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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-08-2018

Praga, agosto de 1968
La aniquilacin de una esperanza de renovacin democrtico-comunista

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Para los y las comunistas que apostaron y lucharon por aquella esperanza socialista transformadora.

Para Gyrgy Lukcs (1885-1971), in memoriam y ad homorem. 

 

Estimado camarada Aczl:

Considero mi deber comunista informarle deque no puedo estar de acuerdo con la solucin de la cuestin checa y dentro de esta con la posicin del MXZMP [Comit Central del Partido hngaro]. Como consecuencia de esto debo retirarme de mi participacin en la vida pblica hngara de los ltimos tiempos.

Espero que el desarrollo hngaro no conduzca a una situacin tal que el estatuto de la organizacin marxista hngara nuevamente me obligue a la reclusin intelectual de las ltimas dcadas.

Ruego informar sobre el contenido de esta carta al camarada Kdr.

Con saludos comunistas, Gyrgy Lukcs [Budapest, 24 de agosto de 1968 ]

En una conferencia impartida en Barcelona en 1991 en el marco de unas jornadas sobre Las razones del socialismo, Kiva Lvvich Maidnik (1929-2006), un guevarista genuino y convencido ha escrito de l Nstor Kohan, seal que la tragedia que entonces se estaba viviendo, la cada del mal llamado socialismo (ir)real y la desintegracin de la URSS, era la vuelta al revs, consecuencia histrica de un revs mucho ms profundo y real que le haba sobrevenido a la Revolucin de Octubre a finales de los aos veinte, y de ese fracaso y vergenza eterna para nosotros que fue el pisotear, aplastar con nuestros tanques, la revolucin ms prometedora y socialista de la segunda mitad de siglo en la Praga del 68.

No le faltaban razones ni, por supuesto, indignacin al intelectual latinoamericanista, al gran revolucionario moscovita expulsado del PCUS.

La conocida como Primavera de Praga fue una potente luz que irrumpi en oscuras y estancadas tinieblas, una verdadera y muy real esperanza de renovacin democrtico-comunista para la ciudadana de los pases de Europa del Este (Rumania, Polonia, Bulgaria, Repblica Democrtica Alemana, Hungra, la URSS, la propia Checoslovaquia) y para importantes sectores de las clases trabajadoras y populares y los partidos comunistas y socialistas de Europa Occidental y de muchos otros pases del mundo en aquel rebelde, irreverente y esperanzador 1968.

La historia es conocida, un breve resumen [1].

A finales de diciembre de 1967, se reuni el Pleno del Comit Central [CC] del Partido Comunista checoslovaco [PCCH]. Se produjo all una confrontacin abierta entre la direccin oficial representada por Antonin Novotny y el colectivo encabezado por el secretario general del Partido en Eslovaquia, Alexander Dubcek, la primera gran disputa que desde los aos 20 se declaraba en el seno del CC del PCCH. Un profundo enfrentamiento poltico sobre temas en absoluto secundarios.

El Pleno no lleg a acuerdos en aquel primer encuentro. Se convoc otra reunin extraordinaria para el 3 de enero de 1968. Tras un prolongado y profundo debate, una nueva direccin encabezada por Dubcek tom democrticamente las riendas del partido ese da. La primavera -y con ella las finalidades democrtico-socialistas, renovadas y reforzadas- adelantaba su presencia en Praga.

De este trasfondo surgi, y ampli sus fuerzas, un fuerte movimiento ciudadano partidario de un nuevo estilo poltico, de nuevos contenidos programticos, un movimiento que apostaba por una mayor proximidad entre el decir y el hacer, entre nuevas palabras y acciones crebles. Las reuniones del CC del PCCH entre octubre y diciembre de 1967 haban sido el preludio. La crisis haba tenido previamente tres grandes momentos: un congreso de intelectuales que exigi la puesta en prctica de las libertades polticas que (por supuesto) reconoca la propia Constitucin socialista del pas; las manifestaciones estudiantiles del campus de Strahov y, finalmente, el tenaz e inteligente enfrentamiento de los comunistas reformadores con los sectores ms inmovilistas, inflexibles, cerrados y escasamente receptivos del partido.

El comunicado de la sesin extraordinaria del Comit Central de 5 de enero no era extenso en explicaciones pero apostaba con claridad por la democratizacin popular del pas.

Poco despus se levant la censura, se garantizaron los derechos polticos y la libertad de expresin y asociacin. Las luces y los focos democrticos iluminaron tambin otros mbitos. Se produjeron importantes transformaciones en el funcionamiento interno de la propia organizacin del PCCH. Se restableci el voto secreto, se situ a un representativo CC por encima del secretariado y del politbur, y se acord que el Presdium, el mximo rgano de la organizacin, deba estar formado por miembros del partido que no desempearan cargos gubernamentales de carcter general.

El Parlamento volvi a adquirir funciones de control y vigilancia de los rganos del poder ejecutivo y la administracin. La polica poltica fue disuelta. Las fuerzas policiales vieron limitadas sus funciones a la defensa del Estado y a la persecucin, controlada institucionalmente, de los grupos y ciudadanos que atentaran contra su seguridad.

Cmo conceban Dubcek y sus seguidores ese sistema poltico alternativo que deba responder a la nueva situacin? La sustancia de la democracia socialista, sta era la nocin empleada, el punto nodal de su Programa de Accin enteramente recorrido por el esfuerzo de expresar lo mejor posible la relacin entre democracia y socialismo, dndoles contenidos plenos y concretos, resida en el hecho de ser patrimonio inmediato y directo de toda la ciudadana, en que el poder poltico y las tomas de decisiones estuvieran situados no slo en las instituciones y organismos polticos sino tambin articulndose y desarrollndose en todos los campos de la vida social. La democracia socialista, una real democracia de base diramos tal vez en estos momentos, deba ser un sistema poltico en el que cada trabajador-ciudadano tuviera una determinada posicin, con sus garantas y derechos, un sistema que deba ofrecerle la posibilidad plena de determinar autnomamente y sin restricciones su futuro. En sntesis, una libertad republicana de orientacin y prctica socialistas. La victoria de la verdad, que es la causa del socialismo, era una afirmacin esencial (esta vez en serio) del Programa de Accin. El cantautor comunista alemn Wolf Biermann lo expres as (En Praga est la Comuna de Pars):

El comunismo vuelve a tomar en sus brazos/ a la libertad y le hace un hijo que re. / Sin los elefantes de la burocracia, la vida/ se libera de la explotacin y del poder de los dspotas. / Volemos a respirar, camaradas. Nos remos/ desterrando la podrida tristeza de nuestro pecho. / Amigos, somos ms fuertes que las ratas y los dragones!/ Y lo habamos olvidado y lo supimos siempre.

El programa de renovacin no fue aceptado por la direccin poltica de la URSS, aunque, como el propio Dubcek no dej nunca de sealar, lo que se pretenda bsicamente era introducir reformas para reforzar el socialismo en el interior del pas, sin alterar las relaciones con Mosc ni cuestionar la pertenencia y adhesin de Checoslovaquia a organizaciones del bloque socialista como el Pacto de Varsovia. Todo ello, adems, bajo la direccin de un Partido que nunca pens romper o alterar sus relaciones con otras organizaciones comunistas afines, fueran cuales fueran sus diferencias polticas, histricas y analticas.

Sin apenas tiempo para desarrollarse, la "Primavera de Praga" fue vista con aprensin y rechazo en Mosc [2]. Cuando Lenidas Brzhnev, el entonces mximo dirigente de la URSS, visit Praga en febrero de 1968, forz a Dubcek a que cambiara uno de sus discursos. Las presiones sobre la direccin poltica checoslovaca fueron mltiples, fuertes y crecientes. El Kremlin intent que fueran los propios dirigentes del partido quienes frenaran o anularan el proceso de transformacin.

En mayo de 1968, mientras se celebraban en la propia Checoslovaquia maniobras militares del Pacto de Varsovia, se dise un primer plan de agresin. Dos meses ms tarde, 14 y 15 de julio de 1968, l os partidos comunistas de la URSS, Polonia, Bulgaria, Hungra y la RDA, los cinco pases del Pacto que ms tarde formaron parte de la invasin, se reunan en Varsovia. Del encuentro, surgi una larga carta de nueve folios dirigida Al comit central del Partido Comunista Checoslovaco en la que los cinco partidos hermanos manifestaban su preocupacin por el desarrollo de la situacin y apelaban a los peligros que el camino emprendido poda significar para el conjunto del bloque socialista. Aadan, en clamorosa e irresponsable inconsistencia, que no era su propsito intervenir en asuntos que interesaban exclusivamente a Checoslovaquia y al PCCH, ni pretendan violar los principios de independencia e igualdad de los pases socialistas. Pero advertan con amenazas que los pases de Europa del Este, incluyendo Checoslovaquia, estaban vinculados por tratados y acuerdos que no deban ni podan alterarse, propsito que, como se seal, nunca pretendieron los dirigentes checoslovacos.

La direccin del PCCH intent que se le escuchara. Queran conversar sobre las medidas que permitieran seguir consolidando la colaboracin amistosa entre los pueblos respectivos, deseaban manifestar nuevamente su voluntad de asegurar y desarrollar las relaciones mutuas en el inters comn de proseguir la lucha contra el imperialismo, por la paz y la seguridad de las naciones, por la democracia y el socialismo. Pero no fueron odos, no pudieron convencerles.

A pesar de la inesperada reunin del Bur Poltico del PCUS y el Presdium del PCCH en la frontera checo-sovitica, y de que la breve declaracin de 1 de agosto de 1968 anunciaba que la entrevista entre ambas delegaciones se haba realizado en una atmsfera de camaradera, franca amistad, respeto mutuo y comprensin fraternal; a pesar del posterior encuentro en Bratislava dos das ms tarde de los dirigentes checoslovacos con representes de los cinco pases del Pacto y de que en la Declaracin de los Partidos Comunistas y Obreros de los pases socialistas se afirmaba sin subterfugios que cada pas deba construir el socialismo segn sus peculiaridades nacionales, a pesar del mitin conjunto de Dubcek y Brzhnev en la plaza central de la capital eslovaca, y de los confiados hurras de decenas de miles de asistentes que crean que la ansiada reconciliacin era un hecho, o que cuanto menos se haba llegado a un compromiso por el que poder transitar autnomamente y sin riesgos, a pesar de todo ello, en contra de las apariencias y falsas declaraciones, la suerte y la condena ya estaban echadas haca tiempo.

En agosto de 1968, los dirigentes renovadores del PCCH y el propio Dubcek, quien haca poco haba declarado a la televisin checoslovaca que los resultados de la cumbre socialista recientemente celebrada permitan sentirse confiados sobre la marcha hacia el logro de nuestros objetivos socialistas y humanistas, dieron otro paso adelante publicando en la prensa ciudadana los nuevos estatutos del partido que incluan conceptos nuevos como socialismo humanitario y democrtico. Para los conservadores y temerosos dirigentes del PCUS y de partidos comunistas afines, e incluso para un sector del propio partido checoslovaco, las nuevas categoras, el nuevo lenguaje, eran indicio de traicin, de claudicacin, de abandono de principios, de inadmisible restauracin de la cultura y los valores burgueses. De ah, probablemente, la carta de 17 de agosto de 1968 (acaso forzada, probablemente un mero procedimiento de justificacin), un texto escrito en ruso y firmada por cuarenta miembros de la direccin del partido y del estado checoslovaco, entre ellos Alois Indra, Drahomir Kolder, Oldrich Svestka, Antonin Kapek y Vasil Bilak, dirigida a la direccin del PCUS, y en la que se peda ayuda internacionalista (ayuda internacionalista!) ante el rumbo que estaban tomando los acontecimientos.

No es improbable que, a pesar de las promesas y manifestaciones pblicas, la direccin del PCCH temiera algn acontecimiento inesperado. Jugaron sus bazas, las pocas bazas que tenan a su alcance. Entre el 15 y el 17 de agosto una delegacin rumana del ms alto nivel (Rumana se opuso a la invasin) visit Checoslovaquia, firmando un nuevo acuerdo que pona de manifiesto el esfuerzo del PCCH por contrarrestar la tendencia a una retraccin de la Comunidad que haba aflorado a partir del encuentro de Dresde. Al da siguiente, 18 de agosto, llegaba a Checoslovaquia el presidente Tito con una delegacin de la Liga de los Comunistas yugoslavos. Quera defenderse la necesidad de independencia poltica de los pases soberanos, las alianzas libres con partidos comunistas afines, la bsqueda de caminos de renovacin no trillados, el apoyo a la comunidad de pases socialistas y, seguramente, llamadas implcitas de atencin por las amenazas entrevistas.

Mientras tanto, los tanques del Tratado de Varsovia cargaban sus depsitos. Danubio era el nombre en clave del plan de ocupacin, el nombre del ataque militar diseado, planeado y realizado en nombre del socialismo y el internacionalismo.

El 21 de agosto de 1968, TASS anunciaba la invasin: Los ejrcitos del Tratado de Varsovia han entrado en territorio de la Repblica Socialista checoslovaca de acuerdo con un grupo de miembros del Comit Central del PCCh, de la Asamblea Nacional y del Gobierno de esta misma Repblica. La carta anteriormente citada era la excusa. El modelo de los tanques de la invasin era el mismo que el usado, doce aos antes, en la invasin de Budapest. Jos Stalin, JS-3, era el nombre con el que eran conocidos.

Tras la invasin, los ciudadanos praguenses llenaron las paredes de su ciudad con consignas que mostraban su indignacin y sus posiciones poltico-ideolgicas de fondo: Lenin, despierta, Brzhnev se ha vuelto loco!, Socialismo, s! Ocupacin, no! Provocacin, no!, Americanos, abandonad Vietnam; soviticos, abandonad Checoslovaquia!, Vosotros tenis los tanques, camaradas, nosotros tenemos las manos vacas, pero el derecho est de nuestra puerta, Por qu estis aqu hermanos? Os han engaado! Somos nosotros, nuestro pueblo entero! Nosotros somos la revolucin!

Entrevistado por Renzo Foa para LUnit en 1988, veinte aos despus de aquella primavera que quiso asaltar los cielos de la equidad y la libertad, Alexander Dubcek coment: La distancia que nos separa del 68 y todo lo que ha ocurrido en la URSS y en los dems pases socialistas en estos veinte aos confirman que el socialismo ya no puede soportar los estereotipos, los modelos, la fosilizacin, el dogmatismo, el sectarismo. Dubcek estaba convencido que el socialismo poda y deba ser un ordenamiento socio-poltico, econmico y cultural capaz de comprender del modo ms completo y total las necesidades y los intereses de las clases trabajadoras y de satisfacerlos. En su centro, aada el jardinero y exdirigente comunista represaliado, debe haber el mximo de humanismo, de tica y de moralidad. Socialismo, paz, igualdad de derechos, autorrealizacin del hombre y de las naciones, son conceptos que pertenecen a mi credo desde siempre. Y atribuyo una extraordinaria importancia universal a estos valores.

La importancia universal de esos valores no ha perdido vigencia para muchos ciudadanos del mundo. Tampoco el dolor por la aniquilacin manu militari de aquel hermoso sueo no quimrico, de aquel verdadero, necesario y real intento de renovacin.

Uno de los defensores de aquella primavera, el filsofo, profesor y luchador antifascista espaol Manuel Sacristn (1925-1985), en aquel entonces expulsado de la universidad barcelonesa, lo expres con claridad cuatro das despus de la invasin, el mismo da que Lukcs escribi la nota que encabeza este escrito, en una carta [3] que envi a su compaero de militancia en el PSUC, Xavier Folch:

[...] Tal vez porque yo, a diferencia de lo que dices de ti, no esperaba los acontecimientos, la palabra indignacin me dice poco. El asunto me parece lo ms grave ocurrido en muchos aos, tanto por su significacin hacia el futuro cuanto por la que tiene respecto de cosas pasadas. Por lo que hace al futuro, me parece sntoma de incapacidad de aprender. Por lo que hace al pasado, me parece confirmacin de las peores hiptesis acerca de esa gentuza, confirmacin de las hiptesis que siempre me resist a considerar.

La cosa, en suma, le pareca al traductor de Dubcek (y amigo del novelista Alberto Mndez que tambin le tradujo) final de acto si no ya final de tragedia. Vendran tiempos peores afirmara un ao despus en una clebre entrevista publicada en Cuadernos para el dilogo.

Acert plenamente. Llegaron veinte aos ms tarde. Una civilizacin alternativa que durante dcadas fue una esperanza viva y real para millones de trabajadores y trabajadoras de todo el mundo se vino abajo, se desplom completamente. Todo lo que no es slido se desvanece en el aire.

A comienzos de los aos noventa, seal Michael Heinrich [4], tras el gran colapso sovitico, pareca que el capitalismo se haba impuesto definitivamente a escala mundial como modelo econmico y social sin alternativa posible. Aunque siempre haba habido, recordado el gran lector de Marx, muchas posiciones de izquierda que no vean en el mal llamado socialismo real sovitico la alternativa deseable al capitalismo, en ese momento tales diferencias ya no parecan importar. Casi todo el mundo considerada que una sociedad ms all de la economa de mercado capitalista y la civilizacin del color del dinero era una absurda y criminal distopa completamente ajena a la realidad. En lugar de la protesta, recuerda Heinrich, se impusieron el conformismo y la resignacin.

Pero los tiempos, de nuevo, han cambiado.

Hemos podido comprobar en estos ltimos 25 aos las dimensiones inconmensurables de aquel enorme error. La civilizacin del capital era y es contraria a la vida (y, por supuesto, a una vida buena) y al tiempo para el ocio y estudio, a la libertad ciudadana sustantiva, a la paz entre pueblos y estados, al necesario equilibrio con la Naturaleza, a la lucha contra injustas discriminaciones, a la eliminacin de las apuestas fusticas e incluso (y de manera creciente) a la misma existencia de la especie humana.

Necesitamos, debemos construir entre todas y todas, nuevas esperanzas, nuevas primaveras socialistas. Nos va la vida en ello.

Notas:

1) Para mayor detalle e informacin, Salvador Lpez Arnal, La destruccin de una esperanza. Manuel Sacristn y la Primavera de Praga, Madrid, Akal, 2010. Prlogo de Santiago Alba Rico.

2) Una interesante y muy informada aproximacin a las miradas y anlisis historiogrficos actuales en torno a la historia de la Unin Sovitica, Sheila Fitzpatrick, La Unin Sovitica en el siglo XXI. Sinpermiso, n 16, 2018, pp. 75-98 (traduccin de Lucas Antn).

3) Puede consultarse en Biblioteca de la Facultad de Economa y Empresa de la Universidad de Barcelona.

4) Michael Heinrich, Crtica de la economa poltica. Una introduccin a El capital de Marx, Madrid, Guillermo Escolar, 2017, p. 11 (edicin de Csar Ruiz Sanjun)


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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