Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-02-2019

Entrevista con Juan Tokatlian, profesor de la Universidad Di Tella
"Amrica Latina camina hacia la debilidad y la desintegracin"

Nueva Sociedad

La crisis de Venezuela y la llegada al poder de Jair Bolsonaro se combinan con un deslizamiento de Amrica Latina hacia una gradual irrelevancia en la poltica mundial y una prdida de autonoma relativa en sus relaciones internacionales, en un contexto internacional ms incierto y pugnaz. El profesor de la Universidad Di Tella Juan Tokatlian analiza la coyuntura latinoamericana y los nuevos escenarios.


En los aos 90 hubo una hegemona neoliberal en la regin, en los 2000 una ms progresista/nacional-popular. Dnde estamos hoy? Para un escenario incierto y confuso aunque corrido a la derecha

Me parece que el tema de la hegemona en Amrica Latina debera ser ms estudiado y mejor esclarecido. Si tomamos como referencia la reflexin de Antonio Gramsci, habra que indagar en el liderazgo poltico, intelectual y cultural de determinados grupos o clases en coyunturas histricas especficas, as como la sostenibilidad y profundidad de esa direccin hegemnica que combina consenso y coercin y que requiere que el ejercicio del poder sea aceptado por los actores dominados.

Lo primero que podramos advertir es que en Amrica Latina, en general, sobresalen momentos de hegemona transitorios y dbiles. Sin embargo, tambin es importante desagregar casos puntuales que mostraron ms fortaleza y longevidad. Los proyectos socio-polticos y econmicos de corte moderadamente reformistas y de sectores que operaron bajo las reglas del sistema esto es, que no fueron antisistmicos en el sentido de tener un horizonte de cambio revolucionario no pudieron afianzarse en los aos 50 y principios de los 60. Los proyectos autoritarios de finales de los aos 70 hasta principios de los 80 tampoco pudieron prosperar. Ambos, al calor intenso de la Guerra Fra en la periferia.

Culminada la disputa entre Estados Unidos y la Unin Sovitica, el proyecto neoliberal de los 90 no pudo extenderse ms all de esa dcada; en especial, en buena parte de Amrica del Sur aunque se prolong en otras subregiones de Latinoamrica. Con el comienzo del siglo y otra vez en Amrica del Sur y no en Amrica Central, Mxico y el Caribe el proyecto progresista no pudo superar los tres lustros. Y ahora observamos el resurgimiento del proyecto neoliberal que, a pesar de lo que se tiende afirmar, tiene rasgos de fragilidad pues se asienta en sociedades fragmentadas y polarizadas y se produce bajo economas muy primarizadas y financiarizadas. No estamos ante una hegemona robusta.

Probablemente, veamos retroceder sus componentes consensuales y avanzar sus dispositivos coercitivos, lo cual tender a generar ms inestabilidad y conflictividad en un contexto global crecientemente incierto y pugnaz. En sntesis, asistimos a proyectos hegemnicos limitados que no pueden consolidarse defintivamente pues de algn modo u otro no pueden ser plenamente aceptados por buena parte de las sociedades.

Brasil y Venezuela aparecen como dos casos difciles. Uno por la crisis multidimensional y el otro por estar inmerso en el primer experimento de extrema derecha. Cmo se deberan abordar ambos fenmenos desde Amrica latina? Qu riesgos ve?

Es cierto que aparecen como los casos difciles si por ello se quiere decir que han seguido trayectorias polticas distintas y que hoy afrontan su mayor crisis histrica contempornea en tanto aspiracin revolucionaria (Venezuela) y un ambicioso ensayo reaccionario (Brasil).

Comprendo que la pregunta apunta a marcar las divergencias y singularidades que caracterizan ambas experiencias: el primero, posiblemente, en su fase terminal y el segundo, inciertamente, en su etapa inicial. Sin embargo, me gustara destacar lo que a pesar de las especificidades nacionales tienen algunos elementos en comn.

Me refiero a que a lo que sucede en los dos pases que hoy estn en el centro del escenario meditico regional nos debiera llevar a plantear, de nuevo, la cuestin militar en Amrica Latina. Aclaro que ya la denominada guerra contra las drogas con su epicentro en Colombia, Mxico y Amrica Central nos ha venido mostrando los costos y estragos de la militarizacin del combate contra el narcotrfico y los efectos perniciosos y perversos de confundir las funciones de las fuerzas armadas y las de las fuerzas policiales al borrar la frontera entre defensa externa y seguridad pblica. A lo que apunto es a resaltar que los casos de Venezuela y Brasil nos obligan a reflexionar seriamente sobre algo que nos parece distante y propio de la fase de la transicin democrtica en la regin: la cuestin militar. La cuestin militar entendida como la participacin de los militares en el manejo del Estado y el alcance de un control civil y democrtico de las fuerzas armadas. Y en esa direccin, el ascendente papel de las fuerzas armadas en la vida institucional de los pases es un dato relevante.

El caso actual de Venezuela es el ms emblemtico y extremo. All los militares cubren una amplia gama de funciones en el Estado y tienen una incidencia clave para sostener el rgimen poltico o, eventualmente, para derrumbarlo. Y el caso de Brasil se ha tornado significativo por su alta participacin en la reciente contiendaelectoral (unos 70 militares fueron elegidos), por la presencia de hombres de las fuerzas armadas en 5 cargos influyentes en el gabinete del presidente Jair Bolsonaro (adems del propio presidente y el vicepresidente Hamilton Mouro), por la voluntad expresada por el mandatario de incrementar el involucramiento de los militares en la lucha contra el crimen organizado y por el hecho de que son los garantes de los poderes constitucionales (Artculo 142 de la Constitucin).

En breve, me parece que es indispensable volver a pensar la cuestin militar en la regin en el marco de democracias precarias, en razn de la actual fase de proyeccin de poder militar de Estados Unidos en Amrica Latina y en vista de un eventual efecto de demostracin en el rea acerca de una re-politizacin de las fuerzas armadas.

Estamos ante un retroceso en la integracin o ante cambios o desplazamientos de paradigmas?

Desde comienzos del siglo XXI distintos gobiernos, en particular en Amrica del Sur, reivindicaron el mrito de la integracin. Ya sea por razones comerciales y/o diplomticas, pensando en negocios y/o en valores, bajo gobiernos de distinto signo ideolgico, la integracin fue invocada con inusual fuerza retrica.

El permanente relanzamiento de Mercado Comn del Sur (Mercosur), la reivindicacin inicial de Unin de Naciones Suramericanas (Unasur), la fundacin de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra Amrica (Alba), el establecimiento de la CELAC y la conformacin de la Alianza del Pacfico (AP) fueron la demostracin de aquel espritu.

El clima de comienzos de siglo fue el de la bsqueda de una mayor asociatividad entre naciones. Sin embargo, el estado real de la integracin en Amrica del Sur es muy mediocre.

En la regin se opera polticamente bajo la lgica de la sociabilidad: juntarse en todos los foros posibles, con independencia del nivel efectivo de institucionalidad y la presunta compatibilidad de intereses compartidos. No obstante, econmicamente predomina la lgica de la unilateralidad: cada quien piensa en su mercado domstico, oscila de manera inconsulta en cuanto a los grados de proteccionismo interno, desalienta, en la prctica, los lazos productivos entre los sectores empresariales y negocia de modo bilateral con Estados Unidos o China, por ejemplo.

Entonces, ms temprano que tarde se produce una colisin: no hay buena sociabilidad con tanta unilateralidad. Ms recientemente, la crisis en Venezuela reflej incluso la perdida de sociabilidad poltica. Al parecer, la CELAC no se dio cuenta de la envergadura del problema interno e internacional derivado de la trgica situacin venezolana. La Unasur tuvo un comportamiento penoso y con la nueva ola de gobiernos de derecha en la regin, seis pases que habran podido reorientarla se encargaron de sepultarla. Los presidentes Ivn Duque de Colombia y Sebastin Piera de Chile lanzaron la idea de crear PROSUR con el propsito de reemplazar a Unasur y con la idea, muy posiblemente, de cercar an ms a Venezuela y quizs maana a otros pases si fuera del caso. El Mercosur dej afuera a Venezuela y despus opt por no hacer mucho. La Alianza del Pacfico jams hizo algo y menos an desde la llegada de Andrs Manuel Lpez Obrador a la presidencia, que cambi el signo poltico del gobierno mexicano.

Los miembros del Alba tuvieron una conducta insignificante para contribuir a que uno de los suyos pudiera hallar caminos de solucin poltica y reconciliacin social. Y en medio de todo esto, el denominado Grupo de Lima que, con razn, impugn la legitimidad electoral del presidente Nicols Maduro para su segundo mandato, opt por una poltica indita para la regin al reconocer al presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaid, como presidente encargado cuando no posee ni ejerce ninguno de los atributos de un gobierno ni sus funciones bsicas. Y fue ms all en su ltima declaracin cuando hizo un llamado para que las fuerzas armadas de Venezuela manifiesten su lealtad a Guaid.

Otro signo de los tiempos en el que el papel de las fuerzas armadas adquiere un nivel de importancia e incidencia que se crea superado con la ola democrtica de los 80.

El cambio poltico Mxico podra tener algn impacto regional o se limitara a sus fronteras?

La dimensin de los retos internos y bilaterales respecto de Estados Unidos que enfrenta el gobierno del presidente Lpez Obrador es de tal tamao que ocupar su atencin inicial y permanente. Las prioridades de Mxico son domsticas y su vnculo con su vecino del norte no es sustituible por ningn otro. Su impacto en Amrica Latina por lo tanto ser menor que al que aspiran los progresistas del rea. No obstante, no ser irrelevante.

Doy un ejemplo histrico y comparativo para que se entienda la relacin de Mxico y Amrica Latina. En 1981, en medio de una violencia extendida en Centroamrica, Mxico y Francia firmaron una declaracin mediante la cual reconocan al Frente Farabundo Mart para la Liberacin Nacional (FMLN) y al Frente Democrtico Revolucionario (FDR) en El Salvador como fuerzas polticas representativas en el conflicto armado en ese pas. Aquello fue un gesto contundente en relacin con la posicin de Washington en las mltiples crisis centroamericanas y, a su turno, abri el camino para la constitucin del denominado Grupo de Contadora (Colombia, Mxico, Panam y Venezuela) en 1983 (al que en 1985 se sum el Grupo de Apoyo compuesto por Argentina, Brasil Per y Uruguay) que procur salidas polticas negociadas a los conflictos armados en Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Dicho sea de paso, su labor fue muy efectiva.

Mxico fue el arquitecto central de aquella iniciativa y un puente fundamental para persuadir a los pases de Europa lo cual se logr para que no avalaran la guerra de baja intensidad auspiciada por el presidente Ronald Reagan en Amrica Central. 38 aos despus, Mxico opt por una poltica de principios frente a la situacin venezolana y no se sum al Grupo de Lima y mediante una convocatoria conjunta con Uruguay cit a una conferencia internacional sobre Venezuela. Acaba de anunciarse el llamado Mecanismo de Montevideo que, sumando a los pases de la Comunicad del Caribe (Caricom), impulsa por una solucin poltica negociada. Antes y ahora Mxico busca soluciones polticas, pero en el caso actual lo hace de modo ms cuidadoso y defensivo y no logra la adhesin de los pases grandes y medianos de Amrica del Sur. Mxico seguir mirando al regin y podr tener cierto nivel de activismo diplomtico siempre y cuando no afecte seriamente su relacin compleja y contradictoria con Washington.

Cmo se ubica Amrica Latina ante el efecto Trump y los realineamientos globales?

Es conveniente centrar la atencin en Amrica Latina y mirar no solo a Estados Unidos sino tambin a China. Es, creo, fundamental, mirar el mundo desde la regin que simplemente hablar de las grandes potencias y despus localizar a nuestra regin. Latinoamrica viene perdiendo histricamente gravitacin en el mundo y parece hoy abocada a divergir cada vez ms. Lo primero conduce, ms temprano que tarde, a la debilidad y lo segundo acelera la desintegracin: la combinacin agudiza la dependencia.

Algunos indicadores entre muchos disponibles ejemplifican esa cada. En 1945, cuando se cre la Organizacin de las Naciones Unidas (ONU), el peso del voto regional era significativo: de los 51 miembros iniciales 20 eran latinoamericanos. En la actualidad hay 193 pases en la ONU y la dispersin del voto de la regin le resta an ms influencia a Latinoamrica como bloque.

Datos de la Comisin Econmica para Amrica Latina (CEPAL) revelan que la participacin latinoamericana en el total de exportaciones mundiales pas de 12% en 1955 a 6% en 2016. De acuerdo con la Organizacin Mundial de Propiedad Intelectual, en 2006 las solicitudes de nuevas patentes provenientes de Amrica Latina eran del 3% (las de Asia eran el 49,7%), mientras que en 2016 bajaron a 2% (las de Asia aumentaron a 64,6%). Un reciente informe del Banco Mundial sobre desigualdad destaca que ocho de los diez pases ms desiguales estn en la regin: Hait (2), Honduras (3), Colombia (4), Brasil (5), Panam (6), Chile (7), Costa Rica (9) y Mxico (10).

A su turno, y como ya sealamos, las iniciativas de integracin de diversa ndole estn en franco deterioro. Debilitamiento y desintegracin conducen a una mayor dependencia externa, sea de un poder declinante como Estados Unidos como de un poder ascendente como China. El corolario estratgico de eso es el deslizamiento hacia una gradual irrelevancia de Amrica Latina en la poltica mundial y a la erosin de la autonoma relativa en sus relaciones internacionales.

Agrego otra observacin. Creo que en la regin sobresale cierta confusin respecto de Estados Unidos y China. Estados Unidos no ha sido ni es pasivo ni se ha aislado en materia de relaciones interamericanas, ya sea en lo econmico, en lo poltico, en lo asistencial y en lo militar. Nunca se fue de la regin: est ah. La Doctrina Monroe perdi vigencia, pero eso no significa que Estados Unidos se haya retirado de Amrica Latina. En realidad, Washington siempre est llegando a la regin con distintas polticas, focos e intensidad. Respecto de China, hoy Beijing se acerca a Latinoamrica con recursos econmicos, de manera pragmtica y robusteciendo los lazos de Estado a Estado. De all que el despliegue regional chino resulte ms moderado y en favor del statu quo ; lo cual favorece la ausencia de jugadores locales con capacidad de veto como ocurri en relacin a la Unin Sovitica durante la Guerra Fra.

En respuesta a lo que viene ocurriendo desde la dcada de 1990 la regin respondi con lo que se denomina una poltica de compromiso confiable ( reliable engagement ) hacia China. Ahora bien, resulta adecuado que los pases comiencen a contemplar una opcin estratgica distinta y mixta hacia China; esto es, una poltica que combine aproximacin y previsin.

En resumen, evitar la doble dependencia en relacin a Estados Unidos y China exige de Amrica Latina el urgente reconocimiento de que le cabe a ella robustecer regionalmente sus atributos de poder. La pendiente declinante de la autonoma de los pases del rea se ahondar si se contina por la actual senda.

Todos miran hacia Venezuela, qu pasa en Colombia?

El caso de Colombia es particularmente interesante pues de algn modo es un ejemplo en el que se entrecruzan los asuntos referidos en todas las preguntas previas. All estamos ante una democracia sudamericana longeva, desde 1958, que ha combinado violencia poltica prolongada, relativa estabilidad econmica y claro liderazgo social de una cpula dirigencial.

Con todas las contradicciones derivadas del predominio temporal de diferentes fracciones de la elite, con la combinacin de recursos coercitivos y dispositivos consensuales, sin una clara distincin entre la Guerra Fra y la Posguerra Fra en cuanto a una relacin de partenaire respecto a Estados Unidos, Colombia epitomiza un modelo de hegemona singular en Amrica del Sur.

All el papel de la cuestin militar ligada a la lucha antiinsurgente y el combate antinarcticos ha sido una nota perdurable. Ha habido un acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que el gobierno actual cumple a cuentagotas, mientras en 2018 fueron asesinados 93 lderes sociales y desde la desmovilizacin de la guerrilla 85 miembros de las FARC. Colombia ha sido un protagonista clave del Grupo de Lima y es el pas cuyos lderes se han mostrado ms vehementes en su crtica al rgimen de Maduro y hasta tentados y por el momento no es ms que eso a sumarse a una estrategia ms agresiva de Washington hacia Venezuela.

Cabe agregar que en la presente coyuntura la significacin de Colombia para Estados Unidos se ha incrementado notablemente. Washington identific un denominado eje de la tirana compuesto por Cuba, Nicaragua y Venezuela. El nico pas latinoamericano que tiene simultneamente relaciones tensas con esas tres naciones es Colombia. Con Cuba, con quien se mantena una muy buena relacin a raz de su papel en la negociacin con las FARC, es hoy objeto de una friccin elocuente despus del colapso del dilogo entre el gobierno colombiano y el Ejrcito de Liberacin Nacional (ELN) que se llevaba a cabo en La Habana. Un atentado del ELN en Bogot llev al fin de las conversaciones. Bogot demanda la extradicin de los miembros del ELN que estaban en la mesa negociadora y La Habana le respondi que hay un protocolo de ruptura de las negociaciones que se debe implementar. El gobierno de Duque ha elevado inusualmente su crtica a Cuba. Por otro lado, las tensiones con Venezuela se iniciaron desde la llegada al poder del presidente Chvez y se incrementaron notablemente despus del fallido golpe en Venezuela de 2002. Y con Nicaragua hay un contencioso martimo histrico que condujo a un fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) que result favorable a Managua y otro en ciernes de la CIJ que podra recalentar las de por s pobres relaciones colombo-nicaraguenses.

A su vez, hay que tener en cuenta que Colombia supo tener un papel activo en la promocin de la Alianza del Pacfico, pero desde la llegada al gobierno de Lpez Obrador en Mxico se ha replegado y reforzado su vnculo con otro gobierno de derecha de la regin: el de Pieira en Chile. Si histricamente Bogot miraba al Norte expresado la doctrina colombiana de respice polum y su lazo con Estados Unidos era estrecho, ahora ha abrazado a Washington con ms conviccin ideolgica y motivacin pragmtica.

Colombia est notoriamente alineada con Washington y eso no cambiar. Lo interesante, en todo caso, es que muchas capitales Buenos Aires, Brasilia, Santiago, Lima, entre otras parecen, en la presente coyuntura y a su manera, ms dispuestas a seguir los pasos de Bogot y a depositar en Estados Unidos su mirada diplomtica preferida. Habr que evaluar los resultados de esto para el bienestar material, la seguridad nacional y la autonoma internacional de las sociedades de la regin. Y ese es otro captulo al que se debe dar un seguimiento riguroso y sistemtico. Somos una regin a la deriva en los asuntos globales y eso es peligroso para nosotros.

Fuente: http://nuso.org/articulo/america-latina-camina-hacia-la-debilidad-y-la-desintegracion/



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