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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-10-2018

Carta a Arturo Echeverri (1918-1964)
Marea de ratas: Novela de dilogo en pas de sordos

Luis Carlos Muoz Sarmiento
Rebelin

I Audicin-conferencia del Ciclo Literatura y Violencia, presentada en el Gimnasio Moderno, de Bogot (12/sept/2018)


A Arturo Echeverri Meja, capitn de mares y piloto de s mismo.

A quien, como Bergchem, pudo vivir y morir por aquello que siempre am: la verdad, la fraternidad y la libertad.

A quien Su hombra de bien le impidi cohonestar la poltica sucia y otra cosa sucia econmica que quera aparecer como poltica. A mis hijos, Santiago & Valentina, por lo mismo

 

Querido AEM: Una de las cosas que primero sorprende en su novela es la sencillez, la simplicidad, para Usted simplicitud: [ Marea de ratas est] escrita con simplicidad, con sencillez. Sin palabras, hasta donde me fue posible suprimir la fronda. Intent trabajar con un elemento nico: la simplicitud [sic], y esto me parece que es lo ms difcil de conseguir. Hasta donde pude hice una novela de dilogo. Atencin: una novela de dilogo en un pas que no dialoga, en el que hasta hoy lo importante no ha sido la voz, las voces, sino la palabra, las palabras; en el que el dilogo que representa la voz viva ha sido reemplazado por la intolerancia, es decir, la voz de la muerte, la que no respeta la voz del otro: en ltimas, la que asesina con slo mandar a callar pero que no se conforma con el eufemismo pues, en efecto, termina por asesinar, esto es, por callar del todo. Para que no haya dudas, para que el sobreviviente tampoco las tenga y para que el pas siga como est. Pas que tiene en el silencio impuesto el principal alimento de la impunidad. Su novela quizs no narre grandes hechos pero s hace interesantes los pequeos: los del cotidiano en una aldea de pescadores a la que un da lleg la plaga vestida de verde; los de los hombres que en silencio ayudan a construir un pas, a diferencia de quienes slo piensan en usufructuarlo; los de unos seres humanos que creen no saber nada de nada, pero hacen muchas cosas y viven, a diferencia de quienes viven de los impuestos y no hacen ni viven: impuestos que se van para la guerra antes que para la educacin y por eso la escuela es tomada por el cuartel Usted desarrolla una nueva manera temtica y formal de abordar la violencia al superar la esttica de la violencia visceral. Como a su vez lo hacen Palacios en Las estrellas son negras , Osorio en El da del odio , Cepeda en La casa grande , Rojas H. en Celia se pudre : lo relevante en estas cinco novelas no es la guerra en s sino sus terribles resultados, los que muestran la estulticia de dicha guerra y de quienes la propician y hacen, no de quienes no tienen ms remedio que padecerla y afrontarla.

https://www.youtube.com/watch?v=ZoXru42ZlhY 4:22 Gabino Palomares No basta rezar

Como Usted sabe, Schopenhauer dijo que la misin del novelista no es relatar grandes hechos sino hacer interesantes los pequeos. Idea que coincide con la estructura narrativa de Marea de ratas y su estilo directo y sin afeites; con el tratamiento de las situaciones, la descripcin de personajes y la creacin de atmsferas. Atmsferas en las que la tensin y la intensidad, derivadas ante todo del manejo de los dilogos, cobran una alta cuota de expresin en la literatura colombiana, tan dada a poner el adorno sobre el sentido, la ancdota sobre el proceso, la furia panfletaria sobre el nico compromiso de un autor: permanecer fiel a s mismo. Usted desarrolla con destreza el tema de la violencia por el conocimiento que sobre l tiene de primera mano; lo emplea con una precisin y una economa de lenguaje que nunca dejan de asombrar, incluso a quienes puedan llegar a pensar que asombrarse ya no es posible en un mundo banal, light , descafeinado en un pas donde el mayor espectculo no es ya el ftbol sino la informacin. As, frente al tratamiento de la violencia como mero reflejo de los hechos, como testigo no exento de una pasin poltica cuando no abiertamente partidista, Usted se independiza de tales criterios y toma otros rumbos, desarrollando una nueva manera de asumirla, sin temor al qu ni al cmo de lo que escribe, como tampoco a sus resultados. A la truculencia y al morbo, a la caricaturizacin de los personajes y a la cruel y efectista descripcin de los hechos y las situaciones, opone la prudencia imprudente del autntico artista; la claridad ambivalente del creador imaginativo; la sabidura no erudita del escritor que sabe que para abordar la violencia en la literatura es clave la experiencia vital, la vivencia de los hechos y un conocimiento adecuado de la literatura y de la tcnica literaria. Parte de lo anterior deja entreverlo una declaracin suya: Una novela realista, pero con los toques imaginativos suficientes como para quitar esa peligrosa nitidez fotogrfica de los hechos reales, de todos los das. En fin, antes que la lucubracin filosfica, el nimo de descrestar intelectualmente, el artificio erudito pero nunca sabio, Usted prefiere la austeridad de la expresin, las frases y los giros breves, a veces lacnicos, la prosa desprovista de almbar, logrando de esa manera una novela exenta de retrica recargada y de adjetivacin con la que da en el blanco, al modo de Quiroga: El cuento era, para el fin que le es intrnseco, una flecha que, cuidadosamente apuntada, parte del arco para ir a dar directamente en el blanco.

Y la manera que Usted encuentra para dar en el blanco y de paso quitar aquella nitidez fotogrfica de la realidad, de cada da una alusin irnica al manejo meditico es, precisamente, la de la sencillez con un trasfondo humano en el tratamiento temtico. En una entrevista con el poeta scar Hernndez (1925-2017), Usted sostiene que el de su obra ... es el tema humano. Todas esas pasiones que forman la corriente de la vida... La esencia de la novela es la suprema desesperacin de los pocos humanos que restan y que son consumidos en el tremedal de los violentos. No doy soluciones, no s si se salen de este estado... Cada personaje tiene su camino... Yo tengo la idea de que cada libro que se respete, ha de ser un pequeo universo lleno de realidades, pero con matices suficientes para que aparezca como una obra de arte. Detrs de su propia idea pareciera esconderse otra de Hegel, para quien la concretizacin de lo espiritual no puede hacerse ms que bajo la forma humana. Y, desde el comienzo de Marea de ratas , esa forma humana cobra cuerpo en el del bilogo Juan Bergchem, quien en la prisin de la aldea sin localizacin geogrfica precisa ni nombre propio, pero que se ubica en el Bajo Cauca antioqueo, en las fincas Providencia y Colorado donde, aparte de escribir la mayor parte de su obra, Usted sufri los rigores de la Violencia espera la muerte... sin haber cometido ningn delito ni haber sido juzgado: Simplemente estaba all y deba morir. El aspecto humano de la novela, a su vez generador de un conflicto no buscado por el protagonista, queda expuesto de entrada cuando el narrador define a Bergchem: En realidad s tena dos cultos que eran realmente dos religiones: la fraternidad y la libertad. Cultos que coinciden con los ideales de la Revolucin Francesa: libertad, igualdad, fraternidad, atributos consagrados en los Derechos Universales del Hombre pero que, segn el Partido Conservador (creado un ao despus, 1849, del Partido Liberal) y la Iglesia catlica hacan parte, durante la Violencia (oficial: 1946-1957), de un trptico engaoso que no deba tolerarse. Lo que en efecto ocurri como lo vivi el propio AEM.

https://www.youtube.com/watch?v=_R8JZVrxjTk   5:01 Arturo Echeverri Meja - Empresario

Para que no quede duda, en un discurso de un jefe del Directorio Nacional Conservador (nov/1950) se puede apreciar la idea de la unidad indisoluble de la Iglesia y el Partido Conservador en la defensa del pas contra el comunismo y, por ende, contra el liberalismo al cual se asocia. Las pastorales de la Iglesia como las resoluciones del Partido Conservador se vuelven ley para una y otra institucin: La Iglesia y los conservadores estn de frente al trptico engaoso de libertad, igualdad, fraternidad. Pero el engao no se tolera. Nuestra doctrina enfrenta la frmula revolucionaria con una triloga de conceptos que no pasa porque est tocada de eternidad: Dios, patria y libertad. El factor desencadenante de la violencia que se genera en su novela y que media entre la triloga Dios/patria/libertad y aquel otro trptico engaoso rechazado de plano por la Iglesia y el Partido Conservador, es remarcado por Usted al trmino del captulo uno : Esta, sin embargo, no es la historia de un hombre. Es la historia de muchos hombres, de una aldea de pescadores donde un da cualquiera lleg la plaga vestida de verde, con botas negras y largos bastones brillantes. Hay que recordar aqu que la Violencia originada primero en las ciudades, mucho antes del asesinato de Gaitn el 9/abr/1948, pas luego al campo, donde se asent definitivamente. Tambin que en muchos pueblos y caseros fue propiciada, primero, por la polica (1948/53) en los gobiernos de Laureano Gmez y, su reemplazo en 1950, Roberto Urdaneta; y, despus, por el ejrcito (1953/57) durante el gobierno militar de Rojas Pinilla. De ah que no sea gratuita la alusin que Usted hace al vestido verde usado por los miembros de ambas instituciones.

La aparente contradiccin suya respecto a que Marea de ratas no es la historia de un hombre sino la de muchos hombres podra ser ms bien una metfora para abordar un asunto que segn las estadsticas de los historiadores, socilogos e investigadores de la Violencia en Colombia, solo entre 1948 y 1953, registr 135.898 asesinatos por motivos partidistas. Tal posibilidad se pone de manifiesto cuando el Capitn le dice al alcalde civil que ha venido a destituir: Pensemos como militantes de un gran partido e instituyamos el nuevo orden, desplazando, convirtiendo o aniquilando a sus enemigos. Y conste que al referirse a la aniquilacin de los enemigos del nuevo orden se han citado los gerundios desplazando y convirtiendo : con el primero, se alude a un trmino que implica violencia directa o por la fuerza; con el segundo, a otro que implica segn el diccionario reducir a la verdadera religin, lo que en (no tan) buen cristiano significa al catolicismo, clara alusin, de nuevo, a uno de los principales motivos de conflicto a nivel nacional y que en el siglo XIX gener nueve guerras civiles: 1812/15, 1839/41, 1851, 1854, 1860/62, 1876/77, 1884/85, 1895, 1899/1902, esta, la mayor de ellas, la de los Mil Das: la relacin Iglesia-Estado, en la que precisamente se consolid el proyecto, que haca un siglo vena andando, de la Iglesia-docente : el encargo, por parte del Estado, a la Iglesia catlica no solo para el manejo de la educacin sino para la evangelizacin forzada de las tierras de misin . Esa relacin de dependencia del Estado frente a la Iglesia se pone de presente en su novela cuando previamente al deceso de Josefa, a quien el cura del casero no atiende finalmente porque Josefa era una ramera...! Viva amancebada...! [...] Sus hijos [...] son hijos de nadie... Son hijos del pecado!, Nelly y el viejo pescador Esteban discuten sobre si aqul, el cura, vendr: T, viejo dijo la mujer hablas muchas majaderas. Ya vers. Viene y se le har entierro... si muere. Y Esteban afirma: l est con ellos [los conservadores] l est contra nosotros dijo lenta y suavemente, mirando el cuerpo de Josefa Dicen que nuestro partido ya no es el partido de la Iglesia. Respecto al caso de Josefa y su amancebamiento cabe sealar que slo hasta 1983 la Iglesia catlica colombiana reconoci todos los derechos de los hijos naturales . Fuera de no poder recibir ciertas rdenes sagradas, bautizo, primera comunin, extremauncin, eran siempre objeto de escarnio y discriminacin una vez identificada su condicin. Las comunidades religiosas impedan su ingreso a ellas y en muchos colegios catlicos eran rechazados por el simple hecho de ser hijos naturales . Y respecto a la discusin de Nelly y Esteban, que, desde la creacin de los partidos tradicionales, los conservadores tuvieron a la Iglesia Catlica como su principal aliado, mientras que los liberales propugnaron siempre por una separacin entre Iglesia y Estado, por un Estado laico, como a la letra, pero no en la prctica, lo consagra la Carta del 91. La actitud de la Iglesia frente al liberalismo, cuando no de rechazo y condenacin, fue de reserva. Durante la Violencia el clero proscribi la pertenencia al Partido Liberal y lleg hasta la amenaza de excomunin a sus militantes, como le pas a Usted mismo cuando fuerzas oscuras , conservadoras, jeje, fueron a buscarlo al campo, a su finca, en la que estaba con su mujer, Beatriz Harry y sus hijas Mara Francisca y Adriana. Tal vez nada ms merecido, aqu, que escuchar/ver el testimonio frente al conflicto del fotgrafo Jess Abad C., quien gracias a una foto puso en evidencia la alianza execrable Paramilitares/Estado/Ejrcito y Polica: honesto por tico reportero antioqueo que ha registrado, mejor y ms ampliamente que nadie, los estragos de tan repudiable asociacin para delinquir, de la cual ya se han derivado numerosas demandas contra el Estado colombiano, por delitos de lesa humanidad. Abad ha retratado lo peor de la condicin humana, as como, por contraste, lo mejor de su dignidad: la resistencia heroica de campesinos, que, mediante diversos medios y tcticas, han tratado de burlar, no siempre con eficacia, a todos aquellos criminales que exhiben, con suprema sevicia y mximo impudor, las armas del estupro, el saqueo, el pillaje, la violencia y la muerte. En suma, un desgarrado y desgarrador documento para la memoria, para la historia y, a la vez, por dolorossimo contraste, para la historia universal de la infamia colombiana.

https://www.youtube.com/watch?v=jSqwUFmoLWk 8:12 JAC habla de las vctimas del conflicto en NC

Otro hecho relevante respecto a que Marea de ratas es la historia de muchos hombres tiene que ver con que en la creacin de personajes est una de sus mayores virtudes: [los personajes] hablan, dicen cosas y, al decirlas, desenmascaran sus caracteres, afirmaba Usted en El Correo . Aunque delineados de manera breve, los personajes creados por Usted poseen perfiles que recurren a la espontaneidad y la precisin lo que los hace verosmiles, pinceladas que bosquejan bien sus rasgos y les permite moverse con fluidez y naturalidad y con el carcter y la personalidad suficientes para distinguirse unos de otros y mantener su autonoma. Entonces, bastan unas pocas palabras para cincelar el carcter del bilogo Juan Bergchem bilogo ... insoslayable asignacin vital en un espacio de muerte: a la muerte se opone la vida: cuando se hizo hombre de ciencia, tom la razn como amuleto y la guard en uno de los bolsillos de su chaqueta. Y recuerde que es, preciso, la razn de Estado la que este esgrime para sustituir a la Razn apelando al terror. Si a esto se agregan la fraternidad y la libertad, los cultos de Bergchem, quien hacia el eplogo ratifica su posicin (Si por religin entendemos culto ... tengo dos. Rindo culto a la tica y rindo culto a la humanidad. Yo creo en el hombre) entonces, sin haber definido ningn rasgo fsico, Usted ha hecho el retrato psicolgico de un hombre ntegro al que no alteran los vejmenes a que lo somete el capitn, ni le tiembla la voz para aclararle lo que son los aldeanos: No estamos de acuerdo, seor. Siempre hago uso de las denominaciones exactas y para m el trmino preciso en este caso es oprimidos ; no rebeldes . Esa precisin en los trminos proviene de un cientfico , con lo que Usted alude a la investigacin que todo texto literario debe tener. Factores que la crtica a veces omite y que ciertos intelectuales desdean, como queriendo decir que ni la obra ni el tema abordado merecen tanta dedicacin: despus de todo, la violencia fuera de ser nuestro pan de cada da, parece ser un asunto de otra galaxia que a la mayora no le toca... A esa fuerza en la descripcin psicolgica se suma el capitn; luego, el sargento Gabino, el antiguo jefe militar del pueblo y amante de Nelly, asesinado por orden del capitn mismo al sospechar que estaba con los otros , los liberales... que son mayora en un poblado conservador ; el cabo, que le suceder en el cargo; Nelly, la poderosa y bella mujer que se ofrece en sacrificio para intentar salvar a 50 personas tomadas como rehenes hasta que aparezca el victimario de Gabino, victimario al que en un acto de cinismo y cobarda el capitn ubica entre los lugareos; Pedro, hermano de Nelly, fiel servidor de Bergchem y depositario ltimo del secreto que el capitn le suelta a Nelly al odo: Eso suceder y usted no podr irse, Nelly. La gente del pueblo y mis hombres deben creer que usted es mi amante.

https://www.youtube.com/watch?v=f0sCy3rebX0 8:07 Len Chvez Teixeiro La mujer (se va la vida)

https://www.albumcancionyletra.com/la-mujer-se-va-la-vida_de_leon-chavez-teixeiro___150462.aspx  

Y eso significa que no ser Nelly sino Pedro quien deba ceder a las pretensiones sexuales del capitn. A propsito, tal vez no haya en la literatura nacional una ms acertada referencia a la homo-pulsin, sin que exista mencin expresa de ella: apenas insinuaciones, como la del secreto que el oficial guarda. He ah un hombre el que peca y reza empata, lema que mejor lo define en el que cohabitan promiscuidad, abyeccin, temores patolgicos, contradiccin, complejos de inferioridad, fanatismo: el que se pone en evidencia tras el servil ofrecimiento del alcalde, ya destituido, en el sentido de que no slo le ha arreglado una de las alcobas de su casa, sino que En casa comer y vivir. Mi mujer y yo lo trataremos como a uno de nuestros hijos. Metfora sobre cmo la autoridad protege al fuera de la ley, si no delincuente. Entonces, cuando los ojos brillantes y fanticos del capitn se detuvieron en el rostro de aquel hombre de duras facciones cuyo retrato colgaba del muro, atrs de la silla del alcalde, l mismo exclam: Ese es el hombre! dijo, con voz emocionada Por l debemos luchar, vencer o morir...! Lo primero, parodia de la expresin latina religiosa Ecce homo , que puede indicar el mesianismo del personaje referido, el Pte. L. Gmez: aunque tambin podra ser el   de entre 2002 y 10 y recen lectores, a los Santos ,   para que la cosa no siga. Lo segundo, tcita alusin al sacrificio popular, pero tambin por quin debe hacerse.

Otros dos de los aspectos destacables de la estructura literaria son el estilo y el dilogo: el primero, directo, sin afeites ni sofisticacin, a travs de un relato limpio y no obstante expresivo, certero: Y por qu diablos hay guerra. Porque hay soldados. Si no hubiera soldados no habra guerra, Los policas van tambin a la guerra? S, llegado el caso, tambin. Entonces unos y otros son la misma cosa Y, quin paga a los policas? El gobierno paga todo, tiene mucho dinero porque l mismo lo fabrica. Y los impuestos? Van al gobierno, con ellos completa los gastos. Entonces nuestro dinero es para pagar policas y soldados; tambin, a travs de una descripcin austera y concisa en una forma realista, preada de pureza, a la que se suma una gran fuerza psicolgica. Como cuando en el cap. tres el Capitn pregunta por los nuestros y el alcalde le contesta que son tambin hijos de la aldea, pero muchos no van al trabajo, slo acuden a cobrar el sueldo y lo hacen como si le prestaran un gran servicio al pas. O cuando se seala que, all en la aldea, la gente es distinta a la del resto: en el interior hay vas de comunicacin, ciudades con servicios y los hombres viven informados. Mientras en la aldea el telgrafo rara vez funciona, el telfono casi nunca y el mar es la nica va de acceso. Otro ej.: en medio del calor, los nios juegan, dice el alcalde, porque no hay escuela; la tropa tuvo necesidad del local, responde el capitn, y aqul le replica que no es por eso sino por el nuevo orden : el maestro y la maestra no eran del partido de gobierno y no hubo nadie capaz de reemplazarlos. La superioridad supo de ello, pero antes el alcalde lo haba consultado con el cura, acatando el nuevo orden , ya que al cura no le gustaba la maestra y haba tenido un altercado con el maestro por algunas lecturas .

Qu se infiere de estos ejemplos, los que evidencian que, si algo no cambia en un pas desde la poltica, dice Perogrullo, es porque a la poltica no le interesa el cambio y por eso en cada eleccin lo menciona como un melcochudo eslogan y por eso mismo nada cambia o todo cambia para que las cosas sigan igual? Del primero, no es difcil ver cmo se desprende el infructuoso ramaje de la burocracia, en la que habitan esos bichos que apenas van a su trabajo a matar el tiempo, a ejecutar chisgas extra laborales, a chuparse el presupuesto de una nacin, los verdaderos anti-sistema, no los que disienten o protestan para tratar de cambiar un pas, mientras los funcionarios de bajo perfil, los que ayudan a construir ese pas, pasan desapercibidos y en no pocos casos son vctimas inocentes de impublicables abusos y chantajes; en otros tantos ms, se ven involucrados en delitos que nunca cometieron y terminan pagando a cambio de sus discretos superiores. Del segundo, es fcil entrever lo que de forma intil se pretende esconder: el divorcio entre las distintas zonas del pas por la desidia oficial que slo hace obras que les sirvan a los intereses de la inversin extranjera (minas, energa, petrleo) y hoy de las nacionales detrs del Estado, el que jams piensa en los pequeos y medianos productores para que puedan sacar sus productos al mercado. Del tercero, se infiere que al nuevo orden no le interesa la educacin de un pueblo, porque un pueblo instruido es ms peligroso para los intereses de sus conservadores dirigentes; y aqu no cabe diferencia alguna entre liberal y conservador: no olvida Usted que las banderas de ellos son dos trapos distintos de igual color, el del amancebamiento poltico. Tambin, como ms de medio siglo despus se evidencia el drama, que la mayor parte del presupuesto se destina al MinGuerra, no MinDefensa, o sea, a la guerra, a una que no termina porque no interesa que termine, como tampoco que se acaben paracos ni guerrilla porque ahora Colombia comienza a hacer parte de la OTAN/OCDE. Porque s, porque sin actores no hay drama o comedia, que no es el revs de la tragedia sino su complemento, al menos para quienes piensan que hay guerra porque hay soldados pero que olvidan que sin soldados no slo no habra guerra, sino que habra paz y no por decreto, eso s, no sin que antes haya justicia social. Aunque eso no signifique el fin del conflicto: porque como deca Zuleta un pas sin conflictos es un pas inmaduro para la guerra; que es lo que hay como se infiere en El primer hombre , de su querido Camus: Siempre hay guerra. Pero lo normal es creer que hay paz. No, lo normal es la guerra Y en ella el pas siempre ha estado pese a los vanos intentos oficiales por negarla, como se comprueba con cada presupuesto del pas: cada vez menor para la educacin y con el que cada vez se lucran ms las autoridades de todo caletre: las mismas que han convertido al pas en un desierto y en el que el campo no es sino nostalgia: una cua institucional con Nairo mostrando lo que ya no hay a causa del TLC con los gringos.

https://www.youtube.com/watch?v=8IdK0G1c2g4 3:23 Mi desierto Gabino Palomares

C uando en el cap. doce el Capitn y el Cura recriminan a Bergchem por sus actividades subversivas y le piden explicar por qu abandon su lucrativa profesin de bilogo, ste les responde no slo no mintiendo ni diciendo ms de lo que debe, sino lo justo, lo que el injusto no puede aceptar por su propia condicin: El verdadero cientfico no vive en funcin del dinero No? No. La mentalidad de los hombres de negocios es distinta a la nuestra [] Explquenos: por qu causa dej de ser bilogo? No se puede dejar de ser bilogo Ahora quiere explicarnos [] las causas que lo obligaron a abandonar su trabajo? El miedo. El miedo? Miedo de qu? [] Es difcil de explicar Y mientras trata de responder Bergchem ve al cura y piensa: Magnanimidad de sacerdote. Piedad unilateral en su condicin de hombre alimentado por una creencia dogmtica. Era una obsesin. Estaba obsesionado con los secretos recnditos de la materia viva. Si lograba comprender el funcionamiento de los genes y la composicin qumica de los cidos nucleicos, lograra producir vida de la materia inerte. Un da comprend que mi pensamiento tena un lmite y nada era yo como hombre, ser insignificante ante la concepcin del cosmos donde mi inteligencia resultaba endiabladamente pequea para comprender la esencia y la estructura de una clula cualquiera. Quiz, por el momento, hubo algo mental: depresin, cansancio, yo no s Pero ms tarde, cuando vi a mis compaeros de trabajo, luchadores incansables en pos de la vida, entregar su ciencia al servicio del tecnicismo de la guerra y de la muerte, resolv huir de la civilizacin, escapar, volver a nacer si era preciso Y luego, cuando le preguntan por su amigo Taylor, un hombre perseguido por la justicia al que se le acusa de contrabando de armas para los rebeldes, Bergchem responde con una claridad que pasma, como para disipar las dudas: para m el trmino preciso en este caso es oprimidos; no rebeldes. A propsito del extranjero que se funde con aldeanos pescadores, podra consignarse lo que Camus abona a Mersault, en la edicin gringa de El extranjero : El hroe del libro es condenado porque no juega el juego, porque rechaza mentir. Mentir no es slo decir lo que no es. Tambin y sobre todo significa decir ms de lo que es, y, en lo que respecta al corazn humano, decir ms de lo que se siente. Esto es algo que hacemos todos, a diario, para simplificar la vida. Mersault, contrariamente a las apariencias, no quiere simplificar la vida. l dice lo que es, rehsa enmascarar sus sentimientos y al instante la sociedad se siente amenazada No es del todo errneo, pues, ver en El extranjero la historia de un hombre que, sin actitudes heroicas, acepta morir por la verdad (Vargas Llosa, Wikipedia). El caso de Bergchem, quien muere por la verdad antes que verse obligado a aceptar la insensatez de fuerzas arbitrarias como las que muchas veces penden sobre la conciencia de una sociedad: fuerzas arbitrarias que encierran en s la letana de los poderosos, que compran leyes, alcaldes, curas y gobernadores, con su dinero, en este pueblo sin pantalones, del que habla Gabino Palomares, en el que la prensa tambin es de ellos pues la manejan y patrocinan.

https://www.youtube.com/watch?v=mVla2RPnXOw 3:11 Gab. Palomares La letana de los poderosos

El segundo, el dilogo, el mrito mayor, reside en la profunda intencin psicolgica que lleva a develar el mundo de los personajes, en los que el narrador se vierte y los hace evolucionar: hay muchos ejs. El ya citado dilogo de pescadores acerca de policas y soldados que termina con el problemtico saber, problemtico para los miembros del nuevo orden que Bergchem le ha transmitido a uno de los primeros; el de capitn y alcalde, en el cap. tres , en el que a travs de un exhaustivo interrogatorio, que crece en intensidad a medida que avanza a la vez que desata los nudos del conflicto y la pugna tcita entre autoridades: las que deberan cooperar entre s pero terminan mostrando lo que todos ya saben aunque nadie sepa nada de nada como, inocentes, dicen los pescadores. Esa pugna tcita entre uno y otro se muestra en un lacnico ejemplo: Entindame, seor alcalde: o se est con el gobierno o contra el gobierno. No hay ms solucin. Le aseguro capitn: el ochenta por ciento de los hombres de esta poblacin no sabe cul de los dos partidos rige, actualmente, los destinos de la nacin Por favor, alcalde dijo con dureza el oficial. Entindame. Tratar de hacerlo, capitn No trate de hacerlo! exclam el oficial. Entienda! Por ltimo, el dilogo entre Nelly, la hermana de Pedro, y el capitn acerca del secreto de ste, en el cap. trece : Cul es el secreto? Es un secreto y un trabajo . Se lo dir y usted me ayudar a realizarlo verdad? Nelly medit: Es difcil? No, no es difcil. [] No va contra los hombres de la aldea. [] No hay un asesinato de por medio. [] Tampoco se trata de cosa poltica. Acepto, capitn! dijo ella, y cuando lo dijo pens que lo haba dicho sin quererlo. Entonces el miedo volvi a ella. Era un miedo sucio y de nuevo comenz a temblar.

Como se puede notar y sentir, su novela, al contrario de tanta literatura sobre la Violencia que naufraga entre el inmovilismo, el lugar comn o el tema de moda, sacude y alarma sin premeditacin; toca la llaga social que tiende a la endemia, que ya es; se opone sin ambages a todo tipo de violencia y muestra como nicos soportes de la convivencia social a la fraternidad, la libertad, la igualdad, la tica, la tolerancia y, desde luego, la paz, como lo deja entrever Bergchem cuando en el interrogatorio a que lo somete el capitn, hecho que cabe reiterarse, tras confesar la causa de su renuncia a la biologa (Era el miedo. El miedo ante el pavoroso misterio de la esencia de la vida misma) y definir la sesgada posicin del cura (en su condicin de hombre alimentado por una creencia dogmtica), manifiesta: Pero ms tarde, cuando vi a mis compaeros de trabajo, luchadores incansables en pos de la vida, entregar su ciencia al servicio del tecnicismo de la guerra y de la muerte, resolv huir de la civilizacin, escapar, volver a nacer si es preciso... Potente y valerosa declaracin de un escritor a travs de una novela de dilogo que poco se ha ledo. Volver a nacer si es preciso: nica salida para un pas acostumbrado a la guerra, que olvida que slo al disminuir el horror de la muerte, puede disminuir en el colectivo el eco de los horrores del sistema: horrores que expa el capitn en el cap. ocho y que aventurando una hiptesis podra contener la expiacin de una culpa... como quiera que Usted tambin fue capitn de la Armada: al cabo, querido AE, la autoconfesin es el sucedneo perfecto de la creatividad. En fin, nica salida para un pas que, por culpa de sus dirigentes, ha permitido que la escuela sea ocupada por el cuartel... como pasa en su novela . Como pasa hoy en la realidad socio/poltica y econmica del pas.

Dicho smbolo se presenta cuando el capitn entr en el cuartel/escuela y el narrador describe que los bancos escolares arrumados contra el muro y hasta el techo, daban espacio a los fusiles y a las hamacas. Aqu cabe recordar lo que Castrilln, el falso delegado del partido liberal, en realidad espa del conservador, confiesa: Desde luego todo fue frustracin: los smbolos no existan. Quizs nunca haban existido: eran simples ratas medrosas, extenuadas de correr, de vivir a la sombra de las cuevas, listos a firmar excomuniones contra todos aquellos hombres dignos y lo suficientemente valientes para portar entre sus manos un fusil. No obstante, cuando scar Hernndez le pregunt por las ratas en la novela, Usted dijo: Son representaciones simblicas, pero en el fondo tambin son alguien. Respuesta que aun al ser tan abierta como la obra, permite concretar: las ratas son la plaga vestida de verde, con botas negras y largos bastones brillantes, policas y soldados, todos los capitanes del mundo a los que, en un desgarrado gesto de impotencia, patea Nelly al enterarse del secreto que hasta ese momento guard el capitn, despus de que ella misma se humillara ante l: Pate a la vida, pate a la muerte, pate a su maldita resignacin, a todos los opresores y a todos los oprimidos, pate a todos los capitanes del mundo. En su impotencia, tal vez patea contra s por un motivo adicional: al dejar el cuchillo bajo la almohada de Pedro, sabe que a la vez se convierte en potencial generadora de violencia, si es que no en cmplice directa de asesinato. Con lo cual Usted estara recalcando lo que, en este caso s, todos saben: la violencia slo trae ms violencia; la inequidad y el hambre slo pueden traer violencia y represin; la falta de educacin, no en la mesa, claro, igual Ah, y la intolerancia con la diferencia, el irrespeto hacia los de afuera: por aquello de ser ateo y extranjero al tiempo, como ocurre con los casos de Juan Bergchem, del pastor Fischer, del capitn Taylor, frente al abuso de las autoridades, tan certeramente representadas por el capitn, el cura y el alcalde. Y en la que si acaso falta el gamonal para completar el cuadro es porque en funcin del texto resulta inoperante: ms que por la ausencia de gobernabilidad, por el desmadre autoritario en los campos colombianos, signados entonces por dos tipos de miedo: el terrgeno y el sobrenatural. Uno, manejado por polticos y autoridades; otro, por el clero. Ambos, irrefutables/absolutistas.

Y ya que se habla de autoritarismo cabe decir que este, no solo respecto a Marea de ratas , es una clase de relacin social unilateral, jerarquizada; una lucha de clases o la aplicacin de la dialctica del amo y del esclavo, de Hegel, vista por Marx. El Poder fluye desde una sola fuente, vertical. Es categrico/imperativo, no soporta preguntas, no espera respuestas ni admite rplicas; se considera irrefutable/infalible; cree tener siempre la razn y la verdad, as sea en tiempos de la posverdad, de la mentira oficial decretada como verdad clandestina; no reconoce sus errores ni, mucho menos, tolera los ajenos, los que ni contempla. La autoridad quiere seguir en el panptico, aun sabiendo que ya las crceles no son cerradas sino abiertas y, as, quiere ver sin que la vean, controlar sin ser controlada, preguntar, pero no responder, menos de forma concreta, sino con evasivas o amenazas o eliminando a testigos, juzgar/censurar/estigmatizar, sin ser estigmatizada/censurada/juzgada, en fin, mandar, pero no obedecer, obedecer, incluso, pero no cuestionar por qu obedecer. Quien es autoritario sospecha de todo lo que no se le parece, lo que es diferente, lo que no percibe como de su lado, si no suyo, y halla en ello una amenaza, si no una afrenta; desde su orilla todo se presenta en b/n y nada tiene matices, ni grises, as todo en l sea gris, satanice la diferencia y sacralice lo parecido. El autoritario es sombro, srdido, hiertico. Su imperio se establece sobre la base del miedo, es rgido y siempre igual a s mismo, su palabra es sinnimo de dogma, poseer la fuerza es requisito suficiente no solo para dominar sino para aplastar al otro, ojal sin que el otro se queje, como quien encarna el sndrome de esto (es el) colmo .

Todo esto, podra ser una semblanza del carcter y del actuar del capitn, annimo por dems, y que de reprimido por el Gobierno pasa a represor del pueblo. Una que otra frase refuerza lo dicho; el capitn seala: Nosotros, los militares, no damos consejos. Damos rdenes (p. 153), mientras acaricia la pistola, sentido y esencia de la persuasin (bid.). Y luego: Para imponer el nuevo orden y sostenerlo, nuestro partido cuenta con las dos fuerzas ms poderosas: las armas y el clero (p. 159). Para rematar: El partido debe ser nico, sin oposicin. Si usted lo hubiera hecho ya habramos liquidado a los tercos y el resto volteado cola a engrosar nuestras filas. (p. 160). Solo le falt: Quien no est conmigo, est en contra ma, como dicen todos los patrones del Norte a sus esclavos del Sur. Tal como seala Gabino Palomares: Hoy, en pleno siglo XX, / nos siguen llegando rubios, / y les abrimos la casa/ y los llamamos amigos. / Pero si llega cansado/ un indio de andar la sierra/ lo humillamos y lo vemos/ como extrao por su tierra. / T, hipcrita que te muestras/ humilde ante el extranjero, / pero te vuelves soberbio/ con tus hermanos del pueblo. /Oh, maldicin de Malinche/ enfermedad del presente/ Cundo dejars mi tierra? / Cundo hars libre a mi gente?

https://www.youtube.com/watch?v=2MUj1annD6w 2:41 Gabino Palomares La maldicin de Malinche

Si lo anterior no sirviera, querido AEM, para demostrar que las ratas en el fondo tambin son alguien , lo que sigue contribuye a disipar esa alegrica nube negra de la duda que hasta ahora pueda flotar en el ambiente: Yo slo ser libre cuando haya muerto la rata sanguinaria que calza botas negras, seala Castrilln. Duda que sigue impidiendo a todos aquellos que intervienen en la guerra ver que toda esa podredumbre, vileza y abyeccin en que se hunde el pas es responsabilidad de todos: en especial de quienes no se sienten vctimas ni verdugos y ahora saben, aun resistindose a creerlo, que son ambas cosas. Como le pasa al capitn, al alcalde, al cura. Como le puede pasar a Nelly, eso s ms por ingenuidad que por una actitud perversa, la de aquellos tres fieles servidores del nuevo orden , las instituciones, la disciplina. A quienes solo les interesa es aplicar la ley sin tener en cuenta lo que alguna vez preguntara Camus y que en s contiene la ambigedad de ser vctima y verdugo al tiempo: Cmo ser justo sin engendrar injusticia? Pertinente pregunta no slo para los creadores de libertad/ igualdad/ fraternidad, trptico engaoso que junto al de Dios/patria/libertad tanto problema ha trado a los colombianos, a causa de la funesta alianza entre el credo dogmtico de la Iglesia y la dogmtica fe de los polticos, de ambos colores, en el fondo dos trapos distintos y un solo color: el ocre del amancebamiento por y para el dolo, compartido a costa del erario pblico. Como el del Frente Nacional, v. gr., del que, desde el silencio, nos habla esa novela de dilogo en un pas de sordos llamada, no de balde, Marea de ratas .

Muchas gracias, querido AEM, porque antes de que a Andrs Caicedo se le ocurriera, en 1977, poner a una mujer de protagonista en una novela colombiana, ya Usted en 1960 haba puesto a Nelly (y qu feliz coincidencia, as, aunque con distinta grafa, se llamaba la mam de Andrs), de protagonista, en un medio patriarcal/machista/androcentrista como el nuestro. Muchas gracias, su obra me hizo tomar conciencia poltica, sin que a la vez haya sentido el ltigo del panfletario, la fusta del misntropo o la lengua hiriente del mamerto*. A la patria .

https://www.youtube.com/watch?v=SBrAVBwGVDI 3:55 GABINO PALOMARES A la patria

* https://www.las2orillas.co/que-significa-ser-mamerto/

https://www.las2orillas.co/el-verdadero-origen-de-mamerto/

(Echeverri Meja, Arturo. Marea de ratas . Aguirre Editor, 1960, 1 edicin, 171 pp. Edicin crtica de Augusto Escobar M. Editorial Universidad de Antioquia. Medelln, 1994, 1 edicin, 314 pp., de la que se cita en este ensayo)

Luis Carlos Muoz Sarmiento (Bogot, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crtico literario, de cine y de jazz, catedrtico, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Colaborador de El Magazn de El Espectador (EE). Mencin de Honor por su trabajo sobre MLK, en el XV Premio Internacional de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (5/feb/2018). Hoy, autor, traductor y coautor, con Lus Eustquio Soares, de ensayos para Rebelin y desde el 23/mar/2018, columnista de EE.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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