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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2019

Los debates de la dcada de los 60 en Cuba

Martagloria Morales
Temas


Este ensayo pretende comentar los grandes debates de la dcada de los 60 en Cuba y reflexionar sobre su impacto en las polticas pblicas. No se busca hacer un anlisis exhaustivo de su contenido, sino ms bien dar cuenta del perfil de los actores que participaron y ubicarlos a ellos y a los propios debates en el contexto nacional y la lucha dentro de la Revolucin, as como relacionarlos con la situacin internacional en la cual se desarrollaron.

Las confrontaciones se realizan impulsadas por el propio gobierno o por ciertos actores polticos, con la intencin de influir en determinadas decisiones; en este sentido resulta relevante analizar su impacto. Aqu se considera que los debates son mecanismos, formales o informales, impulsados desde la autoridad para dar voz a los diferentes sectores sociales, y evaluar as el nivel de consenso o disenso de ciertas decisiones o incluso del mapa de fuerzas en juego, y de esta manera pesar los costos polticos y sociales.

En Cuba, los debates han sido un mecanismo usado, de manera recurrente, tanto por las autoridades como por algunos sectores sociales; sin embargo, su intensidad, los temas, y los protagonistas han cambiado y, de algn modo, el nivel de influencia en la definicin de las polticas pblicas tambin lo ha hecho. En la dcada de los 60, los debates influyeron de forma decisiva en definiciones centrales del rumbo de la Revolucin.

El contexto internacional

La caracterizacin de esa dcada, a nivel mundial, llevara ms espacio del posible para este ensayo; baste mencionar que ha sido caracterizada por Immanuel Wallerstein como la poca ms importante del surgimiento de movimientos antisistmicos: guerras de liberacin nacional, movimientos nacionalistas y revolucionarios en Amrica Latina, sociales y de derechos humanos en los Estados Unidos, estudiantiles en casi todo el mundo.1 

El impacto de estos movimientos sobre el pensamiento de izquierda es muy importante, y genera dentro de l una profunda reflexin sobre el rumbo del socialismo, as como sus tareas sustantivas. Esta se inicia a finales de la dcada de los 50 a partir del XX Congreso del Partido Comunista de la Unin Sovitica (1956), con una crtica muy severa al modelo socialista sovitico, por dos motivos centrales: la ausencia de mecanismos de participacin de la sociedad en el gobierno, con las consecuentes censuras a cualquier crtica; y una poltica que restringa las posibilidades del avance del socialismo internacional y, por lo tanto, ayudaba a mantener el estatus bipolar impuesto despus de la Segunda guerra mundial.

Las divergencias entre el modelo chino y el sovitico avivaron an ms las reflexiones en torno a la construccin del socialismo, y el carcter revolucionario de clases sociales que no haban sido consideradas en el marxismo clsico, como sera el caso de los campesinos. Se generaron entonces, a nivel mundial, profundas divisiones de la izquierda,2 y el surgimiento, dentro del marxismo, de diferentes posturas, algunas reformistas, supuestamente inspiradas en las aportaciones de Antonio Gramsci, del cual solo se recupera su propuesta de la guerra de posiciones y no la visin integral de la unidad entre la economa y la poltica. Tambin la lectura de Louis Althusser y de los estructuralistas desvi, en el mismo sentido, la atencin de la izquierda, sobre todo la europea, orientada hacia lo que se denomin el eurocomunismo. Ese mismo debate fortaleci tambin, en el otro extremo, las interpretaciones marxistas ms radicales como el troskismo y la lnea de masas, esta ltima inspirada en Mao y la Revolucin china, las cuales alimentaron ideolgicamente a las guerrillas latinoamericanas en la dcada de los 60 y, sobre todo, en los 70.

El conjunto de movimientos sociales en Amrica Latina culmin, a finales de los 60, con una dramtica derrota, que permiti la instauracin de dictaduras en casi todo el continente, las que se explican, en parte, por errores de la estrategia revolucionaria propiciada por esas profundas divisiones de la izquierda; aunque es importante reconocer que el podero norteamericano y su estrategia de intervencin armada constituyeron el elemento central en estas derrotas, as como tambin la poltica internacional de la Unin Sovitica antes descrita.

En este contexto mundial, Cuba inicia su proceso de construccin del socialismo, y es justamente tal escenario el que permite tener un primer nivel de explicacin sobre el carcter de los debates en los primeros aos de la Revolucin. Es ms, se podra afirmar que Cuba y su construccin del socialismo formaron parte del debate mundial de las izquierdas.

El contexto nacional

La Revolucin cubana no fue resultado de una sola fuerza poltica, ni siquiera de una sola corriente poltico-ideolgica. Tres grupos, claramente identificados (dentro de cada uno de ellos convergen una multitud de posiciones) confluyeron en la gestin revolucionaria.3  Por un lado, una organizacin ciertamente significativa fue el Movimiento 26 de Julio (M-26-7) comandado por Fidel Castro desde el asalto al Cuartel Moncada en 1953 y en el cual haba posturas ideolgicas divergentes, desde anticomunistas, como Hubert Matos y Pedro Daz Lanz, hasta marxistas radicales como Ernesto Guevara. Otro grupo importante fue el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, heredero de las luchas estudiantiles de las dcadas anteriores y responsable del ataque al Palacio presidencial en 1957.4  Finalmente, confluy en este movimiento el Partido Socialista Popular (PSP). Este tuvo una actuacin destacada, sobre todo en el frente obrero, a travs del cual mantuvo una lucha frontal con el gobierno hasta finales de la dcada de los 30. Posteriormente, se opuso al golpe de Estado de Batista en 1952, aunque tampoco estuvo de acuerdo con el asalto al cuartel Moncada.5 

La evaluacin sobre el papel de cada uno de los grupos en el triunfo de la Revolucin es muy compleja y deber hacerse en el marco de una explicacin sobre la Revolucin misma y sobre el carcter de la crisis que la antecedi; sin embargo, este no es el objeto de este ensayo. Lo que s resulta relevante para tener ms elementos en la explicacin de los debates de la dcada, son las percepciones que los sujetos tenan sobre el nivel de participacin de cada uno de los grupos, y las rivalidades que estas provocaron entre ellos. En ese momento existan recelos sobre el nivel de las acciones insurreccionales de los militantes comunistas y por lo tanto sobre su derecho o no de integrar el gobierno revolucionario.

As, el debate en esta dcada tiene una doble dimensin. Por un lado es parte de las luchas dentro de los propios grupos revolucionarios, primero por definir el carcter mismo de la Revolucin y, despus, el tipo de socialismo que se buscaba. La segunda entra en consonancia con el debate compartido internacionalmente, y que en Cuba se refleja como la construccin del socialismo en un pas con bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y con una dependencia externa muy fuerte, en tanto exportador de materias primas, particularmente azcar.

El primer debate de la dcada

La radicalizacin de la Revolucin casi desde sus inicios fue produciendo rupturas incluso dentro del propio M-26-7; es el caso de los liberales constitucionalistas que la apoyaron, pero que no compartieron el giro hacia un nacionalismo radical, y luego hacia el socialismo. Es importante destacar el anticomunismo reinante tanto en la prensa como en una parte significativa de la poblacin, sobre todo a principios de la dcada de los 60.6 

Como destaca claramente Yadira Garca Rodrguez, la prensa, antes de la Revolucin, tuvo dos comportamientos: una parte de ella, particularmente la revista Bohemia, mantuvo una postura ambivalente, apareca como revolucionaria, pero era claramente anticomunista, mientras otros medios, como Diario de la Marina, Informacin y Prensa Libre, mantuvieron posiciones de franca derecha.7  En tanto Bohemia luch durante los primeros aos de la Revolucin por evitar la radicalizacin hacia el socialismo, el resto de las publicaciones mencionadas presumi, desde el principio, su carcter comunista.

De esta manera el primer debate de los 60 gira alrededor del carcter de la Revolucin. Los propios dirigentes y algunos intelectuales de izquierda lo definen de modo muy vago. Fidel declara una revolucin verde como las palmas, Che Guevara la considera un nacionalismo de izquierda,8 y Jean Paul Sartre afirma que es una revolucin sin ideologa.9 

La definicin del carcter socialista de la Revolucin, el 16 de abril de 1961, justo antes del ataque a Playa Girn y posterior a los bombardeos norteamericanos a los aeropuertos de La Habana, fue el principio del fin de este primer debate. Antes, la derecha sale de l cuando los propietarios de los medios de comunicacin abandonan la Isla, entre enero y junio de 1960.10  El director de Bohemia es el ltimo en hacerlo, pero la publicacin contina, pues los trabajadores toman la administracin. Sin embargo, en realidad, la polmica no termina hasta despus del conflicto con el peridico Revolucin y, particularmente, con su suplemento Lunes de Revolucin.11 

En este primer debate la agenda es precisada por la derecha, particularmente por los propietarios de los medios de comunicacin y, por tanto, es en ellos donde se realiza. Los interlocutores son, por un lado, los dueos, a travs de los editoriales, as como algunos periodistas en los artculos de opinin; por el otro, los defensores de la Revolucin que publicaban, en algunos casos, en Bohemia, pero, sobre todo, en los peridicos Revolucin y Noticias de Hoy.12 

La agenda de la discusin es puesta en escena por la derecha, como se seal, pero se convierte en una arena de enfrentamiento ideolgico tambin entre los participantes en la Revolucin, al no haber entre ellos homogeneidad ideolgica. Para complicar an ms el asunto, el debate se desarrolla en un contexto poltico internacional complejo. La permanente agresin de los Estados Unidos aun desde antes de la definicin del carcter socialista de la Revolucin, en buena medida por las polticas nacionalistas y antimperialistas que exiga el cumplimiento del Programa del Moncada,13 obliga al Gobierno revolucionario a un acercamiento relativo, muy cuidadoso, pero acercamiento al fin, con la Unin Sovitica; primero con la presentacin de la Exposicin tecnolgica industrial de ese pas, y luego con la normalizacin de relaciones diplomticas, en mayo de 1960.

En este contexto y frente a la ausencia o debilidad de una burguesa nacional cuyas limitaciones haban sido evidentes en todas las guerras de independencia, el nacionalismo del pueblo cubano y su respaldo al proceso,14  ms la postura ideolgica de los dirigentes ms importantes del gobierno, fueron elementos decisivos para la definicin del carcter socialista de la Revolucin cubana. En este sentido, la derecha perdi el debate y abandon el pas, como muchos combatientes revolucionarios no socialistas.

Dos meses despus del intento norteamericano de impedir, por la va armada, la consolidacin de la Revolucin, mediante la invasin por Playa Girn, se realizaron varias reuniones entre artistas y escritores, en la Biblioteca Nacional, que culminaron el 30 de junio de 1961 con el discurso de Fidel Palabras a los intelectuales. Las discusiones all mantenidas ponen fin, de forma evidente, a la confrontacin sobre el carcter de la Revolucin y abren la segunda polmica de la dcada: el que tiene que ver con el tipo de socialismo que se ha de construir.

El segundo debate

El tema central de los debates que culminaron el 30 de junio fue la libertad de creacin a propsito de la censura del documental PM,15  producido y difundido por la televisin cubana, por los directores de Revolucin y de su suplemento cultural Lunes, y el temor que exista entre algunos escritores de que se implantara el realismo socialista sovitico y la censura en el arte cubano. Este temor estaba asociado al nombramiento de algunos militantes o ex militantes del PSP en puestos de responsabilidad en el recientemente creado Consejo Nacional de Cultura, as como en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematogrficos (ICAIC). Algunos autores asumen que la declaracin del carcter socialista de la Revolucin y la relacin, cada vez ms fuerte, con la Unin Sovitica, dieron al PSP un nuevo y mayor papel en la poltica cubana.16  Este criterio, sin embargo, carece de un anlisis puntual sobre el peso relativo de los tres grupos convergentes en ella.17 

Lo seguramente cierto es que, entre los artistas y escritores, la presencia de militantes o ex militantes del PSP en el mbito de la cultura no fue bien recibida, como es el caso particular de Carlos Franqui y Guillermo Cabrera Infante quienes tenan rencillas personales y diferencias polticas y estticas con algunos de ellos, desde por lo menos la dcada de los 50.

Entre 1959 y 1961, el conflicto entre los intelectuales estaba fuertemente polarizado, por lo menos entre los participantes en Lunes de Revolucin y Alfredo Guevara, primero a propsito de las diferentes corrientes del cine y despus por la produccin de PM.

Los conflictos de Lunes trascendieron sus polmicas con Alfredo Guevara. Se pronunciaron tambin contra el grupo Orgenes conformado por Jos Lezama Lima y otros escritores, por lo que sus editores definieron como diferencias estticas; sin embargo, el tono de las crticas ms que literarias o artsticas eran polticas. Sus dardos alcanzaron a intelectuales como Alicia Alonso, Jos Antonio Portuondo, Ren Portocarrero y otros, alegando la necesidad de cerrar lo viejo, y abrir el espacio para un nuevo estilo y una nueva esttica en el campo del arte. Las reuniones entre los artistas y los polticos, de junio de 1961, tratan de dirimir estas diferencias; Carlos Franqui, director de Revolucin y promotor del documental, defendi su criterio en la segunda sesin; pero al no sentir el respaldo de Fidel Castro, sali rumbo a Europa unos das despus.18  Finalmente, el ltimo nmero de Lunes fue publicado el 6 de noviembre de 1961. En 1965 se fusionaron como parte del proceso unitario de los revolucionarios los peridicos Hoy, del PSP, y Revolucin, del M-26-7, en un solo diario, el Granma.

Con el caso PM y la desaparicin de Lunes, se cierra el debate en torno al carcter socialista de la Revolucin. Ciertamente, las diferencias de Franqui, Cabrera Infante y los otros artistas eran no solo estticas: eran luchas ideolgicas por el poder poltico y por la definicin del camino que tomara el pas, que algunos esperaban que fuera nacionalista y antimperialista, pero no comunista, y otros descubran que, en el caso de Cuba, esta combinacin era imposible.19 

El conflicto en torno a este documental tuvo muchas aristas. Alfredo Guevara era el presidente del ICAIC y, como tal, responsable de la produccin cinematogrfica; PM, de alguna manera, se filtr en su espacio de poder. Por otra parte, los conflictos entre los miembros del M-26-7, del cual Revolucin se asuma como el rgano oficial, y el PSP, al que perteneci Guevara antes de ingresar a las filas del 26, hablan tambin de una pugna entre grupos por prevalecer en las alturas del poder en el mundo cultural. Adems, y quizs lo ms importante, este conflicto entre actores revolucionarios se da justo en el momento en que el gobierno de la Revolucin inicia una ofensiva por unir a los tres grupos participantes en la formacin de un nuevo partido poltico. Todos estos elementos seguramente influyeron para decidir el cierre de Lunes.

La famosa frase de Fidel Castro dentro de la Revolucin, todo; contra la Revolucin, nada, ha sido frecuentemente usada tanto por los defensores de la pluralidad del Gobierno revolucionario como por aquellos que lo califican de autoritario; lo cierto es que la frase forma parte de un discurso muy complejo y lo suficientemente amplio como para albergar muchas interpretaciones.

El texto completo permite destacar varios aspectos centrales que de alguna manera puntualizan la posicin del gobierno y esbozan su poltica cultural.20  La primera parte se centra en el tema de la libertad de creacin. Fidel Castro considera que es una inquietud entre los no revolucionarios; y sopesa la importancia de asumir que la Revolucin misma est en peligro y esa debe ser la preocupacin central. De igual manera, afirma que esta se debe al pueblo y la expresin artstica debe servir al pueblo.

En el discurso se legitima la existencia de un organismo nacional de cultura como un deber de la Revolucin y del Estado, as como revisar las pelculas que vayan a exhibirse ante el pueblo. Y creo que ese es un derecho que no se discute. Se afirma tambin que la libertad de creacin no ser comprometida; pero, al mismo tiempo, expone el derecho del Estado revolucionario:

Que cada cual escriba lo que quiera [...] que cada cual se exprese en la forma que estime pertinente, y que exprese libremente el tema que desea expresar. Nosotros apreciaremos su creacin siempre a travs del prisma y del cristal revolucionario: ese tambin es un derecho del Gobierno revolucionario, tan respetable como el derecho de cada cual a expresar lo que desee expresar.

Finalmente, tambin se deslinda de los conflictos entre los artistas y manifiesta una postura plural: La Revolucin no les puede dar armas a unos contra otros. Nosotros creemos que los escritores y artistas deben tener todos oportunidad de manifestarse; nosotros creemos [...] que los escritores y artistas, a travs de su asociacin, deben tener un magazine cultural amplio, al que todos tengan acceso. Estos puntos resumen mejor el contenido del discurso que la famosa frase, pues se perfilan las lneas de lo que sera la poltica cultural, adems de tomar cierta distancia en los conflictos entre los artistas, impulsando el debate entre ellos, pero garantizando a todos las mismas oportunidades.

Es justamente en este sentido que estas reuniones abren el segundo debate, considerado por algunos autores cubanos como varios debates, por lo menos cuatro,21 sin embargo, en este texto se asume que, aunque participan diferentes actores y se utilizan diversos medios, en realidad es un mismo tema el que est en la palestra de la reflexin: el tipo de socialismo que se pretende construir. Por este motivo las posturas se agrupan, quiz de manera un tanto burda, como la de quienes piensan en que habra que recuperar la experiencia sovitica o se pronuncian por un socialismo a lo cubano.

Este debate se inicia en 1963, y se puede quizs alargar hasta 1972.22 Los actores se enfrentan en tres grandes planos o mbitos; la economa poltica, la poltica cultural, y el tipo de marxismo y su difusin. El contexto internacional es similar al anterior, pero el local ha cambiado de manera significativa. En trminos polticos, los debates coinciden con problemas importantes para unir a las tres grandes fuerzas que confluyeron en la Revolucin. Aunque la poltica sectaria haba desaparecido formalmente y se haba creado ya el Partido Unido de la Revolucin Socialista de Cuba (PURSC), lo cierto es que el sectarismo penetr en lo ms hondo del partido, en las diferentes regiones y en las organizaciones de masas, y volvi a aparecer en 1968 aunque ahora como Microfraccin, que aunque era expresin del mismo problema, no adquiere el mismo nivel pues ya no se ejerca desde el Estado, sino desde un grupo paralelo.23  De igual manera, en este perodo, el gobierno de la Revolucin enfrenta un movimiento armado en la sierra del Escambray (1960-1965), parcialmente financiado por los Estados Unidos, al que se sumaron algunos ex militantes revolucionarios.

A diferencia del primer debate de la dcada, donde la agenda fue definida por la derecha, en este no solo es definida por la izquierda, sino por miembros prominentes del Gobierno revolucionario, y los participantes ya no son los periodistas y dueos o directores de medios de comunicacin, sino artistas, acadmicos y algunos funcionarios pblicos. Al igual que el primero, este tambin termina, en 1971, con un Congreso y un discurso de Fidel Castro.

Los temas de los debates son profundos y no es posible reproducirlos en este espacio, solo se mencionarn algunos aspectos que puedan dimensionar su importancia. En el debate de economa poltica, realizado entre Ernesto Guevara y Alberto Mora y Joaqun Infante Ugarte,24  participaron ciertos intelectuales de la izquierda europea, que manifestaron tambin sus puntos de vista.25  Dos elementos son notorios, la calidad acadmica de la discusin y su complejidad. En realidad, se discute el proceso mismo de la construccin del socialismo, y el tipo que se pretende construir. Aunque aparece como una discusin en trminos del funcionamiento o no de la teora del valor en el proceso de trnsito y, por lo tanto, la necesidad o no de usar herramientas del capitalismo por ejemplo, el dinero en tanto mercanca, y entre dos formas de organizar y contabilizar el valor de la produccin, la autogestin o clculo econmico (modelo utilizado en la Unin Sovitica) y el Sistema Presupuestario de Financiamiento, propuesto por Ernesto Guevara, quien posteriormente lo profundiza en 1965, en El socialismo y el hombre en Cuba.26 En l insiste en la relacin entre economa y poltica, pues los tipos de estmulos econmicos, por ejemplo, son mensajes culturales que forman o deforman al hombre nuevo que el socialismo pretende crear.

La parte econmica del debate, sobre la vigencia de la teora del valor y los dos sistemas de control, fue muy tcnica y compleja y no trascendi mucho socialmente; lo que s penetr en la sociedad fue la idea del tipo de estmulos que deberan ser distribuidos entre los trabajadores para mejorar la disciplina laboral y aumentar la productividad; as como las ventajas y desventajas de la centralizacin o el autofinanciamiento. Guevara propona que los estmulos morales fueran los ms importantes, pues si los monetarios ocupan un papel central, como en el capitalismo, se convierten en una forma de reproduccin de la cultura burguesa, individualista y consumista, mientras que, si los estmulos morales son los fundamentales, se inicia el proceso de construccin del hombre nuevo, socialista, no individualista y no consumista. De igual manera, insista en la pertinencia de la centralizacin presupuestaria. As el dilema de los estmulos se vincula a la necesidad o no de mercados.

As, en el planteamiento de Guevara hay dos dimensiones complejas: la discusin en torno a la existencia o no de un perodo de trnsito entre el capitalismo y el socialismo y la consecuente vigencia o no de la teora del valor en ese perodo, y por otro lado, el uso o no de las tcnicas del capitalismo, estmulos monetarios, armas melladas del capitalismo.

Este primer mbito del debate impact la poltica gubernamental aunque de manera contradictoria: en relacin con el modelo de organizacin de la produccin, se resolvi que algunas empresas las que dependan del Ministerio de Industria tuvieran este sistema, y el resto, el modelo de clculo econmico.27  La resultante fue, en trminos contables, no muy afortunada, pero permiti que el gobierno probara los dos mtodos. En el momento en que Cuba ingresa al CAME, en 1972, se ve obligada a cambiar hacia el clculo econmico, pues uno de los problemas fundamentales del modelo de Guevara era la determinacin de los precios para el intercambio internacional.

Otro impacto del debate, en cuanto a poltica gubernamental, fue el proceso denominado Ofensiva revolucionaria, en 1968, que signific la estatizacin de miles de pequeos establecimientos, tanto comerciales como artesanales, argumentando que la propiedad privada no debe existir, pues es la nica manera de evitar las relaciones mercantiles. La medida se mantuvo, aunque a finales de los 70 permitieron licencias a pequeos propietarios de micro talleres para algunos giros.28 

Otra medida aplicada bajo esta ptica es la prctica desaparicin de los sindicatos, a partir de 1966, como se percibe claramente en los documentos del XII Congreso de la CTC. Aunque se corrige en el XIII Congreso, en 1973, el dao estaba hecho y la debilidad de los sindicatos y, en general, de la CTC, estaba asociada a esta idea de que en el comunismo los sindicatos no deben existir, porque no hay patrn contra el cual luchar. Evidentemente esto es cierto, pero nuevamente el problema se planteaba en el sentido de si a seis aos de revolucin, la sociedad cubana ya era comunista.29 

Es difcil, pero posible, asegurar que la propuesta de establecer las Unidades Militares de Ayuda a la Produccin (UMAP) haya estado permeada por la reflexin en torno a la creacin de una nueva moral socialista. A pesar de que estas Unidades fueron desvirtuadas y finalmente canceladas por el Gobierno revolucionario, mantuvieron su vigencia entre 1965 y 1967 y fueron severamente criticadas, sobre todo en el espacio internacional.

El debate, no hay dudas, influy en la sociedad y en la poltica pblica, aunque las medidas adoptadas no hayan sido las ms afortunadas, y en algunos casos incluso contradictorias. En el mbito cultural, este segundo debate asumi la forma de una crtica a la visin del arte solo como reflejo de la realidad, postura de los que sostienen la pertinencia del realismo socialista como la expresin de los artistas realmente revolucionarios. Enfrentada a esta posicin, se desarrolla otra que proclama que el arte es tambin realidad objetiva, y que las formas estticas adquieren una autonoma relativa. Esta corriente de pensamiento no acepta que exista una cultura burguesa y otra proletaria, en tanto estilos formales o corrientes estticas. El carcter de clase lo aporta el autor. El debate se traslada a la literatura con Jos Antonio Portuondo en uno de los polos y Ambrosio Fornet en el otro (julio a octubre de 1964); al cine, entre Blas Roca y Alfredo Guevara (diciembre de 1963), y al arte en su conjunto entre un grupo de cineastas y Mirta Aguirre y Edith Garca Buchaca (agosto de 1963 a marzo de 1964).

El contenido del debate es muy extenso. Recientemente Graziella Pogolotti compil y prolog un conjunto de artculos que, en buena medida, nos permiten acercarnos al corazn de la confrontacin.30  Ciertamente, sera necesario hacer una reflexin profunda sobre el debate mismo, sobre sus formas y sobre los grupos que aparecen detrs de las posturas esgrimidas; sin embargo, eso deber ser realizado en otro espacio y por especialistas en el tema. Aqu solo es prudente mencionar algunos elementos que permitan ponderar su importancia poltica y entender el contexto en el cual se realiza, para finalmente analizar su papel en la definicin de la poltica pblica.

Del mismo modo que en la discusin sobre economa poltica, los actores son funcionarios pblicos, artistas y, en este caso, funcionarios del Partido tambin. De forma tal que lo que est en cuestionamiento es bsicamente la posibilidad de imponer una corriente esttica en el desarrollo de la cultura en Cuba. Las innumerables veces que se cita tanto el discurso de Fidel Castro conocido como Palabras a los intelectuales sobre todo en el caso de las pelculas que deben ser vistas por los cubanos, y las miles de referencias a Marx y Lenin cuando se discute sobre la cultura en general, demuestran la necesidad de ambos lados de legitimar su postura como de izquierda, revolucionaria y socialista.

Parece, sin embargo, que en el debate estn en juego tambin diferencias polticas de largo aliento. La fuerte reaccin de los cineastas, y de Alfredo Guevara en particular, a los comentarios, evidentemente intencionados de Blas Roca a partir de opiniones de unos trabajadores sobre las pelculas exhibidas, y que l asume como correctas, en su origen parece desmedida; sin embargo, en el transcurso del debate se muestra que se pretende evitar que el PURSC, y particularmente aquellos que impulsan el realismo socialista, se involucren en la definicin del tipo de pelculas que el ICAIC debe promover y difundir en Cuba.

Ya en el conflicto antes mencionado entre Alfredo Guevara y Carlos Franqui, a propsito del documental PM, se mostr que una de sus aristas fue precisamente la competencia o no de hacer cine fuera del ICAIC; ahora el asunto es sobre quin tiene injerencia en las decisiones de ese organismo, o lo que es lo mismo: la relacin de poder entre el Partido y el gobierno.

Es interesante notar que los actores de este segundo mbito de debates son, por un lado, los directores y productores vinculados con Guevara en el ICAIC y un conjunto de escritores, y por el otro funcionarios del PURSC, todos ellos provenientes del antiguo PSP. Esto nos permite afirmar que esta polmica es expresin del sectarismo; pero tambin, y sobre todo, es parte del primer debate, no resuelto aos antes; pues, como es evidente, las palabras de Fidel Castro a los intelectuales permiten las dos interpretaciones. La esencia del problema es definir qu significa dentro de la Revolucin.

Como en el mbito anterior, nadie gana ni pierde totalmente; las polticas culturales son un claro-oscuro. En principio, el realismo socialista no se impuso como una corriente esttica dominante ni en la plstica ni en la literatura ni en el cine; muestra de ello es la produccin cultural de esa poca. Sin embargo, los censores se atribuyeron la potestad para definir lo que queda dentro de la Revolucin, y los parmetros nunca fueron totalmente claros, por lo menos hasta el discurso de Fidel Castro en 1971. La censura ms importante, o quiz la que trascendi a nivel internacional fue a propsito de dos premios entregados por la UNEAC en 1968; uno, el de Poesa a Heberto Padilla, por Fuera de juego, y el de Teatro a Antn Arrufat, por Los siete contra Tebas. Las obras premiadas se publicaron, pero con un prlogo donde se declaraba que eran contrarrevolucionarias.31 

La relacin entre el Gobierno y el arte atraves tensiones desde el inicio de la Revolucin, sin embargo se fue decantando y lleg a finales de la dcada con una postura clara: la produccin cultural puede ser revolucionaria o contrarrevolucionaria, y el gobierno es el que determina esta diferencia. La imprecisin de los parmetros en buena medida es una poltica cultural en el sentido de que permite actuar en trminos casusticos y as se hizo; tanto Fidel Castro como Ernesto Guevara compartieron posiciones en contra de los manuales; y en relacin con lo que deba ser publicado mantenan posturas tambin similares y claras en cuanto al derecho del Estado revolucionario a censurar.

Se transita de un discurso sobre la libertad de expresin, pero claro en relacin con el derecho del Estado a definir lo revolucionario de la produccin cultural, a uno de Ernesto Guevara donde los artistas no formados por la Revolucin tienen un pecado de origen, hasta llegar a las afirmaciones de Fidel Castro en su discurso de 1971 en el que califica a algunos escritores y artistas como un grupito de hechiceros que son los que conocen las artes y las maas de la cultura, adems de ser portadores de una nueva forma de colonialismo cultural; y concluye con que el gobierno revolucionario valora las creaciones culturales y artsticas en funcin de la utilidad para el pueblo, en funcin de lo que aporten al hombre, en funcin de lo que aporten a la reivindicacin del hombre, a la liberacin del hombre, a la felicidad del hombre.

Este cambio de matiz puede ser explicado por los vnculos entre Heberto Padilla y Cabrera Infante,32  pero en realidad trasciende a los sujetos y emerge como el inicio de una poltica cultural mucho ms estricta, aunque no fue nunca un triunfo de los defensores del realismo socialista. Esta poltica cultural es tambin resultado de un cambio en la correlacin de fuerzas a nivel internacional. La muerte de Che Guevara en 1967 anuncia la derrota de los movimientos sociales alternativos en Amrica Latina; la efervescencia de 1968 expira en junio con la derrota del mayo francs; la posibilidad de un socialismo ms humano que el sovitico lleg a su fin en agosto de ese ao con la invasin sovitica a Checoslovaquia. El premio de la UNEAC fue entregado dos meses despus de la invasin. En el contexto internacional, parecan terminadas las condiciones para un ejercicio de poder autnomo y para realizar experiencias innovadoras en la construccin del socialismo; para inicios de la dcada de los 70 esto era ya una realidad.33 

Despus del fracaso de la zafra de 1970, el espacio de libertad para la reflexin y crtica sobre el tipo de poltica cultural que demanda un socialismo diferente al sovitico haba terminado, porque la libertad requera de un desarrollo productivo, industrial y tecnolgico que Cuba no haba logrado en los diez aos transcurridos, lo cual obliga al Gobierno revolucionario a un acercamiento con la URSS.

En 1971, se nombra a Luis Pavn Tamayo34 presidente del Consejo Nacional de Cultura y con l se inicia una poca de fuertes censuras en todas las artes. Esta poltica cambia, en alguna medida, en 1976 cuando se crea el Ministerio de Cultura y se pone a la cabeza a Armando Hart, un hombre inteligente, no dogmtico y ms proclive al dilogo, que permite un respiro al mundo de la cultura en Cuba.

El tercer mbito de este segundo debate es sobre el tipo de marxismo que se requiere para la construccin del socialismo cubano, y los mecanismos de difusin masiva de esta corriente. De igual manera que en los debates precedentes, la discusin central volva a ser la posibilidad de un socialismo original. Al igual que en los anteriores, participaron figuras importantes del gobierno y acadmicos que defendan una u otra postura, y tambin tuvo un fuerte impacto en la poltica educativa, pero en este caso s hubo sectores ganadores y perdedores. Este es el ltimo del perodo; con l se cierra no solo una dcada sino tambin el primer intento experimental de construccin de un socialismo diferente.

En este debate, el tema que aparece es el manualismo; sin embargo, el verdadero asunto est relacionado con la enseanza del marxismo y las formas de que esto no conduzca al pensamiento dogmtico sino a la reflexin permanente y a la emergencia de un pensamiento crtico capaz de entender y aplicar el marxismo en la realidad concreta cubana. La polmica en torno al uso de los manuales ocurre entre 1965 y 1972.

Durante 1966 se desarrolla el debate, propiamente dicho, entre Aurelio Alonso y dos profesores de la Escuela Superior del Partido, Humberto Prez y Flix de la Uz, con el apoyo explcito del dirigente a cargo de esas escuelas, Lionel Soto; sin embargo, desde 1965 tanto Ernesto Guevara como el propio Fidel Castro hicieron alusin al problema del manualismo en la enseanza del marxismo en Cuba.35  Se podra afirmar que era un debate dentro del propio gobierno. A diferencia de los otros mbitos, en este caso la polmica aparece en dos niveles de discusin; mientras los defensores de los manuales argumentan sus ventajas en funcin del nmero y perfil de los estudiantes que se pretenda formar, los otros lo hacen sobre los riesgos de cancelar la creatividad y el desarrollo del pensamiento cientfico, si la enseanza del marxismo se hace a travs de manuales que, adems de tener errores importantes, daban la impresin de ser recetas para ser aplicadas.

El ltimo texto en contra de estos escrito por Aurelio Alonso en 1972, aunque solo publicado recientemente, es muy claro sobre esta asimetra en la discusin. Alude a un manual especfico, al cual le critica, bsicamente, dos cuestiones; una visin ahistrica del marxismo, llena de categoras y esquemas que si bien sintetizan el pensamiento de los clsicos, evitan entender su desarrollo como parte de un proceso histrico y propician su aplicacin tambin de manera ahistrica. La segunda valoracin es igualmente fuerte, Alonso argumenta que el marxismo es resultado de una polmica permanente, que buena parte de los textos de Marx y Engels, as como de los marxistas posteriores, como Lenin, Rosa Luxemburgo y Antonio Gramsci, son construidos sobre la polmica. Eliminarlas de la enseanza del marxismo, as como a los autores con los cuales debatieron es destruir, en opinin de Alonso, la riqueza misma del marxismo. Adems, y quizs lo ms importante: ensearlo como un cuerpo terico acabado y no en permanente construccin a travs del debate es sugerir a los estudiantes que este no permite creacin de nuevos pensamientos en funcin de nuevas realidades.

Los defensores de los manuales no responden en este mismo nivel de anlisis; incluso aceptan errores en ellos, pero aluden a los problemas prcticos que la Revolucin enfrenta en trminos de la formacin marxista de una cantidad importante de militantes, la mayor parte de ellos con niveles de escolaridad apenas de primaria.36  El segundo elemento esgrimido se refiere al papel de los instructores y no a la debilidad de los manuales, los cuales pueden ser complementados con lecturas adicionales.

Como se observa, ambos discursos corren de manera paralela y, por lo tanto, la posibilidad de encontrar un punto de convergencia es estrictamente imposible; mientras los segundos buscaban soluciones pedaggicas masivas para socializar el marxismo de manera popular, los primeros pensaban en formar marxistas con pensamiento crtico y reflexivo. En un primer momento, como el debate se produce entre profesores de la Escuela de cuadros del Partido y Aurelio Alonso y, de alguna manera, Fidel Castro y Ernesto Guevara, parecera que nuevamente es entre miembros del ex PSP y los militantes del M-26-7; sin embargo, en este mbito, el debate desdibuja las filiaciones y ms bien enfrenta dos posturas tericas y metodolgicas sobre el marxismo. El ltimo texto de Alonso es muy claro en relacin con esto, mientras para unos el sovitico representaba el nico marxismo, para otros inclua las aportaciones de lo que se ha llamado el marxismo de Occidente y, por tanto, haba la necesidad de hacer una reflexin ciertamente crtica de sus aportaciones despus de Marx, Engels y Lenin. Todo esto con la clara intencin de encontrar respuestas sobre la construccin del socialismo en un pas subdesarrollado, monoproductor y latinoamericano, en medio de una Guerra fra altamente riesgosa por la posicin geogrfica de Cuba.

El impacto de esta polmica en la poltica educativa est, como en los mbitos anteriores, llena de contradicciones. Las Escuelas de Instruccin Revolucionaria (EIR), creadas a finales de 1960 con la intencin de formar en el marxismo al mayor nmero de participantes en la Revolucin, fueron las principales usuarias de los manuales. Estas se clausuraron en 1968, cuando ms de un milln de estudiantes haban pasado por ellas.

Por otra parte, desde 1962, con la reforma universitaria, se volvi obligatorio el estudio del marxismo para los estudiantes de todas las carreras. El Departamento de Filosofa, creado en 1963, se convirti en el responsable de esta enseanza en la Universidad de La Habana. Con este propsito edit Lecturas de Filosofa, antologa que inclua desde clsicos del marxismo, hasta textos escritos por cubanos sobre la Revolucin. Recoga, adems, reflexiones a favor y en contra del manualismo. Esta antologa alcanz una edicin de 28 000 ejemplares.37  Es decir, desde el Departamento se impuls una forma diferente para la enseanza del marxismo, pero solamente para estudiantes universitarios, lo cual representa un nivel de influencia significativamente menor al de las EIR.

El mismo Departamento de Filosofa edit la revista Pensamiento Crtico, entre 1967 y 1971, con una tirada mensual de hasta quince mil ejemplares. En ella se difundan traducciones del pensamiento marxista occidental que, sin duda, servan de apoyo a la enseanza del marxismo en las aulas universitarias. El nmero de ejemplares es notablemente importante, incluso comparado con el de revistas actuales de este tipo, en Cuba y en el mundo. Sin embargo, el Departamento y la Revista fueron clausurados en 1971 y, como en los otros mbitos del debate de esta dcada, se termin con este esfuerzo masivo de formar marxistas no tan orientados por el sovitico.

Ahora s, al inicio de la dcada de los 70, varias de las ideas defendidas por Fidel Castro y Ernesto Guevara en los aos 60, tuvieron que ceder, as como las de los marxistas que apostaron por el estudio de los aportes de occidente y combatieron el marxismo sovitico, y el grupo de artistas y escritores crticos.

El primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, en 1975, declara como equivocado todo el idealismo de la poca anterior, bsicamente en la economa y en la poltica. Vinculado con el primer aspecto, se considera como error no haber tomado la experiencia de otros pases en la construccin del proceso cubano, haber asumido que las leyes objetivas de la Historia pueden ser superadas por la voluntad de los individuos. Se reconoci una conduccin idealista de la economa, tanto en trminos de los modelos de gestin, en relacin con la poltica de gratuidad y de eliminacin de impuestos, como en la eliminacin de los mecanismos mercantiles entre las empresas y en la sociedad; y, finalmente, el impulso, no deseado, a la indisciplina laboral propiciada por la desconexin entre el salario y el trabajo. Considerando el mbito poltico se entienden como errores el decaimiento del estudio del marxismo a partir de 1966, la confusin entre las funciones del Estado y el Partido, y la sustitucin de los sindicatos por el movimiento de avanzada.

Conclusiones

Los 60 son aos de definicin en Cuba; los debates forman parte fundamental de este proceso. El carcter mismo de la Revolucin estuvo en el centro de la polmica, y las presiones para desestabilizarla y comprimirla estuvieron presentes durante toda la dcada, no solo por la presin internacional, que aisl a la Isla casi totalmente a partir de 1962, sino tambin por el conjunto de fuerzas internas que, de un modo u otro, se opona al carcter socialista de la Revolucin.

El primer debate al respecto se realiz en los medios de comunicacin, la mayor parte de ellos privados y contrarios a la Revolucin y mucho ms a la orientacin socialista que se perfilaba, sobre todo despus del segundo ao del triunfo. La derrota de la postura contraria al proceso revolucionario fue contundente y relativamente sencilla, pues la burguesa local mostr incapacidad para organizar un frente liberal y, de igual manera, su carcter parasitario a la burguesa trasnacional y particularmente norteamericana, siempre en espera de su ayuda, para tomar lo que en realidad no eran capaces de ganar en la arena poltica. Los dueos de los medios de comunicacin abandonaron sus propiedades, no fueron expropiadas. Sus activos fueron recuperados y convertidos en Imprenta Nacional y posteriormente, en algunos casos, en publicaciones nacionales de propiedad estatal.

El segundo debate, en torno al tipo de socialismo que habra que crear, fue complejo, innovador y exalt la creatividad cubana; pero las condiciones objetivas econmicas y polticas no permitieron la consolidacin de un socialismo a la cubana en ese momento; se perdi una batalla, pero la guerra no tiene an perdedores ni ganadores.

Quiz el elemento ms importante de esta confrontacin es que fue impulsada desde la autoridad, para encontrar respuestas distintas a preguntas diferentes. En las democracias capitalistas, las polmicas existen, pero tienen una diferencia fundamental: se realizan para justificar una poltica ya definida por el gobierno de turno, o son impulsados desde la oposicin para restarle apoyo. En el caso de Cuba, el debate se realiza para encontrar soluciones, y los que deben ceder pueden ser incluso figuras importantes de la Revolucin.

Esta caracterstica le imprime a la reflexin una importancia significativa, sobre todo en la actualidad, cuando en Cuba se ha regresado a esta prctica de los debates, a partir del denominado Perodo de rectificacin de errores. La Cuba supuestamente autoritaria da nuevamente un ejemplo de democracia participativa y llama a debate a toda la poblacin, a buscar soluciones consensuadas. Quizs por este tipo de prctica, el socialismo cubano no se derrumb cuando lo hizo el sovitico. El tema central de este debate tiene adems vigencia: qu tipo de socialismo se puede y se quiere construir en Cuba hoy. Ciertamente, las condiciones econmicas y polticas son diferentes, pero la pregunta sigue siendo pertinente.

Notas

1. Casi todos fueron derrotados a finales del decenio, y los triunfantes, como el caso de la Revolucin cubana, quedaron aislados en un mundo hegemonizado por los Estados Unidos.

2. Las luchas entre las diferentes corrientes de la izquierda fueron realmente feroces, casi como si fueran posturas antagnicas, al extremo de aliarse en ocasiones con sectores de la derecha para derrocar posiciones de ciertos grupos de izquierda. Esta prctica estuvo presente en los grupos trotskistas en Europa y Amrica Latina.

3. Despus del golpe de Estado de Batista, en 1952, la resistencia fue mltiple aunque aislada; los tres grupos mencionados son los ms importantes, pero no los nicos. En 1956 se inicia el proceso de unidad, tanto por los acuerdos firmados por el M-26-7 con el Directorio Revolucionario, el 31 de agosto de 1956 (Carta de Mxico), como por las resoluciones tomadas por el Comit Central del Partido Socialista Popular (Comunista) en 1958, en relacin con el apoyo al movimiento armado de Fidel Castro. Vase Francisca Lpez Civeira et al., Cuba y su Historia, Editorial Flix Varela, La Habana, 2003.

4. El origen del Directorio parece ser una decisin de la Federacin Estudiantil Universitaria (FEU) para crear un brazo armado. Aunque la FEU fue creada, en 1923, por Julio Antonio Mella y este tena vnculos orgnicos con el entonces Partido Comunista, lo cierto es que las tendencias ideolgicas de los miembros del Directorio son tan amplias como las que prevalecan en el M-26-7. Vase Mara Lpez Vigil, Ni paraso ni infierno. Cuba, Envo, Nicaragua, 1999.

5. La participacin del PSP en la Revolucin es compleja; algunos autores refieren que no es sino hasta mediados de 1958 cuando Carlos Rafael Rodrguez es enviado por el Partido a la Sierra Maestra y es autorizado el levantamiento armado de Flix Torres en Las Villas. Vase Julio Csar Guanche, El continente de lo posible. Poltica y cultura en Cuba. 1951-1968, Ponencia presentada en el Diplomado Dilogo con la cultura cubana en el perodo revolucionario, Instituto de Historia de Cuba, La Habana, 6 de diciembre de 2007. Sin embargo, otras versiones mencionan que antes del desembarco del Granma, el Partido, despus de un largo debate del Comit Central decide apoyar la insurreccin a travs de dos mecanismos: por un lado, enva emisarios a Mxico a hablar con Fidel Castro y por el otro permite a sus militantes a vincularse con el M-26-7.

6. El contexto de la Guerra fra y la influencia de los Estados Unidos, sobre todo en la burguesa y la clase media cubana, explican el anticomunismo de la poca, pero tambin las diferencias entre algunos grupos de izquierda que no eran partidarios de las posturas del PSP. Vase Julio Csar Guanche, ob. cit.

7. Vase Yadira Garca Rodrguez, 1959-1960: crnica de una polmica ideolgica en torno al rumbo de la Revolucin cubana, en Rafael Pla Len y Mely Gonzlez Arstegui, coords., Marxismo y Revolucin, Editorial de Ciencias Sociales y Centro Juan Marinello, La Habana, 2006.

8. Vase Julio Csar Guanche, ob. cit.

9. Vase Jean Paul Sartre, Sartre visita Cuba; Ideologa y Revolucin; Una entrevista con los escritores cubanos; Huracn sobre el azcar, Ediciones R, La Habana, 1960.

10. Despus de enero de 1959 solo fueron clausurados tres medios impresos, cuyos directores y dueos haban actuado como represores del pueblo, y solo tres radiodifusoras dejaron de trasmitir, dos de ellas propiedad de Batista y otra de Eusebio Mujal, secretario general de la Confederacin de Trabajadores de Cuba (CTC), quien, vinculado a la dictadura, se dedic a reprimir el movimiento obrero en la Isla. El resto de los medios sigui funcionando hasta que sus dueos dejaron Cuba. Esta actitud constituye un elemento que muestra la debilidad de la burguesa local. Vase Juan Marrero et al., El periodismo en la Revolucin cubana, Ponencia presentada al Encuentro Internacional de Historia, Instituto de Historia de Cuba, La Habana, 25 de noviembre de 2004, www.cubaperiodistas.cu.

11. El peridico Revolucin nace como rgano oficial del M-26-7. Incluso circula en la clandestinidad durante las luchas del Ejrcito Rebelde. Despus del 1 de enero de 1959, es dirigido por Calos Franqui, y el suplemento Lunes de Revolucin, que aparece del 23 marzo de 1959 al 6 de noviembre de 1961, fue dirigido por Guillermo Cabrera Infante, ambos con fuertes diferencias poltico-ideolgicas con los militantes del PSP del mbito artstico, por el conflicto en la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, algunos aos antes del triunfo de la Revolucin.

12. rgano de difusin del PSP.

13. Existen diferentes opiniones en torno a si las acciones de los dos primeros aos de la Revolucin solo cumplen el Programa del Moncada o si van ms all. En este artculo, se asume lo primero. Vase Mara del Pilar Daz Castan, Ideologa y Revolucin. Cuba 1959-1962, Editorial de Ciencias Sociales, 2004.

14. En junio de 1959 se public en Bohemia la encuesta realizada por la publicitaria OTPLA, en la cual se reporta que 90% de la poblacin est de acuerdo con todas las acciones del Gobierno revolucionario. En septiembre de 1960 se aprueba, con un respaldo popular muy amplio, la primera Declaracin de La Habana.

15. PM fue un documental breve sobre la vida nocturna cubana. Fue trasmitido por la televisin cubana en el espacio del peridico Revolucin, pero fue suspendido, en buena medida, por la intervencin de Alfredo Guevara en aquel momento presidente del ICAIC. El argumento fue que, segn PM, en pleno ataque norteamericano, los cubanos se divertan, como si no se tomaran en serio la defensa de la Revolucin.

16. Como Julio Csar Guanche, ob. cit.

17. Hasta donde pude investigar, no existe un anlisis de la fuerza de cada uno de estos grupos en las diferentes posiciones de poder del Gobierno revolucionario.

18. Se mantuvo ligado al Gobierno revolucionario hasta 1968, cuando sale definitivamente del pas y se lleva a su familia a vivir a Italia. Rompe con el gobierno, segn l, por la invasin de la Unin Sovitica a Checoslovaquia. La respuesta a la crtica de Alfredo Guevara, as como la percepcin de Franqui sobre el deslinde de Fidel Castro, se publican en Castro y los escritores, Vuelta, n. 54, Mxico, DF, mayo de 1981.

19. En el caso especfico de Carlos Franqui, en una entrevista reciente l afirma: Revolucin representaba la corriente revolucionaria no comunista, frente a la corriente marxista-leninista, y de alguna manera estaba dando una batalla en la cultura. Vase Ricardo Cayuela Gall, Entrevista con Carlos Franqui, Letras Libres, Mxico, DF, noviembre de 2004.

20. Fidel Castro, Palabras a los intelectuales, discurso pronunciado por Fidel Castro como conclusin de las reuniones con los intelectuales y artistas cubanos efectuadas en la Biblioteca Nacional los das 16, 23 y 30 de junio de 1961, www.granma.cubaweb.cu.

21. Julio Csar Guanche, ob. cit.

22. Las fechas corresponden al conjunto de publicaciones de uno y otro bando en relacin con la poltica econmica, las pelculas que deben ser exhibidas, el tipo de expresin artstica que requiere el pueblo, y la enseanza del marxismo. El ltimo texto, no publicado en la poca, pero recuperado recientemente, es de 1972. Su autor es Aurelio Alonso y se proyecta en contra del manualismo. Vase Rafael Pla Len y Mely Gonzlez Arstegui, ob. cit.

23. Aunque desde enero de 1959 las tres organizaciones tenan reuniones para definir aspectos organizacionales de las tareas del gobierno de la Revolucin, no fue hasta mayo-junio de 1961 cuando se inicia la formacin de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI). Este proceso se vio afectado por el sectarismo de las tres organizaciones. Anbal Escalante, secretario de organizacin de las ORI, permiti e incluso foment que los miembros del PSP fueran los integrantes mayoritarios de esta nueva organizacin y se releg a los militantes del M-26-7 y del Directorio. Posteriormente, fue retirado de su funcin y las ORI desaparecieron; se inici entonces el proceso de fundacin del PURSC.

24. En el momento del debate Ernesto Guevara era ministro de Industria; Alberto Mora, de Comercio Exterior y Joaqun Infante Ugarte, director de finanzas del Instituto Nacional de la Reforma Agraria, del cual era presidente Carlos Rafael Rodrguez.

25. Vase Ernesto Che Guevara, El gran debate sobre la economa en Cuba. 1963-1964, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004.

26. Ernesto Che Guevara, El socialismo y el hombre en Cuba, Escritos y discursos, t. 8, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1977.

27. Dos textos permiten afirmar que los dos modelos fueron parcialmente implantados en Cuba: por un lado, el Informe Central del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba (1975), en donde se afirma lo anterior, y en segundo lugar, Ernesto Che Guevara, Sobre el Sistema Presupuestario de Financiamiento, El gran debate, Ocean Press, Nueva York, 2006, pp. 68-96.

28. En 1976 se aprob el Decreto-ley 14 que autorizaba la existencia de un muy pequeo sector privado por cuenta propia. Vase Aymara Hernndez Morales, Reformas descentralizadoras cubanas de los aos 90. Diseo, implementacin y resultado, en Alain Basail Rodrguez, comp., Ensayos de sociologa joven, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2006, p. 45.

29. En 1966 llegaron al XII Congreso de la CTC solo 14 sindicatos nacionales de los 25 existentes, pues la mayor parte de ellos fueron sustituidos por Comisiones, y tambin por Grupos de avanzada. En 1973, en el XIII Congreso se restablece la importancia de los sindicatos y se pide que el Partido no sustituye los sindicatos; sin embargo, todava hay imprecisiones sobre el papel de estos en la industria nacionalizada.

30. Vase Graziella Pogolotti, seleccin y prlogo, Polmicas culturales de los 60, Letras Cubanas, La Habana, 2006.

31. Segn uno de los jurados, el gobierno trato de convencerlos de no otorgar los premios a estos autores; sin embargo, ellos se mantuvieron en su posicin y los otorgaron por unanimidad. En 1971, por presiones del gobierno, Heberto Padilla manifest una disculpa pblica. Posteriormente, solicita su salida del pas, pero esta no se materializa sino hasta la dcada de los 80. Este incidente motiv que algunos intelectuales del medio internacional, que originariamente apoyaron la Revolucin, como Jean Paul Sartre, escribieran una carta repudiando la accin.

32. Ya fuera del pas y declaradamente contrarrevolucionario.

33. Todava en enero de 1968 en el discurso de Fidel en el Congreso Cultural de La Habana (Internacional) se muestra optimista de la respuesta de los movimientos sociales frente al avance del imperialismo norteamericano, por el asunto de Viet Nam; con el papel de los intelectuales en la Revolucin, incluso asume que en ocasiones el marxismo es ms dogmtico que la propia religin. Pero para agosto de 1968, se produce la invasin sovitica a Checoslovaquia. Incluso en el discurso donde Fidel Castro respalda la poltica sovitica y del Pacto de Varsovia en relacin con Checoslovaquia, se manifiesta un margen de distancia con la Unin Sovitica, pues el respaldo es poltico pero no jurdico y de paso se pregunta si la misma poltica sera aplicada en Viet Nam o en Cuba. Vase Rafael Hernndez, Andar sin muletas. Cultura, poltica y pensamiento crtico en Cuba, Casa de las Amricas, n. 249, La Habana, octubre-diciembre de 2007.

34. En aquel entonces era director de la revista Verde Olivo, de las Fuerzas Armadas. Se dice que de l provinieron todas las acusaciones de contrarrevolucionarios para los artistas y escritores de la poca, junto con Jorge Serguera, quien fue nombrado director del Instituto Cubano de Radiodifusin y de Armando Quesada, responsable de teatro del propio Consejo. En opinin de los artistas estas fueron las reas de la cultura ms afectadas. Sin embargo, se mantiene a Alfredo Guevara al frente del ICAIC, lo cual permite que en l se refugien algunos de los desplazados de la radio y el teatro. Eso explica la trayectoria del cine cubano incluso en esa poca, aunque evidentemente fue menos rica que en la dcada anterior. Vase La poltica cultural del perodo revolucionario: memoria y reflexin, Editorial Criterios, La Habana, 2007.

35. Vase Rafael Hernndez, ob. cit. Este artculo explica de manera puntual la posicin de Fidel Castro y de Che Guevara en relacin con la enseanza del marxismo.

36. Se estima que de ms de un milln de estudiantes que pasaron por esta escuela y la bsica, menos de 20% tenan una escolaridad superior al sexto grado, lo cual sin duda generaba dos problemas prcticos: la disposicin de materiales publicados para el estudio y el tipo de materiales disponibles dada la escolaridad de los participantes.

37. Vase Nstor Kohan, Pensamiento Crtico y el debate por las ciencias sociales en el seno de la revolucin cubana, en Nstor Kohan et al., Crtica y teora en el pensamiento social latinoamericano, CLACSO, Buenos Aires, 2006. Cifra nada despreciable, pero no comparable con los datos proporcionados por Julio Csar Guanche de que solo en 1962 se distribuyeron cerca de un milln de publicaciones, cuadernos y folletos para el estudio del marxismo.

Fuente: http://www.temas.cult.cu/articulo/2330/los-debates-de-la-decada-de-los-60-en-cuba



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