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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-11-2018

Sujetos colectivos

Antonio Antn
Rebelin


Clase es una categora histrica Ningn modelo puede proporcionarnos lo que debe ser la verdadera formacin de clase en una determinada etapa del proceso Lo que debe ocuparnos es la polarizacin de intereses antagnicos y su correspondiente dialctica de la cultura El error previo: que las clases existen, independientemente de relaciones y luchas histricas, y que luchan porque existen, en lugar de surgir su existencia de la lucha

(E. P. Thompson, Tradicin, revuelta y consciencia de clase, 1979: 38 y 39)


Estas referencias iniciales representan bien mi posicin sobre el sujeto de cambio. Comparto con mi colega de la Universidad Autnoma de Barcelona y excoordinador de En Com Podem, Xavier Domnech, una primera valoracin: E. P. Thompson es el historiador ms importante, al menos, sobre este tema del sujeto social que se forma a travs de su experiencia relacional en el conflicto socioeconmico, la pugna sociopoltica y la diferenciacin cultural.

El concepto de sujeto colectivo

Antes de avanzar, una consideracin previa sobre el concepto sujeto. En las democracias liberales existe la soberana nacional o la soberana popular, en las que el sujeto (soberano) es la nacin o el pueblo que constituyen el demos. El sujeto poltico es la ciudadana con derechos polticos (excluyendo, por tanto, a los extranjeros residentes), que se expresa (aunque no solo) como electorado. No voy a entrar en ese aspecto general de la soberana del Estado moderno, que est tambin vinculado a los procesos de co-soberanas y gobernanzas multinivel, la realidad plurinacional y su articulacin, los derechos de las personas inmigrantes o el universalismo de los derechos humanos. Me centro en el tema ms especfico del sujeto social como la parte de la sociedad que puede ejercer una dinmica de cambio, en particular la clase social en cuanto actor o agente sociopoltico y, de forma similar, la problemtica de los movimientos sociales, la activacin cvica y la formacin de unidad popular en cuanto sujeto colectivo.

El concepto clase social expresa una relacin social, una diferenciacin con otras clases sociales. Su conformacin es histrica y cultural y se realiza a travs del conflicto social. Por tanto, es un concepto analtico, relacional e histrico. Existe una interaccin y mediacin entre posicin socioeconmica y de poder, conciencia y conducta, aunque no mecnica o determinista en un sentido u otro. Pero hay que analizar a los actores en su trayectoria, su interaccin, su multidimensionalidad y su contexto.

Este enfoque realista y crtico de clase social como actor o sujeto se opone a dos posiciones influyentes entre las izquierdas y fuerzas alternativas. Una, la versin determinista del marxismo economicista de tipo althusseriano, que prioriza las condiciones objetivas en su definicin y desarrollo, habitual en sectores de izquierda de tradicin comunista. No obstante, hay que citar que Alberto Garzn, coordinador de IU, se ha distanciado de esa idea rgida, revalorizando la prctica social y siguiendo a Thompson. Dos, el enfoque constructivista o idealista de pueblo, que sobrevalora la accin discursiva en su formacin, segn la teora populista de E. Laclau, influyente en algunos dirigentes de Podemos.

Adems, hay que sealar la diferenciacin respecto de otros dos enfoques, de influencia liberal y postmoderna. El primero, la simple estratificacin social como un continuum de agrupamiento de individuos, con una explicacin funcionalista o adaptativa. El segundo, la simple constatacin de la fragmentacin postmoderna, individual o grupal, teida de una justificacin mixta o eclctica de determinismos esencialistas (institucionales, biolgicos o tnicos) y culturalismos idealistas.

Por tanto, la tarea interpretativa ms importante es el anlisis del conflicto social y su expresin sociopoltica desde una ptica de la polarizacin de intereses y la diferenciacin de posiciones sociales, comportamientos, demandas y pautas culturales. Por una parte, el bloque de poder o clase dominante, arropado por las capas acomodadas y sectores conservadores. Por otra parte, la mayora social subordinada y su diferenciacin cultural y su actitud sociopoltica, la ciudadana indignada, particularmente su parte ms activa o crtica. Ello, con sectores intermedios o mixtos. La interpretacin de ese diagnstico tiene impacto en la legitimidad de los liderazgos polticos y sociales. Por tanto, hay una interrelacin entre anlisis y poltica. En todo caso, es imprescindible el rigor intelectual y evitar la instrumentalizacin partidista.

Este tema de la formacin del sujeto sociopoltico de cambio, su carcter y el sentido de su trayectoria sociocultural y poltico-institucional no solo tiene inters analtico o interpretativo. El tipo de diagnstico es crucial para determinar una lnea poltica transformadora, para encarar el bloqueo y las dificultades del movimiento popular progresista y poder avanzar las fuerzas alternativas en un cambio de progreso. Es decir, afecta a la capacidad estratgica y la legitimidad y el liderazgo de su representacin poltico-institucional, al sentido del proceso poltico y su carcter democrtico-igualitario. La cuestin es en qu medida la teora social crtica permite acertar con los mecanismos estratgicos de intervencin adecuados para una transformacin democrtico-igualitaria a partir de un diagnstico realista, superando los prejuicios deterministas e idealistas y sin caer en la adaptabilidad socioliberal. De ah, que este debate sobre el sujeto de cambio tenga una gran transcendencia, no solo analtica o terica sino, sobre todo, poltica, aunque nos situemos ahora en el primer plano interpretativo.

La experiencia de unidad popular

Los grandes movimientos sociales progresistas o los procesos de protesta social ms masivos han tenido una composicin popular (o interclasista, transversal y frente-populista) de clases trabajadoras y clases medias (incluso de algn sector de las lites dominantes). Esa base social popular es evidente en el movimiento antifranquista de los aos setenta, as como en los llamados nuevos movimientos sociales (pacifista, ecologista, feminista -incluido en este 8 de marzo-, vecinal, de solidaridad, etc.), para terminar en el nuevo movimiento popular configurado por el ciclo de protesta social democrtico-progresista (aos 2010-2013) simbolizado por el 15-M.

Este ltimo proceso de activacin popular, en el contexto de la gestin prepotente y regresiva de la crisis socioeconmica y nuevas dinmicas reaccionarias, ha tenido un estilo participativo y unitario y una orientacin democratizadora, igualitaria y anti-austeridad frente a la clase gobernante y sus polticas autoritarias y antisociales. Incluye no solo la gran expresin pblica en torno al 15-M de 2011 y meses posteriores, sino tambin las tres huelgas generales (aos 2010 y 2012), las distintas mareas (enseanza, sanidad de carcter mixto, laboral y sociopoltico en defensa de lo pblico) y grandes manifestaciones unitarias hasta la ms reciente del movimiento feminista en el 8 de marzo. Es la experiencia democrtico-progresista ms masiva, con un mayoritario apoyo ciudadano, que ha modificado el sistema poltico-representativo y su agenda poltico-social, ha facilitado la configuracin de las fuerzas polticas del cambio, as como ha producido un cambio cultural hacia actitudes ms justas y participativas y mentalidades ms cvicas y solidarias. Dejo al margen los movimientos nacionales y las dinmicas reaccionarias-conservadoras.

La interpretacin debe ser realista, relacional y crtica. Hay que superar el determinismo economicista y el idealismo discursivo en la explicacin del sujeto popular, sobre todo, para definir mejor la tarea de su consolidacin.

Integrar posicin de clase (trabajadora) e identidad popular

Demos un paso ms en esta clarificacin. El propio movimiento sindical (incluidos grupos corporativos) tambin tiene una composicin y un perfil popular. Hoy da no es solo obrero o de clase (trabajadora), como el viejo movimiento obrero, sino ms amplio y general. As, incorpora y defiende a capas medias (tcnicas y profesionales del sector pblico y privado). Adems, tiene cada vez ms importancia para su representacin y orientacin la llamada lite o burocracia sindical, compuesta por asesores, expertos y dirigentes con un estatus socio-profesional y una funcin de mediacin y gestin institucional similar a la de la clase media pblica (al igual que otras organizaciones sociales y polticas relevantes, incluidas las grandes ONGs).

Por tanto, es falsa o unilateral la distincin interesada durante estas dcadas entre viejos movimientos de clase trabajadora (el sindicalismo, la vieja izquierda) y nuevos movimientos de clase media (pequeoburgueses, nueva izquierda). Entre las justificaciones se caracteriza al primero como econmico y a los segundos como culturales; por supuesto, desde el sesgo economicista, jerarquizador de la prioridad de las transformaciones econmicas y sus genuinos representantes (obreros). No obstante, ambos tipos de movimientos, organizaciones y expresiones pblicas tienen los dos componentes bsicos de redistribucin (socioeconmica y de poder) y reconocimiento (simblico-cultural y de empoderamiento individual y colectivo). Es decir, tienen un impacto sociopoltico y cultural, as como, en la medida que son amplios y profundos, una repercusin estructural e institucional.

En definitiva, esta dinmica de la contienda popular progresista abarca, por una parte, la transformacin econmica, social y poltica y, por otra parte, el empoderamiento personal y colectivo y la afirmacin cultural y simblica. Los procesos de dinamizacin y unidad popular y los de institucionalizacin son interactivos y se complementan y reequilibran mutuamente.

Mientras tanto, en estas dcadas la socialdemocracia se desplazaba hacia la representacin de las clases medias. Es el giro centrista de la tercera va o en nuevo centro. Pero su particularidad no es la simple bsqueda del ensanchamiento de su base social, sino la vinculacin con el poder establecido y sus intereses y demandas que culminan en su gestin gubernamental neoliberal. En lenguaje marxista podramos decir que tienen un carcter de clase mixto (popular y oligrquico) y una posicin poltica ambivalente (dominadora, regresiva y reaccionaria frente a representativa y progresista) que, la mayora de las veces es lo primero en lo sustancial (socioeconmico y poltico-institucional, con efectos legitimadores-discursivos), y lo segundo en (algunos) componentes simblico-culturales para consumo de su electorado progresista. De ah, la crisis estratgica y de relato de la socialdemocracia. No obstante, la diferenciacin alternativa con la socialdemocracia no es por su pretexto de representar (tambin) a las clases medias o tener un perfil ciudadanista al que oponer una posicin de clase (trabajadora). La crtica principal desde posiciones alternativas, aunque mantenga cierta representatividad popular, es por ese papel de imbricacin con el poder establecido en una dinmica de polticas pblicas regresivas con debilitamiento democrtico y conciliacin, incluso, con tendencias reaccionarias.

Veamos otros factores que dificultan la unidad popular, particularmente el sectarismo. En la tradicin de las izquierdas y sectores alternativos se han producido pugnas de distintas lites (viejas y nuevas, o tradicionales y emergentes) por la representacin y el liderazgo de ese campo sociopoltico progresista, al menos desde la explosin del mayo francs y el otoo italiano y los movimientos por los derechos civiles en los aos sesenta. Ha sido una disputa por conseguir la hegemona cultural y asociativa y ser eje articulador del conjunto, de tener ventajas de legitimidad para dirigir los procesos de cambio y afirmar el estatus asociativo y poltico-institucional de las lites respectivas.

As, en los procesos de conformacin de unidad popular o representacin poltico electoral se han generado tensiones y falta de entendimientos unitarios, aunque no en todas las ocasiones ha sido as. En nuestra historia reciente se han conformado dinmicas de confrontacin global con los poderosos, aceptacin de un inters colectivo o proyecto comn y credibilidad de una representacin y un cauce articulador unitario, aunque el motivo desencadenante y la representacin sociopoltica fuese parcial.

Hay ejemplos significativos de configuracin de unidad popular amplia con representaciones sociopolticas, articulaciones asociativas o coordinaciones poltico-mediticas coyunturales y flexibles, como he avanzado antes: desde el movimiento antifranquista, hasta el movimiento pacifista contra la OTAN (con el apoyo de ms del 40% de la poblacin en su referndum contra todo el poder establecido, e incluyendo mayora ciudadana en Catalua y el Pas vasco) o la guerra de Irak, la gran huelga general del 14-D-1988 contra la precariedad laboral y por el giro social o, en fin, los ms recientes del movimiento 15-M por la democratizacin y la justicia social y el movimiento feminista del 8 de marzo por la igualdad.

Unidad desde la pluralidad

La peor fuente de desencuentros ha sido el intento de subordinacin de los nuevos movimientos, supuestamente de clase media, al viejo movimiento, supuestamente de clase trabajadora, o la izquierda tradicional, que no ha sido capaz de articular toda esa diversidad. Esa actitud est elaborada desde una visin homognea y esencialista de clase obrera y su condicin econmica a la que habra que subordinar los distintos segmentos populares y la diversidad de sus problemticas socioculturales, de gnero, tnico-nacionales, etc. Sobre ello se edifica el discurso de la legitimidad de su funcin de vanguardia legtima del sujeto central del cambio. Confunde el deseo legtimo de unidad de ese conglomerado popular, con la prevalencia prepotente de un segmento y su problemtica especfica por su supuesto carcter objetivo y representada por una lite particular.

Esa pretensin de injustificado hegemonismo de una vanguardia con el pretexto de auto representar a la clase (econmica), evidente durante dcadas en Europa, est ya bastante desacreditada, a pesar de su resurgimiento actual. Ms, si cabe, ante su impotencia frente a una realidad de fragmentacin multicultural y social, relativismo postmoderno o individualizacin de la relacin social, a la que no puede hacerle frente con argumentos convincentes. As, ms all de evitar la alabanza a esa dinmica dispersa hay que superar las deficiencias polticas y tericas de ese enfoque uniformizador contraproducente para la accin colectiva emancipadora. Supone una clara incomprensin de la realidad diversa y multifactica de las clases populares y, en particular, de las caractersticas, intereses y demandas de las clases trabajadoras, en plural, empezando por las cuestiones de gnero con la necesidad de una visin integradora, plural y democrtica de sus distintas dinmicas.

Esa auto consideracin de vanguardia de una base social homognea ha entrado en crisis por la realidad popular multidimensional, sus escasos vnculos sociales y su limitada capacidad representativa y transformadora. As, tendencias de la vieja izquierda trataban de ganar su hegemona organizativa, con su argumento fallido de legitimacin ideolgica de clase, pero con escasa proyeccin electoral e incluso en el movimiento sindical de clase. Es uno de los factores de su declive. Era imperiosa su renovacin, ya iniciada, precisamente, en la primera constitucin de Izquierda Unida en los aos ochenta y ahora con la orientacin de unidad popular, y que es imprescindible reforzar para que pueda jugar un papel significativo en el futuro inmediato.

Una derivacin todava ms distorsionadora es la asimilacin de que la situacin de explotacin econmica es la principal y la subordinacin social y cultural es la secundaria y dependiente. Pero la opcin para configurar un bloque social alternativo debe tener un enfoque global, integrando la diversidad analtica y real de la situacin de dominacin y desventaja y la respuesta real de la gente. En el fondo persiste una pugna por constituirse en el eje articulador, sociopoltico e intelectual, de un conjunto popular heterogneo.

Durante mucho tiempo la mayor tensin se ha producido en su traslacin a la hegemona poltica y electoral, en particular entre las tres tendencias histricas que resurgen en los aos sesenta: la socialdemocracia, la corriente comunista y los sectores de nueva izquierda y movimentistas (incluido los partidos verdes). Ahora, dejando al margen las dinmicas nacionalistas, la competencia y la posibilidad de acuerdos progresivos se produce entre el Partido Socialista, con su ambivalencia, y las fuerzas del cambio.

La sobrevaloracin unificadora del discurso

En sentido contrario al determinismo (economicista o biologista) est la sobrevaloracin unificadora a travs del discurso de una lite interesada. Es la posicin idealista o culturalista del populismo de Laclau, que destaca el resultado homogeneizador de un fuerte liderazgo discursivo. Es decir, sobrevalora la accin discursiva de una lite, directamente o a travs del poder institucional al que accede, que construye la identidad popular y determina su comportamiento.

Conlleva dos efectos problemticos. Por un lado, similar resultado impositivo al vanguardismo de clase, sin articular bien la diversidad y el pluralismo. Por otro lado, la dificultad operativa para crear, sumar y converger con distintos actores, as como la incapacidad para ensanchar o ganar credibilidad en sectores no afines, es decir, para conformar un bloque social y poltico heterogneo y plural.

Por tanto, esos dos desenfoques, objetivista-economicista e idealista-discursivo, impiden desarrollar mejor la doble dinmica de reconocimiento de la diversidad y respeto a la pluralidad de las capas populares, con la experiencia e interaccin unitaria, la capacidad expresiva del conjunto y la accin articuladora de sus sectores ms activos, evitando vanguardismos autodesignados.

Por otra parte, los nuevos movimientos sociales han ido afirmando su autonoma respecto de un supuesto inters general que se adjudicaban los viejos actores de la izquierda poltica y marcando su especificidad respecto del pretexto de su monopolio de la representacin del inters comn del conjunto asociativo progresista. O sea, se ventila la hegemona sociopoltica y orgnica de los distintos movimientos sociales y su representacin institucional. Y, al revs, ha sido habitual la desconsideracin postmoderna de la importancia de las estructuras sociales y el carcter del poder institucional para avanzar de forma unitaria en los derechos civiles, la igualdad social y el cambio de mentalidades.

Esa dinmica se rompe con la superacin de la pasividad social y la resignacin poltica ante los nuevos retos que plantean las lites dominantes en su gestin de la crisis sistmica: su carcter regresivo y autoritario. Se conforma una corriente social progresista y crtica, un movimiento popular, unitario, democrtico y participativo, representado simblicamente por el movimiento 15-M y la configuracin de un electorado indignado, crtico y distanciado de la socialdemocracia. Y terminan por conformarse las llamadas fuerzas del cambio, incluido Izquierda Unida, con el predominio de la capacidad poltica, representativa e institucional de Podemos como eje articulador, aunque todava con cierta fragilidad unitaria y estratgica.

No obstante, para avanzar en su consolidacin hay que reconocer y prevenir estas insuficiencias que han llegado hasta los nuevos movimientos populares y en la configuracin de su representacin poltico-institucional y en su interior (Unidas Podemos, Izquierda Unida, junto con sus aliados y convergencias y las candidaturas municipalistas). A ello hay que aadir la complejidad y la ambivalencia de las relaciones con el Partido Socialista, los acuerdos (y desacuerdos) en los mbitos locales y autonmicos y el objetivo de avanzar hacia una alianza de progreso que abra un nuevo escenario de cambio en Espaa.

Por tanto, se han dado pasos unitarios positivos, pero todava frgiles, dadas las tareas estratgicas pendientes. Es una dinmica que conviene reflexionar para superar las dificultades, prejuicios y limitaciones tericas e interpretativas.

Aunque perviven dinmicas sectarias, competitivas, prepotentes y hegemonistas y una cultura particularista, pblicamente ha ganado el discurso de la autonoma de cada actor y la importancia de la convergencia o la unidad popular (el frente-populismo). Ello sobre la base del respeto mutuo, el talante democrtico y las demandas, iniciativas y proyectos compartidos, as como con el componente sociopoltico unitario por un horizonte de cambio democrtico y de progreso frente a adversarios fcticos poderosos. Es una base positiva para avanzar.

Desde esta perspectiva, es ms secundaria la discusin de carcter de clase o popular de los sujetos por su composicin. Habra que definirlos por su sentido poltico y el grado de polarizacin con el bloque de poder o sus adversarios fcticos. Y, respecto a la formacin (mejor que construccin que tiene una acepcin ms voluntarista desde la nada) de un sujeto o tendencia social (o bloque histrico) se abre otra discusin: Cul es la realidad previa de los actores realmente existentes, su sustancia relacional y cultural? Cmo se pasa de su relativa pasividad, diversidad y fragmentacin a una convergencia activa o unidad popular democrtica y antioligrquica? Cmo se fortalece su cultura democrtica y de justicia social y, sobre todo, su implicacin activa en los procesos participativos de progreso?. Antes de avanzar en respuestas ms generales, hay que profundizar en la experiencia del movimiento popular en Espaa, convenientemente interpretada, que ya ofrece algunas enseanzas.

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid UAM. Coautor de La clase trabajadora Sujeto de cambio en el siglo XXI?, ed. Siglo XXI

@antonioantonUAM

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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