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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-10-2018

Qu se puede esperar de Bolsonaro?

Juan Agull
El Diario (Espaa)


La pregunta, en realidad, debera ser ms amplia: hacia dnde ir Brasil en los prximos aos? Si nos atenemos a los trapos sucios de Jair Bolsonaro, divulgados por la prensa internacional durante las ltimas semanas, fascismo puro y duro. Si se consideran algunos elementos, menos centrados en el personaje, la explicacin puede ser ms rica en matices. En realidad no se trata de blanquear al prximo presidente, un outsider, sino de saber qu puede pasar en la octava economa del mundo: un pas habitado por 208 millones de personas, que dobla en extensin a la Unin Europea y que suele ser frecuentemente asociado -desde que el intelectual viens Stefan Zweig public un libro al respecto, en 1941- a la idea de futuro.

Pese a ello en Brasil, ahora mismo, no se respira mucho optimismo. Como deca el humorista Millr Fernndes en tiempos de crisis, aqul es un pas con "un enorme pasado por delante". Un pasado que da pistas. La primera: Bolsonaro ser presidente pero, al igual que Lula da Silva (2003-2010) y Dilma Rousseff (2011-2016), no tendr un poder absoluto. Eso siempre y cuando, claro, no rompa las reglas del juego. En caso de que respete la Constitucin, lo previsible es que el parlamento de Brasilia siga siendo el gran escenario de negociacin. Es algo a lo que un pas que tiene ms de treinta partidos representados en el parlamento est muy acostumbrado. En ese marco, Bolsonaro y su Partido Social Liberal (PSL) no lo tendrn fcil: contarn con un porcentaje de escaos similar al de Ciudadanos en Espaa (10%).

Qu margen de maniobra dejar eso? Pues considerando que el cdigo deontolgico del citado PSL impide alianzas con la izquierda y que negociar con los parlamentarios sectorialmente, como pretenda Bolsonaro, no parece viable, lo probable es que tenga que entenderse con los partidos de centro-derecha (en Brasil, llamado Centro). El Centroes una decena de grupsculos que controlan el 40% de los escaos (ms o menos como el PP en Espaa), conforman una malla clientelista con ramificaciones en casi todos los Estados y defienden, ante todo, sus intereses: durante aos, constituyeron la base parlamentaria de los Gobiernos de izquierda hasta que, en 2016, promovieron el impeachment contra la izquierda. En estas presidenciales no han logrado rematar la faena, pero siguen mandando.

Su poder territorial, de hecho, sigue siendo inmenso. Un fenmeno interesante en estas elecciones ha sido, en efecto, la bifurcacin del voto: en bastantes estados, Bolsonaro ha ganado la eleccin presidencial mientras que en la local, para Gobernador, se ha impuesto un centrista. Es el caso del sureo estado de Paran: Bolsonaro gan all con un 56% y el candidato a Gobernador, centrista, con un 59%. Esto a lo que en realidad remite es a la naturaleza del Centro: se trata, ms que de un conjunto de partidos ideolgicamente afines, de familias poltico/empresariales que parasitan y al mismo tiempo garantizan la reproduccin del sistema. Estamos, pues, ante el autntico catalizador y contrapeso de la poltica brasilea.

Con Bolsonaro, los fieles de la balanza no parece que vayan a cambiar mucho. Pero lo que se pesa, s: no solo la colaboracin entre este centro y esta derecha, si se concreta, ser indita sino que proyectar a algo ms que a dos grandes conjuntos de familias polticas. De hecho, la nueva derecha brasilea se ha erigido en estas elecciones en representante de una oligarqua perifrica emergente, ligada al agronegocio y sostenida por los 44 millones de evanglicos y su Teologa de la Prosperidad(que contraponen a la Teologa de la Liberacin). El Centro, por el contrario, representa una vieja lgica de poder (con capacidad informal de veto) que tiene su matriz en el estado de So Paulo, el ms rico y desarrollado.

El quid de la cuestin radica, en realidad, en que ambos polos se necesitan: en 2016, el centro necesit a la derecha para desalojar del Gobierno, va impeachment, a Dilma Rousseff. Tena muchas ambiciones pero sobre todo tema dos cosas, que los Juegos Olmpicos de Ro consolidaran el liderazgo poltico de la expresidenta y que la explotacin del petrleo, indita en Brasil, proporcionara una base material slida a la izquierda. Era, pues, el momento y la derecha apoy. Ahora, sin embargo, esa misma derecha es la que reclama empata: el agronegocio, que ya genera uno de cada tres empleos en Brasil y supone el 44% de las exportaciones, necesita inversiones, no solo traducidas en dinero, sino en decisiones polticas.

Y 'decisiones polticas' quiere decir iniciativas capaces de alterar dinmicas tradicionales. En concreto: la patronal del agronegocio pide desde sus bases en estados perifricos (como Mato Grosso do Sul, Rio Grande do Sul o el ya citado Paran) una fuerte inversin en infraestructuras que permita colocar sus cosechas en los mercados internacionales sin depender tanto de puertos ya insuficientes, como el de Santos, que est en el estado de So Paulo. Tambin reclama carreteras e incluso hidrovas que permitan sacar sus zafras por el Amazonas. Si Bolsonaro impone un programa as estar afectando a los intereses de la centralizadora y especuladora oligarqua paulista. Aqu hay, pues, un escollo potencial.

De todos modos hay otro terreno donde el entendimiento, incluso inmediato, parece ms plausible: el gasto pblico, que desde 1995 ha crecido un 58% y actualmente carcome las finanzas e hipoteca el futuro, se ha convertido en una obsesin poltica compartida por centro y derecha. Ah, un severo plan de ajuste, como en la Argentina de Mauricio Macri, parece avecinarse. Y ello hasta el punto de que este ltimo debiera constituir el motor del prximo Gobierno: til tanto para descoser los avances sociales tejidos por la izquierda (sobre todo en el empobrecido Nordeste) como para obtener (privatizaciones mediante) los apoyos polticos que Bolsonaro necesitar en el parlamento y, por qu no, en el vido capital exterior.

En cuanto al resto de asuntos candentes, desde la poltica presupuestaria hasta las libertades pblicas pasando por las polticas de seguridad, sociales y medioambientales, la actuacin de Bolsonaro es probable que tienda a subsumirse al modelo de crecimiento adoptado, a la evolucin de las relaciones de fuerza y por supuesto, a la coyuntura. En la prctica, el nuevo presidente har lo que ms le convenga en cada momento: de hecho, no debieran descartarse manipulaciones, golpes de efecto e incluso algunas desagradables sorpresas. La izquierda, mientras tanto, zozobra: est polticamente descabezada; orgnicamente fragmentada; institucionalmente limitada y con su capacidad de movilizacin lastrada. Y ojo porque el poder desgasta pero -como deca Giulio Andreotti- la oposicin desgasta an ms.


Fuente: https://www.eldiario.es/zonacritica/puede-esperar-Bolsonaro_6_830176975.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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