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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-09-2018

Ideologa & Prostitucin
La cultura de la prostitucin

Paula Fraga Arias
TribunaFeminista

Esta ideologa banaliza con la agnica situacin de las mujeres en situacin de prostitucin, pretende normalizar actividades delictivas y encima nos invita a aceptarlo acrticamente con la proclama que hablen las putas, como si algo le importasen.


Cualquier fenmeno o prctica social con pretensin de permanecer en el tiempo necesita de constantes procesos de legitimacin, de justificacin de su existencia. Cuando hablamos de prostitucin, estos procesos se convierten directamente en excusas para seguir sin alcanzar la liberacin de la mujer que las feministas pretendemos.

Lo primero que debemos sealar es que la prostitucin, como explica la maestra Rosa Cobo, es un fenmeno social que se desarrolla en el marco de tres sistemas de dominio: el patriarcal, el capitalista neoliberal y el racial/cultural; definicin terica perfectamente reflejada en la siguiente realidad material: el 90% de las mujeres prostituidas en Europa son inmigrantes pobres [1]. Muestra prctica del elemento patriarcal y el neoliberal de la definicin, es que tres millones de nias entre 5 y 14 aos sean incorporadas anualmente al mercado del sexo, como cifra Naciones Unidas.

La nueva narrativa que se trata de imponer obvia realidades que evidencian la explotacin sexual y subordinacin patriarcal que representa la prostitucin, para convertirla por obra y gracia del lenguaje, en un trabajo empoderante, en una alternativa laboral como cualquier otra. As, los/as que abogan por la regulacin de la prostitucin le llaman trabajo sexual a una de las formas ms brutales de violencia sobre la mujer.

Con este eufemismo, se quiera o no, se deja de hablar automticamente de la trata de seres humanos con fines de explotacin sexual. No se puede, como dicen sus defensores, diferenciar prostitucin de trata; sencillamente, porque la segunda existe para servir de mujeres a la primera, de qu forma sino se satisfara la pujante demanda?

El argumento de trabajo sexual pasa a ser ofensivo cuando se intenta hacer pasar por transgresor y feminista, calificndonos adems, a quienes abogamos por la abolicin de esta violencia como reprimidas o mojigatas. No veo transgresin alguna en la defensa de un trabajo que identifica nuestra sexualidad con el placer masculino, que la pone a su servicio y que otorga libre acceso al cuerpo de las mujeres. Esta falsa transgresin es peticin de sometimiento, perpetuacin de la conocida clasificacin patriarcal de las mujeres: o putas o santas.

Pues ni una ni la otra, porque ambas son exigencias patriarcales. No podemos tolerar que se siga retorciendo el lenguaje para beneplcito del status quo; la proclama mi cuerpo, mi decisin se utiliza para liberarnos de lo roles opresivos y de las explotaciones sexual y reproductiva, no para mantenerlos.

Otro de los argumentos de la cultura o ideologa de la prostitucin es la libre eleccin. Difcilmente se puede hablar de libre eleccin en sistemas sociales asentados sobre diversas dominaciones. Esto lo sabe nuestro Derecho que protege a las partes contractuales dbiles, pero esta previsin legal deviene insuficiente cuando hablamos de mujeres en situacin de prostitucin. No pueden ser parte contractual; primero, porque son tratadas como simple materia prima de la industria del sexo y segundo, porque la violencia sexual no se puede regular, no se puede legitimar en virtud de una libre eleccin que sabemos que no existe.

La inmensa mayora de mujeres llegan a la prostitucin empujadas por circunstancias personales asfixiantes o incorporadas mediante la trata. Es irresponsable e injusto para las mujeres atrapadas en el sistema prostitucional, dejar de sealar esto porque haya alguna mujer que decida ser prostituta porque ella s tiene alternativa laboral. Adems, es cada vez ms evidente que muchas de las que se presentan como tal, estn haciendo en realidad labor de captacin para el mercado de mujeres.

Y qu pasa con el putero? Para estos la cultura prostitucional les tiene reservado un lugar muy cmodo, la impunidad y la no asuncin de responsabilidad, como si la trata de mujeres fuera una cosa que no va con ellos cuando son responsables directos con su enorme demanda. Se (y los) justifican diciendo que solo son clientes de un servicio, afirmacin deshumanizante donde las haya. Las mujeres prostituidas no son mera mercanca, ni cuerpos, ni agujeros prestando un servicio, son mujeres que no desean acostarse con ellos. Basta entrar en uno de los mltiples foros de puteros en la red y comprobar la misoginia y machismo de sus comentarios.

Demuestran que ni quieren ni toleran la igualdad y claro, con las mujeres prostituidas creen que no se tienen que andar con remilgos. Ellos seran unos de los grandes beneficiarios de la regulacin, pues se legitimara social e institucionalmente su abuso. De idntica forma se beneficiaran los proxenetas, que dejaran de ser as catalogados para convertirse, de la noche a la maana, en empresarios; eso s, manteniendo sus misma actividad, la explotacin de las mujeres. Y si no lo creen, comprueben las consecuencias del modelo regulacionista en los pases donde se ha implantado.

Sucintamente, estas han sido aumento de la trata de seres humanos con fines de explotacin sexual, aumento de la demanda de la prostitucin, legitimacin social del derecho de acceso a nuestros cuerpos lo que a su vez implica perpetuacin de la deshumanizacin y cosificacin de las mujeres, y publicidad degradante y vejatoria de las mujeres en situacin de prostitucin.

Aludo a una ideologa o cultura de la prostitucin porque las expuestas hasta ahora y otras, conforman un conjunto de ideas que, como deca al principio, buscan legitimar y normalizar la prostitucin. Y resulta obvio que a quienes favorecen estas narrativas son quienes las construyen, esto es, la lite neoliberal y patriarcal, aquellos hombres que no quieren perder su libre mercado de mujeres. As, quienes utilizan estas ideas en sus argumentaciones o bien estn interesados/as econmicamente, o bien les excusa, o simplemente han cado rendidos/as a la ideologa prostitucional, como una suerte de nuevo obrero de derechas.

Esta ideologa banaliza con la agnica situacin de las mujeres en situacin de prostitucin, pretende normalizar actividades delictivas y encima nos invita a aceptarlo acrticamente con la proclama que hablen las putas, como si algo le importasen. Hemos escuchado a las supervivientes y por eso defendemos la abolicin. Este es adems un problema que nos afecta a todas, est en juego la prdida de nuestra indemnidad y autonoma sexuales, sobre todo la de las mujeres ms vulnerables que se ven obligadas a su renuncia por unos euros.

Ante esta banalizacin, las feministas debemos clarificar los conceptos, como dice la terica Celia Amors, conceptualizar bien para politizar bien. Tenemos pues, que afirmar con fuerza que la prostitucin es una violacin de los derechos humanos incompatible con la igualdad, una institucin patriarcal que subordina y explota a las mujeres y que como tal, reproduce la jerarqua sexual. Debe por tanto, interpelarnos a todos y a todas. Despus de siglos de lucha por la igualdad, vamos a permitir una sociedad donde los hombres tengan derecho a comprarnos?


[1] Fondation Scelles, Sexual Explotation. Prostitution and Organized Crime, 2012.


Fuente: https://tribunafeminista.elplural.com/2018/09/la-cultura-de-la-prostitucion/



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