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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-07-2018

Una mirada integral
Nicaragua duele

Claudio Katz
Viento Sur


Escribir sobre Nicaragua es tan doloroso y triste como indispensable. Los recuerdos de la revolucin sandinista todava estn vivos en la generacin que conoci esa gesta. El silencio sera una afrenta a los que participaron en esa memorable insurreccin contra Somoza.

Los hechos de los ltimos meses ofrecen pocas dudas. Una sucesin de protestas sociales fue brutalmente reprimida. Hay 350 muertos de un solo lado por la accin de fuerzas policiales o paramilitares. En todos los casos hubo disparos contra manifestantes desarmados, que respondieron o se escaparon como pudieron de la cacera.

Las informaciones de numerosas fuentes coinciden en esa descripcin. Se registr una escalada creciente de disparos a mansalva, que comenz con algunos cados y trep a 60 asesinados a fines de abril. Esa tragedia no fue interrumpida por el inicio de conversaciones. Al contrario, el dialogo fue coronado con otros 225 crmenes.

No existe ninguna justificacin de ese salvajismo. Los partes oficiales (y las voces de apoyo que recibe) no exhiben ninguna prueba de la accin terrorista, que endilgan a las vctimas. Tampoco hay bajas significativas en el campo gubernamental y no existen registros del uso de armas de fuego por parte de los opositores.

Estos acontecimientos no slo han sido denunciados por los allegados a los cados. Infinidad de testigos y una amplia variedad de periodistas corroboran esos acontecimientos. Pero lo ms importante son las autorizadas voces de ex comandantes y dirigentes del sandinismo, que han verificado lo ocurrido en el mismo lugar de los hechos. Sus denuncias tienen altsima credibilidad y son coincidentes con la visin de viejos participantes extranjeros de la revolucin. Estas opiniones importan por su gran conocimiento de los actores en disputa.

La sangra que descarg el gobierno de Ortega se asemeja a la reaccin de cualquier presidente derechista. Fue la tpica violencia del estado contra los descontentos. Frente a ese atroz comportamiento, un movimiento originado en reivindicaciones bsicas asumi un carcter democrtico de resistencia a la represin. La demanda original contra la reforma de la seguridad social perdi gravitacin, frente el dantesco escenario de centenares de muertos por la balacera de los gendarmes.

Levantar la voz frente a este crimen, exigir el inmediato cese de la represin y el enjuiciamiento de los culpables es la primera definicin frente a lo sucedido.

Involucin sin retorno

Las protestas contra el aumento de las cotizaciones de la seguridad social encontraron un gran eco en la poblacin. Esa simpata indic el malestar existente en amplios sectores. Hay fastidio con polticas oficiales divorciadas del pasado revolucionario del gobierno.

El orteguismo no guarda el menor parentesco con su origen sandinista. Ha establecido alianzas estratgicas con el empresariado, adopt medidas exigidas por el FMI y afianz los vnculos con la iglesia despus de prohibir el aborto. Ha consolidado la privilegiada burocracia de los negocios que debut con la apropiacin de los bienes pblicos.

Bajo la conduccin de Ortega rige un sistema clientelar asentado maquinarias electorales. La persistencia de la vieja simbologa sandinista oculta este cambio sustancial, que reproduce la involucin padecida por otros procesos progresistas.

Mucho antes de convertirse en una simple red de mafiosos, el PRI mexicano haba enterrado su legado de transformaciones agrarias y tradiciones nacionalistas. Lo mismo sucedi con el MNR de Bolivia, que actu durante varios aos como un partido reaccionario contrapuesto a su origen. Los ejemplos de regresin poltica -que recrea Ortega- se extienden a otros partidos latinoamericanos, que se despegaron por completo de sus antiguos anhelos socialistas o antiimperialistas.

Pero la represin incorpora un viraje ms irreversible. Convierte a una formacin aburguesada en una organizacin antagnica con la izquierda. Cuando los aparatos policiales asesinan a mansalva se rompe el ltimo eslabn de contacto con un horizonte progresista. Esta regresin sin retorno se produjo en Nicaragua en los ltimos meses.

Las sustanciales diferencias con Venezuela no radican slo en la permanencia de un proceso bolivariano, que confronta con la derecha y defiende la soberana en un marco de indita adversidad. En la interminable sucesin de guarimbas, el chavismo ha batallado contra intentos golpistas, incursiones paramilitares y provocaciones de grupos adiestrados por la CIA. Ha cometido muchas injusticias y hostigado a varios luchadores populares, pero su disputa central ha sido con la desestabilizacin promovida y financiada por el imperialismo.

Lo ocurrido en Nicaragua es muy distinto. Las protestas no fueron teledirigidas desde Washington. Surgieron desde abajo contra reformas aconsejadas por el FMI y se articularon posteriormente en forma espontnea para defender los derechos vulnerados. Tampoco las principales figuras de los conservadores -que han concertado incontables pactos con el gobierno- propiciaron la revuelta. Las manifestaciones reunieron a un heterogneo conglomerado de descontentos, que actan bajo el timn de la iglesia y el estudiantado. Las distintas vertientes eclesisticas no siguen un libreto uniforme y los estudiantes estn agrupados en varias corrientes internas con lderes de izquierda y derecha.

Este movimiento con bajo nivel de politizacin inicial comenz a adoptar posturas ms ntidas frente al acoso represivo. Su posicionamiento se afianz ante el fracaso de las mesas de dilogo, que el gobierno acept de palabra y boicote en la prctica.

Una mirada integral

De todos los pronunciamientos difundidos en las ltimas semanas, la postura adoptada por un reconocido dirigente revolucionario chileno, rene mritos ausentes en otras posturas.

Ese planteo resalta la legitimidad de las protestas, denuncia la traicin de Ortega y cuestiona el silencio cmplice de muchas corrientes progresistas frente a la represin. Pero tambin alerta contra la utilizacin derechista de las protestas y seala que Estados Unidos aprovechar el conflicto para socavar al gobierno. Constata, adems, que persiste el apoyo de una parte de la poblacin al oficialismo y convoca a propiciar una solucin pacfica, para que la burguesa local y su mandante imperial no sean los beneficiarios de la eventual hecatombe del oficialismo [1].

Esta mirada sintetiza muy bien el repudio moral a las matanzas con el reconocimiento de la compleja situacin creada en el pas. Aunque Ortega pacta sin ningn escrpulo con todos los exponentes de la reaccin, Estados Unidos busca su desplazamiento. No tolera la autonoma que ha preservado Nicaragua en su poltica exterior. El pas no slo forma parte del ALBA y mantiene estrechos vnculos con el gobierno venezolano. Pretende adems construir un canal inter-ocenico con financiacin china, en la regin ms caliente del patio trasero de la primera potencia.

Como se demostr durante el golpe contra Zelaya en Honduras (y ms recientemente en Guatemala), Estados Unidos trata a los pequeos pases centroamericanos como colonias de segundo orden. No acepta la menor indisciplina de esas naciones. Por esa razn ya puso en marcha todos los tentculos para cooptar a los dirigentes de la protesta, a fin de alinearlos con la futura colocacin de un ttere del imperio en reemplazo de Ortega. El encuentro de varios lderes estudiantiles en Washington con congresistas de la ultra-derecha anticastrista (y las reuniones del mismo tipo en El Salvador) constituyen los episodios ms visibles, del nuevo operativo que ensaya Trump.

Desconocer los preparativos de esa agresin sera una inadmisible ingenuidad. El mismo Ortega que atropella brutalmente al pueblo es visto por el Departamento de Estado como un adversario a sepultar. Este tipo de contradicciones ha sido muy frecuente en la historia y debe ser evaluado seriamente en la izquierda, a la hora de fijar una posicin. Es vital no sumarse a las campaas de la OEA y a los alaridos de Vargas Llosa que entreteje el Comando Sur.

Peligros y definiciones

Constatar que el sandinismo conserva la adhesin de una porcin de la poblacin es compatible con los resultados de la ltima eleccin. Pero Cabieses no slo parte de este dato para convocar a una solucin pacfica. Las negociaciones permitiran evitar la transformacin de la revuelta actual en una confrontacin mayor, con una terrible secuela de vctimas y nefastas consecuencias en el plano geopoltico y nacional.

Lo ocurrido en dos lugares de Medio Oriente ofrece antecedentes para temer esas consecuencias. Tanto en Libia como en Siria predominaban gobiernos de origen progresista, que involucionaron al punto de recurrir a la represin contra los militantes y el pueblo. Kadaffi encarcel palestinos y Assad descarg sobre el pueblo fusilamientos indiscriminados. En los dos casos, los atisbos de extensin de la primavera rabe terminaron en tragedias maysculas. El estado libio prcticamente despareci en medio de codiciosas disputas entre clanes rivales. Siria tuvo un desemboque ms dramtico. Presenci primero el copamiento de las protestas por los yihadistas y padeci luego el peor desastre humanitario de las ltimas dcadas.

Las realidades histricas y el escenario poltico de Medio Oriente y Centroamrica son muy diferentes. Pero el imperialismo acta con los mismos propsitos de dominacin en ambas regiones. Destruye sociedades y demuele pases sin ningn miramiento. Si hubieran ganado la partida en Venezuela, el pas sera un cementerio semejante a Irak, con el petrleo en manos de las grandes compaas estadounidenses.

Por estas razones conviene no olvidar en ningn momento quin es el enemigo principal. Una solucin pacfica en Nicaragua es el mejor camino para evitar la peligrosa utilizacin imperial del conflicto. El mecanismo de esa salida estuvo muy presente en la demanda de dilogo, para negociar eventuales elecciones anticipadas. Este reclamo difiere de asimilar al gobierno con una dictadura y exigir su cada.

Aparentemente en las ltimas semanas la tensin ha cedido, no por avances en las negociaciones sino por el afianzamiento de la represin. Ortega ha logrado un respiro por medio del ltigo. Pero su conducta ha creado un abismo irremontable con la juventud rebelde. Su divorcio con la izquierda es definitivo. La tradicin revolucionaria del sandinismo volver a resurgir, pero en la vereda opuesta del orteguismo.

Nota:

[1] Manuel Cabieses Donoso, La leccin de Nicaragua, 17 julio, 2018, https://www.nodal.am/2018/07/

Klaudio Katz es economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su pgina web es: www.lahaine.org/katz

Fuente: http://www.vientosur.info/spip.php?article14042



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