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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2018

Nicaragua
Entre la narrativa de un golpe de Estado y las races del poder autoritario

Julian Carax
Rebelin


Muchos anlisis sobre la situacin en Nicaragua intentan desviar la opinin pblica nacional e internacional al referir que los ltimos acontecimientos responden a un golpe de Estado promovido por EEUU y apoyado por la reaccin interna de partidos de derecha. Ante esta aseveracin se hace indispensable reconocer las races profundas de la autoridad y el poder sobre las que se sostiene la cultura nacional, y as profundizar la comprensin de los sucesos actuales de una Nicaragua que responde an a una herencia colonial.

Un poder autoritario arraigado profundamente

En la cultura nicaragense el poder autoritario se ejerce a travs de la violencia verbal, fsica y psicolgica para obtener control grupal, individual, obediencia, y consolidar el estatus y el rango. Es un mecanismo utilizado en los espacios de socializacin, desde la familia, hasta ONGs, movimientos gremiales, sociales, instituciones, y en el mismo gobierno. Esto plantea una contradiccin de fondo en la sociedad que ha aprendido en su historia a no aceptar las formas autoritarias del poder en los gobiernos, pero sigue siendo incapaz de cuestionarlas en su origen, donde se cultivan: la relacin que existe con Dios y las relaciones familiares autoritarias, ambas heredadas de la colonia.

Esta forma de percibir el poder, de someternos cuando lo ejercen sobre nosotros y de ejercerlo cuando lo tenemos, tiene raz en la relacin que se establece con dios, un dios arraigado y transmitido en el tiempo de la colonia por catlicos del siglo XVI, un Dios que reparte castigos a la desobediencia y premios a quien se somete. Es esta forma de relacionarse con dios que nutre y da forma a las figuras de autoridad que rigen las relaciones dentro de las familias, las relaciones laborales y entre gobernantes y gobernados. Es una prctica cultural profundamente religiosa reflejada en cada grupo en el que nos socializamos desde que nacemos. La autoridad de padres y madres de familia, de jefes, y lderes polticos que se convierten en dioses no se cuestionan, sus decisiones no se discuten, no se reflexionan, solo se obedecen para ganar su gracia, para no desatar su ira y castigo. Es pues, la familia, el primer espacio de socializacin antidemocrtico al que llegamos, y es Dios, la principal entidad divina y emocional que le ensea a la familia la forma del poder y la autoridad.

El poder autoritario se esconde detrs de las relaciones afectivas de lealtad profunda que no aprendemos a subvertir, relaciones que al no ser cuestionadas y con lmites marcados se les permite anular y castrar las autonomas personales, de conciencia, de accin, de organizacin, socavando a la vez la soberana y la independencia nacional.

La anulacin de la autonoma de las personas mantiene el control individual y colectivo en manos de quienes ostentan el poder, fomenta el pensamiento nico y elimina la posibilidad de cultivar una conciencia crtica individual, dejando la soberana de nuestra vida en manos de los caudillos-dioses para que ejerzan su voluntad unilateral sobre las mismas. En la familia la opinin de los padres no se cuestiona, es irrespetuoso, y si se contesta te castigan fsicamente. En los centros de trabajo la opinin del jefe prima sobre el resto, por el rango, y si se argumenta en un sentido distinto a sus indicaciones, te despiden. Y en el gobierno si se cuestiona una decisin o se dan opiniones contrarias te purgan. El ejercicio del poder autoritario se constituye entonces en el problema de origen, que tiene un reflejo multi espacial con la cultura de silencio impuesto, la obediencia, el sometimiento y la falta de libertad de conciencia.

Razones de la actual rebelin

Lejos de ser una segunda fase de la Revolucin Popular Sandinista que inici con su triunfo el 19 de julio de 1979, el ejercicio de gobierno del FSLN 2007-2018, ha replicado estas estructuras de poder autoritario heredadas de la colonia al desmantelar progresivamente el Estado de Derecho y erigir a la familia Ortega-Murillo como la entidad nica de la que emana el poder y la voluntad poltica. Esta forma de ejercer el poder no fue resultado de un da, ms bien se construy como un largo proceso de desmocratizacin de las estructuras del Frente Sandinista desde la prdida de la Revolucin en 1990, y que encontraron su anclaje en una cultura poltica caudillesca profundamente arraigada, ms all de las rupturas que pareci implicar la Revolucin.

De nuevo en el poder, se han convertido en una especie de dioses a quienes no se les discute sus decisiones divinas. Sus militantes no poseen conciencia propia sino que les pertenece a ellos. Es una cultura de alienacin gubernamental que ha atomizado el pensamiento y la prctica de izquierda en grupos que han sido perseguidos por generar conciencia crtica y atentar contra el poder familiar desptico: educadores, estudiantes, trabajadores, telogos de la liberacin, movimientos campesinos, defensores de los territorios, indgenas y feministas. Todos y todas marginados, perseguidos, encarcelados, torturados, callados, asesinados.

Es hartazgo de grupos sociales con demandas diferenciadas, pero con un objetivo comn lo que explota el 19 de abril del 2018. Es esta acumulacin de tensiones polticas por el abuso de poder, las humillaciones cotidianas, el acoso al tejido social organizado de forma autnoma y una represin sistemtica de 11 aos el resultado de un movimiento de masas sin liderazgo ni conduccin poltica. Es falta de legitimidad del largo plazo lo que mueve a tanta poblacin contra la familia en el poder. Es el objetivo comn de terminar con uno de nuestros ciclos culturales de dictadura lo que culmina en una matanza y persecucin de protestantes por parte del gobierno. Es imposicin a fuego y sangre lo que hace el gobierno para obtener obediencia social. Es mentira sistemtica la que utilizan para tapar la cantidad de muertos y la falta de apoyo social de las bases. Es soberbia del poder la que acta y solapa la prdida de significado social y de sentido orgnico del FSLN. Es ausencia de autocrtica y desconocimiento a su propio pueblo lo que existe detrs de la excusa de una agresin imperialista externa. Es neo colonial el poder que ejerce el FSLN desde un gobierno familiar autoritario. Es resentimiento lo que demuestra la familia gobernante al descalificar y tachar al pueblo de mal agradecido por no aceptar sus excesos. Es el hecho de sentirse dioses heridos lo que los hace convertirse en vctimas y convertir a otros en victimarios la reaccin ante la prdida de poder social. Es agotamiento de un modelo de gobierno y de un ciclo, lo que ha movido el estatus quo de esta familia en el poder.

Retos por asumir

En la Nicaragua actual, la evidencia de una cultura autoritaria de herencia colonial plantea retos profundos a nuestra sociedad y al pensamiento de la izquierda nacional e internacional. Es imprescindible profundizar la reflexin sobre el origen del poder que coadyuve a romper esta contradiccin que nos ha llevado nicamente a reivindicar las conquistas de las democracias clsicas liberales, pero sin el necesario cuestionamiento de fondo al poder autoritario.

Se plantea as el reto de superar el poder autoritario aprendido con Dios y su reproduccin social desde las relaciones familiares, que han marcado profundamente la cultura y la accin social a lo largo de casi seis siglos. Queda el reto de la recuperacin del Estado Laico y la construccin de conciencias laicas. El reto tambin de dar cohesin y acogida de los incipientes movimientos sociales que desde su quehacer particular generan transformaciones sociales y nutren de sentido orgnico a la participacin y movilizacin social. El reto de abandonar el pensamiento nico, dando cabida a la diversidad de pensamientos de grupos sociales que generan conciencia crtica. El reto del fortalecimiento de la soberana e independencia nacional desde el respeto a las autonomas individuales y colectivas.

Queda, igualmente, el fomento de un pensamiento pluralista en la sociedad y el empoderamiento popular para la toma de decisiones. Por ltimo, inevitablemente nos queda tambin el reto de eliminar una cultura del poder por el poder, de herencia colonial, que nos d la posibilidad de construir relaciones ms democrticas desde el seno de cada espacio de socializacin, y con ello sentar las bases de un estado moderno y nacional basado en derechos.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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