Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Las venas abiertas de Nicaragua
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-07-2018

Nicaragua nos duele

Jesus Gonzlez Pazos
Rebelin


Todos los anlisis sobre lo que hoy ocurre en Nicaragua ponen la fecha del 18 de abril como la del inicio de las protestas. Es seguro que esto no es verdadero y que las contradicciones y tensiones se venan acumulando desde mucho antes, pero acordemos y mantengamos la fecha por tener una referencia temporal. Esta ser para unos la fecha en la que el pueblo se cans de medidas como las que la reforma del sistema de pensiones pretenda con la imposicin de nuevas cotizaciones al mismo tiempo que reduca las prestaciones; unas medidas que ahondaban en detrimento de las condiciones de vida de las grandes mayoras del pas. Por el contrario, para otros ser la fecha en la que utilizando como excusa esas mismas medidas, se pona en marcha un amplio plan orquestado por la derecha local e internacional y que, con el apoyo de los Estados Unidos, pretendera acabar con el gobierno encabezado por Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Y esa disyuntiva en el calendario ha descolocado a las derechas e izquierdas del mundo. Las primeras con un interesado silencio respecto a lo que est ocurriendo realmente en ese pas centroamericano. Interesado pero que no se acompaa de una accin contundente pues el neoliberalismo no sabe tampoco exactamente cmo colocarse ante esta situacin. No hay un apoyo expreso, no hay pginas, portadas ni tiempos largos en las televisiones o radios. Nicaragua no es Venezuela, no tiene su importancia geoestratgica ni su riqueza en recursos naturales, por lo que parece que no hay tanto en juego. Pero, posiblemente, esa desubicacin poltica responde ms a que la derecha meditica y poltica no termina de entender lo que ocurre y no tienen un interlocutor claro y manipulable para hacerse cargo del gobierno en caso de que la pareja presidencial actual terminase retirndose del mismo. A ello se suma el hecho de que para la derecha econmica transnacional Nicaragua tampoco supone hoy un espacio de especial inters.

Por otra parte, la izquierda, una vez ms (y van), se siente descolocada. Se divide entre aquella afn a la socialdemocracia y sin capacidad (ni inters) de anlisis profundo de la geopoltica en un espacio continental que no guarda mayor inters para ella, y aquella ms ortodoxa que cree con los ojos cerrados al actual gobierno nicaragense. sta ltima siente permanentemente el halo del imperialismo en todas y cada uno de las actuaciones en las que est en peligro un gobierno, real o pretendidamente, progresista. Y quizs precisamente esto ltimo sea dar ms poder a ese imperialismo del que realmente tiene. Es la famosa llamada al cierre de filas ante el ataque externo que no nos permite ver ni afrontar las contradicciones internas de los procesos de transformacin; o que, an reconocindolos, se ofrendan en aras de la unidad y de la lucha antiimperialista.

Adems, reconozcmoslo, Nicaragua nos duele de forma un tanto especial. Gran parte de la izquierda vasca, espaola, europea y americana creci con los anhelos que en su momento represent la revolucin sandinista. Con esos aos mgicos en los que el levantamiento de la gran mayora del pueblo nicaragense, de la mano del Frente Sandinista, protagoniz uno de los momentos ms picos de las ltimas dcadas del continente latinoamericano. Primero por el logro que supuso esa rebelin popular que consigui la expulsin del dictador Anastasio Somoza; despus por la resistencia de esa revolucin, de ese pequeo pas centroamericano, frente a la primera potencia del mundo que utiliz todas sus armas, legales e ilegales, para acabar con ella. La revolucin sandinista supuso una nueva esperanza para la regin y para todo el continente: era posible revertir dcadas de dominacin y abrir nuevos procesos de justicia social y democracia verdadera. Sin embargo, el Frente Sandinista perdi la elecciones de 1990 en medio de un pas agotado por la guerra y el empobrecimiento al que sta le arrastraba; pero el espritu y esperanzas de un retorno de las condiciones y posibilidades ahora perdidas permanecieron en la conciencia del pueblo de Nicaragua y de la solidaridad internacional. Por eso, la victoria electoral de Daniel Ortega en 2006 renov las esperanzas de transformaciones profundas en las condiciones de vida de esa golpeada poblacin de Nicaragua. Volva el Frente Sandinista y volva en unos aos de renovadas esperanzas no solo para ese pas, sino para todo el continente. Los gobiernos populares y progresistas se extendan e iniciaban una batalla posible por superar el neoliberalismo implantado durante las dos ltimas dcadas; neoliberalismo que se visibilizaba claramente en la denominacin de esos aos como las dcadas perdidas de Amrica Latina por la enorme desigualdad y el empobrecimiento que stas haban supuesto para este continente.

Pero pronto empezaron algunos movimientos sociales, como el feminista y otros, a plantear que haba una deriva del gobierno hacia posiciones poco revolucionarias, poco transformadoras. El acercamiento y establecimiento permanente de acuerdos con el empresariado y con la jerarqua catlica no eran buenas seales, cuando precisamente estos haban sido los actores que ms conspiraron en su momento contra la revolucin y que, posteriormente, sostuvieron la implantacin del neoliberalismo durante los 16 aos siguientes (1990-2006). Pero Daniel Ortega y su gobierno seguan saliendo en las fotos al lado de otros lderes populares latinoamericanos y jugaban, se puede decir as, quizs con dos barajas, que le han asegurado su permanencia en el poder los ltimos doce aos. Hay que reconocer que la pareja presidencial (Ortega Murillo) ha sabido manejarse entre dos aguas de una forma muy hbil. As, ha implementado medidas econmicas y polticas neoliberales, muy poco revolucionarias, de la mano de organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o a travs de la firma de Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos, Taiwan o la Unin Europea. Y al mismo tiempo acomod gran parte del ideario del sandinismo a su discurso para mantener el apoyo popular y el de los gobiernos progresistas de la regin, mientras perda los apoyos de mujeres y hombres histricos de la revolucin e invisibilizaba la crtica social y poltica que empezaba a tomar fuerza y consistencia.

Sin embargo, la realidad hoy nos muestra la crudeza de un gobierno que acta contra su propio pueblo, contra ese al que dice defender pero que hoy protesta en las calles ante las contradicciones y tensiones que el sistema patrimonialista que ha ido implantando Ortega y Murillo han generado. Desde luego hay mucha literatura, mucha crnica interesada en colocar al actual gobierno como genocida, no lo es, aunque s extremadamente represor; o al empresariado y a la jerarqua de la iglesia catlica como los dos actores del pas ms preocupados por las condiciones de vida del pueblo. Tampoco lo son, sino que siguen actuando primando sus intereses econmicos e ideolgicos. Como siempre, multitud de intereses hipcritas e interesados que esperan, como aves carroeras, obtener rditos de esta dura situacin, posicionarse en el mejor lugar cara a los posibles nuevos escenarios. Y en esa situacin un tanto paranoica una parte importante de la izquierda europea y latinoamericana sigue sin saber ubicarse, perdiendo una nueva oportunidad histrica de estar al lado del pueblo, an y cuando consideremos que ste pudiera estar equivocado; tal y como ya sealan algunos autores, demostrando as una importante desconexin con la realidad. Al fin y al cabo ste debe de ser siempre el lugar de la izquierda, en el interior social. Lo que seguro no es de izquierdas es estar ms cerca de quienes usan paramilitares y armas de grueso calibre para reprimir las protestas sociales ante la implantacin de sucesivas medidas neoliberales que operan en detrimento de las condiciones de vida de las grandes mayoras, las cuales hoy adems se agravan con recortes de derechos civiles y polticos. Nicaragua nos duele, pero Nicaragua no puede cegarnos.

Jesus Gonzlez Pazos. Miembro de Mugarik Gabe.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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