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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-10-2018

Las bases del neonazismo

Guillermo Almeyra
Rebelin


Desde hace casi un siglo desde mediados de los 30 hasta hoy- el mundo est hundido en la barbarie, se acostumbra a ella, la naturaliza. En las mentes de todos pesan diariamente todos los horrores, los millones de muertos de la colectivizacin forzada en la Unin Sovitica, los goulags, los campos de concentracin nazis y el Holocausto que extermin millones de discapacitados, gitanos, comunistas y judos o los 30 millones de muertos en la ltima guerra mundial o la monstruosa matanza de civiles en Hiroshima y Nagasaki.

Aplastado el nazifascismo, siguieron las matanzas de los imperialistas franceses en Argelia, Tnez, Madagascar e Indochina, la guerra salvaje de Estados Unidos contra los vietnamitas, las destrucciones resultantes de la guerra de Corea y la guerra en Argelia que elimin un dcimo de la poblacin nativa, la ocupacin de Palestina con su brutalidad y racismo cotidianos, los 500 mil muertos en Ruanda y Burundi en conflictos sociales atizados por el imperialismo. La TV presenta entre una y otra noticia frvola o de crnica los migrantes ahogados y nufragos y recuerda Tlatelolco, Ayotzinapa o muestra las continuas amenazas nucleares de Trump y la espantosa situacin humanitaria en Yemen por las bombas de Arabia Saudita.

El capitalismo, que se afirm con el genocidio en la India y en Amrica, ha extremado su carcter criminal en estos dos ltimos siglos. Hoy marcha abiertamente hacia una catstrofe ambiental provocada por la avaricia y el desprecio a la Naturaleza y a los seres humanos o hacia una guerra nuclear intercontinental que pondra en riesgo la existencia misma de miles de especies, entre ellas, la humana.

Culturalmente, las sangrientas series televisivas y las pelculas de terror as como buena parte de la literatura popular y el auge de las religiones apocalpticas, son slo un exorcismo contra el horror y la muerte violenta que nos rodean.

Socialmente, las nuevas clases medias renen una mirada de trabajadores en los servicios y de asalariados precarios de todo tipo y pequeos propietarios rurales (que en Brasil se identifican con los latifundistas improductivos cuyas tierras ocupa el Movimiento de los Sin Tierra). Los artesanos y pequeos empresarios y comerciantes minoristas generalmente tienen distinto color que sus clientes pobres y temen la delincuencia violenta protagonizada por muchos ms negros y mulatos que caucsicos pues stos monopolizan en cambio la gran delincuencia de guante blanco que evade al fisco, exporta capitales o explota miles de personas y los medios de informacin marcan el primer tipo de delincuentes y ocultan el otro.

Esa polvareda humana, al igual que los pequeos propietarios rurales, no forma comunidades ni tiene solidaridad. Todos se sienten solos, compiten entre s y, sobre todo, ven como peligro principal la pobreza y temen caer a las filas proletarias pues los profesionales sin clientes, los comerciantes al borde de la quiebra, los estudiantes sin futuro o los empleados precarios viven en la incertidumbre. Por eso vuelcan su odio contra los ms pobres mientras envidian a los obreros que se defienden colectivamente con sus sindicatos y sus luchas.

El fascismo y el nazismo eran hijos del liberalismo, imponan el orden de los cementerios pero criticaban al capital financiero y ofrecan demaggicamente ventajas sociales para competir con la esperanza en el orden anticapitalista, socialista, porque millones de trabajadores daban entonces su vida por una esperanza en una sociedad justa y libre y crean posible esa alternativa. Por su parte, los liberales democrticos an tenan margen para mantener la democracia formal.

Hoy, en cambio, en una crisis que no termin y que va a rebotar fuerte a corto plazo, todos los Estados utilizan cada vez ms mtodos fascistas y, en los menos estables, se desarrollan movimientos racistas y nacionalistas fascistoides que han abandonado la retrica anticapitalista y que son ultraliberales en lo econmico y ultrarreaccionarios en lo social.

Los trabajadores resisten heroicamente y sus formas de lucha presagian grandes estallidos sociales en algunos pases. Pero los combates an no estn coordinados, la solidaridad internacional es incipiente y las luchas por s mismas no ofrecen un proyecto de sociedad alternativa, una esperanza creble, una utopa posible.

En escala mundial sin embargo existen miles de ejemplos positivos de comunitarismo, solidaridad, anticapitalismo, desde las autonomas indgenas, las autodefensas, las policas comunitarias, las fbricas en autogestin, las huelgas de enteras pequeas ciudades en defensa de obreros despedidos, las ocupaciones de tierras, la solidaridad popular con los emigrados en Italia, Francia, Alemania, Argentina, Mxico.

Pero los sindicatos combativos no crean ni una televisin propia que informe, analice, d ejemplos, eduque en forma alternativa ni utilizan la red social para organizar. Por eso en un pas como Brasil un racista declarado como Jar Bolsonaro puede ser presidente.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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