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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-07-2018

Daniel Ortega y Manuel Noriega

Olmedo Beluche
Rebelin


Todas las comparaciones son odiosas, pero son necesarias y constituyen un mtodo legtimo de anlisis sociolgico e histrico que ayuda a comprender situaciones que parecen confusas. En este caso el mtodo comparativo funciona por las razones que expondremos.

Noriega y Ortega reclaman un pasado que ya no representan

Ambos regmenes tuvieron una fase previa que se puede denominar progresista, populista o Estado de beneficio. En el caso de Noriega, ste fue precedido por el rgimen de Omar Torrijos, el cual, pese a innegables casos de represin puntuales, se bas en el reconocimiento de importantes derechos sociales y econmicos, y en la reivindicacin antiimperialista de la soberana sobre el Canal de Panam, lo que le granje apoyo popular, el cual Noriega intento usar a su favor presentndose como el sucesor de Torrijos.

Daniel Ortega viene del vientre del Frente Sandinista de Liberacin Nacional (FSLN), que en los aos 60 y 70 luch contra la dictadura de Anastasio Somoza. Fue uno de los 9 comandantes que dirigi el triunfo de la Revolucin de 1979. Fue el presidente del gobierno revolucionario durante una dcada en que, pese al acoso militar y econmico de Estados Unidos, hubo grandes avances democrticos, as como en derechos sociales y econmicos. Retron al poder hace 10 aos, en otras condiciones y precedido de pactos con sus ex enemigos (COSEP, Arnoldo Alemn, Iglesia catlica) para hacer un gobierno capitalista, pero con programas sociales que le granjearon respaldo electoral indudable.

Noriega y Ortega se proclaman representantes de una fase populista anterior, pero que ya no representan, porque su crisis se inicia con la aplicacin de Planes Neoliberales dictados por el FMI y el Banco Mundial.

La crisis de los dos regmenes empieza con la aplicacin de planes neoliberales

En el caso panameo, suele pasarse por alto que la crisis del rgimen norieguista empez cuando el general pact con la embajada de Estados Unidos la imposicin mediante el fraude electoral del gobierno de Nicols Ardito Barletta, quien pretendi imponer un plan neoliberal que inclua privatizaciones, despidos, congelacin salarial, etc. Ah, en octubre de 2014, inici una ola de huelgas como nunca antes en la historia panamea, que derrib a Barletta y marc a Noriega, hasta la invasin norteamericana de 1989.

Ortega lleva dramticamente al final sus veleidades progresistas, a mediados de este ao, cuando intenta imponer un duro plan de reformas al sistema de jubilaciones y pensiones (que inclua un recorte del 5% de las mismas) asesorado por el Fondo Monetario Internacional. Pero lo peor que hizo Ortega no fue este amague neoliberal a un pueblo ya deprimido por la miseria, sino que, cuando las marchas de jubilados y estudiantes universitarios salieron a las calles, como era de esperarse, su gobierno reprimi duramente, ordenando tirar a matar contra los jvenes. Pudo utilizar otras herramientas que le acercaran a esa juventud rebelde que estaba en desacuerdo con las medidas neoliberales de su gobierno, como suspender la medida e iniciar un dilogo. Pero decidi actuar como un dictador.

En la memoria histrica de los pueblos ambos son dictadores sanguinarios

Por sus obras los conoceris, dice un proverbio bblico (San Mateo 7, 16), la cual recomienda distinguir los verdaderos de los falsos profetas por lo que hacen. En este caso, tanto Noriega como Ortega evidentemente son falsos profetas que pretenden arroparse con un pasado revolucionario que dejaron de representar y porque se convirtieron en instrumentos de las polticas neoliberales dictadas desde el imperialismo norteamericano va FMI.

Ese es un hecho, son agentes del neoliberalismo contra sus pueblos, es decir, agentes de los intereses del gran capital imperialista, y por ello merecen el repudio de sus pueblos.

Por sus obras los conoceris, pero no se quedaron en planes econmicos, sino que para tratar de imponer esos planes han desatado una furia represiva contra sus pueblos que, con toda legitimidad han salido a las calles a defender sus derechos.

Noriega reprimi y se de le atribuyen algunas decenas de muertos en la larga crisis poltica que fue desde 1984 a 1989: varios cados en las manifestaciones, militares que se rebelaron, el propio Hugo Spadafora cuya cabeza no aparece, y la corresponsabilidad en la invasin de 1989, cuyos centenares de muertos son culpa principal de Estados Unidos, pero en la que el general no tuvo el valor de organizar la defensa nacional y pelear en ella, optando por la cobarde entrega. En la memoria colectiva, Noriega aparece como un dictador.

Ortega, en pocos das de protesta, produjo 30 muertos, principalmente jvenes estudiantes y de barrios populares, los cuales al cabo de 3 meses de movilizacin ya superan los 300 muertos y subiendo. Se habla de otros tantos desaparecidos y miles de presos. Usando francotiradores con tiros a la cabeza y al pecho han cado decenas de muchachos. Ortega ha reprimido con la misma violencia que Somoza us contra el barrio obrero de Monimb, bastin antidictatorial en 1978 y 2018.

Por sus obras los conoceris, falsos profetas que disparan contra civiles desarmados y que luego difaman con apelativos de terroristas a los jvenes que luchan por una causa legtima, igual que hace el imperialismo yanqui cuando quiere invadir un pas.

Noriega, igual que Ortega, deca que todo era una conspiracin imperialista

Pese a que est claro que la crisis de ambos se inicia con la sumisin de Noriega y Ortega a las polticas neoliberales ordenadas por el sistema imperialista global, los dos, para defenderse, se arropan con falsas banderas antiimperialistas para sostenerse en el poder. Por supuesto que el imperialismo yanqui, que no tiene amigos, sino intereses, juega a varias cartas a la vez, se manej tanto con Noriega como con su oposicin, la ADO-Civilista; y se maneja con Ortega y con los opositores de la derecha nicaragense.

Un detalle, que no es menor, es que Estados Unidos apoy a Noriega hasta mucho despus del inicio de la crisis de 1984, pues era su mejor carta para la aplicacin de sus medidas neoliberales y su necesaria represin. Ese apoyo dur hasta febrero de 1988, cuando se impusieron sanciones econmicas y, an, hasta las elecciones de 1989. Fue luego de mayo del 89 que se empez a planear la invasin que se produjo en diciembre de ese ao.

En el caso de Ortega, es bastante evidente que Estados Unidos no lo ha tratado igual que ha Nicols Maduro de Venezuela. Respecto al segundo, no se haba sentado en la silla y ya se exiga un golpe de estado, con dos oleadas golpistas en 2014 y 2017. En la que la mayora de los muertos los produjo la oposicin golpista y la represin gubernamental fue cautelosa. Con Maduro hay una discusin pendiente sobre sus polticas, pero esa es otra discusin para otro artculo.

La Organizacin de Estados Americanos, pese a la enorme sangra en Nicaragua, ha sido moderada con Ortega, hasta ahora, exigindole: dilogo y elecciones anticipadas en la fecha que el dilogo apruebe.

Noriega y Ortega, con todo y las contradicciones con el gobierno norteamericano, han sido aliados del imperio en la imposicin del modelo econmico neoliberal. Y el imperio NO los ha tratado como peligrosos revolucionarios, todo lo contrario. 

La izquierda revolucionaria e izquierda acrtica, dos mtodos para tratar a Noriega y Ortega

Pese a la hipcrita retrica pseudo antiimperialista del general Noriega, la izquierda revolucionaria panamea, nunca le claudic ni apoy, pues por sus actos, por sus hechos, nica forma de discernir entre la verdad y la mentira, era evidente que representaba un gobierno capitalista neoliberal, agente del imperio y represor de los derechos democrticos.

La izquierda revolucionaria panamea de entonces (el MLN-29, el PRT y el PST), siempre mantuvimos una postura crtica, combativa e independiente frente al rgimen de Noriega, y con los opositores de la ADO-Civilista, incluso en el marco de la invasin yanqui del 89.

Respecto de Ortega, se produce la misma divisin en la izquierda latinoamericana y mundial. La izquierda revolucionaria comprende la verdadera esencia antipopular de Ortega y su falso antiimperialismo, y no est dispuesta a ensuciarse apoyando el genocidio de la juventud nicaragense.

Pero, igual que en los 80, hay una izquierda que apoya acrticamente a Ortega y pretende que los miles de jvenes en las barricadas son agentes del imperialismo. Una izquierda que pretende que est justificado tirar a matar a la gente porque sale a la calle frente a un gobierno que se autotitula progre pero aplica medidas neoliberales igual que la derecha.

Quienes embarran el prestigio de la izquierda apoyando los crmenes de Daniel Ortega y Rosario Murillo, slo lograrn profundizar la crisis de alternativas frente al sistema capitalista putrefacto que padece la humanidad.

Los revolucionarios nicaragenses del siglo XXI saldrn de las barricadas de Masaya o Estel, no de la izquierda envilecida que avala cualquier injusticia y la disfraza de revolucionaria.

En esta lamentable coyuntura, el legado del Che Guevara en la carta de despedida a sus hijos cobra ms fuerza: ...y sobre todo sean siempre capaces de sentir en lo ms hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad ms linda de un revolucionario.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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