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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-07-2018

Sobre la diversidad, la clase trabajadora y los grandes dilemas

ngel de la Cruz
Cuarto Poder


Los debates agrios tienden a generar posiciones enconadas. Las posiciones enconadas anulan los matices, lo que conduce irremediablemente a la simplificacin. Y la simplificacin a la caricatura. Es el sino de la izquierda y puede que de cualquier colectivo humano en el que se confronten distintas posturas. Quiz la izquierda carga con una dosis particular de acritud en sus debates por las condiciones en la que estos se han desarrollado histricamente. La represin, la ausencia de espacios tiles o la derrota son condicionantes que a veces nos han impedido ser lo suficientemente justos a quienes luchamos por la justicia. Sin embargo, la discrepancia y la confrontacin de ideas son indispensables para la superacin ms o menos enriquecedora de cualquier debate.

Estamos ante un debate necesario, tal y como evidencia la incapacidad manifiesta de la izquierda transformadora para organizar el sufrimiento de la clase trabajadora y los sectores populares ante la crisis y la globalizacin. Sin embargo, no es especialmente novedoso, pues la relacin dialctica, compleja y contradictoria entre lo material y lo cultural en sentido amplio ya fue estudiada por el propio Marx, as como por aquellos marxistas que pusieron el matiz en el momento subjetivo como Gramsci o Lukcs, o ms adelante los culturalistas como Stuart Hall. De la misma manera, y partiendo del reconocimiento de nuevas complejidades, la conflictiva relacin entre la izquierda y los nuevos movimientos emergentes tambin fue analizada tanto desde posiciones marxistas como posmarxistas. Manuel Sacristn y Ernesto Laclau son, respectivamente, dos buenos ejemplos de ambas posiciones.

Ningn debate puede darse por zanjado de manera escolstica, pues la realidad concreta somete a todo (y a todos) a una permanente revisin. Sin embargo, para evitar retrocesos cabra tener en cuenta algunas enseanzas que a modo de sntesis se extrajeron de discusiones anteriores, pues aunque las grandes aportaciones revolucionarias estn vinculadas con la ruptura con los esquemas caducos, existe un hilo rojo en permanente enriquecimiento que debe ser tenido en cuenta. La mayora de las crticas a la diversidad sealan limitaciones correctas y parten de anlisis ms o menos correctos, pero su interpretacin puede suponer un retroceso hacia una izquierda tosca que en vez de intentar comprender la complejidad de la realidad que le supera, la esconde debajo del sof. Si eso ocurre, la salida lgica e inevitable ser la nostalgia paralizante.

Hace unos meses se gener un interesante debate sobre la izquierda y su deficiente relacin con la clase obrera. Aunque se escribieron artculos lcidos desde distintas perspectivas un tiempo despus queda la sensacin de que, ms all de sealar un problema relativamente obvio, no se super un falso dilema caricaturesco de dos posiciones que a mi juicio son igual de errneas y en buena medida son las dos caras de una misma moneda. Ahora puede sonar raro, pero se lleg a debatir si la clase obrera era buena o mala, es decir si era tan racista como los lderes a los que pareca apoyar o si escriba poesa.

Una posicin intermedia (marxista) podra entender que somos seres sociales y por tanto no tenemos cualidades o defectos innatos en nuestro ADN. Al final somos el resultado de un proceso de socializacin en el que influye la cultura en sentido amplio y en el que las condiciones materiales siempre estn presentes, pero sin determinar nuestra conciencia como sugiere la mala traduccin marxista, pues si as fuera el capitalismo no existira al menos desde 1929. Como se ve de manera fantstica en Pride (Matthew Warchus, 2014), los mismos obreros britnicos que reciben entre insultos a los gays y lesbianas del LGSM semanas despus marchan junto a ellos tras un proceso de socializacin y hermanamiento. De eso se trata.

Por otra parte, en todo momento pareca que se debata sobre una clase obrera caricaturizada en el obrero de cuello azul. Sin embargo, el capitalismo no permanece inmutable, de hecho su capacidad de pervivencia depende en buena medida de su habilidad de adaptacin. Esto significa que en 2018 las contradicciones del capitalismo adquieren una mayor complejidad que hace un siglo, por ejemplo, sin que esto signifique que la historia llegara a su fin, que no existan las clases sociales o que el capitalismo pueda ser derrotado con un giro lingstico.

Lo que significa es que hay factores como el desarrollo tecnolgico, la complejidad de la divisin del trabajo, los nuevos ropajes de explotacin o los cambios en la estratificacin  social derivados del llamado Estado de bienestar ineludibles para entender que la clase obrera vende su fuerza de trabajo de diversas formas, tiene mltiples estticas y diferentes culturas polticas. Tampoco podemos olvidar que la agudizacin de las contradicciones del capitalismo conlleva un aumento inevitable de quienes viven de su trabajo y sufren las consecuencias de la crisis. Es aqu donde adquiere mayor sentido hablar de clase trabajadora y sectores populares y pensar en clave de bloque poltico y social y bloque histrico.

Ms adelante vino otro falso dilema a la hora de concretar cmo mejorar nuestra relacin con quienes son golpeados con ms dureza por la crisis, esta vez en torno al discurso. Cuanto ms se desatendan los factores sociales, culturales e ideolgicos ms se analizaba a la clase obrera desde posiciones morales, lo que llevaba a una apuesta lgica por la mimetizacin con lo existente. Desde una especie de admiracin crtica hacia los populismos de extrema derecha la solucin pareca evidente: debemos amoldar el discurso a las condiciones subjetivas actuales entroncndolo con las cuestiones materiales y obviando las cuestiones secundarias (hablamos de la inmigracin, el feminismo o el ecologismo) que nos impiden ser mayora. Esa fue una de las lecturas que se hicieron de los xitos de Trump o Le Pen, entre otros.

As, la tarea pareca sencilla: para llegar a la clase obrera debemos decir lo que dice la clase obrera. Por otro lado, la contrapartida izquierdista parta del rechazo radical al populismo posmoderno y concretamente a la centralidad taumatrgica del discurso, pero acababa proponiendo un regreso? a un discurso materialista relegando a las cuestiones secundarias al lugar del que nunca debieron salir. As, la tarea era igual de sencilla: para llegar a la clase obrera debemos apelar a ella y a sus condiciones materiales el mximo nmero de veces posible sin perder el tiempo en otras vaguedades.

Sin embargo, una posicin centrada (marxista) entendera que la mera interpelacin a las condiciones materiales de la clase obrera no determina ese proceso de toma de conciencia de clase en s en clase para s, se haga desde una posicin ms derechista (rebajando el discurso y soltando el lastre de las cuestiones secundarias o no ganadoras) o ms izquierdista (desde la ortodoxia retrica y simblica). El ascenso del fascismo en los aos treinta o el comportamiento poltico de los ms vulnerables son una prueba ms que evidente de que ese proceso de catarsis es mucho ms complejo. Tanto es as que el determinismo economicista fue incapaz de ofrecer una sola respuesta en condiciones, con las consecuencias histricas que ello conllev. De la misma manera, quienes a da de hoy no logran desprenderse de sus restos nocivos no tienen ms propuesta que ofrecer la contrapartida de aquello que critican con ferocidad: frente a un discurso blando de identidades yupis, un discurso duro que, mucho me temo, convierte la identidad de la clase trabajadora en una caricatura incapaz de recoger su complejidad.

Las opciones que en el fondo apuestan por la mimetizacin con lo existente o imitar a los populismos de extrema derecha pero desde la izquierda slo pueden partir de una lectura mutilada y desnaturalizada de Gramsci. Debemos conectar con el sentido comn existente, pero para elevarlo en la construccin de una visin del mundo propia de quienes formamos el bloque histrico de cambio. Asumir el marco de los populismos de extrema derecha es una excelente manera de ponrsela botando, pues es ms que evidente que juegan con ventaja respecto a la izquierda. En esta pugna las polticas de la diversidad suponen un dique de contencin a la expansin de dichos populismos: afortunadamente todava no es tan fcil en algunos pases como Espaa explicar un proyecto para las vctimas de la crisis y la globalizacin desde el machismo o el racismo explcitos, por poner dos ejemplos. Renunciar a dar la batalla en lo que desde distintas perspectivas podran considerarse marcos perdedores, bien por su escaso apoyo o bien por tratarse de cuestiones secundarias, sera un suicidio poco honorable.

El falso dilema que subyace en el trasfondo del debate conduce a un callejn sin salida. Por un lado, es cierto que la mera agregacin de demandas e identidades no puede erigirse en un proyecto ntidamente transformador por las limitaciones inherentes de la estrategia populista-laclausiana. Sin embargo, esta crtica (que merecera un artculo aparte) no debera llevarnos a una reduccin de la diversidad y de las polticas de la identidad que a su vez nos llevara a una contraposicin de stas con lo material. No podemos olvidar que ms all de los disparates reales resultantes de la fragmentacin, en realidad tambin estamos hablando de cuestiones como el feminismo o el ecologismo.

Aunque exista un ntido anclaje material detrs de ambas, una mala interpretacin de la crtica a la diversidad hara que la contradiccin principal las acabara desplazando incluso de manera inconsciente. Y es que cuando a un conflicto le otorgas una categora principal significa que a otros de manera indirecta le otorgas una categora secundaria. Los datos sobre el drama que viven las mujeres o sobre la escasez de los recursos naturales y su distribucin son tan evidentes que entrar en ellos parecera un ejercicio de demagogia. O acaso se puede hablar del eje de clase y de lo material sin analizar y advertir que una en una nueva sociedad socialista no todos podramos tener un coche o que esa nueva sociedad requerira un nuevo reparto del trabajo del hogar y de los cuidados?

Debemos hacer un anlisis certero del mundo actual y de sus complejidades. La diversidad es una expresin de stas. La tarea de la izquierda consiste en ltima instancia en la creacin de un nuevo sentido comn que se concrete en una visin del mundo, de la vida y de las cosas. Para ello, debemos elevar las distintas luchas y reivindicaciones: del plano individual al corporativo y del corporativo a una visin ms amplia (y poltica) de bloque para, por ltimo, desarrollar una cultura en sentido amplio propia.

Por lo tanto, nuestra tarea no es redactar una lista con las contradicciones y los conflictos ms importantes ordenados de mayor a menor, sino buscar las maneras de unir los distintos conflictos que son una manifestacin ms explcita de la contradiccin trabajo/capital (los laborales, por ejemplo) con todos los dems: luchar por mantener el puesto de trabajo es importante, pero tambin lo es la lucha contra un poder judicial machista. La separacin mecnica y artificial entre lo material y lo cultural slo puede generar la conversin de lo lo material (la cuestin de clase) en otra identidad ms a disputar discursivamente, es decir en otra pieza ms del puzle posmoderno. Y nuestra tarea debe ser precisamente la contraria: la unificacin de todas las luchas.

Precisamente el movimiento feminista en los ltimos meses nos ha brindado el mejor ejemplo de cmo elevar la poltica al plano hegemnico. Mientras la izquierda poltica y sindical no suele pasar de propuestas programticas, porcentajes de presupuestos o leyes concretas, las mujeres empezaron a construir una nueva visin del mundo y de la vida. Intentar medir ese trabajo en trminos electorales o legislativos sera incidir en los errores histricos del institucionalismo. Recuerdo con tristeza las crticas izquierdistas al movimiento feminista por burgus o transversal. De nuevo, un movimiento real vali ms que cien programas y que cien proclamas de retrica ortodoxa y, en este caso, obrerista.

Cuando renunciamos al choque frontal con el Estado por razones obvias, apostamos por la expansin poltica y el intento permanente de conquistar posiciones dentro de la sociedad civil. Lo que antao se defina desde posiciones marxistas como proyecto nacional-popular consista, entre otras cosas, en la asuncin de nuestra responsabilidad ante los problemas generales del pas. Hoy no basta con buscar una alianza de clase entre el proletariado urbano y el campesinado pobre y dotarlo de una propuesta territorial entre el norte y el sur o entre el centro y las periferias. Hoy las contradicciones y los conflictos son infinitamente ms diversos. Nos guste o no. Slo reconociendo la complejidad y las particularidades nacionales podremos construir un proyecto de pas. Entender la poltica como un catlogo de distintas demandas es un error que no puede ser subsanado con un supuesto regreso a las races materiales a travs de un obrerismo tosco del que parece desprenderse una nica y paradjica propuesta: un discurso ms duro centrado en una visin muy reduccionista de lo material.


Fuente: https://www.cuartopoder.es/ideas/opinion/2018/07/11/trampa-de-la-diversidad-clase-trabajadora-izquierda-unida/

 



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