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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2018

La nica minora peligrosa son los ricos (y sus siervos)

Paca Blanco, Jess Rodrguez, Mara Lobo y Aziz Matrouch
Pblico


El avance del neofascismo y de las formaciones polticas autoritarias, el xito de Trump, Bolsonaro o Salvini son consecuencia de la inseguridad y frustracin que han originado los partidos del extremo centro neoliberales que han impuesto un largo perodo de polticas austeritarias para la mayora social en el plano estatal siguiendo el dictado del FMI y una globalizacin econmica internacional que ha conculcado los derechos y los intereses de los pueblos. La Unin Europea y el Estado espaol no han sido una excepcin, bien al contrario, son paradigmticas en la disminucin del gasto social, del sector pblico de la economa y de los derechos de la ciudadana. Tras la crisis de 2007/2008 los ganadores en todo el mundo son los mismos que las provocaron, la oligarqua financiera y las multinacionales.

Paradjicamente un representante del capital ms parasitario como es Trump logra erigirse en adalid contra el establishment con un discurso xenfobo y supremacista. Los nuevos zares de la extrema derecha en Francia, Italia, Polonia, Hungra y en nuestro pas han desviado la rabia de un importante sector del pueblo contra extranjeros y minoras tnicas, contra emigrantes y mujeres. Tanto en Amrica como en Europa la extrema derecha asegura, de esa manera, los intereses de la oligarqua haciendo culpable de las desgracias a sectores sociales muy frgiles que difcilmente pueden defenderse y an menos ser causantes de la situacin. Una jugada maestra para seguir aplicando polticas que aumentan la desigualdad social, el odio al diferente y la divisin en los pueblos. Los causantes de la crisis de una dcada de duracin y los ganadores de la globalizacin pueden estar tranquilos, los polticos a su servicio, al igual que el ladrn de la fbula popular distrae a los viandantes gritando al ladrn, al ladrn sealando al desarrapado que pasaba por all.

Desde hace varios aos, vivimos una situacin que se ha denominado como crisis. A veces, de tanto escuchar una palabra, la acabamos repitiendo y asumiendo sin pensar bien qu significa. Crisis tiene un significado concreto. Ha significado que millones de personas vivan condenadas al paro. Millones de personas que cada vez tienen que trabajar ms por menos dinero. Crisis son los alquileres cada vez ms elevados, los servicios pblicos ms colapsados con aulas con ms alumnos, mdicos con consultas cada vez ms saturadas, un transporte pblico cada vez ms caro y menos eficiente. Crisis son las pensiones de miseria para los que han tenido una vida de esfuerzo o las mujeres que cada vez sufren ms para sostener la economa de su gente y las personas migrantes perseguidas simplemente por ser pobres. Esa es, en lo concreto, la crisis para el 80% de la poblacin. Somos la clase trabajadora la que sufrimos la crisis.

Sin embargo, hay una minora privilegiada a la que no le ha ido mal. Una minora parsita que, amparada por unas reglas del juego que siempre les favorecen, ha seguido haciendo negocios y ganando dinero a espuertas a costa del trabajo ajeno. Una minora acaparadora que esquilma los recursos de todos para lucrarse y vivir en la opulencia ms escandalosa. S, a los banqueros, a los ejecutivos, a las grandes empresas, les ha ido muy bien. Se han aprovechado de la situacin para saquear los servicios pblicos, para bajar los salarios, para especular con la vivienda. Imponen un rgimen de terror en los centros de trabajo: a quin protesta y se organiza, lo echan a la calle. Y tienen de su parte al conjunto de poderes del Estado, que lejos de ejercer un rol redistributivo, se dedican a legislar para proteger los intereses de los bancos. El caso del poder judicial, con el Tribunal Supremo a la cabeza, no es sino una muestra ms de que el Estado sigue siendo el consejo de administracin de los ricos. Encima, ahora quieren enfrentarnos entre nosotros, en nuestros barrios y ciudades, en los lugares que queremos tanto: quieren dividirnos cuando son ellos los que nos hacen la vida difcil a todos. Pero no podemos permitir que esta situacin se normalice. La sociedad crea riqueza; somos los trabajadores y las trabajadoras las que generamos riqueza. Muchas veces ni se nos paga un salario, como en el caso de las mujeres. Pero sin todo ese esfuerzo de los y las de abajo, la sociedad colapsara.

Hacernos preguntas nos obliga a cambiar las cosas: Es justo que las grandes empresas y sus ejecutivos se estn embolsando millones mientras ms del 50% de la gente tiene ingresos que van de los 0 a los 1200 euros? Es justo que siga habiendo millones de pisos vacos y sigan subiendo los alquileres y sigan desahuciando a familias? Es evidente que no lo es y no basta con lamentarse. Hay que actuar. Y es que vivimos tiempos turbulentos. El capitalismo en crisis ha desatado la emergencia de fuerzas reaccionarias que tratan de restaurar el orden. Un orden que nos ofrece dos opciones a la gente de abajo: o mantenernos en nuestro su sitio calladas mientras nos empobrecen o enfrentarnos entre nosotras para pelearnos por los restos de la miseria. Y es que el discurso xenfobo y racista es el propio de quienes se han rendido y no quieren enfrentarse a los poderosos y prefieren enfrentarse a su vecino o vecina, a quien pueda ser ms vulnerable. Los movimientos sociales y sus necesarias reivindicaciones de fiscalidad a quienes ms tienen, de impedir la especulacin con los alquileres, de dar derechos a los trabajadoras y autnomos son demandas valientes porque solo la valenta puede cambiar las cosas.

Pero no son tiempos para quedarse atrapadas en el shock, en la impotencia. Debemos combatir y sealar a los verdaderos responsables de esta situacin de crisis, precariedad e inseguridad en la que se encuentra la clase trabajadora. No debemos hacer ninguna concesin ante los discursos contra las personas migrantes, las mujeres, las LGTBI, ni tampoco contra los perseguidos por sus ideas polticas. Van contra nosotras y contra nuestras vecinas. Buscan mantener empobrecidas y divididas nuestras comunidades. Y lo hacen para mantener sus privilegios, seguir engordando sus beneficios.

Es preciso denunciar este estado de cosas, pero no basta con denunciar, es urgente construir las alternativas. Necesitamos representantes polticos que las defiendan, pero no basta con presentarse a las elecciones confiando todo a la representacin, es necesario que la sociedad se organice y tome en sus manos la solucin a los problemas. Las clases subalternas, las gentes de abajo, debern defenderse y pasar a la ofensiva activamente. Afortunadamente, en nuestros pueblos y barrios, en los centros docentes y en los de trabajo hay muchas personas que luchan cotidianamente contra la presin que impone este sistema. Es la gente que trabaja en el movimiento feminista, en el movimiento de vivienda, en los sindicatos, en los movimientos vecinales y antirracistas. Esos son los mejores anticuerpos frente al auge de la xenofobia y el fascismo. Construir comunidades organizadas, contrapoderes reales que hagan frente a los que tienen todava el poder (se presenten o no a las elecciones).

Es el momento de recuperar la conviccin de que podemos transformar las cosas. Lo que implica que las clases subalternas se organicen para ello. Lo que supone identificar problemas, vctimas y culpables. Pro tambin se necesario disponer de un proyecto de sociedad y construir un programa que ofrezca alternativas reales de transformacin. Alternativas radicales y de ruptura con este estado de cosas, aunque eso suponga una colisin frontal con el establishment: los poderes econmicos y las instituciones de la gobernanza neoliberal. Por eso Anticapitalistas ha decidido poner su granito de arena en una labor que afecta quienes quieren una sociedad justa y democrtica para sealar, desde los barrios, aulas y empresas, a la nica minora peligrosa para el bienestar social: los ricos y los polticos a su servicio. Tambin para presentar propuestas concretas frente a la escandalosa desigualdad vigente en la sociedad, lo que supone ir a la raz de la misma y situar en el horizonte poltico la expropiacin del poder econmico para ponerlo al servicio de la mayora repartiendo la riqueza.

No podemos dejarle el espacio en nuestros barrios a la extrema derecha ni confiar en que las superficiales y banales polticas progresistas, incapaces de plantar cara al poder, vayan a resolver nuestros problemas. No hay otra forma de resolver los problemas que una peligrosa y depredadora minora ha generado que construyendo una fuerza social capaz de expropiar a los poderosos. Es hora de decir: basta de discursos vacos y de medias tintas; basta de permitir que el saqueo sin respuesta. Son necesarias nuevas ideas y propuestas capaces de alumbrar campaas y acciones con el objetivo hacer frente a los privilegiados y su poder econmico, poltico, judicial y comunicativo. Lo contrario es dejar el terreno libre para que el natural malestar que genera la desigualdad extrema lo ocupe el racismo, el machismo y el odio.

Paca Blanco, Jess Rodrguez, Mara Lobo y Aziz Matrouch, militantes de Anticapitalistas.

Fuente: https://blogs.publico.es/otrasmiradas/16458/la-unica-minoria-peligrosa-son-los-ricos-y-sus-siervos/



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