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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-10-2018

El triunfo de Bolsonaro, el aluvin de las extremas derechas y las posibles respuestas desde abajo

Daniel Campione
Rebelin


El huracn en Brasil

El triunfo de Jair Bolsonaro en primera vuelta con ms del 46%, y su ratificacin en la segunda orillando el 55% de los votos es un mazazo que remite al voto masivo a un candidato de extrema derecha, que hizo campaa con manifestaciones hasta ahora consideradas inconfesables, mostrndose autntico al decir lo que otros piensan pero callan.

Ya se ha hablado mucho sobre xenofobia, racismo, misoginia, homofobia, reivindicacin de la dictadura militar, de la tortura y el asesinato de opositores. Se destaca menos otro rasgo de su candidatura, cual es la asociacin creciente con lo ms rancio del gran capital, a travs del nombramiento de un futuro ministro de Economa, Paulo Guedes, que quiere profundizar al mximo las reformas neoliberales emprendidas ya en pocas del PT y continuadas con entusiasmo por el ilegtimo gobierno de Michel Temer. La Bolsa de Sao Paulo festej con una fuerte alza el triunfo de quien no era su candidato al comienzo de este proceso electoral, pero lleg a serlo al captar el grueso de los votos de la derecha y constituirse en la nica opcin capacitada para derrotar a la candidatura del PT

A la hora de explicarse los por qu de ese triunfo hay que fijar la vista en como llega Brasil a esas elecciones. Atraviesa una crisis econmica con profunda recesin y desempleo creciente, el conjunto de la dirigencia poltica se halla desprestigiada por la corrupcin profunda de sucesivos gobiernos, con los del PT en un lugar destacado, y el deterioro de todo el sistema de partidos, al que muchos brasileos desean barrer de una vez y para siempre. Mensalao, Lava Jato y dems causas penales convertidas en espectculo han llegado a convertirse en sinnimo de la poltica, toda ella venal y detestable. Son numerosos los que echan las principales culpas en el PT, que gobern ms de una dcada hasta 2016, y al que ven como factor desencadenante de un caos en el que se debate toda la sociedad brasilea. Al cuadro de la crisis se une el crecimiento de la violencia callejera y las diversas manifestaciones de criminalidad, con una consiguiente demanda de seguridad que ve a ciertos derechos y garantas como un obstculo a remover.

En lo institucional, las elecciones presidenciales son el punto de llegada de un conjunto de maysculas irregularidades, sobre el fondo de un golpe de estado no tradicional en forma de amaado juicio poltico y la posterior exclusin del candidato ms popular, que siempre lider con amplitud las encuestas. Esa proscripcin se complet con la negacin de la palabra pblica para Lula, que no pudo dirigirse por los medios a la sociedad brasilea. El que la primaca electoral haya podido pasar del ex presidente al lder reaccionario, habla de la labilidad de la construccin poltica del PT, que entendi su labor hacia las clases subalternas como distribucin de recursos y no como transformacin de relaciones sociales.

Bolsonaro ha logrado presentarse como la alternativa ordenadora frente al desquicio petista; no ms irrupciones plebeyas, no ms espritu levantisco de movimientos sociales y minoras. Censura, disciplina, y toda la represin que sea necesaria, son parte de las vas para retornar a una sociedad gobernable y respetuosa de las jerarquas.

Con esas propuestas se han alineado los intereses ligados al agronegocio; a la violencia radical contra la inseguridad (bala), y a las iglesias evanglicas (biblia) es una conjuncin que le ha facilitado imponerse y podra convertirlos en componentes fundamentales de una futura coalicin de gobierno y de su sustento parlamentario.

El capitn retirado se ha presentado con bastante xito como alguien nuevo, munido de una supuesta honestidad, un nacionalismo bastante vaco de contenido pero convocante (el verde amarelo de la bandera frente al rojo del PT) y sobre todo, como portador de la posibilidad de un orden eficaz, que termine con la corrupcin, la violencia y el desmadre de pobres y delincuentes. Instituciones y principios pierden importancia, lo que debe primar es la firme voluntad de un lder que llega para poner fin a los ms variados abusos y demasas.

Tambin Bolsonaro apost con fuerza y con xito a interpelar a los variados sectores que ven en riesgo el lugar que ocupan en la sociedad. Apela al individualismo, la defensa de lo propio hasta el lmite de la violencia, el rechazo del distinto en trminos de raza o comportamiento, el retorno de los valores tradicionales en la familia y en la vida cotidiana, el hartazgo frente a todas las dirigencias, salvo la militar y la policial, portadoras de la violencia protectora del orden y la propiedad.

La ofensiva de la reaccin a escala trasnacional

El fenmeno brasileo hay que ubicarlo en el contexto de crecimiento de corrientes de extrema derecha en diversos lugares del mundo. La riqueza cada vez ms concentrada, las relaciones laborales de inestabilidad creciente y una dirigencia poltica cada vez ms ligada al gran capital y menos a sus supuestos representados, generan un amplio descontento, que tiende a creer que la dirigencia poltica existente es la culpable de todo, con una visin desideologizada que no toma en cuenta la base social de los partidos ni su orientacin ideolgica, poltica de alianzas o postulados programticos. Aplica por el contrario el prisma de expertos vs. ignorantes, eficientes vs. Ineficientes y, sobre todo, honestos vs. corruptos. Esto da crdito a quienes se presentan como ajenos a la dirigencia poltica, ms an, por fuera de la poltica en su totalidad, gestores honestos y patriotas, dispuestos a aplicar soluciones drsticas, con la cobertura genrica de un nacionalismo exacerbado en la mayora de los casos

En la cspide del poder mundial la entronizacin de Donald Trump en la presidencia de la principal potencia implica el retorno a una poltica imperialista pura y dura, sin concesiones liberales ni en poltica interior ni externa, propensa a la intervencin militar y dispuesto a obviar pactos y negociaciones siempre que se pueda imponer el Amrica primero. La cada de formas tradicionales de produccin, sobre todo en la industria, han jugado un rol, acompaado por el sentimiento generalizado de que EE.UU ve deteriorado y amenazado su lugar de primera potencia mundial, sobre todo en el plano econmico. La promesa ilusoria es el retorno de un capitalismo del tipo de la segunda revolucin industrial, en el que las fbricas retornen a las fronteras norteamericanas, con trabajo y buenos salarios para los millones de trabajadores manuales blancos que votaron a Trump. Otra promesa, de alcance ms general, es el volver a hacer grande a Amrica, a recolocar a la potencia del Norte en el lugar preeminente a escala global.

Gran Bretaa cuando el Brexit, la algo inslita alianza italiana entre la Liga y el Movimiento 5 estrellas, hasta el importante porcentaje logrado por un partido de tendencias xenfobas y antiinmigrantes en Suecia, son, entre otras, expresiones de una oleada reaccionaria, que contradice la idea de democracias representativas con firme arraigo, en la que partidos y electores convergen hacia el centro, desechando las propuestas extremas. En Francia un fenmeno temprano como el Frente Nacional sigue en vigencia, con esperanzas incluso de imponerse en primera vuelta. En muchas partes de Europa juega un rol la prdida de autonoma de los estados nacionales, frente a las burocracias de la Unin Europea, que tericamente buscan conciliar los intereses del gran capital de los distintos pases, sin ms control que un parlamento europeo de funciones limitadas. Los tecncratas con ropa de lujo y cuentas bancarias de millones de euros son percibidos con justicia como ajenos a cualquier inters popular, y no votados por nadie.

Juegan tambin factores internos en cada pas, como el progresivo desmantelamiento de las polticas de bienestar, el desempleo creciente, sobre todo en sectores juveniles y en coincidencia con el incremento del flujo inmigratorio. El conjunto suele ir acompaado por el hartazgo con unas dirigencias polticas a las que se percibe lejanas, atadas a las grandes corporaciones y a poderes externos, cada vez ms indistinguibles en sus propuestas programticas, y ms todava en sus acciones concretas.

Las nuevas tendencias capitalizan el descontento radical y les dan un sesgo antipoltico y tambin antielite, que, lo sean o no, los presenta como outsiders, ajenos a la poltica tradicional. Operan con nuevos modos del proselitismo poltico, con las redes sociales a la cabeza. Los medios tradicionales pierden centralidad, los mensajes se vuelven annimos o casi, las afirmaciones que all se formulan son poco susceptibles de ser comprobadas. Las ultraderechas han demostrado ser audaces y persistentes en el uso de estos nuevos instrumentos, transgrediendo con fuerza el lenguaje de la correccin poltica y de la sensatez formateada al gusto de los sectores dirigentes tradicionales.

Es un discurso y una accin teida de odio hacia enemigos a menudo escogidos entre las bestias negras del pensamiento conservador y reaccionario. Eso ha hecho Donald Trump, algo parecido perge Bolsonaro para llegar a donde est. Buscan terminar con los tabes de sesgo progresista e incluso liberal, con el rechazo activo de los cambios de las ltimas dcadas en la vida cotidiana y en la organizacin familiar, y la repulsa de las corrientes inmigratorias como factor de inestabilidad e inseguridad. Se presentan como restauradores de los valores autnticos de la nacin, desgastados y hasta negados por las ideas y los sectores sociales a los que repudian.

Las respuestas populares

Cabe la pregunta de cmo pensar y actuar desde perspectivas populares y de izquierda, frente a estos nuevos fenmenos polticos que parecieran hoy destinados a arrastrar todo a su paso. Se necesita abandonar cierta comodidad arraigada en la idea de que la derecha se haba vuelto moderna y democrtica, y se trataba entonces de darle la disputa en un marco institucional estable y civilizado

Cmo hacerlo en Argentina, donde no tenemos un gobierno de ultraderecha, pero s uno que pretende un cambio cultural que termine para siempre con la capacidad de organizacin y lucha de las clases subalternas.

Hoy las democracias representativas viven sumergidas en sistemas de partidos que no atacan al capitalismo ni cuestionan ninguna forma de propiedad, salvo la estatal a la que a menudo proponen privatizar o suprimir. La derecha radical se fortalece tambin desde ese marasmo de carencia de propuestas de cambio.

Se sabe que hay gravsimos problemas que tienden a empeorar y frente a ellos la perspectiva anticapitalista no est en la agenda. Si no es el capitalismo el culpable ni lo son las clases explotadoras que perciben enormes beneficios, el enemigo puede construirse en gran medida en el interior de las clases populares: Trabajadores que no cumplen requisitos de productividad y disciplina, pobres que viven de subsidios sin trabajar ni desear hacerlo, Inmigrantes que disputan el poco trabajo existente, mujeres demasiado independientes, minoras supuestamente inadaptadas o perezozas. A partir de all las derechas plantean que se necesita terminar con largos perodos de decadencia; lograr que la nacin vuelva a ser grande, potente, integrada al mundo, con capacidad de defensa militar.

A propuestas radicales con asiento en las clases dominantes, hay que enfrentarlas con una apuesta de transformacin radical, un proyecto de cambio social integral, ms all de que se la pueda poner al orden del da en el corto plazo. Las mareas sociales de largo alcance no se enfrentan con combinaciones electorales de ocasin, ms o menos afortunadas, sino con una perspectiva de mediano plazo. Y requieren cuestionar no slo la distribucin de la riqueza, sino el modo de produccin de la misma, la propiedad privada que le da sustento

En el mientras tanto el camino no puede ser otro que la promocin de una resistencia generalizada, con modalidades de desobediencia civil, en bsqueda de la articulacin de todos los descontentos y con amplia poltica de alianzas...pero sin perder de vista el objetivo estratgico, definido como anticapitalista y socialista.

Una gran cuestin es cmo trabajar desde una perspectiva no vanguardista, que vea la conquista del poder como un proceso complejo, con pluralidad en las formas de organizacin y lucha, en las que pueden y deben converger diferentes tradiciones polticas y tericas. Bolivia y Venezuela, con todas sus dificultades, nos sealan perspectivas interesantes en esa direccin. Tambin Cuba, si bien all el acceso al poder se dio en otra etapa histrica y con una estrategia guerrillera que hoy no aparece en la discusin, la construccin por seis dcadas de una sociedad sin explotadores ni explotados es una referencia insoslayable.

Otra cuestin desiva es la exploracin de un internacionalismo renovado, que enfrente a los globalizadores desde la perspectiva de los globalizados. El gran capital tiene mltiples instancias internacionales, econmicas y polticas; tambin las tienen las clases subalternas, pero sin la presencia y cohesin de otros tiempos.

Un tema global desde una perspectiva de izquierda internacionalista es el enfrentamiento con las grandes instancias del capital financiero internacional: El FMI, el BM, el G20. Las manifestaciones contra los foros ms egregios de la gran empresa o de los estados nacionales ms ricos que impulsan sus intereses, es una tradicin reciente que hay que afianzar de modo progresivo. Una masiva manifestacin anti G20-FMI en la reunin de noviembre debera ser un compromiso de honor para todas las fuerzas de izquierda, fortalecida con el repudio a la presencia de Trump en nuestro pas. Y constituir un hito en la lucha aqu y ahora contra las polticas de la reaccin, sin someterse al calendario electoral, ni subordinarse a las expresiones polticas del establishment, tomando como base la ms amplia unidad de accin, sin la menor renuncia a nuestra independencia como opciones de lxs trabajadorxs y la izquierda.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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