmico desigual y los saltos cualitativos en la historia, la conspiracin organizada y el ejercicio de la violencia plebeya frente a la vigilancia y el despotismo tirnico del capital, la concepcin de la crisis entendida como el estallido de las contradicciones antagnicas del sistema mundial capitalista, las estrategias polticas de la hegemona, el asalto al poder y la revolucin permanente y la concepcin de la guerra como la prolongacin de la poltica por otros medios. Para edulcorar y suavizar a Marx, volverlo inofensivo, quitarle toda peligrosidad y limar su filo revolucionario, haba que suprimir la dialctica de su corpus terico. As de sencillo.

Lo que la mayora de estos (fallidos, frustrados y peridicamente reciclados) intentos no tomaron en cuenta es que Marx no slo incurri en pecado al morder la fruta prohibida de la Ciencia de la Lgica, como bien seal Lenin cuando aforsticamente escribi: Es completamente imposible entender El Capital de Marx, y en especial, su primer captulo, sin haber estudiado y entendido a fondo toda la Lgica de Hegel. Por consiguiente, hace medio siglo, ninguno de los marxistas entendi a Marx!! (Lenin, 1974: 168).

El armazn metodolgico marxiano y su riguroso tratamiento crtico de las categoras cosificadas y fetichizadas de la economa poltica de David Ricardo, Adam Smith y todo el coro de economistas que l analiza y desmenuza en su Historia crtica de la teora de la plusvala y en los dems tomos de El Capital se nutre de una tradicin dialctica de pensamiento social y filosfico muchsimo ms compleja, extensa y antigua que se remonta muy por detrs y se extiende por debajo de Hegel. Aunque este ltimo fue sin duda su gran sistematizador moderno, incorporando a su Lgica todos y cada uno de los fragmentos de Herclito as como la Metafsica de Aristteles (en su doctrina del ser) y su rganon (en su doctrina de la esencia, en la cual incorpora tambin la lgica trascendental de la Crtica de la razn pura de Kant), claramente no invent la dialctica ex nihilo. Sus impugnadores y polemistas no siempre dieron cuenta de ello (por ignorancia, limitaciones tericas o pereza mental), pero Marx lo saba con lujo de detalles por haberle dedicado dcadas de estudio a la dialctica. Quien estudie El Capital con mirada atenta ir descubriendo a cada paso y en cada pgina las huellas, los ecos, las luces y las sombras de esa apasionante historia intelectual fundida en el discurso crtico marxiano.

El amanecer de Herclito 

A contracorriente del llamado pensamiento contemporneo que, para impugnar a la dialctica, se limita a girar y merodear exclusivamente alrededor del circuito Hegel/Marx (para afirmar o negar su ligazn, segn el caso), Lenin no se equivoc cuando sealaba que ya en los antiguos fragmentos que se conservan de Herclito probablemente el pensador ms brillante y profundo de los presocrticos, perteneciente al siglo VI antes de nuestra era cristiana se resuman los principales ncleos de la concepcin dialctica de Marx (Lenin, 1960: 341; 1972: 321 y 1974: 335).

Para sostener provocativamente esta hiptesis, Lenin tomaba como eje particularmente el fragmento nmero 30 (segn la clasificacin tradicional de H.Dielz y W.Kranz) en el cual el pensador dialctico de feso expresaba Este cosmos, el mismo para todos, no ha sido creado ni por los dioses ni por los hombres sino que siempre fue, es y ser fuego viviente, que se enciende segn medida y se extingue segn medida (trad. de Llanos, 1984: 157 y 1989: 136-137; Mondolfo, 1983: 49). Otra transcripcin del mismo fragmento es la siguiente: Este mundo, el mismo para todos, ninguno de los dioses ni de los hombres lo ha hecho, sino que existi siempre, existe y existir en tanto que fuego siemprevivo, encendindose con medida y con medida apagndose (AA.VV., 1978. Tomo I: 173. Trad. de Eggers Lan).

Focalizando su mirada en aquel fragmento, mientras analizaba crticamente un libro de F.Lasalle, Lenin identificaba a Herclito como el gran precursor de la lgica dialctica. No era una boutade ni una afirmacin descabellada o extempornea propia de un lector aficionado. El mismo Hegel en su obra Lecciones sobre historia de la filosofa lleg a afirmar: No hay en Herclito una sola proposicin que nosotros no hayamos procurado recoger en nuestra Lgica (Hegel, 1955. Tomo I: 220). Lenin saba bien de lo que estaba escribiendo.

Aunque Herclito muy probablemente haya sido su genial precursor histrico, en sus fragmentos no se utiliza mayormente el trmino. ste remite etimolgicamente a la nocin griega dialetik que a su vez est asociada al verbo dialgomai [dialogar], vinculados al arte del dilogo y la discusin (Llanos, 1986: 14). Este verbo, el de dialogar tal como se emplea en nuestro idioma, tambin es transcripto como origen de la dialctica con otro vocablo: dialgesthai que remite igualmente al dilogo pero no en el sentido de conversar amablemente y pasar el tiempo sino el de polemizar y confrontar con argumentos enfrentados (Berti, 2008: 36-37).

Ms all de su etimologa, cmo puede ser posible que la dialctica, en tanto ncleo metodolgico crtico y polmico, haya nacido en una poca tan temprana de la humanidad (muchsimos siglos antes de Hegel), cuando el desarrollo social, econmico y cientfico era todava tan precario? El mismo Marx nos da la pista para responder esa interrogacin cuando, poniendo en crisis todos los relatos tradicionales que lo identifican como un pensador evolucionista y le atribuyen una concepcin de la historia lineal, homognea y brutalmente progresista, escribe: Por qu la infancia histrica de la humanidad, en el momento ms bello de su desarrollo, no debera ejercer un encanto eterno, como una fase que no volver jams? Hay nios mal educados y nios precoces. Muchos pueblos antiguos pertenecen a esta categora. Los griegos eran nios normales. El encanto que encontramos en su arte no est en contradiccin con el dbil desarrollo de la sociedad en la que madur. Es ms bien su resultado (Marx, 1988. Tomo I: 33). Para Marx, entre arte, filosofa, ciencia y desarrollo socioeconmico no hay linealidad ni homogeneidad alguna. La concepcin histrica que maneja Marx tiene ritmos y temporalidades multilineales y discontinuos (Bensad, 2003: 48). Por eso la dialctica pudo surgir an en medio de un desarrollo socioeconmico extremadamente dbil.

Fue acaso aquel despertar y amanecer griego un milagro? Esa pregunta sobrevuela muchas historias de las ideas, de las mentalidades, de la ciencia y de la filosofa. En realidad no hubo milagro alguno. Tanto las islas jnicas como milesias estaban sometidas a un permanente intercambio socio cultural entre griegos y persas, as como entre otros pueblos que comerciaban mientras hacan la guerra, esclavizndose y luchando contra la esclavitud. Dicho intercambio cultural y diversidad poltica permiti hacer nuevas preguntas y abrir la mente de los primeros cientficos y filsofos del occidente europeo y del cercano oriente (Sagan, 1983: 175). La existencia de un germen de comunidad comercial en la zona de influencia jnica y milesia posibilit comenzar a visualizar el mundo (y el cosmos) como un perpetuo devenir (Llanos, 1986: 22-23). Segn algunos historiadores de la filosofa, el nacimiento de la dialctica y su culto de la lucha, la guerra y el conflicto (plemos) concebidos, todos ellos, como el padre de todas las cosas (segn el fragmento 58 de Herclito), estn fuertemente asociados a un tipo de comunidad donde los dueos de esclavos, los mercaderes y los esclavos se enfrentan en un circuito donde las pequeas ciudades-estados producen e intercambian mercancas (Thompson, 1975: 311-313).

En el marco de semejante contexto social emerge el pensador Herclito, quien (en contraposicin total con Parmnides, partidario de una cosmologa inmvil) en todos sus fragmentos hasta hoy conservados insiste en destacar que la unidad y lucha de los opuestos y la contradiccin antagnica no constituyen una anomala o una ilusin de la percepcin humana sino que conforman el principio de todo lo que existe en el cosmos. Es decir que para Herclito la dialctica de las contradicciones y la confrontacin no son meramente retricas ni tericas ni quedan limitadas al plano del discurso. Cuando Digenes Larcio destacaba que Aristteles llamaba a Zenn (de la escuela eletica heredera de Parmnides) inventor de la dialctica, haca probablemente referencia a una concepcin de la misma restringida al plano de las controversias discursivas y argumentativas, sin prolongacin alguna en el campo ontolgico (Astrada, 1970: 23), mientras que para Herclito las contradicciones antagnicas y la unidad de los opuestos residan en la misma realidad, no slo en el discurso.

Las contradicciones que Herclito intenta mostrar mediante su colorido lenguaje potico, en gran medida crptico y sarcstico, anidan en el cosmos y tambin en el ser humano, en ambos polos de la ecuacin. Sus contraposiciones y contradicciones son tericas pero tambin ontolgicas (Astrada, 1962: 23).

Apelando a metforas, muchas veces enigmticas (lo que le vali el sobrenombre de oscuro), Herclito identifica en el movimiento permanente del fuego material el ncleo del gran Logos universal (entendido como un tipo de racionalidad terico-discursiva [lgica] que comienza a apartarse del azaroso pensamiento mgico para encontrar regularidades y tendencias leyes generales de la realidad misma [ontolgica], condensadas en su apretado lenguaje con la expresin segn medida). Sus 130 fragmentos conservados, aunque se presentan como aforsticos y aislados, conforman una concepcin unificada del universo y del ser humano [Llanos, 1986: 30).

Su concepcin basada en el Logos abarca el pensamiento y el lenguaje humano pero tambin y al mismo tiempo el principio rector del universo, acercndose al arj de sus predecesores (Tales, Anaximadro, Anaxmenes, etc.). En esa concepcin unitaria: 1) la armona es siempre el producto de los opuestos, por lo tanto el hecho bsico del mundo natural es la lucha, 2) todo se encuentra en permanente movimiento y cambio, 3) el mundo es fuego viviente y eterno (Llanos, 1986: 36). Herclito resume su filosofa, adems del fragmento 30, en el 51, cuando afirma: Los hombres no entienden cmo lo que difiere consigo mismo est en armona, pues la armona se compone de la tensin opuesta, igual que la del arco o la lira (Llanos, 1989: 139).

Innumerables polmicas se desplegaron en torno al carcter material o no del fuego de Herclito. Aristteles a su modo, uno de los primeros historiadores de la filosofa anterior a l, an tomando partido por el principio de identidad de Parmnides frente a la contradiccin permanente de la filosofa dialctica de Herclito, reconoce que De los que primero filosofaron, la mayora pensaron que los nicos principios de todas las cosas son de naturaleza material: y es que aquello de lo cual estn constitudas todas las cosas son, y a partir de lo cual primeramente se generan y en lo cual ltimamente se descomponen, permaneciendo la entidad [trmino que el traductor elige para referirse a la sustancia. N.K.] por ms que sta cambie en sus cualidades, eso dicen que es el elemento, y eso el principio de las cosas que son [] (Aristteles, 2014 c: 79). Esta breve pero sintomtica sntesis aristotlica de los primeros filsofos occidentales es adoptada por el historiador de la filosofa G.Thompson como confirmacin del carcter materialista de milesios y jonios, junto con el pensador de feso (Thompson, 1975: 345).

El mismo Marx, ya en su tesis doctoral, intent destacar ese carcter materialista de algunos de los principales filsofos griegos. Para ello estudi las diferencias entre el atomismo de Demcrito (heredero a su vez de Leucipo) y el de Epicuro, defendiendo las implicaciones sociales y polticas libertarias que se derivaban de la desviacin de la lnea recta en la cada de los tomos en la cosmologa de este ltimo, en quien el determinismo del primero se aligeraba y se desplazaba dando su lugar al azar (Marx, 2013: 66-68 y 1982: 30-32).

Si en su primera juventud estudiantil molesto con las instituciones religiosas protestantes que conservaban el atraso alemn Marx estaba ms atento y pendiente de la fsica y el naturalismo materialista de los pensadores griegos, posteriormente, a lo largo de todo su programa de investigacin crtico de la economa poltica desarrollado durante ms de tres dcadas en su exilio londinense, el autor de El Capital redirigi su atencin hacia la lgica dialctica para cuestionar a Ricardo, Smith y los grandes pensadores britnicos que admiraban al mercado, defendan el capital y legitimaban el capitalismo como si este sistema mundial fuera eterno y sus categoras ahistricas. Marx necesitaba demostrar lo perecedero de esta forma inhumana y alienante de vida y lo transitorio del mercado como lazo social fetichista entre los seres humanos. Quizs por eso no sea casual que el gran estratega de la Asociacin Internacional de los Trabajadores (AIT) haya elegido precisamente un fragmento de la dialctica en Herclito para iluminar y destacar la clula bsica del capitalismo, es decir, el proceso de intercambio mercantil simple [M D M, siendo M = mercanca y D = Dinero. N.K.] en su exposicin lgico dialctica de la teora del valor al comienzo de todo El Capital: Todas las cosas se cambian en fuego y el fuego en todas las cosas, dijo Herclito, as como las mercancas por oro y el oro por mercancas (Marx, 1988. Tomo I, Vol.I: 128).

Si esta exposicin crtica de la teora social madura de Marx innegablemente coquetea con la Ciencia de la Lgica de Hegel (del que se declar explcitamente discpulo en el eplogo a la segunda edicin alemana de El Capital), sus fuentes nutricias en el campo de la dialctica de ningn modo quedan reducidas ni limitadas a l.

La crtica de Aristteles al platonismo 

Durante dcadas la vulgata marxista (tanto la simpatizante de Hegel como aquella otra agriamente reacia a la dialctica y partidaria de reemplazarlo como antecedente epistemolgico de Marx por Kant, Galileo, Spinoza o incluso por el liberalismo) despreci la figura de Aristteles. Lo congel en la imagen tradicional que de su filosofa haban construido los escolsticos medievales y la literatura religiosa de las tres grandes religiones monotestas (cristianismo, judasmo, islam, pero principalmente el cristianismo en su versin tomista).

Sin embargo, a despecho de esas versiones simplificadas de marxismo escolar, como tambin sucedi con el caso (olvidado) de Herclito, fue igualmente Lenin quien se anim a llamar la atencin e indagar sin anteojeras ni prejuicios en lo ms rico del pensamiento de Aristteles. Por eso, durante la primera guerra mundial, ms precisamente en 1915, despus de leer y anotar pacientemente la voluminosa Ciencia de la Lgica de Hegel y de redactar el artculo Sobre la dialctica, lee y resume en un cuaderno otra obra no menos extensa e importante para comprender la lgica dialctica: la Metafsica de Aristteles (la edicin que Lenin encuentra en las bibliotecas pblicas suizas que frecuenta por esa poca es una versin traducida del griego al alemn por A. Schwegler y publicada en dos volmenes).

All Lenin destaca y hace hincapi en el carcter exploratorio que, desde su ngulo de lectura, poseen los anlisis lgicos de Aristteles, perspectiva que luego se perdi o diluy en las sistematizaciones escolsticas.

Tambin resalta las polmicas del estagirita contra su maestro Platn, ejercicios que define como altamente caractersticos y profundamente interesantes y tambin deliciosos por su ingenuidad (Lenin, 1960: 359).

A qu haca referencia Lenin? Pues a la impugnacin aristotlica del dualismo de Platn quien, segn su ms brillante y dscolo discpulo, termina multiplicando las entidades y sustancias al infinito creyendo de esta manera que alcanzara un mundo inmutable y verdaderamente universal propio del conocimiento cientfico escapando imaginariamente al eterno fluir y devenir heraclteo.

Que en el origen de esta hipstasis trascendentalista y dualista de Platn y aquella innecesaria y artificial duplicacin de la realidad sensible en un especular mundo de Ideas universales, arquetpicas, esencialistas, inmutables y eternas se encontraba la sombra amenazante del fantasma de Herclito, Aristteles lo afirma sin ambigedades (Aristteles, 2014 (c): 419-420). No obstante, en lugar de asumir como propia la filosofa del sabio de feso, Aristteles termina elaborando a mitad de camino un sistema dinmico a partir del empleo de la distincin de las nociones de potencia y acto (Llanos, 1986: 71) y la elaboracin del pasaje de las cuatro causas para poder dar cuenta del movimiento (Aristteles, 2014 (c): 193, 368 y 374; as como tambin 2007 (b), Libro I), eludiendo de este modo la pueril negacin del movimiento como falsa apariencia al estilo de la escuela eletica y de su maestro Platn. Aunque se esfuerza por dar cuenta del movimiento, en lugar de darle la espalda o negarlo, termina adoptando la nocin de primer motor (Aristteles, 2014 (c): 392 y ss.). Hiptesis que tambin adopta en el Libro VIII de su Fsica, concebido como forma pura, pura actualidad y pensamiento del pensamiento, lo cual evidentemente lo aleja de modo definitivo de aquella concepcin heracltea.

Lenin lamenta el distanciamiento frente a Herclito que termina eligiendo Aristteles, al que califica, por este motivo, de empecinado. An as, el pensador bolchevique reflexionando sobre el estagirita, agregando a continuacin: Altamente caractersticos en general, a lo largo de todo el libro, en todas partes, son los grmenes vivos de dialctica e investigaciones [subrayado de Lenin] sobre ella (Lenin, 1960: 360). All tambin Lenin anota: La lgica de Aristteles es una investigacin, una bsqueda, una aproximacin a la lgica de Hegel y ella, la lgica de Aristteles (que en todas partes, a cada paso, plantea precisamente el problema de la dialctica [ambos subrayados de Lenin]), ha sido convertido en un escolasticismo muerto al rechazar todas las bsquedas, vacilaciones, y modos de formular los problemas (Lenin, 1960: 360).

Todo el texto de Lenin sobre Aristteles gira en torno al problema categorial de lo universal y lo particular. Lenin comparte el cuestionamiento de Aristteles al dualismo trascendentalista de Platn. Califica la crtica de deliciosa, pero se queja de que esa bsqueda aristotlica termina en un callejn sin salida pues El hombre se embrolla precisamente en la dialctica de lo universal y lo particular, del concepto y la sensacin, de la esencia y el fenmeno, etc.. En su balance afirma Lo que tenan los griegos era precisamente modos de formular problemas, por as decirlo sistemas exploratorios [subrayado de Lenin], una ingenua discordancia de opiniones que se refleja de manera excelente en Aristteles (Lenin, 1960: 360).

No resulta aleatorio que Lenin haya intentado resolver a lo largo de toda su vida intelectual justamente esa dialctica de lo universal y lo particular que encontraba y resaltaba en Aristteles. Para ello apel ya desde sus primeros ensayos de juventud por ejemplo, en su obra polmica Quines son los amigos del pueblo y cmo luchan contra los socialdemcratas? (1894) donde analiza la sociologa, hasta en sus textos de madurez, a una categora que figura en los prlogos de El Capital: la nocin de formacin econmico-social (FES). Es decir, aquella categora con la cual, para estudiar la sociedad, Marx articula el gnero y la especie, lo universal del sistema mundial capitalista y lo particular de cada sociedad, lo comn y compartido con todos los pases y la diferencia especfica de cada uno de ellos. Para Lenin dicha categora sociohistrica, de estirpe dialctica que resolvera el problema lgico formulado inicialmente por Aristteles y mucho ms tarde abordado por Hegel, quien retoma el camino olvidado de Herclito es la fundamental en todo El Capital de Marx (Lenin, 1958: 205).

Cabe aclarar que cuando Lenin analiza la obra de Aristteles Metafsica y rescata el carcter exploratorio de su reflexin en el campo de la dialctica, utiliza esta ltima nocin en un sentido distinto al originariamente empleado por el estagirita. Mientras que para Lenin (y su maestro Marx) la dialctica es un mtodo expositivo que ordena y deriva de determinado modo (en una perspectiva que va de lo abstracto a lo concreto) las categoras de la teora cientfica, al mismo tiempo, dichas categoras no quedan recluidas al interior del discurso argumentativo sino que al mismo tiempo expresan relaciones sociales histricas que existen por fuera del discurso; por ello las categoras tericas y cientficas habitualmente son consideradas por los marxistas como relacionales (Zeleny, 1984: 43-61; Kosik, 1989: 40-41; Ilienkov, 1977: 5 y 182; Dussel, 1985: 55; De Gortari, 1970: 41; Samaja, 1987: 93, etc.).

Es decir que la lgica dialctica en sentido marxista expresa el movimiento del pensamiento as como tambin y al mismo tiempo el movimiento del ser en devenir (Lefebvre, 1975: 127; 1984: 102). El carcter relacional de sus categoras deriva del objeto de estudio que intentan comprender y explicar: las relaciones sociales histricas (que los economistas polticos, limitados por su ideologa y presos del fetichismo, terminan cosificando y eternizando (Rubin, 1987: 107; Lukcs, 1984: Tomo II: 126-127; Rosdolsky, 1989: 53; Mandel, 2015: 14-15; Lwy, 1985: 64 y 1986: 11).

En cambio para Aristteles, aunque tambin utiliza y emplea el trmino dialctica, dicha nocin posea un significado notablemente distinto al empleado por el paradigma marxista. Recordemos que Aristteles en los Tpicos (uno de los principales libros que componen el rganon) define a la dialctica como un tipo de razonamiento cuyas premisas son plausibles (Aristteles, 2014 a: 53 y Berti, 2008: 42).

A diferencia de las doctrinas dualistas y trascendentalistas de su maestro Platn para quien la dialctica consista en un mtodo de conocimiento de puros universales, formas ideales y esencias en s de las cosas, radicalmente separadas y distinguidas del mundo sensible y material (Platn, 1978: 406-407 y 2014: 241-243); en Aristteles la dialctica corresponde a un tipo de razonamiento argumentativo especial, es decir, un tipo de silogismo que se distingue de otros dos (el apodctico y el erstico) y que s toma en cuenta en tanto objeto de disputa terica los problemas del mundo terrenal.

Segn el filsofo estagirita el silogismo apodctico sera propio de la demostracin cientfica (pues parte de premisas absolutamente verdaderas), mientras que el silogismo erstico correspondera y sera caracterstico de una imitacin de la verdadera filosofa ya que slo tiene por finalidad convencer y ganar la discusin a cualquier costo, olvidando completamente el problema de la bsqueda de la verdad. Histricamente, este ltimo tipo de razonamiento y forma de argumentacin habra sido cultivado por los sofistas menores como Eutidemo o Dionisodoro (Llanos, 1969: 43), muy diferentes, en sus formas de argumentar y entender la filosofa y la lgica, de los sofistas ms antiguos e importantes como Protgoras, Gorgias o Hipias (a pesar de esta notable diferencia entre ambos grupos, Platn despreciaba a ambos por igual).

El silogismo dialctico, segn los Tpicos de Aristteles, estara entonces a mitad de camino del silogismo apodctico (tpico de la ciencia) y del erstico (propio de la sofstica en su poca decadente). Al silogismo dialctico le interesa la verdad (por contraposicin con la erstica) pero no garantiza una absoluta necesidad en su derivacin e inferencia (como s lo hara el apodctico) pues parte de premisas que sin llegar a ser falsas, son apenas compartidas por una comunidad, es decir, asumidas como valederas y prestigiadas por determinado pblico (que asiste al dilogo de los oponentes y a la discusin dialctica como rbitro de la controversia y la polmica). Las premisas del silogismo dialctico segn Aristteles no son slo probables ni tampoco exclusivamente verosmiles. En la argumentacin dialctica aristotlica el punto de partida se denomina endoxa, o sea, que dichas premisas seran hipotticas y consensuadas, lo cual significa que poseen cierta reputacin aceptada por una comunidad, entonces seran compartidas y reconocidas por el universo discursivo de quienes asisten a la discusin dialctica. Ni son absolutamente evidentes ni son apenas o simplemente crebles, sino que perteneceran a un rubro intermedio, el de ser aceptadas como vlidas, hipotticas y reconocidas como plausibles (Berti, 2008, 40-42).

En la dialctica aristotlica tambin est presente la contradiccin. Pero a diferencia de Herclito, Hegel, Marx o Lenin, la contradiccin que analiza Aristteles es una contradiccin discursiva y se encuentra en la conclusin del silogismo dialctico. La misma es utilizada para refutar al oponente en la polmica, partiendo de premisas plausibles (compartidas por ambos polemistas), por medio de inferencias se va llevando al interlocutor ante el pblico-rbitro a caer en contradicciones discursivas (inconsistencias) con fines refutatorios. La contradiccin en Aristteles, si tiene una utilidad positiva, es precisamente la de permitir refutar y demostrar la hiptesis contraria. Nunca tiene un sentido positivo en s misma (tal como sucedera en el paradigma marxista, en tanto ncleo del devenir de una identidad por ejemplo, la mercanca que encierra dentro suyo la negatividad de una diferencia desplegada en opuestos y contrarios que terminan histricamente estallando en una contradiccin antagnica generando una crisis). Para Aristteles, en cambio, si hay contradiccin sta es puramente discursiva. No hay contradiccin en la realidad misma, ya que uno de los pilares de la filosofa de Aristteles es, justamente, el principio de no contradiccin (Aristteles, 2014 (c): 153, 357-361), que el estagirita desarrolla no slo en su Metafsica sino tambin en sus obras Sobre la interpretacin; Tpicos y Sobre las refutaciones sofsticas (las tres pertenecientes al rganon). Aunque en estos ltimos tres tratados la contradiccin es abordada principalmente como problema del discurso y la argumentacin (es decir en el campo semntico y sintctico) mientras que en la Metafsica se niega su existencia y se afirma su imposibilidad en el plano de la ontologa.

La lgica aristotlica, entonces, es considerada como rgano, es decir, como un instrumento formal vlido para todos los saberes cientficos y que garantizara la consistencia y las reglas generales de la coherencia de los mismos (Mitelmann, 2009, en introduccin a Aristteles, 2009: 10-11). En el lenguaje hegeliano, dicho rgano correspondera a una lgica del entendimiento y no de la razn (Artola Barrenechea, 1978: 30).

En tanto garanta de coherencia discursiva dicha lgica merecera ser asumida como propia (y por lo tanto reivindicada) por el marxismo (Lefebvre, 1984: 92). Si se acepta entonces su mbito restringido de aplicacin al plano sintctico y semntico de la coherencia de sentido y la consistencia argumentativa, la lgica dialctica del marxismo debera asumir como propia las enseanzas de la lgica formal aristtelica (Novack, 1982: 23).

No obstante estas imprescindibles aclaraciones que dejan atrs las versiones ms rudimentarias y esquemticas del marxismo escolar, ese ngulo ampliado de la lgica empleada por Marx no invalida ni anula los dos significados diferentes que asume el trmino dialctica (asociado, desde ya, al de contradiccin), ya que mientras para Aristteles la dialctica corresponde al campo de la argumentacin silogstica y del discurso instrumental, en la lgica dialctica de estirpe marxista la dialctica asume como propia tambin determinada ontologa extradiscursiva (al igual que la contradiccin antagnica, con un significado diferente al de la inconsistencia lgica). Es decir que la dialctica no queda reducida simplemente al papel de instrumento de anlisis retrico argumental sino que pretende abarcar tanto la teora como las relaciones sociales contradictorias y externas a la teora misma y que sta ltima pretende aprehender, captar, analizar y explicar mediante el mtodo dialctico (en los primeros borradores de El Capital su autor da cuenta de ambos polos mediante la utilizacin de dos trminos diferenciados concreto pensado y concreto real; Marx, 1987, Tomo I: 21-22).

Refirindose precisamente al tema de las categoras (no de las formas de predicar en general, como las analiza y explica Aristteles en la primera parte del rganon [Aristteles, 2014 (a): 20-21]), sino al de las categoras relacionales, histricas y especficas de la economa poltica que Marx intenta desmontar y criticar), all, en los Grundrisse, los primeros borradores de El Capital, su autor escribe: Como en general en toda ciencia histrica, social, al observar el desarrollo de las categoras econmicas hay que tener siempre en cuenta que el sujeto la moderna sociedad burguesa en este caso es algo dado tanto en la realidad como en la mente (Marx, 1987, Tomo I: 27).

O sea que las categoras de la teora marxista expresan conceptos tericos que a su vez pretenden dar cuenta de realidades sociales histricas extradiscursivas (aunque no ajenas a la praxis de la humanidad [Snchez Vzquez, 1980: 264 y 1982: 107]). El cuestionamiento marxista del dualismo propio de la economa poltica de ningn modo acepta que la dialctica se reduzca exclusivamente a la prctica terica (en la jerga de Louis Althusser) ni tampoco admite la distincin arbitraria y capciosa entre contradicciones lgicas y oposiciones reales (tpicas en la filosofa antidialctica de Lucio Colletti).

Aun dando cuenta entonces de la diferente significacin que asume el trmino dialctica en el pensamiento de Aristteles y en el de Marx, y sin olvidar tampoco el tratamiento diferencial de lo que cada uno de ellos entiende por categora, creemos que no debera soslayarse la importancia histrica de la crtica aristotlica hacia la metafsica dualista de su maestro Platn pues dicha crtica posee notables parecidos de semejanza con la crtica de Marx al dualismo de los economistas burgueses quienes, en el campo de la economa poltica, asumen como propia la metafsica de la vida cotidiana propia del mercado (Kosik, 1989: 83 y ss.).

Aristteles desarrolla esa crtica al dualismo de su maestro en diversos pasajes y libros de la Metafsica sealando que Platn termina separando artificialmente formas, ideas, conceptos e incluso nmeros de las entidades sensibles y las sustancias individuales. De este modo construye un mundo fantasmagrico de universales incorruptibles, ajenos al espacio y al tiempo, pagando el precio de escindir lo universal de lo singular y de multiplicar las entidades al infinito(Aristteles, 2014 (c): 99, 237, 270-273, 277-278). Uno de los argumentos ms slidos de la crtica aristotlica al dualismo platnico gira en torno al Tercer Hombre, pues siempre har falta un tercer trmino para comparar una sustancia individual y la Idea universal de la misma de la cual la primera participara. Pero la crtica no queda reducida a sealar ese tercer trmino sino que ataca el corazn mismo de la metafsica platnica y se extiende en gran parte de la obra aristotlica (Jaeger, 2013: 48).

La crtica marxista de la metafsica posee notables parecidos con dicha crtica antiplatnica. Por ejemplo, para Antonio Gramsci, el concepto de metafsica significa un universal abstracto fuera del tiempo y del espacio (Gramsci, 2000. Tomo 4: 266). A su vez para el lgico marxista Henri Lefebvre, la nocin de metafsica define los seres y las ideas al margen de sus relaciones (Lefebvre, 1984: 57).

La influencia y seduccin de Aristteles sobre Marx, inesperada y sorprendente tan slo para la vulgata marxista, no se reduce al plano de la crtica ontolgica. Tambin llega al plano antropolgico y poltico. No olvidemos que frente a la pregunta clsica, Qu es el ser humano?, que tambin atraviesa ntimamente a la concepcin materialista de la historia (Gramsci, 2000, Tomo 4: 220), Marx respondi en los Grundrisse: El hombre es en su sentido ms literal, un zoon politikon [animal poltico], no solamente un animal social, sino un animal que slo puede individualizarse en la sociedad (Marx, 1987, Tomo I: 4). Tesis que Marx reitera en el mismo libro afirmando El hombre slo se asla a travs del proceso histrico (Marx, 1987, Tomo I: 457), lo que intentar desarrollar a lo largo de todo el captulo sobre cooperacin en El Capital.

En este ltimo libro, vuelve sobre aquella definicin y sostiene El hombre es por naturaleza, si no, como afirma Aristteles, un animal poltico, en todo caso, un animal social (Marx, 1988, Tomo I., Vol. II: 397). Obviamente que ambas respuestas (una presente en la primera redaccin de El Capital [los Grundrisse], la otra perteneciente a la cuarta redaccin de la misma obra), centrales en la teora de Marx, remiten directamente al pensamiento de Aristteles quien la desarrolla en su Poltica (Aristteles, 2005: 57). Marx tambin compara para diferenciarlos al ser humano con una abeja, en el captulo quinto del primer tomo de El Capital (Marx, 1988, Tomo I, Vol. I: 215-216) de manera exacta al modo cmo lo hace el estagirita en su Poltica (Aristteles, 2006: 57).

Por otra parte, al explicar la teora del valor, Marx crtica agudamente la reduccin cuantitativista de dicha teora en David Ricardo y Adam Smith (Marx, 1988, Tomo I, Vol. I: 97-100, nota al pie nmero 31; Rubin, 1987: 210 y 225 y ss.). Lo hace de manera harto anloga a la crtica de Aristteles hacia el cuantitativismo del anciano Platn quien hacia el final de su liderazgo intelectual en la Academia pretendi encauzar matemticamente su imaginario mundo de las Ideas para homologarlo con los nmeros pitagricos (Jaeger, 2013: 106).

En esa explicacin crtica de la economa poltica, pilar de todo El Capital, Marx apela con nombre y apellido a Aristteles, a quien describe como genio del pensamiento (Marx, 1988, Tomo I, Vol. I: 100 y Vol. III: 1014); el ms grande pensador de la Antigedad (Marx, 1988, Tomo I., Vol. II: 497) y el gran investigador que analiz por vez primera la forma de valor, como tantas otras formas del pensar de la sociedad y de la naturaleza (Marx, 1988, Tomo I, Vol. I: 72).

Lo llamativo y notorio resulta que en plena polmica con la economa poltica y mientras va desplegando las diversas formas del valor (de la forma I a la IV, es decir, de la forma simple a la forma dinero, siguiendo el estilo, los modos de expresin y las categoras dialcticas de la doctrina de la esencia de la Ciencia de la Lgica de Hegel, como hemos intentado demostrar en otro escrito [Kohan, 2013: 461]), Marx le dedica una pgina y media a analizar el tratamiento aristotlico del intercambio mercantil, de la economa y de la crematstica, presente en la Poltica (Aristteles, 2005: 78; Berti, 2012: 160).

Tambin el ejemplo del valor de la sandalia, presente en la Poltica, forma parte del mismo captulo de El Capital (Marx, 1988, Tomo I, Vol.I: 104), obra en la cual ms adelante vuelve sobre la teora de la economa y la crematstica de Aristteles (Marx, 1988, Tomo I, Vol.I: 186-187).

Repleto de admiracin, Marx concluye su anlisis de Aristteles, en medio de sus polmicas contra los defensores del Mercado y el capital, afirmando El genio de Aristteles brilla precisamente por descubrir en la expresin del valor de las mercancas una relacin de igualdad. Slo la limitacin histrica de la sociedad en que viva le impidi averiguar en qu consista, en verdad esa igualdad (Marx, 1988, Tomo I, Vol.I: 74: Vol.III.:1028-1029).

 

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Fuente: Revista Anacronismo e irrupcin (Universidad de buenos Aires, Argentina)



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