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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-08-2018

La generacin 2001 y la violencia

Jorge Majfud
Alainet


En medio de la crisis del Cono Sur que se inici en el ao 2001 y se profundiz en el 2002, todos se horrorizaban, con cierta dosis de inevitable acostumbramiento, por los nios que coman basura o se drogaban con pegamento debajo de los puentes. No eran casos aislados. Fue una epidemia sbita que arroj a casi un veinte por ciento de los hijos de la clase media a la miseria y el abandono, debido al descalabro de la economa, al desempleo masivo y de los ya debilitados planes sociales de los gobiernos anteriores que, tanto en Uruguay como, sobre todo, en Argentina, se haban alineado a las recetas privatizadoras del FMI.

Dnde estn hoy esos nios? Desaparecieron? No.

Todo presente tiene un pasado, y aunque la gran mayora de ellos hayan salido a flote, hacia una vida digna de lucha y trabajo, basta con un pequeo porcentaje para crear un fuerte estado de inseguridad debido delitos crecientes en nmero y crueldad. Como solucin, no pocos miran los tiempos de la dictadura militar con nostalgia, por el simple hecho que, por entonces, crmenes y violaciones de todo tipo, fsica, moral y econmica, simplemente no salan en las noticias y quienes las denunciaban, desaparecan o perdan sus trabajos, en el mejor caso.

Por entonces, en medio de nuestras propias urgencias y necesidades, advertimos varias veces, con el pudor de estar terriblemente equivocados, que aquella crisis se poda superar en cinco aos con un nuevo orden econmico, que la economa de cualquier pas se poda recuperar en un breve perodo, pero los efectos sociales siempre tienen consecuencias que persisten de diversas formas y son, por lejos, muy difciles de resolver. El sermn dirigido a un delincuente, producto de una infancia deshumanizada por todas sus condiciones de inicio, sean familiares o sociales, no funciona. La inevitable crcel, cuando no posee los onerosos recursos que realmente necesitara, suele ser una universidad donde los delincuentes hacen posgrados.

Lo que por entonces repetamos, literalmente (y estoy seguro que muchos pensaban igual), era que la situacin de aquellos numerosos nios de la calle y de las precarias periferias eran una bomba de tiempo programada para reventar en quince aos. Ahora, los polticos, tanto en la oposicin como en el gobierno, repiten que los delincuentes ya no tienen cdigos. La afirmacin parece inocente, considerando que la definicin de delincuencia es la de romper reglas y cdigos, pero desde al menos un punto de vista est expresando una verdad: existe una degradacin profunda de valores humanos (y no slo entre los delincuentes). No es lgico, entonces? Qu se puede esperar de nios que fueron previamente deshumanizados por las ms horrendas condiciones de educacin social, desarrollo biolgico y crecimiento personal?

Muchos se acordarn de esta metfora de la bomba de tiempo, sobre todo en algunas reuniones familiares antes de irnos del pas. Claro que este no es el nico factor de la violencia social (tal vez hablar de violencia social es una redundancia). Es necesario considerar, al menos, otros factores como:

1) La cultura consumista y sus efectos violentos en muchos otros pases, alguno de los cuales distan mucho de ser pobres, como en Estados Unidos. El efecto ampliamente estudiado de las crecientes desigualdades sociales que en el individuo, en una cultura consumista, importan ms que los ingresos absolutos.

2) Los efectos de la creciente soledad del individuo, facilitada y generada por la adiccin infantil y adolescente a ciertas tecnologas como los telfonos inteligentes. La amistad y la muerte han sido banalizadas por los juegos interactivos y por las redes sociales. El otro ha sido deshumanizado, se lo puede bloquear, silenciar, desaparecer con un solo clic. En este sentido, el mouse es un arma implacable. As, igual, es la fragilidad de una amistad virtual, con pocas excepciones.

3) Los efectos de las redes sociales que (esta ha sido una especulacin personal, sin datos cientficos) han amplificado las frustraciones y el odio de eso que a veces es un individuo y a veces ni siquiera lo es, o es un individuo con mltiples identidades, es decir, neurtico. De hecho, este mismo artculo ser compartido y no en pocas ocasiones recibir la clsica lista de insultos y acusaciones que antes no ocurra por el simple hecho de que los lectores estaban obligados a digerir lo ledo, sin la ansiedad de la respuesta inmediata, y solan discutirlo cara a cara con algn conocido, lo cual aumentaba el sentido de respeto y responsabilidad; no de forma annima, como si fuesen mltiples vmitos y compulsiones. Nada de esto puede ser neutral a la hora de explicar la violencia, sea la criminalidad callejera o las conductas polticas de los votantes que cada da adoptan ms y ms una conducta tribal, en el sentido negativo de la palabra, como lo son la xenofobia, el racismo y el sexismo.

4) Tambin existen las razones histricas (como pasadas guerras civiles, dictaduras recientes) y sus efectos culturales (impunidad, deshumanizacin).

5) O el ms comprensible factor econmico. Para eso bastara con considerar pases como Venezuela (desde las profundas crisis de los 80s y 90s hasta la fecha, aunque con diferente color ideolgico), Honduras, Guatemala y El Salvador (con estados fallidos desde principios del siglo pasado, con una ausencia crnica de los servicios sociales ms elementales, pero con ejrcitos omnipresentes, siempre listos para reprimir en nombre de los intereses de las clases exportadoras y de las compaas transnacionales, hoy inversores), pases con guarismos de violencia muy alejados de la realidad del Cono Sur.

Ahora, volviendo al factor concreto de la Generacin 2001, la realidad muestra que, sin llegar a niveles latinoamericanos de desigualdad y violencia, la bomba de tiempo ha explotado en los dos pases del extremo Sur. Uno, el Uruguay, con una prosperidad econmica (a muchos les disgusta esta palabra cuando se habla de un pas que en el exterior se convirti en smbolo de una alternativa de perfil bajo), un pas que lleva quince aos sin recesin y con una notable disminucin de la pobreza. El otro, Argentina, con una nueva crisis fabricada cuidadosamente en dos aos por las mismas polticas que produjeron la gran crisis del 2001.

Cuando menciono que, pese a este serio problema los niveles de violencia y desigualdad en Uruguay estn muy lejos de casi cualquier otro pas latinoamericano, me responden, con obviedad: Nosotros no debemos compararnos con ningn otro pas. Debemos compararnos con nosotros mismos, con el Uruguay que fue. Precisamente, el Uruguay que fue no puede ser, porque el pasado es un pas extranjero. Comparar los Estados Unidos de hoy y los de Lincoln o los de F. D. Roosevelt es comparar un pas donde los nicos con derechos de ciudadana eran los blancos y los dems esclavos desechables. Si alguna comparacin es vlida, es aquella que nos pone en el contexto real, el contexto presente en la regin y en el mundo. En el pasado estn nuestros orgenes, pero nosotros no estamos all, ni podemos ser lo que fuimos, ni como individuos ni como sociedad.

El actual gobierno, sea el uruguayo o el argentino, tienen la principal responsabilidad en la bsqueda de soluciones a un problema especfico (el de la G2001) que ya no depende de ninguna prosperidad econmica. Pero no se debe olvidar que el origen del problema naci junto con sus actuales protagonistas, en su mayora adolescentes y jvenes, muy jvenes aun, como el siglo.

Jorge Majfud es escritor uruguayo estadounidense, autor de Crisis y otras novelas.

Fuente: https://www.alainet.org/es/articulo/194557



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