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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-10-2018

Qu significa la irrupcin pblica de Vox

Alberto Garzn Espinosa
eldiario.es

El fascismo es como un cncer, que cuando est poco evolucionado es muy fcil tratarlo pero muy difcil diagnosticarlo y cuando ha evolucionado es muy fcil diagnosticarlo y muy difcil tratarlo


Uno de los riesgos colaterales que tiene la irrupcin pblica de un partido de extrema derecha en nuestro pas es que puede llevar a las izquierdas a enfrentamientos poco fructferos. Presenciamos estos das un reguero de acusaciones acerca de qu corriente terica u organizacin poltica tiene ms la culpa del crecimiento de la extrema derecha, y la verdad es que creo que esto no sirve de mucho. Ms conveniente sera, en todo caso, que estemos dispuestos a abandonar aquellas ideas preconcebidas que carezcan de respaldo emprico y tratar, entre todas, de articular una ofensiva que sea, al mismo tiempo, un muro de contencin frente a esta noche oscura.

1. No es fascismo, o no slo

El fascismo es un producto histrico que no se ajusta del todo bien al fenmeno actual de irrupcin de la extrema derecha. Tras la derrota del eje germano-italiano en la II Guerra Mundial y la construccin de las democracias europeas a partir de un espritu antifascista, los partidos que se declaraban herederos de los regmenes fascistas del perodo de entreguerras nunca tuvieron una gran presencia electoral. La excepcin fue el Movimiento Social Italiano (MSI), que se declaraba neofascista y que lleg a recibir hasta tres millones de votos un 9%- en los setenta. Pero en la dcada de los ochenta empezaron a surgir nuevos partidos que se cuidaron mucho de no emplear las simbologas y terminologas fascistas. Estas nuevas organizaciones asuman parte de la ideologa y programa de sus competidores directos, pero con nuevas tcticas para evitar la estigmatizacin pblica. Gracias a ello, fueron desplazndolos de la arena poltica. En Alemania fue sintomtica la irrupcin de Die Republicaner en 1983 y de Alternative fr Deutschland en 2013, mientras que en Italia la fundacin de la Liga Norte en 1989 termin por hundir al MSI. Tambin paradigmtica fue la fundacin en los setenta del Frente Nacional en Francia, constituida a partir de pequeas organizaciones fascistas, y su conversin ideolgica y generacional en 2011 con la llegada al liderazgo de Marine Le Pen.

Uno de los rasgos clave de esta nueva extrema derecha, y que lo diferencia de sus antecesores, es que son capaces de llegar a una base social mucho ms amplia, menos ideologizada y, en consecuencia, ms normal. Los estereotipos y caricaturas no suelen funcionar con estos productos polticos, tampoco para estigmatizarlos, debido a que su apoyo no es ya en clave nostlgico-ideolgica sino por motivaciones polticas presentes. Digamos que el tapn antisfascista de 1945 se ha desgastado.

2. Son, sobre todo, reaccionarios

De la misma forma que puede entenderse el fascismo como una reaccin a la modernidad, y en especial al desafo que sta supona para los valores tradicionales, la nueva extrema derecha es tambin una reaccin a elementos de la llamada posmodernidad. En gran medida estos movimientos reaccionan frente al auge de los nuevos movimientos sociales que, surgidos a partir de los setenta y ochenta, proclaman pacifismo, libertad sexual, igualdad de gnero, ecologismo radical, polticas de identidad, democracia radical, multiculturalismo, integracin tnica, etc. Los nuevos partidos de extrema derecha son autoritarios, nacionalistas y reaccionarios, si bien sus formas concretas dependen de sus contextos especficos (as, el Frente Nacional en Francia es un nacionalismo centralista mientras que Vlaams Belang en Blgica es un nacionalismo independentista).

Como se puede observar en el grfico anterior, lo que une a los partidos de extrema derecha no es su proyecto econmico, en el que van desde el estatismo de Amanecer Dorado en Grecia hasta el neoliberalismo de Alternativa para Alemania. La unin, el rasgo comn, es su componente de reaccin cultural y poltica.

3. Quin vota a la extrema derecha?

Mientras algunos anlisis subrayan que la globalizacin y la crisis econmica se encuentra detrs del crecimiento de la extrema derecha -tesis econmica-, otros anlisis apuntan a que es la capacidad de articular a los descontentos por la inmigracin y a las personas ms conservadoras -tesis poltica-. El debate es enconado y creo que bastante forzado. Creo que ambos planteamientos tienen elementos ciertos que se interrelacionan.

Por un lado, los grupos sociales ms desfavorecidos por la globalizacin y por la crisis perciben un mayor nivel de desproteccin ante el desmantelamiento del Estado Social y el avance del libre mercado, al tiempo que son los que ms sufren la competencia de nuevos grupos de trabajadores (a travs de la inmigracin o de los tratados de libre comercio). Esto dibuja un esquema anti-establishment, anti-liberal y estatista/nacionalista. Por otro lado, los grupos sociales tradicionalistas pueden aprovechar la coyuntura actual de crisis econmica para radicalizar sus posiciones culturales e identitarias, culpando a la posmodernidad de todos los males que asolan el pas para atraer a otros sectores sociales. Esto, en cambio, dibuja un esquema anti-establishment, reaccionario, nacionalista, autoritario pero no necesariamente anti-liberal. El que ambas explicaciones contengan elementos ciertos explica la diversidad de pruebas a favor y en contra de cada una de estas posiciones, lo que invita a abandonar cualquier caricatura o simplificacin del proceso en cuestin.

Lo mismo sucede con el tipo de votante de la extrema derecha, que est lejos de ser algo evidente. Sin embargo, se ha instalado en la opinin pblica la percepcin de que la responsabilidad del crecimiento de la extrema derecha est en la clase trabajadora. Esto no es nuevo, ya que el relato dominante sobre el ascenso de Hitler al poder ha sido tradicionalmente explicado por el supuesto papel de la clase obrera alemana. Lamentablemente esto es algo que incluso una parte de la izquierda ha asumido, aunque sea con desgana. Y, sin embargo, las cosas han sido y son bastante ms complejas.

Para empezar, los estudios que se elaboran dependen mucho de la metodologa. Un caso famoso sobre el NSDAP, el partido nazi alemn, demuestra este punto. Al trabajar con datos agregados por regiones se encontr una relacin entre el voto al NSDAP y el alto nivel de desempleo, lo que sugera que los desempleados haban sido los que empujaron a la victoria al nazismo. Sin embargo, al trabajar con datos individuales se encontr que los ciudadanos que an tenan trabajo fueron los que votaron al partido nazi, mientras que los desempleados no tuvieron esa responsabilidad.

Los estudios de las ltimas dcadas sealan que entre los rasgos comunes del voto de extrema derecha est que es ms probable en hombres que en mujeres, entre los estratos sociales con menor educacin formal, entre la juventud y sobre todo entre aquellos sectores con actitudes y moral conservadoras. Pero no hay relacin entre ser de clase trabajadora y votar a la extrema derecha, como tambin puso de relieve el hecho de que en ninguna de las grandes ciudades francesas tuviese Le Pen sus mejores resultados. El mayor voto al Frente Nacional se dio en las ciudades pequeas y medianas y en las regiones desindustrializadas, dando la razn a quienes como Andrs Rodrguez-Pose consideran que una parte de la explicacin del voto a estos partidos reside en los lugares que se quedaron atrs en el desarrollo econmico. El voto a favor del Brexit tuvo un comportamiento similar. E igualmente, la victoria de Trump no parece haber estado motivada por una cuestin de clase los que perdieron trabajos o ingresos no se hicieron republicanos en 2016- sino por un sentimiento de amenaza a su estatus hombres, blancos y nacionalistas que sienten su hegemona en cuestin.

En trminos de clase, no obstante, el caso del Frente Nacional es paradigmtico. Sus primeras propuestas se dirigieron a la llamada pequea burguesa (artesanos, tenderos, ganaderos, agricultores y otras personas autnomas, etc.), para lo que articulaba un programa liberal con algn contenido proteccionista hacia lo exterior. Pero poco a poco fue adaptndose a los cambios sociales y en los aos noventa busc la movilizacin de los sectores ms afectados por la desindustrializacin y las transformaciones econmicas, hasta el punto de convertir lo social y la crtica a la globalizacin y la insercin europea- en un eje central. Adems, el Frente Nacional fue desligndose de los sectores ms extremistas la frrea direccin de Marine Le Pen a partir de 2011 expuls a miles de militantes- y cuidando mucho ms el discurso. Tal y como ya hacan los neofascistas italianos, incluso abordaron la cuestin de la inmigracin como un problema provocado por las grandes multinacionales que buscaban mano de obra barata y en el que los migrantes eran las vctimas. La organizacin interna del partido, disciplinada y jerrquica, facilit la cohesin del discurso y el cuidado de los smbolos y discursos. La normalizacin de la extrema derecha era el objetivo a conseguir.

4. El caso de Vox

Para muchos analistas la irrupcin de Vox plantea una paradoja relacionada con los espacios polticos. Suele decirse que cuando un partido gira a hacia un extremo del eje izquierdas-derecha, se arriesga a que otro partido ocupe el espacio abandonado el centro- al tiempo que se considera ineficaz concentrarse en un nicho mucho ms pequeo los extremos-. Por eso que Vox emerja justo cuando Ciudadanos y PP se han escorado tan a la derecha resulta aparentemente difcil de explicar. Pero esto se plantea as porque se parte de que los partidos actan como una oferta que simplemente se adapta a las demandas de los ciudadanos, las cuales se suponen estables en el tiempo.

Sin embargo, la realidad es las demandas ciudadanas cambian y lo hacen adems al calor de las prcticas de los partidos. Dicho de otra forma: los partidos tambin configuran el terreno en el que juegan. As, la competicin por la derecha extrema entre PP y Ciudadanos, que bsicamente ha consistido en ver quin deca la mayor barbaridad, ha legitimado los discursos ultras en mbitos como la inmigracin y nacionalismo. Han normalizado lo anormal. Y eso ha permitido una oportunidad a un partido sin historia, sin el lastre de la gestin poltica y sin el peso de ser mnimamente responsable, por lo que tiene ms ventajas en ese campo. As, esta segunda vida de Vox es el resultado de la poltica competitiva entre PP y CS. Para muchos otros analistas, esto es precisamente lo que explic el surgimiento de nuevos partidos de extrema derecha en los aos ochenta, algo que coincidi con la ola neoconservadora de los partidos tradicionales de derecha.

Pero Vox es ante todo un producto reaccionario. Sus discursos as lo constatan. Reaccionan contra todo lo que supone la izquierda y la (pos)modernidad. Su ola viene empujada por la reaccin contra el independentismo, contra la inmigracin, contra el feminismo, contra la memoria histrica y contra el gobierno social-comunista que, parece ser, se habra instalado en Moncloa. Es ms, la retrica de sus dirigentes alude a esta actitud -somos la resistencia decan el otro da-. Vox no tiene otra cosa que polticas de la identidad, pero reaccionarias. En este sentido, encaja perfectamente en el esquema de las extremas derechas europeas.

Todava es pronto para tener datos rigurosos sobre el tipo de votante de Vox, pero podemos aproximarnos a esa informacin utilizando los resultados electorales de 2016. En la siguiente grfica se recoge la relacin entre el voto a Vox y la riqueza de los distritos, para el caso de la ciudad de Madrid. Como se puede comprobar, es perfectamente posible descartar que se trate de un producto de la clase obrera. Al contrario, su mayor nivel de voto est en los distritos ms ricos al tiempo que su nivel de voto ms reducido est en los distritos ms pobres. Vox, de momento, carece de base popular.

5. Las especificidades de Espaa

As como las extremas derechas europeas son nacionalistas y euroescpticas, lo que les ha llevado a convertir a las instituciones europeas en el objeto de sus crticas ms duras, en Espaa es improbable de momento que veamos algo parecido. Slo a raz de las decisiones judiciales en Blgica sobre Carles Puigdemont se ha elevado un poco la voz desde la extrema derecha espaola contra las instituciones europeas, pero no parece haber mucha base material para que proliferen estos intentos de sumarse a la ola euroescptica.

La Unin Europea ha sido para el imaginario mayoritario espaol equivalente a democracia y a desarrollo econmico. La inmensa mayora de las variables econmicas han mejorado respecto a 1986, incluyendo los salarios reales, y en trminos polticos Europa ha sido vista como espacio de modernidad y democracia desde antes de la Transicin. De hecho, Espaa es uno de los pases donde es mayor el sentimiento europesta. Actualmente el 82% de los espaoles se considera ciudadano europeo, frente al 61% de Francia o el 56% de Italia. Por el contrario, slo el 19% de los espaoles dice no considerarse ciudadano europeo frente al 38% de Francia y el 43% de Italia.

Ahora bien, la reciente crisis, y en especial la gestin que de la misma han hecho las instituciones europeas, ha afectado negativamente a su imagen y legitimidad. En efecto, la imagen de la UE en Espaa es actualmente positiva solo para un 33% de los espaoles y negativa para un 15%, mientras hace diez aos era positiva para un 59% de los espaoles y negativa para un 6%. Al mismo tiempo, los procesos de desindustrializacin en Espaa en las ltimas dcadas han tenido un impacto duro que ha dejado regiones enteras abandonadas econmicamente o merced a las transferencias estatales. Segn la OIT, desde los aos noventa Espaa ha perdido 785.000 empleos industriales, frente a los 1.797.000 empleos perdidos en Italia y los 1.300.000 empleos perdidos en Francia. Pero esas cifras esconden que el empleo industrial en Espaa ha pasado de representar el 33,4% del total en 1991 hasta el 19,5% de la actualidad.

No obstante, explotar esta situacin exige probablemente un proyecto que cuestione de lleno las polticas de austeridad, cosa que parece lejana en la derecha espaola. Una encuesta de 2015 de Metroscopia sealaba que pertenecer a la UE haba sido beneficioso para Espaa para el 90% de los votantes del PP, el 79% de los de Ciudadanos, el 69% de los del PSOE y el 58% de los de Podemos, lo que parece reflejar que en Espaa el euroescepticismo es dbil, viene por la izquierda y tiene razones econmicas.

El otro punto de consenso de las extremas derechas europeas es la inmigracin, algo que tambin tiene una dinmica distinta en Espaa. Tanto segn las Naciones Unidas como Eurostat, Espaa tiene una proporcin de inmigrantes sobre el total de poblacin mayor a Francia, Italia o Grecia, pero menor al de Alemania, Blgica u Holanda. Sin embargo, hay dos factores distintivos. Por un lado, en Espaa las principales olas de inmigracin procedan de Amrica Latina, con una cultura similar a la nuestra, y la falta de una poltica de vivienda social tuvo como efecto colateral positivo que no cre guetos para los recin llegados como claramente sucedi en Francia. Ambas razones pueden explicar en parte la ausencia de un sentimiento xenfobo hasta ahora en nuestro pas.

No obstante, la inmigracin es un fenmeno creciente entre las principales preocupaciones autopercibidas por la poblacin, probablemente por el discurso radical que tanto Ciudadanos como el PP han enarbolado este pasado verano. Hoy un 15% de los espaoles seala a la inmigracin como uno de los principales problemas, frente al 3% de hace un ao.

Otra serie de oportunidades que han aprovechado los partidos de extrema derecha tienen que ver con el carisma de sus lderes, el sistema electoral y la presencia territorial. Ninguna de esas variables parecen de momento inclinarse a favor de Vox, pero en momentos de alta volatilidad como los actuales eso puede cambiar rpidamente.

6. La idea de Espaa

Con estos elementos, parece que el elemento vehicular de la extrema derecha es su tradicionalista visin de Espaa. Esa nocin seala un nosotros que se cimenta sobre la identidad espaolista, asociada a valores morales conservadores y nacionalistas, frente a un ellos que prcticamente recoge todo lo dems, desde republicanos hasta independentistas pasando por comunistas, socialistas, regionalistas y hasta masones. Se notan an los cuarenta aos de dictadura que consolidaron en las instituciones e imaginarios sociales aquella vieja idea de Espaa construida sobre la mtica de los visigodos, la reconquista, la unidad sacrosanta y otras construcciones sociales parecidas.

Frente a este monstruo que ahora vuelve a levantarse creo que no nos valen ni el hiperracionalismo propio de las tradiciones ilustradas que niegan cualquier existencia de las identidades y por lo tanto de la idea de Espaa-, como tampoco la huida hacia delante que supone construir otras identidades en oposicin a la espaola. Lo que necesitamos, a mi juicio, es defender otra nocin de Espaa que puede recuperarse de la propia historia de nuestro pas: la idea de una Espaa plural, abierta, ilustrada, social, republicana y federalista. En suma: un proyecto alternativo al de la derecha radical no puede prescindir de este bagaje acumulado, por ms que suponga poner en tela de juicio los relatos histricos construidos, precisamente, por los vencedores. Y, sin embargo, esta nocin alternativa no est construida desde el simple idealismo sino que debe imbricarse en las transformaciones materiales de nuestro pas. Dicho de otra forma: la idea de otra Espaa debe suponer no slo otro modelo territorial o de gestin de las identidades sino sobre todo una alternativa al modelo neoliberal europeo, es decir, una ruptura profunda con el establishment y el capital financiero.

7. Un muro de contencin

El historiador italiano Sergio Bologna cuenta en su libro Nazismo y clase obrera que antes de la IIGM hubo una batalla crucial en Berln, una especie de guerra civil previa. El movimiento nazi saba que Berln era el corazn del movimiento comunista, y que ste controlaba la mayora de los barrios de la ciudad. Para acabar con esa hegemona, el NSDAP ide una estrategia de conquista paulatina de los lugares de socializacin obrera, en particular de las tabernas. Utilizando su mayor capacidad econmica, los nazis compraron las tabernas de los barrios obreros y consiguieron que sus militantes las llenaran. Poco a poco se hicieron con el control de los barrios, en un proceso acompaado tambin de mucha violencia, con lo que superaron a la oposicin obrera comunista, que era mucho ms dbil econmicamente y llevaba a sus espaldas largos aos de recesin. El resto de la historia es bien conocido.

Lo que creo que expresa bien este ejemplo es que la batalla entre proyectos polticos se da siempre en los espacios de socializacin, que lgicamente no son los mismos ahora que en el perodo de entreguerras, y que ello expresa la necesidad de tener una estrategia adecuada de insercin en esos espacios. Hoy se trata de barrios, centros de trabajo, bares, pero tambin de medios de comunicacin, redes sociales digitales y otros espacios. No por casualidad los estudios sobre la extrema derecha han subrayado la dificultad que tiene este movimiento en penetrar en el mundo sindical: all donde hay organizacin y cuadros es mucho ms difcil que la extrema derecha se asiente.

Hace menos de un mes Alejo Beltrn, un compaero que era corresponsable de Accin Poltica de IU Exterior y viva en Montpellier (Francia), fue noticia en los medios de comunicacin locales de Sevilla porque tuvo la valenta de bajar a una asamblea de barrio en la que los vecinos protestaban contra un proyecto de Cruz Roja para albergar inmigrantes en un edificio. Alejo defendi en completa minora que el problema no eran los inmigrantes, entre abucheos de sus conciudadanos. El caldo de cultivo est ah, y los muros de contencin no son suficientes de momento. Nuestro compaero, que sabe perfectamente qu es el Frente Nacional, saba dnde haba que estar en ese momento.

Quizs esta sea la mejor leccin que podamos aprender las distintas izquierdas: la necesidad de unirnos y tomarnos en serio amenazas reales, sin simplificarlas ni trivializarlas. Mi mujer, Anna, que es mdica, me lo expres metafricamente muy bien: el fascismo es como un cncer, que cuando est poco evolucionado es muy fcil tratarlo pero muy difcil diagnosticarlo y cuando ha evolucionado es muy fcil diagnosticarlo y muy difcil tratarlo.

Alberto Garzn Espinosa - Coordinador federal de Izquierda Unida

Fuente: http://www.eldiario.es/tribunaabierta/significa-irrupcion-publica-Vox_6_823177706.html



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