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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-02-2019

La paz no es opcional para el Gobierno, es su deber constitucional

Manuel Humberto Restrepo Domnguez
Rebelin


La construccin de la paz estable y duradera, es un compromiso de estado y no puede ser omitido por el gobierno, ni eliminado de la agenda de estado, a riesgo de caer en una falta gravsima, por tratarse de la atencin urgente a un derecho humano y fundamental y de un principio y valor sustancial a la democracia y al estado de derecho. Las garantas para fortalecer la articulacin del sistema de justicia especial de paz, comisin de la verdad, amnista prevista, conexidad de delitos, reconocimiento y reparacin a las victimas y desescalamiento de toda violencia son imperativos, mandatos que debe cumplir el gobierno de manera incondicional, sin pretender la renegociacin de nada, en tanto lo pactado, se firm y ha de cumplirse, a secas, sin objecin. La implementacin del acuerdo de paz no un compromisos opcional ni electivo, y se requiere con urgencia incrustar el espritu y acciones de paz en el plan de desarrollo y en las agendas institucionales legales, administrativas y financieras.

La paz es un derecho todos los das reiterado en discursos, documentos y directrices del gobierno y de los otros poderes del estado y su prctica exige materializacin. La paz tiene el triple rasgo de ser un derecho humano, presente en la declaracin universal de 1948 y en todo el sistema de derechos universal y regional; un derecho fundamental, expuesto en la constitucin nacional de 1991 y; un bien comn en el nivel de valor esencial, invocado en la totalidad de compromisos del estado con la comunidad internacional. No resulta congruente, que el estado se comprometa retricamente a sacar adelante las tareas de la paz, pero aparezca alentando salidas de guerra, para su propio pas y para la regin entera. El grupo poltico en el poder, ministros y delegatarios que se muestran huraos, esquivos, agresivos, intolerantes y desafiantes ofreciendo la guerra, estn amenazando la paz, poniendo en riesgo su ejercicio. Olvidan que la guerra es condenable y lesiona la dignidad de toda la humanidad y es rechazada en los pactos y compromisos democrticos suscritos por el estado (que aunque ellos no los hayan firmado, juraron cumplir con sus cargos) y les genera responsabilidades ticas y penales, ante las cortes de justicia, CPI, OEA, ONU y tratados y convenios de todo orden.

El comn de los pactos firmados es el compromiso de garantizar la convivencia como razn de ser de la civilizacin, siguiendo fielmente el espritu de que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiracin ms elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias y los derechos humanos sean protegidos por un rgimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelin contra la tirana y la opresin (DUDH, prembulo). Ese es el fin incondicional de todo gobierno y sus funcionarios del nivel que sean, sin consideracin alguna de ideologa o poltica, sea de izquierda, derecha, centro, ateo o creyente, hombre o mujer. Para toda la sociedad y el estado est por encima la obligacin tica, moral, poltica y jurdica, de asumir la paz como meta central. As ha de entenderlo el gobierno Duque y el centro democrtico como partido de gobierno y tanto la negacin a dar continuidad a las negociaciones polticas para cerrar el conflicto armado con el ELN, como promover y liderar una confrontacin y derrocamiento del gobierno vecino, son una omisin flagrante una y delito la otra. Negarle condiciones a la paz interna es abofetear los derechos humanos y, hacer injerencia en el pas hermano es destruir con premeditacin el tejido del derecho a la autodeterminacin de los pueblos. Al pas hermano lo polarizaron y esta listo para que sobre sus odios creados, puedan correr los ros de sangre que piden nuestros generales, que en su propio pas miran a otro lado para no ver como asesinan a sus lideres o matan a la gente para quedarse con el rio y despus matan al rio.

La barbarie como fuente del temor y la humillacin estn proscritas desde el fin del holocausto nazi y el establecimiento del tribunal de Nremberg y desde entonces promover o hacer la guerra es un crimen y cuando un gobernante la asume para sostener su legitimidad y beneficiarse de ella para mantener el ejercicio del poder, se convierte en un tirano, que podr ser juzgado cuando los limites de su poder traspasen la barrera de lo moralmente permitido y su poder cese. La historia de este siglo da cuenta de cerca de una docena de expresidentes juzgados por crmenes de guerra o genocidio como: Charles Taylor de Liberia inculpado en 2003 por crmenes en Sierra Leona, que dej 120.000 muertos; Laurent Gbagbo de Costa de Marfil, detenido en 2011 (CPI), coautor indirecto por mas de 3000 muertes cometidas por sus fuerzas; Slobodan Milosevic , de Yugoslavia juzgado en 1999 por el Tribunal Penal Internacional, por ms de 200.000 muertos. ; Milan Milutinovic de Serbia inculpado en 1999; Khieu Samphan de Kampuchea, detenido en 2007; Omar El Beshir de Sudn, acusado en 2009 por la CPI por mas de 300.000 muertos en Darfur, segn la ONU. As mismo varios ex presidentes Suramericanos como Pinochet, Fujimori y Videla fueron a prisin, aunque cuando condujeron la barbarie, contaron con el irrestricto apoyo de los Estados Unidos, que contribuy a fortalecer la versin de que eran promotores de derechos humanos y que sus indicadores de xito (asesinatos, desapariciones) acciones democrticas necesarias para salvar la patria de enemigos.

P.D. La ayuda humanitaria solo existe cuando es prestada por organismos independientes y no afecta la autodeterminacin de un pueblo, ni enfrenta la voluntad del gobierno legitimo. Los Principios de la ayuda humanitaria son: A. Independencia operativa: No entremezclase con cuestiones polticas, culturales, militares, ideolgicas o religiosas, ni influir en los acontecimientos para inclinar hacia un lado u otro la accin de los organismos de atencin. B. Imparcialidad: La atencin y asistencia inmediata no es excluyente. C. N eutralidad: Las misiones no pueden, bajo ningn concepto, tomar partido en lo que sucede en el entorno. En casos de guerras o conflictos internos su labor no ser alimentar discrepancias ni mostrarse favorables a uno u otro de los bandos. D. Humanidad y atencin: atender el sufrimiento y necesidades de las personas, salvar vidas es el principal objetivo de cualquier programa de ayuda humanitaria en el mundo. Los principios de imparcialidad, neutralidad y humanidad fueron confirmados en la resolucin 46/182 de la asamblea General aprobada en 1991, el principio de independencia se aadi en 2004 por resolucin 58/114.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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