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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-11-2018

Contrahistoria de la Guerra Fra

Bruno Guigue
La Grand Soir

Traducido del francs para Rebelin por Caty R.


De Ucrania al asunto Skripal, de Siria al Russiagate, la actualidad ofrece una racin diaria de lo que bien podramos denominar la nueva guerra fra. Como en los buenos viejos tiempos, el mundo se divide en buenos y malos y sufrimos una avalancha impresionante de propaganda. Esto no es nuevo. Para acreditar una amenaza sovitica suspendida como la espada de Damocles sobre las democracias occidentales, se propag en repetidas ocasiones, hasta los aos 80, que el arsenal militar de la URSS era claramente superior al de Estados Unidos. Pero era totalmente falso. Durante todo ese perodo, seala Noam Chomsky, se desplegaron grandes esfuerzos para presentar a la Unin sovitica ms fuerte de lo que era realmente y dispuesta a aplastarlo todo. El documento ms importante de la Guerra Fra, el NSC-68 de abril de 1950, intentaba disimular la debilidad sovitica que el anlisis relevaba, con el fin de dar la imagen deseada del Estado esclavista que persegua implacablemente el control absoluto de todo el mundo (Ao 501. la conquista contina). Esta amenaza sistemtica era claramente una ficcin. El arsenal sovitico siempre fue inferior al de sus adversarios. Los dirigentes de la URSS nunca tuvieron la intencin de invadir Europa Occidental y todava menos de conquistar el mundo. De hecho la carrera armamentista y especialmente del armamento nuclear- es una iniciativa tpicamente occidental, una especie de aplicacin del dogma liberal de la competencia econmica al asunto militar. Es por eso que esta competicin mortfera en la que rozamos el Apocalipsis atmico al menos una vez en octubre de 1962- fue la cantinela mantenida por Washington desde el da siguiente de la victoria aliada sobre Alemania y Japn.

Cnicamente el campo occidental tena dos buenas razones para provocar esta competencia: la guerra haba extenuado a la URSS (27 millones de muertos, 30 % del potencial econmico destruido) y haba enriquecido fantsticamente a EE.UU. (50 % de la produccin industrial mundial en 1945). Forjada por la guerra, esta supremaca econmica sin precedentes crelas condiciones de una poltica exterior agresiva. Por supuesto esta poltica tena un disfraz ideolgico: la defensa del mundo libre, de la democracia y de los derechos humanos contra el totalitarismo sovitico. Por otra parte se pueden comparar esas motivaciones democrticas con el apoyo multiforme de Washington, en el mismo perodo, a las dictaduras de derecha ms sanguinarias. Pero esta poltica imperialista, de conformidad con la doctrina forjada por George Kennan en 1947 (contener al comunismo) tena un objetivo inconfesable: el agotamiento progresivo de la URSS duramente castigada por la invasin de Hitler- en una competicin militar en la que el sistema sovitico tuvo que dilapidar los medios que podra haber dedicado al desarrollo. Hay que reconocer que esa poltica dio sus frutos desde Harry Truman (1945-1952) hasta George W. H. Bush (1988-1992).

Superada por un capitalismo occidental que se beneficiaba de condiciones muy favorables tras la Segunda Guerra Mundial, la Unin Sovitica abandon el escenario en 1991 al final de una competicin perdida de antemano. Sin embargo parece que no ha cambiado nada y la Guerra Fra, actualmente, sigue con ms fuerza. Casi 30 aos despus de la desaparicin de la URSS la hostilidad occidental hacia Rusia no se debilita. De Stalin a Putin, un relato que transpira la buena conciencia occidental y atribuye todos los defectos al campo contrario, incriminando a una potencia malfica cuya resistencia produce una amenaza irresistible sobre el mundo presuntamente civilizado. Como si el enfrentamiento Este-Oeste debiera sobrevivir totalmente al poder comunista, nos obstinamos en sealar a la Rusia actual como una especie de enemigo sistmico, el imperio del mal sovitico que simplemente se ha repintado con los colores rusos por necesidades de la causa.

Segn las lites dirigentes occidentales hay que creer que Mosc sigue siendo Mosc y que la amenaza que viene del Este resiste a los cambios polticos. Con comunismo o sin l, la agenda geopoltica del mundo libre contina siendo antirrusa. En un sentido, los rusfobos de hoy piensan como el general De Gaulle, que detectaba la permanencia de la nacin rusa bajo el barniz sovitico. Pero esas obsesiones del ogro moscovita le llevaron a conclusiones diametralmente opuestas. Visionario, ferozmente apegado a la idea nacional, el fundador de la V Repblica encontraba en esa permanencia una buena razn para dialogar con Mosc. Los rusfobos contemporneos, por el contrario, ven el pretexto de un enfrentamiento sin fin. De Gaulle quera superar la lgica de los bloques apaciguando las tensiones con Rusia, mientras que estos mantienen esas tensiones con el fin de unir al bloque occidental en el odio a Rusia.

El discurso dominante en Occidente durante la primera Guerra Fra (1945-1990) atribua la responsabilidad del conflicto al expansionismo sovitico y a la ideologa comunista. Pero si la Guerra Fra contina hoy, es la prueba de que ese discurso menta. Si el comunismo era responsable de la Guerra Fra, el hundimiento del sistema sovitico habra acabado con ese enfrentamiento y el mundo habra pasado la pgina de un conflicto atribuido sin razn- a la incompatibilidad entre ambos sistemas. Pero no es nada de eso. Rusia ya no es comunista y el Occidente sometido por Washington la acusa incluso de los peores horrores, expulsa a sus diplomticos con falsos pretextos, le inflige sanciones econmicas, ejerce presin militar en sus fronteras, bombardea a sus aliados de Oriente Medio y le adjudica incluso el poder maquiavlico de hacer que se elija a un candidato de su eleccin a la Casa Blanca.

Este renacimiento de la histeria antimoscovita es tanto ms significativa en cuanto que sucede en un decenio, los aos 90, cuando la tnica geopoltica era muy diferente. Pero esa poca pas. Termin la poca en la que la Rusia decadente de Boris Yeltsin (1991-2000) tena la simpata del mundo libre. Sometida a la terapia de choque liberal, se coloc en la rbita occidental. La esperanza de vida de la poblacin retrocedi diez aos, pero este detalle importa poco. Rusia se uni al mundo maravilloso de la economa de mercado y la democracia al estilo occidental. Su equipo dirigente reciba los dividendos de una rendicin que le vali su adopcin por Occidente. Por desgracia para este ltimo, esa luna de miel acab a principios de los aos 2000, ya que Rusia levant la cabeza. Con Vladimir Putin recobr su soberana y defendi sus intereses nacionales. Acabando con los oligarcas, recuper el control de los sectores claves de su economa en particular la energa que miraban con avidez los tiburones de las finanzas globalizadas.

Este renacimiento inesperado provoc la indignacin en Occidente. Una vez pasado el parntesis providencial desde el punto de vista occidental- de la era Yeltsin, la contencin del comunismo ha recuperado su servicio bajo la forma de una satanizacin frentica de Rusia. Mientras prometi lealtad a los occidentales, la Rusia debilitada de los aos 90 no los ofenda, se integr en la ley comn de las naciones que miraban, muy sabiamente, hacia el lado de las barras y estrellas. Pero cuando se liber de esa tutela, la Rusia desemborrachada de Vladimir Putin suscit una agresividad poco habitual. Como en los tiempos de la Guerra Fra se vuelve a acusar a Mosc de todos los males. Una interminable letana invadi de nuevo los medios del mundo libre. Amenaza sistmica para el mundo occidental, peligro mortal para sus intereses, fermento corrosivo para sus valores, gran bruto que solo entiende la fuerza, Estado canalla impermeable al cdigo de conducta de las naciones civilizadas: todos los matices del repertorio reaparecieron.

Concentrado de todos los tpicos rusfobos ese discurso belicista, desgraciadamente, no fue solo un discurso. Desde hace 15 aos Estados Unidos organiza deliberadamente un enfrentamiento global con Mosc que tiene dos caractersticas: ningn presidente de EE.UU. ha hecho excepcin y se despliega en tres frentes principales. Como obliga el complejo militar industrial, en primer lugar es sobre el terreno de la carrera de armamento donde Washington desencaden las hostilidades. En 1947 Estados Unidos quera contener el comunismo encerrando a la URSS en una red de alianzas defensivas (OTAN, OTASE, Pacto de Bagdad). En los aos 90 la URSS ya no existe. Sin embargo la poltica estadounidense contina igual y la Alianza Atlntica sobrevive milagrosamente a la amenaza que supuestamente deba conjurar. Peor, Washington extiende unilateralmente la OTAN hasta las fronteras de Rusia, violando el compromiso tomado con Gorbachov que acept la reunificacin de Alemania a cambio de la promesa de no extender la Alianza Atlntica alrededor de la frontera sovitica.

Esta ofensiva geopoltica de la OTAN tena obviamente un coralario militar. En primer lugar la instalacin, en los nuevos Estados miembros de Europa oriental, de un escudo antimisiles estadounidense. Impensable en tiempos de la URSS, ese dispositivo suspendi sobre Mosc la amenaza de un primer golpe y elimin cualquier acuerdo de desarme nuclear. Despus la multiplicacin de las maniobras militares conjuntas en las fronteras occidentales de la Federacin Rusa, del Bltico al mar Negro. Sin olvidar, por supuesto, el teln de fondo de esta demostracin de fuerza, el colosal presupuesto militar de EE.UU. representa la mitad de los gastos militares mundiales, superando en 2018 los 700.000 millones de dlares. En aumento constante, equivale a nueve veces el de Rusia (13 veces si tenemos en cuenta el presupuesto militar de la OTAN). En cualquier caso, lo esencial de los nuevos gastos acrecienta la capacidad de proyeccin de las fuerzas y no tiene ningn carcter defensivo, conforme con la doctrina del ataque preventivo fijada por los neoconservadores desde 2002. En ese terreno nada detiene la progresin y Donald Trump anunci, en julio de 2018, que crear una fuerza espacial distinta del US Air Force para evitar que los rusos y los chinos dominen ese nuevo escenario de operaciones.

Despus de la carrera armamentista, la desestabilizacin del extranjero prximo fue el segundo frente abierto por EE.UU. y sus vasallos contra Mosc. Al fomentar el golpe de Estado en Ucrania (febrero de 2014) pretendan desgajar ese pas de su poderoso vecino con el fin de aislar ms a Rusia a raz de las revoluciones de colores que se desarrollaron en Europa oriental y el Cucaso. Desde 2014 Ucrania est presa de una crisis interna gravsima. El golpe de Estado llev al poder a una camarilla ultranacionalista cuya poltica humilla a la poblacin rusfona de las regiones orientales. Esta provocacin deliberada de las autoridades usurpadoras de Kiev, apoyadas por grupos neonazis, ha empujado a los patriotas de Donbass a la resistencia y la secesin. Pero ningn tanque ruso pisa territorio ucraniano y Mosc siempre privilegia una solucin negociada de tipo federal. La OTAN estigmatiza y sanciona a Rusia por su poltica con respecto a Ucrania, mientras que el nico ejrcito que mata a los ucranianos es el de Kiev, dirigido por las potencias occidentales. En este extranjero prximo (concepto de la poltica rusa que incluye a todos los antiguos miembros de la Unin sovitica, N. de T.), est claro que es Occidente el que desafa de manera insultante a Rusia en sus fronteras y no a la inversa. Qu dira Washington su Mosc hiciera maniobras militares con Mxico y Canad y provocase abiertamente la desestabilizacin del norte estadounidense?

Tras la carrera armamentista y la desestabilizacin del extranjero prximo, fue en el terreno sirio donde Washington emprendi la obstaculizacin de Mosc. El proyecto de desestabilizacin de Oriente Medio se remonta en realidad a principios de los aos 2000. El antiguo comandante en jefe de las fuerzas de Estados Unidos en Europa, el general Wesley Clark, revela el contenido de un memorando clasificado del Pentgono procedente de la oficina del secretario de Defensa Donald Rumsfeld: Deca que bamos a atacar y destruir los gobiernos de siete pases en cinco aos: comenzaramos por Irak, despus iramos a Siria, a Lbano, Libia, Somalia, Sudn y finalmente Irn. Clark seala tambin el verdadero objetivo de los neoconservadores del Pentgono: Queran que desestabilizsemos Oriente Medio y lo volvisemos del revs para que finalmente cayera bajo nuestro control (citado por F. William Engdahl, Le charme discret du djihad [El discreto encanto de la yihad] Demilune, 2018). Esta estrategia secreta tena el objetivo y an lo tiene- de desmenuzar los Estadosen una mirada de entidades tnicas y religiosas rivales, dbiles y manipulables a voluntad.

La realizacin de ese programa implica la destruccin o el desmembramiento de Estados soberanos de la regin, en particular de los que persisten en su rechazo a alinearse en el eje Washington-Tel Aviv. El intento de destruccin del Estado laico sirio, principal aliado rabe de la URSS despus de Rusia, constituye la ltima vicisitud de esta estrategia de la que Afganistn, Irak, Sudn, Libia y Yemen tambin han pagado el precio y siguen subiendo los daos hoy-. Para llegar a sus fines, el imperio del caos orquest una violencia generalizada que tena el objetivo de desestabilizar a los Estados recalcitrantes como Siria- al tiempo que le proporcionaba el pretexto de una intervencin militar directa o indirecta- presuntamente destinada a erradicar el terrorismo. En suma, la estrategia de los neocons est dirigida a mantener el terrorismo mientras hace como que lo combate y Washington saca provecho de la situacin en ambos escenarios, cualquier avance del terrorismo justifica la presencia armada de EE.UU. y cualquier derrota infligida al terrorismo acredita su firmeza contra esas fuerzas malvadas.

Pero este extraordinario juego de manos estratgico tuvo su campo de ensayo en la organizacin de la yihad antisovitica en Afganistn desde finales de los aos 70. El asesor de Seguridad Nacional de Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, organiz el reclutamiento de yihadistas procedentes de todo el mundo y los llev ilegalmente hasta Afganistn va Pakistn. El objetivo inconfesable de esta maniobra era crear un Vietnam sovitico. Washington hizo subir la tensin en Afganistn con el fin de forzar a la URSS a intervenir a favor del Gobierno procomunista de Kabul. Procedente de la aristocracia polaca, Brzezinski estaba obsesionado con la Unin sovitica. Teoriz la estrategia estadounidense consistente en desestabilizar el cinturn verde (musulmn) bordeando el flanco sur de Rusia. A sus ojos, los yihadistas rebautizados luchadores por la libertad constituan los soldados elegidos para una guerra santa contra el comunismo ateo. Mosc cayo en la trampa de Washington y ese error le costara muy caro. Para llevar a buen fin la desestabilizacin del Gobierno afgano, las estrategias de la CIA se apoyaron en el poder financiero saud, que enviaba a las bandas armadas sumas faranicas. Finalmente, la logstica de la yihad antisovitica pasa por la mediacin de Osama bin Laden, cuya organizacin proporcionaba un canal de reclutamiento de los combatientes que fluan del mundo musulmn. A principios de los aos 80, el dispositivo terrorista que pronto sera conocido como Al-Qaeda, por lo tanto, fue creado, coordinado y patrocinado por el eje Washington-Riad.

En realidad la Guerra Fra nunca termin. La carrera frentica de armamentos, la desestabilizacin del extranjero prximo y el caos organizado en el cinturn verde que recorre el flanco sur de Rusia, son tres frentes abiertos por los estrategas de Washington desde los aos 2000 para relanzar el enfrentamiento Este-Oeste. Esta empresa hegemnica es una obra de largo aliento que prolonga la estrategia de contencin definida por George Kennan desde 1947. Este enfrentamiento justifica permanentemente un esfuerzo militar del cual el presidente Eisenhower incluso no tena idea cuando alertaba a la opinin estadounidense de los peligros del complejo militar-industrial. Apegado a su sueo de hegemona planetaria, Estados Unidos compensan hoy con un activismo por todas partes el declive de su economa y el hundimiento de su modelo de sociedad. Unida a la alianza china-rusa y rusa-iran, la resistencia victoriosa de Siria ha administrado una leccin a los belicistas de Washington.

Estados Unidos se jacta de haber ganado la primera Guerra Fra. Que gane tambin la segunda es poco probable. Como la precedente, la ha declarado para imponer al resto del mundo el modelo liberal que le garantice desde 1945 un acceso privilegiado a las materias primas y a los mercados mundiales. Pero el xito econmico de China y el renacimiento de Rusia son adoquines monumentales arrojados al charco de esta hegemona moribunda. Y las letanas sobre la democracia y los derechos humanos acabarn cansando a todos los que ven el uso que hace de ellos el Doctor Strangelove de Washington.

Fuente:https://www.legrandsoir.info/contre-histoire-de-la-guerre-froide.html

Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelin como fuente de la traduccin.



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