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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2019

El orden reina en Berln

Rosa Luxemburg
Marxists.org


Nota deedicin.El 14 de enero de 1919, la vspera del da en que fue asesinada por los soldados de la Caballera de la Guardia del Gobierno del SPD junto con su compaero de luchas Karl Liebknecht, Rosa Luxemburg escribe este texto El orden reina en Berln, un lcido anlisis de los acontecimientos ocurridos en la Semana Espartaquista (4 de enero de 1919 14 de enero de 1919), en el transcurso de los cuales, la ola revolucionaria promovida por el KPD (Partido Comunista Alemn) choc con la indecisin de la direccin revolucionaria, que conquistara el poder en noviembre de 1918, poniendo final a la I Guerra Mundial. De esa derrota Rosa Luxemburg saca una conclusin: la direccin puede y debe ser creada de nuevo por las masas y a partir de las masas. Las masas son lo decisivo, ellas son la roca sobre la que se basa la victoria final de la revolucin. Ahora bien, por qu la direccin revolucionaria se mostrara indecisa, acaso fue una expresin del socialchauvinismo reformista que haba arrastrado durante muchos aos el SPD?

Para una mejor contextualizacin del texto de Luxemburg, se puede consultar el artculo de Jos Luis Martn Ramos La revolucin alemana de noviembre de 1918: la hora de la revolucin mundial?.

Alfredo Iglesias Diguez

***

"El orden reina en Varsovia", anunci el ministro Sebastiani a la Cmara de Pars en 1831 cuando, despus de haber lanzado su terrible asalto sobre el barrio de Praga, la soldadesca de Paskievitch haba entrado en la capital polaca para dar comienzo a su trabajo de verdugos contra los insurgentes.

"El orden reina en Berln!", proclama triunfante la prensa burguesa, proclaman Ebert y Noske, proclaman los oficiales de las "tropas victoriosas2 a las que la chusma pequeoburguesa de Berln acoge en las calles agitando sus pauelos y lanzando sus hurras! La gloria y el honor de las armas alemanas se han salvado ante la historia mundial. Los lamentables vencidos de Flandes y de las Ardenas han restablecido su renombre con una brillante victoria sobre...los 300 "espartaquistas" del Vorwrts. Las gestas del primer y glorioso avance de las tropas alemanas sobre Blgica, las gestas del general von Emmich, el vencedor de Lieja, palidecen ante las hazaas de Reinhardt y Ca., en las calles de Berln. Parlamentarios que haban acudido a negociar la rendicin del Vorwrts asesinados, destrozados a golpes de culata por la soldadesca gubernamental hasta el punto de que sus cadveres eran completamente irreconocibles, prisioneros colgados de la pared y asesinados de tal forma que tenan el crneo roto y la masa cerebral esparcida: quin piensa ya a la vista de estas gloriosas hazaas en las vergonzosas derrotas ante franceses, ingleses y americanos? "Espartaco" se llama el enemigo y Berln el lugar donde nuestros oficiales entienden que han de vencer. Noske, el "obrero", se llama el general que sabe organizar victorias all donde Ludendorff ha fracasado.

Cmo no pensar aqu en la borrachera de victoria de la jaura que impuso el "orden" en Pars, en la bacanal de la burguesa sobre los cadveres de los luchadores de la Comuna? Esa misma burguesa que acaba de capitular vergonzosamente ante los prusianos y de abandonar la capital del pas al enemigo exterior para poner pies en polvorosa como el ltimo de los cobardes! Pero frente a los proletarios de Pars, hambrientos y mal armados, contra sus mujeres e hijos indefensos, cmo volva a florecer el coraje viril de los hijitos de la burguesa, de la "juventud dorada", de los oficiales! Cmo se desat la bravura de esos hijos de Marte humillados poco antes ante el enemigo exterior ahora que se trataba de ser bestialmente crueles con indefensos, con prisioneros, con cados!

"El orden reina en Varsovia!", "El orden reina en Pars!", "El orden reina en Berln!", esto es lo que proclaman los guardianes del "orden" cada medio siglo de un centro a otro de la lucha histrico-mundial. Y esos eufricos "vencedores" no se percatan de que un "orden" que peridicamente ha de ser mantenido con esas carniceras sangrientas marcha ineluctablemente hacia su fin. Qu ha sido esta ltima "Semana de Espartaco" en Berln, qu hatrado consigo, qu enseanzas nos aporta? Aun en medio de la lucha, en medio del clamor de victoria de la contrarrevolucin han de hacer los proletarios revolucionarios el balance de lo acontecido, han de medir los acontecimientos y sus resultados segn la gran medida de la historia. La revolucin no tiene tiempo que perder, la revolucin sigue avanzando hacia sus grandes metas an por encima de las tumbas abiertas, por encima de las "victorias" y de las "derrotas". La primera tarea de los combatientes por el socialismo internacional es seguir con lucidez sus lneas de fuerza, sus caminos.

Poda esperarse una victoria definitiva del proletariado revolucionario en el presente enfrentamiento, poda esperarse la cada de los Ebert-Scheidemann y la instauracin de la dictadura socialista? Desde luego que no si se toman en consideracin la totalidad de los elementos que deciden sobre la cuestin. La herida abierta de la causa revolucionaria en el momento actual, la inmadurez poltica de la masa de los soldados, que todava se dejan manipular por sus oficiales con fines antipopulares y contrarrevolucionarios, es ya una prueba de que en el presente choque no era posible esperar una victoria duradera de la revolucin. Por otra parte, esta inmadurez del elemento militar no es sino un sntoma de la inmadurez general de la revolucin alemana.

El campo, que es de donde procede un gran porcentaje de la masa de soldados, sigue sin estar apenas tocado por la revolucin. Berln sigue estando hasta ahora prcticamente asilado del resto del pas. Es cierto que en provincias los centros revolucionarios -Renania, la costa norte, Braunschweig, Sajonia, Wrttemberg- estn con cuerpo y alma al lado de los proletarios de Berln. Pero lo que sobre todo falta es coordinacin en la marcha hacia adelante, la accin comn directa que le dara una eficacia incomparablemente superior a la ofensiva y a la rapidez de movilizacin de la clase obrera berlinesa. Por otra parte, las luchas econmicas, la verdadera fuerza volcnica que impulsa hacia adelante la lucha de clases revolucionaria, estn todava -lo que no deja de tener profundas relaciones con las insuficiencias polticas de la revolucin apuntadas- en su estadio inicial.

De todo esto se desprende que en este momento era imposible pensar en una victoria duradera y definitiva. Ha sido por ello un "error" la lucha de la ltima semana? S, si se hubiera tratado meramente de una "ofensiva " intencionada, de lo que se llama un "putsch". Sin embargo, cul fue el punto de partida de la ltima semana de lucha? Al igual que en todos los casos anteriores, al igual que el 6 de diciembre y el 24 de diciembre: una brutal provocacin del gobierno! Igual que el bao de sangre a que fueron sometidos manifestantes indefensos de la Chausseestrasse e igual que la carnicera de los marineros, en esta ocasin el asalto a la jefatura de polica de Berln fue la causa de todos los acontecimientos posteriores. La revolucin no opera como le viene en gana, no marcha en campo abierto, segn un plan inteligentemente concebido por los "estrategas". Sus enemigos tambin tienen la iniciativa, s, y la emplean por regla general ms que la misma revolucin.

Ante el hecho de la descarada provocacin por parte de los Ebert-Scheidemann, la clase obrera revolucionaria se vi obligada a recurrir a las armas. Para la revolucin era una cuestin de honor dar inmediatamente la ms enrgica respuesta al ataque, so pena de que la contrarrevolucin se creciese con su nuevo paso adelante y de que las filas revolucionarias del proletariado y el crdito moral de la revolucin alemana en la Internacional sufriesen grandes prdidas.

Por lo dems, la inmediata resistencia que opusieron las masas berlinesas fue tan espontnea y llena de una energa tan evidente que la victoria moral estuvo desde el primer momento de parte de la "calle".

Pero hay una ley vital interna de la revolucin que dice que nunca hay que pararse, sumirse en la inaccin, en la pasividad despus de haber dado un primer paso adelante. La mejor defensa es el ataque. Esta regla elemental de toda lucha rige sobre todos los pasos de la revolucin. Era evidente -y haberlo comprendido as testimonia el sano instinto, la fuerza interior siempre dispuesta del proletariado berlins- que no poda darse por satisfecho con reponer a Eichhorn en su puesto. Espontneamente se lanz a la ocupacin de otros centros de poder de la contrarrevolucin: la prensa burguesa, las agencias oficiosas de prensa, el Vorwrts. Todas estas medidas surgieron entre las masas a partir del convencimiento de que la contrarrevolucin, por su parte, no se iba a conformar con la derrota sufrida, sino que iba a buscar una prueba de fuerza general.

Aqu tambin nos encontramos ante una de las grandes leyes histricas de la revolucin frente a la que se estrellan todas las habilidades y sabiduras de los pequeos "revolucionarios" al estilo de los del USP, que en cada lucha slo se afanan en buscar una cosa, pretextos para la retirada. Una vez que el problema fundamental de una revolucin ha sido planteado con total claridad -y ese problema es en esta revolucin el derrocamiento del gobierno Ebert-Scheidemann, en tanto que primer obstculo para la victoria del socialismo- entonces ese problema no deja de aparecer una y otra vez en toda su actualidad y con la fatalidad de una ley natural; todo episodio aislado de la lucha hace aparecer el problema con todas sus dimensiones por poco preparada que est la revolucin para darle solucin, por poco madura que sea todava la situacin. "Abajo Ebert-Scheidemann!", es la consigna que aparece inevitablemente a cada crisis revolucionaria en tanto que nica frmula que agota todos los conflictos parciales y que, por su lgica interna, se quiera o no, empuja todo episodio de lucha a su mas extremas consecuencias.

De esta contradiccin entre el carcter extremo de las tareas a realizar y la inmadurez de las condiciones previas para su solucin en la fase inicial del desarrollo revolucionario resulta que cada lucha se salda formalmente con una derrota. Pero la revolucin es la nica forma de "guerra" -tambin es sta una ley muy peculiar de ella- en la que la victoria final slo puede ser preparada a travs de una serie de "derrotas"!

Qu nos ensea toda la historia de las revoluciones modernas y del socialismo? La primera llamarada de la lucha de clases en Europa, el levantamiento de los tejedores de seda de Lyon en 1831, acab con una severa derrota. El movimiento cartista en Inglaterra tambin acab con una derrota. La insurreccin del proletariado de Pars, en los das de junio de 1848, finaliz con una derrota asoladora. La Comuna de Pars se cerr con una terrible derrota. Todo el camino que conduce al socialismo -si se consideran las luchas revolucionarias- est sembrado de grandes derrotas.

Y, sin embargo, ese mismo camino conduce, paso a paso, ineluctablemente, a la victoria final! Dnde estaramos nosotros hoy sin esas "derrotas", de las que hemos sacado conocimiento, fuerza, idealismo! Hoy, que hemos llegado extraordinariamente cerca de la batalla final de la lucha de clases del proletariado, nos apoyamos directamente en esas derrotas y no podemos renunciar ni a una sola de ellas, todas forman parte de nuestra fuerza y nuestra claridad en cuanto a las metas a alcanzar.

Las luchas revolucionarias son justo lo opuesto a las luchas parlamentarias. En Alemania hemos tenido, a lo largo de cuatro decenios, sonoras "victorias" parlamentarias, bamos precisamente de victoria en victoria. Y el resultado de todo ello fue, cuando lleg el da de la gran prueba histrica, cuando lleg el 4 de agosto de 1914, una aniquiladora derrota poltica y moral, un naufragio inaudito, una bancarrota sin precedentes. Las revoluciones, por el contrario, no nos han aportado hasta ahora sino graves derrotas, pero esas derrotas inevitables han ido acumulando una tras otra la necesaria garanta de que alcanzaremos la victoria final en el futuro.

Pero con una condicin! Es necesario indagar en qu condiciones se han producido en cada caso las derrotas. La derrota, ha sobrevenido porque la energa combativa de las masas se ha estrellado contra las barreras de unas condiciones histricas inmaduras o se ha debido a la tibieza, a la indecisin, a la debilidad interna que ha acabado paralizando la accin revolucionaria?

Ejemplos clsicos de ambas posibilidades son, respectivamente, la revolucin de febrero en Francia y la revolucin de marzo alemana. La heroica accin del proletariado de Pars en 1848 ha sido fuente viva de energa de clase para todo el proletariado internacional. por el contrario las miserias de la revolucin de marzo en Alemania han entorpecido la marcha de todo el moderno desarrollo alemn igual que una bola de hierro atada a los pies. Han ejercido su influencia a lo largo de toda la particular historia de la Socialdemocracia oficial alemana llegando incluso a repercutir en los ms recientes acontecimientos de la revolucin alemana, incluso en la dramtica crisis que acabamos de vivir.

Qu podemos decir de la derrota sufrida en esta llamada Semana de Espartaco a la luz de las cuestiones histricas aludidas ms arriba? Ha sido una derrota causada por el mpetu de la energa revolucionaria chocando contra la inmadurez de la situacin o se ha debido a las debilidades e indecisiones de nuestra accin?

Las dos cosas a la vez! El carcter doble de esta crisis, la contradiccin entre la intervencin ofensiva, llena de fuerza, decidida, de las masa berlinesas y la indecisin, las vacilaciones, la timidez de la direccin ha sido uno de los datos peculiares del ms reciente episodio.

La direccin ha fracasado. Pero la direccin puede y debe ser creada de nuevo por las masas y a partir de las masas. Las masas son lo decisivo, ellas son la roca sobre la que se basa la victoria final de la revolucin. Las masas han estado a la altura, ellas han hecho de esta "derrota" una pieza ms de esa serie de derrotas histricas que constituyen el orgullo y la fuerza del socialismo internacional. Y por eso, del tronco de esta "derrota" florecer la victoria futura.

"El orden reina en Berln!", esbirros estpidos! Vuestro orden est edificado sobre arena. La revolucin, maana ya "se elevar de nuevo con estruendo hacia lo alto" y proclamar, para terror vuestro, entre sonido de trompetas:

Fui, soy y ser!

Fuente: https://www.marxists.org/espanol/luxem/01_19.htm



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