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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-10-2018

Entrevista a la investigadora Ana Mara Vara sobre el avance de la ciencia y sus consecuencias ambientales
El precio del progreso

Pablo Esteban
Pgina 12


Ana Mara Vara es docente-investigadora de la Universidad Nacional de San Martn.

Imagen: Sandra Cartasso

Las controversias involucran un polo poderoso, representado en los grupos privados que slo persiguen el lucro y, tambin, un polo ms dbil, encarnado en los grupos sociales desfavorecidos que buscan proteger sus recursos naturales y su salud. Para dnde patean los cientficos? 

Mirar a la ciencia por la cerradura de la poltica permite, entre otras cosas, comprender por qu el bien ponderado progreso no siempre implica mejorar la calidad de vida de las personas. La llamada Conquista al desierto pero, tambin, la megaminera y la incorporacin de los agrotxicos a la vida rural responden a un modelo productivista nacional con tramas histricas que debe problematizarse. La sociedad quiere el progreso pero: qu precio estamos dispuestos a pagar? El del genocidio de los pueblos originarios, el del agua y su derroche incontrolable, el del glifosato y sus efectos devastadores? Por supuesto que no. Envilecidos bajo el reflector del relato celebratorio y espectacular de la ciencia, nos volvemos incapaces de desmenuzar un escenario plagado de tensiones y poder. Ana Mara Vara, docente-investigadora de la Universidad Nacional de San Martn, define qu es el no-conocimiento, devela el rol que juegan las corporaciones en las controversias ambientales y explica en qu consiste su perspectiva latinoamericanista.

Qu es el no-conocimiento y por qu es tan importante para el avance de las ciencias?

En pocas recientes, en el marco de la sociologa, se le ha otorgado un lugar preponderante al no-conocimiento, concepto cuya emergencia estuvo vinculada al ambientalismo. Implica una perspectiva que propone un punto de quiebre al reflexionar sobre la ciencia pero de manera crtica. Sin ir tan lejos, son los xitos cientficos y tecnolgicos los que han provocado transformaciones de una magnitud tal que, a lo largo de la historia, nos han colocado frente a consecuencias imprevisibles e imprevistas. Por ejemplo, era imposible prever que la emisin del dixido de carbono, un gas imprescindible para la fotosntesis y la vida y emitido localmente, causara el cambio climtico que, actualmente, impacta a nivel global. De este modo, cada vez que se produce conocimiento se produce no conocimiento; de la misma manera que, con cada respuesta, surge una multiplicidad de nuevas preguntas.

Son las grandes industrias las que utilizan esa produccin de no conocimiento en su favor, para protegerse de acusaciones e incrementar sus mrgenes de ganancias.

Por supuesto, las reacciones feroces de la industria tabacalera ante los primeros indicios que sealaban que fumar produca cncer de pulmn son ilustrativos al respecto. Para 1950 ya existan estudios epidemiolgicos serios que exhiban esta relacin causal y, en efecto, las grandes empresas se concentraban en desviar la atencin del pblico. Cmo? A travs de la generacin de no-conocimiento y del empleo de artimaas muy hbiles de divulgacin cientfica. As, se publicaban estudios con el deliberado propsito de confundir; de aqu el concepto de agnotologa como la ciencia del no-conocimiento. Algo similar puede sealarse de la industria petrolera respecto al cambio climtico, la megaminera, o bien, de las corporaciones productoras de agroqumicos y las consecuencias en la salud de la poblacin.

En este sentido, de qu manera se vincula el no conocimiento con el concepto de controversia que usted tambin investiga?

Las controversias son situaciones en que los distintos grupos no se ponen de acuerdo respecto a un conflicto de implicancias sociales, por caso, a la conveniencia o no respecto de la implementacin de una nueva tecnologa. Frente a ello, las respuestas del sentido comn invariablemente se orientan en el sentido de: La ciencia resolver el conflicto; Los que se oponen a las pasteras no quieren el beneficio del pas; o bien, Aquellos que critican el empleo indiscriminado de agrotxicos se oponen al desarrollo tecnolgico y no entienden nada.

El problema es de enfoque: la ciencia no est por fuera de las controversias sino que participa directamente.

Exacto. Adems, hay una situacin clave: cuando nos encontramos frente a una controversia, la mayor parte del conocimiento necesario es producido por el polo promotor, es decir, por los actores interesados en fomentar tal o cual tecnologa. Si pensamos en la soja transgnica y el glifosato, por ejemplo, dentro del eje que fomenta su uso se encontrarn los grupos transnacionales de semilleras y agroqumicos, con Monsanto como emblema, un sector del gobierno nacional, a travs de la secretara de Agricultura, Ganadera y Pesca, que cuenta con un mandato productivista y promueve la incorporacin de transgnicos, reas del periodismo agropecuario y cmaras vinculadas al sector, y tambin, actores rurales locales que buscan aumentar su productividad y no reciben subsidios. Como es tan heterogneo este grupo, vale la pena que intentemos comprender sus lgicas de pensamiento.

Se trata de un polo promotor que tiene el capital y la capacidad de producir conocimiento.

Correcto. De este modo, los dos polos de la controversia no se hallan en una posicin simtrica. Las personas que se ven afectadas por la fumigacin del glifosato tienen que realizar un enorme esfuerzo para conseguir que sectores del complejo cientfico los ayuden a confirmar todo lo que el qumico produce: malformaciones, cncer y otras enfermedades. Por eso resulta tan fundamental que la esfera pblica, a partir del periodismo cientfico y la comunicacin pblica de la ciencia, pueda estar al tanto de esta situacin. El caso de Andrs Carrasco fue emblemtico pero no es el nico, pues tambin existen redes de conocimiento que se tejieron desde la Universidad Nacional del Litoral y la Universidad Nacional de Crdoba para estudiar el impacto negativo del glifosato en la salud y el ambiente.

En el capitalismo quien tiene el dinero cuenta con la libertad de utilizarlo a su antojo.

Esa situacin inclina la cancha. Adems, en las democracias occidentales tal cual las conocemos, existe un sesgo muy palpable, casi un mandato, que lleva a los gobiernos a responder primero, y a veces nicamente, a las necesidades de las elites.

Sin embargo, cul es el precio del progreso?

Esa es la pregunta que la comunidad cientfica necesita realizarse. Lo que le falta a muchos cientficos es la toma de conciencia poltica respecto de las funciones sociales que deben desempear, ms all de las pautas que el sistema impone. Volviendo al ejemplo, la actitud de Carrasco al compartir su investigacin en el diario, incluso, antes de publicarla en cualquier revista cientfica tiene que ver con una decisin tica perfectamente meditada. Saba que se expona pero tena la conciencia tranquila de haber realizado un buen trabajo y confiaba en que los resultados a los que haba arribado deban comunicarse lo antes posible. Como asunto fundamental, vale destacar que no era ningn improvisado sino que era un investigador que se haba desempeado como presidente del propio Conicet y que en ese momento (2009, cuando se puso en contacto con el periodista Daro Aranda para divulgar sus experimentos) asesoraba al Ministerio de Defensa.

Pero Carrasco perteneca al sistema, as que no podemos decir que absolutamente todos los cientficos estn desenganchados de las preocupaciones sociales.

Eso es cierto, hay muchos investigadores, sobre todo jvenes, que ponen su talento al servicio de mejorar la vida de los grupos ms desfavorecidos. Adems, por otra parte, no podemos esperar que todos los cientficos sean expertos en poltica cientfica, pero s tienen el derecho y la obligacin fundamental de participar de los debates pblicos vinculados a la sociedad de la que forman parte.

Por ltimo, sus producciones son construidas desde una perspectiva latinoamericana y latinoamericanista. Qu implica ello?

Ese enfoque puede aplicarse, por ejemplo, al conflicto de las pasteras que emergi all por 2005. Los primeros que comenzaron a movilizarse fueron colectivos uruguayos que, tras reconocer el problema de contaminacin y al advertir que su gobierno no responda a la demanda, fueron en busca de apoyo de los activistas argentinos. Para que esa colaboracin se sostuviera en el tiempo, en momentos en que la controversia se presentaba en los medios como un conflicto binacional, con un Uruguay productivista y una Argentina ambientalista, era fundamental la construccin de un discurso latinoamericanista con reminiscencias en el querido Galeano y sus venas abiertas. Eso me permiti, en el marco de la investigacin, dejar de comprender el problema como una disputa entre naciones vecinas para comenzar a interpretarlo como un problema de la regin.

A qu se refiere?

El conflicto dejaba entrever cmo Amrica Latina se ubicaba, una vez ms, como una vctima del intento de despojo perpetrado por naciones desarrolladas, instrumentalizado a partir del traslado de una industria contaminante a la regin. En la actualidad, sin ir ms lejos, tenemos un modelo de desarrollo que depende de la llegada de capitales extranjeros como componente central. Y eso, sin dudas, nos coloca en una situacin de debilidad estructural.

Ana Mara Vara es docente-investigadora de la Universidad Nacional de San Martn.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/149260-el-precio-del-progreso

 



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