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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-07-2018

La paz como resistencia comunitaria

Horacio Duque
Rebelin


La ultraderecha de regreso a los comandos estratgicos del Estado y el gobierno en cabeza de Duque, el que dijo el Caballista paraco del Uberrimo, juega a incendiar de nuevo el pas. Su modo de gobernar lo confunde con los lenguajes y los cdigos de la guerra.

La alternativa blica no es la del movimiento popular, tampoco la del bloque de ms de 8 millones de ciudadanos libres que apoyaron la propuesta de Gustavo Petro en la campaa electoral.

El bloque popular debe perseverar en la ruta pacifica de la movilizacin ciudadana no obstante la masacre y el exterminio sistemtico de los lderes sociales orquestado desde las podridas y descompuestas instituciones pblicas, particularmente desde sus aparatos armados.

La paz debe ser una resistencia. Ante el fracaso de la paz estadocentrica neoliberal del Nobel de paz que se despide con masacres y asesinatos de cientos de dirigentes comunitarios, la paz se debe construir en la resistencia desde lo local visibilizando y exigiendo el cumplimiento de los contenidos del Acuerdo de octubre del 2016.

La construccin de paz como resistencia aparece, al menos desde el nivel local, para ofrecer la va principal a travs de la cual dar forma al entorno poltico emergente, aunque esto se basa en la capacidad de resistir la superioridad tcnica abrumadora del esquema neoliberal pactado con el anacrnico Secretariado de las Farc, y modificarla de manera marginal, o para imitarla.

Ello ocurre a travs de una serie de estrategias y tcticas minuciosas, individuales y autnomas, de las formas cotidianas de resistencia a travs de las cuales el sujeto local puede expresarse a pesar de la autoridad abrumadora del gobierno oligrquico. Se trata de una resistencia a las exigencias principales de la construccin de paz liberal y la construccin estatal (promovida desde el Fondo Liberal Colombia en Paz, el Ministerio del post Conflicto y la Oficina del Alto Comisionado de Paz), a sus celebraciones del pluralismo-como-liberalismo, sus derechos reclamados para juzgar y manipular los recursos materiales, su legitimidad universal, su subyacente celebracin del individualismo y la deferencia hacia el mercado, sus reclamos de que la agencia (en este caso el sentido de auto-ayuda) est siempre presente, incluso para los ms marginados, y su validacin de las identidades nacionales, la soberana, los derechos y la justicia en las formas anteriores. Puede tratar de llegar a ser moderna o ser liberal pero de manera muy contundente o de maneras sutilmente modificadas, en lugar de limitarse a rechazar totalmente el modelo de la paz liberal e idealizar la resistencia local o la autoridad internacional.

Las formas locales de construccin de paz se reconstituyen a s mismas como resistencia a la significacin relativamente vaca de doctrinas como la Responsabilidad de Proteger o el No hacer dao, as como la construccin de paz liberal en s misma, y su asuncin sobre la creacin del Estado liberal. La resistencia a nivel local ofrece un lugar en el que una nueva paz empieza a imaginarse en trminos contextuales y cotidianos.

Por lo tanto, la construccin de paz como resistencia puede conducir a la emancipacin, as como a formas de poltica ms discutibles; debe, por tanto, encontrarse un equilibrio. Esto puede verse de dos maneras: o bien la construccin de paz como resistencia revitaliza el contrato social liberal y aporta sustancia a estos Estados externamente construidos, o favorece un encuentro ms proactivo entre la paz liberal y sus otros, en el que el peso hegemnico del proyecto de paz liberal es finalmente contraordenado.

Sin embargo, implicar lo local en la construccin de paz requiere un compromiso con las cosmovisiones locales, lo que bien puede llevar a resistencias a la modernidad, a la modernizacin, al poder estatal centralizado, a las soberanas fuera de las comunidades limitadas, a las normas e instituciones liberales, al mercado, y a las concepciones de los derechos sobre las necesidades.

La construccin de paz como resistencia puede dar prioridad a la libre determinacin, a la comunidad, a la agencia, a la autonoma, a veces a la democracia y a un sentido de nacin, y a veces a la materialidad de los Estados liberales.

La construccin de paz tiene que negociar estos terrenos, reconocer la diferencia, apoyar la agencia, permitir la autonoma y mantenerse alejado del Estado o de la ingeniera social. Por supuesto, los constructores del Estado argumentarn que ste es necesario para albergar estas dinmicas y promover el orden regional.

Campos de resistencia

Los programas de Desarme, Desmovilizacin y Reinsercin (DDR) o de Reforma del Sector de la Seguridad (RSS) se apropian de las armas y las concentran en manos de los ejrcitos. La mercantilizacin elimina el proteccionismo dando lugar a la competencia y medios de vida muy difciles en el sistema de mercado para los nuevos participantes postconflicto. La democratizacin centra la poltica en el sistema de partidos y en sus agendas generales y a menudo nacionalista.

Los derechos humanos suplantan las necesidades humanas. El imperio de la ley respalda todo esto, protege la propiedad privada y puede afianzar incluso las desigualdades socioeconmicas y un sistema de clases.

El apoyo internacional, los crditos, las subvenciones, el asesoramiento, las empresas, las fuerzas de paz, las agencias y las ONG deben compensar supuestamente la eliminacin de la agencia en estas reas y centrarse en el empoderamiento de la sociedad civil, los ciudadanos y el estado para operar dentro de sus lmites.

Este juego de manos es lo que hace que lo cotidiano sea tan importante, y es lo que lleva a la paradoja de la sociedad civil y las formas localizadas de construccin de paz, de convertirse en plataformas para una resistencia profunda, local-local, algo marginales, y para el desarrollo de una agona entre lo liberal y lo local.

Por lo menos, tener en cuenta lo cotidiano en la praxis de la construccin de paz, exige que en lugar de tener una poltica dirigida e impulsada por la lite, desde el exterior y dirigida por los donantes, que sean conducidas por el contexto local y cotidiano de las comunidades agrarias.

As, podra darse la repolitizacin y la habilitacin de una agencia (sujetos y subjetividades) relativamente autnoma necesaria para la democracia, los derechos, las necesidades, la justicia y la cultura, y la identidad. Los enfoques dirigidos por el contexto requieren una respuesta emptica entre liberales y locales en sus mutuas y separadas normas, intereses y vidas. Es necesario un anlisis detallado y etnogrfico de la comprensin de sus respectivas posiciones y contextos, no slo securitizado o institucional o estadstico, o basado en la tendencia.

De hecho, esto significa que hay alternativas y modificaciones significativas a la agenda liberal que ya estn intelectualmente disponibles y que son empricamente observables.

 

La construccin de paz como resistencia representa una mezcla compleja de la hegemona internacional, la resistencia local, la mmica, las agencias y la subversin. Ms all de la gubernamentalidad y del biopoder/poltica, ms all de las nociones esencializadas de la cultura y la identidad, se encuentran una serie de procesos hbridos, la a menudo modificacin marginal de la praxis hegemnica, hasta ahora agencias locales ocultas. Lo cotidiano captura estas dinmicas y espacios donde una nueva poltica puede surgir ms all de la paz liberal. La infrapoltica de la construccin de paz y el hbrido local-liberal resultante hace que un espacio postliberal de paz sea ya una realidad. En cada contexto pueden ser diferentes y en cada uno debe negociar las contradicciones que surgen en la relacin habitualmente desagradable entre la comprensin internacional de la paz liberal, las instituciones y el Estado liberal, y los procesos locales de la poltica. Con mayor investigacin contextual, la implementacin de metodologas diseadas para facilitar y fortalecer lo local y lo cotidiano, es muy posible que la paz postliberal pueda reconocer ms plenamente organismos y capacidades comunes y diferentes. Podra hacerlo sin hacer apologa de las Relaciones Internacionales o de las limitaciones de los actores internacionales o locales, como punto de partida para una forma de emancipacin de la paz que hasta ahora ha surgido.

La infrapoltica de la construccin de paz protege a los dbiles y a lo escondido hasta cierto punto. El siguiente paso sera asegurar una mejor comprensin de estos acontecimientos para que no se limiten a cosificar los problemticos marcos polticos de la modernidad, locales e internacionales, que estn remodelndose. La reinvencin de las Relaciones Internacionales y de la construccin de paz implica un cambio de las prescripciones internacionales a la resistencia local, a la liberacin y as a la emancipacin. Como subrayara Fanon, se requiere una conciencia crtica libre del colonialismo y prevenida de toda tentativa de mistificacin, vacunada contra todos los himnos nacionales.

Sera posible pensar la paz en estos trminos y construir su programa desde la base comunitaria?

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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