Portada :: Brasil :: Elecciones en Brasil
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-11-2018

Brasil: la nueva potencia de la derecha mutante

Jos Natanson
Nueva Sociedad (NUSO)


El presidente electo de Brasil pas de ser un ex-capitn y un oscuro diputado a surfear una poderosa ola conservadora y autoritaria. Junto con mutaciones en la sociedad brasilea, asistimos tambin a cambios en las derechas y corridas hacia candidaturas de tinte autoritario y ultraconservador. Bolsonaro interpret un conjunto de tendencias que lo preexistan, las explot con habilidad y las convirti en un programa, un conjunto de smbolos (como su eslogan Brasil por encima de todo/Dios por encima de todos) y una candidatura. Bolsonaro es consecuencia ms que causa de los dramas de Brasil.

Los resultados electorales tienen explicaciones complejas que conviene desentraar con cuidado, en particular en un pas de dimensiones ocenicas como Brasil, con una sociedad fragmentada y polarizada, que atraviesa un proceso de intensa transformacin productiva, cambios sociales acelerados y una recesin que ya lleva cuatro aos.

Entre las diferentes explicaciones que se ensayaron para dar cuenta de las elecciones presidenciales, y que van del clima antipoltico a los errores tcticos del Partido de los Trabajadores (PT), de la crisis de los partidos conservadores tradicionales a las fake news, me centrar aqu en las mutaciones que viene experimentando un sector de la sociedad brasilea tradicionalmente inclinado hacia las opciones de derecha: entender este punto ayuda a iluminar una serie de tendencias de mediano plazo que a su vez contribuyen a explicar el triunfo de Jair Bolsonaro.

La primera tendencia, la que se encuentra en la superficie de buena parte de los anlisis de estas horas, es el sentimiento anti-PT, que se explica en primer lugar por el malestar de sectores acomodados que hasta 2003 estaban demasiado acostumbrados a convivir solo con sus pares de clase: el crecimiento econmico, el aumento sostenido del salario real, la ampliacin de la cobertura previsional y los programas sociales que caracterizaron la etapa petista produjeron un fenmeno de movilidad ascendente, los famosos 40 millones de brasileos que ingresaron a la clase media, una transformacin social mayscula que hizo que restaurantes, playas y hasta aeropuertos se llenaran de caras nuevas, ms pobres y menos blancas. Decisiones ms focalizadas, como las polticas de accin afirmativa para facilitar el acceso de negros e indgenas a las universidades pblicas, operaron en el mismo sentido: modificando espacios que hasta el momento estaban reservados a las elites.

El anlisis de la composicin social del voto, que a grandes rasgos indica que cuanto mayor nivel de ingreso ms apoyo al Bolsonaro, confirma que el candidato logr captar el apoyo de quienes vivieron el ciclo de la izquierda como una prdida de estatus relativo. Este sesgo social, del que se infiere una especie de revancha de clase, debe sin embargo matizarse sealando que una victoria como la de ayer no se explica solo por el respaldo de los ms ricos y las capas medias: franjas relevantes de los sectores populares e incluso de los ms pobres apoyaron a la ultraderecha, que por ejemplo arras en las favelas de Ro de Janeiro.

Al mismo tiempo, al igual que otros pases, Brasil viene registrando en los ltimos aos un fortalecimiento del movimiento feminista y de las demandas de inclusin de las minoras sexuales. Aunque de manera ms bien tmida y negociando siempre con los poderes fcticos, el PT despleg algunas polticas en este sentido, como el programa para evitar la discriminacin en las escuelas anunciado por Fernando Haddad como ministro de Educacin, que Bolsonaro denomin kit gay y us como excusa para una campaa mentirosa que acusaba al candidato del PT de promover la homosexualidad en los nios. En todo caso, esta transformacin cultural hacia una sociedad ms plural y tolerante comenz a amenazar un conjunto de valores, conductas y hasta estticas tradicionales, y a generar resistencia: las encuestas confirman que los varones blancos fueron el principal grupo de apoyo al candidato de ultraderecha, que dedic parte de su campaa a criticar la ideologa de gnero y no ahorr ataques contra los gays y las mujeres.

Esta plataforma fue clave para la alianza con las iglesias evanglicas, que apoyaron de manera abierta a Bolsonaro y contribuyeron a fortalecer el carcter policlasista de su voto. Pero tambin aqu es necesario introducir una aclaracin: la idea de que Edir Macedo ordena votar a un candidato y sus feligreses lo siguen en masa idea que remite a la muy cristiana figura del rebao resulta exagerada. Aunque su influencia es importante, el voto pentecostal es tan complejo como cualquier otro. Por otra parte, el apoyo de los pastores al ex-capitn del Ejrcito explica, pero tambin es resultado de su ascenso: fue cuando se dieron cuenta de que haba una figura nueva en vertiginoso crecimiento y capaz de expresar sus intereses reaccionarios cuando la mayor parte de las iglesias evanglicas se decidieron a respaldarlo.

La demanda de seguridad y orden, incluso al costo de un recorte de las libertades, los valores democrticos y los derechos humanos, constituye otra tendencia de largo plazo, que en la ltima etapa fue asumiendo la forma de un punitivismo desde abajo justificado en el nadie hace nada. Por supuesto, el reclamo responde a una realidad: Brasil es uno de los pases ms inseguros del mundo y tres de las diez ciudades ms peligrosas del planeta se ubican en su territorio (aunque aqu tambin es necesario matizar: el PT obtuvo sus mejores resultados en el Nordeste, donde se registran los peores indicadores de criminalidad, y Bolsonaro en el Sur y el Sureste, que la sufren menos: de hecho arras en el estado de San Pablo, donde los ndices de homicidios vienen disminuyendo de manera sostenida desde hace aos).

Pero ms all de estas notas al pie, lo cierto es que la inseguridad fue uno de los ejes de la campaa. Para los sectores ms privilegiados, la demanda de represin puede ser un intento de controlar a los grupos subalternos que adquirieron poder y visibilidad durante la era petista y que hoy son percibidos como una amenaza, en lnea con la experiencia histrica que demuestra que los momentos plebeyos de ampliacin de derechos suelen generar una reaccin conservadora. Para los sectores medios-bajos, el punitivismo es una respuesta a lo que a menudo se percibe como los privilegios indebidos que reciben los grupos ms empobrecidos de la poblacin a travs de diversas formas de asistencia estatal, lo que el socilogo britnico Jock Young define como resentimiento hacia abajo.

El reclamo punitivista se apoya en el prestigio social que an conservan los militares. Sucede que durante sus dos dcadas en el poder la dictadura brasilea despleg una represin feroz, que incluy asesinatos y torturas, pero que no alcanz los niveles de Argentina, Chile y Uruguay. Toler adems una oposicin poltica controlada y mantuvo al Congreso en funcionamiento, lo que ms tarde permiti una transicin a la democracia gradual y pactada. Pero fue sobre todo el hecho de que el golpe se haya producido una dcada antes (en 1964) que en otros pases del Cono Sur lo que les permiti a los militares brasileos adelantarse a la crisis del petrleo con una gestin econmica desarrollista que durante algunos aos logr el famoso milagro. En suma, los brasileos tienen una relacin con su dictadura diferente de la de los argentinos, los uruguayos e incluso los chilenos, que en cierto modo atena los reflejos antiautoritarios en un pas que nunca juzg a sus represores.

La ltima tendencia que vale la pena identificar es el malestar antipoltico y la crisis de representacin que produjo la combinacin de recesin econmica, estancamiento social y escndalos de corrupcin. Aunque el Lava Jato involucra a casi toda la clase poltica, sin distinguir ideologa ni partido, para muchos brasileos es responsabilidad sobre todo del PT.

Como la brasilea es una sociedad histricamente poco inclinada a manifestarse en las calles, que ha tramitado sus principales cambios histricos, de la Independencia al fin de la esclavitud, del Estado Novo a la recuperacin de la democracia, mediante acuerdos entre elites, de manera relativamente pacfica, este sentimiento antisistema no se expresa por va del estallido. En Brasil, no hay 17 de Octubres ni diciembres de 2001 como en Argentina o guerras del gas como en Bolivia, y sin embargo el clima est: la ltima encuesta de Latinobarmetro demuestra que el nivel de satisfaccin con la democracia es el ms bajo de la regin.

En este marco, Bolsonaro llev adelante una campaa desprovista de propuestas concretas de gestin, apenas basada en la frmula que combina un recientemente adquirido ultraneoliberalismo econmico con su clsico autoritarismo social. Si la primera parte de la ecuacin est claramente orientada a tranquilizar al establishment, la segunda es una sntesis de una serie de convicciones reaccionarias que viene agitando desde hace dcadas, lo cual subraya la idea de un poltico autntico, que se muestra tal cual es. As, con enormes y obvias diferencias, Bolsonaro ingresa a la familia de lderes que, como Donald Trump, Rodrigo Duterte o Viktor Orbn, descubrieron que los barbarismos que les salen del alma no son motivo de vergenza sino un extraordinario recurso de construccin poltica en sociedades golpeadas y desorientadas.

Ms intuitiva que sociolgicamente, Bolsonaro capt estas mutaciones culturales de la sociedad brasilea, percibi mejor que nadie que la crisis que comenz con las protestas contra Dilma Rousseff en 2013, sigui con el estallido del Lava Jato y continu con el golpe institucional y la proscripcin judicial de Luiz Incio Lula da Silva no fue un momento pasajero sino un punto de inflexin histrico, un quiebre en el proceso de estabilidad y crecimiento centrista que se extendi durante los dos gobiernos de Fernando Henrique Cardoso y los tres del PT, que le aadieron un componente de inclusin social formidable.

En el marco de un Brasil afectado por una sensacin permanente de inseguridad, desilusionado por la evidencia de la corrupcin, con las jerarquas tradicionales jaqueadas, empobrecido y estancado, Bolsonaro ofrece una novedad retro: la promesa de volver a una normalidad extraviada, retornar a un pasado idealizado, recuperar un orden tranquilizador bajo la forma de una utopa reaccionaria que remite al clsico bblico del paraso perdido.

El flamante presidente, un oscuro diputado federal que hasta hace poco tiempo se contentaba con representar los intereses de los militares, interpret un conjunto de tendencias que lo preexistan, las explot con habilidad y las convirti en un programa, un conjunto de smbolos (como su eslogan Brasil por encima de todo/Dios por encima de todos) y una candidatura. Quisiera subrayar este punto: Bolsonaro es consecuencia ms que causa de los dramas de Brasil.

La derecha brasilea, decamos, ha cambiado. Si se miran con atencin los resultados, es fcil comprobar que desde un punto de vista cuantitativo su apoyo se mantuvo estable en las ltimas cuatro o cinco elecciones presidenciales. La diferencia es que en el pasado se fragmentaba en la primera vuelta y se una en el ballotage. Y que si durante dos dcadas se expres en los candidatos del Partido de la Social Democracia Brasilea (PSDB, cuyo nombre puede llevar a confusin) que, sobre todo en el caso de Cardoso y Jos Serra, aparecan como ms moderados que su electorado, hoy acompaa a un lder claramente ms conservador. En otras palabras, el voto de derecha conserva a grandes rasgos su tamao y su composicin social y regional, pero ahora est dispuesto a votar a figuras que hace unos aos parecan inelegibles, a apoyar abiertamente o tolerar en silencio una propuesta racista, homofbica y sexista. La derecha brasilea no es ms grande: es ms intensa y por eso ms peligrosa.

Fuente: http://nuso.org/articulo/brasil-la-nueva-potencia-de-la-derecha-mutante/


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter