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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-02-2019

Almagro y la cloaca del imperio

Atilio A. Boron
Rebelin


Los pestilentes hedores que emanan del Ministerio de Colonias han adquirido proporciones an ms vomitivas despus de las recientes expresiones de Luis Almagro en relacin a Venezuela y Cuba. El obsecuente pen de la Casa Blanca dijo en la edicin del 17 de febrero del diario Clarn de Buenos Aires -otro asiduo inquilino de las cloacas del submundo pseudoperiodstico- que Los venezolanos deben recurrir a la desobediencia civil frente a la dictadura.

Esta apelacin lanzada por Almagro se tipifica, en el Derecho moderno, como apologa de la violencia y la sedicin, crmenes cuya sancin oscila entre cadena perpetua (caso de Espaa) y pena capital como en Estados Unidos. Ninguna de estas dos penalidades las aplica la justicia venezolana contra sus sediciosos, comenzando por el presidente encargado Juan Guaid y siguiendo por todos sus compinches, que incluyen a personajes tan detestables como Julio Borges, Antonio Ledezma o Mara Corina Machado, que suplican a Washington que no dilate ms la liberadora y humanitaria invasin a su propio pas.  

En sus exabruptos publicados en la prensa de este domingo Almagro dijo entre otras cosas que Los venezolanos deben de seguir principios gandhianos, deben de hacer desobediencia civil, romper con las prohibiciones de la dictadura. Desbordar a la dictadura de tal forma que las fuerzas militares no puedan resistirse a la movilizacin de la gente. Obviamente que cuidando a la gente. La venalidad del Secretario de la OEA va de la mano de su asombrosa ignorancia. Hasta donde yo sepa Gandhi jams orden a los suyos convertir en antorchas humanas a sus oponentes; o tender guayas de alambre de pas para degollar a cualquier motociclista distrado; o atacar jardines infantiles y postas mdicas con bombas incendiarias. Nada de esto suena demasiado gandhiano. En cambio, el Gandhi uruguayo se parece mucho ms a Al Capone o a Scarface que al hombre que puso fin a la dominacin britnica en la India.

Pero el bueno de Almagro no es hombre de arredrarse ante las verdades histricas y prosigue impertrrito con el encargo que le hicieran en la Casa Blanca. Mentir, calumniar y difamar son obligaciones que estn establecidas en su contrato. Por eso al hablar del gobierno legtimo de Venezuela -que como cualquier otro puede ser mejor o peor; ms eficiente o menos eficiente en su gestin- su caracterizacin es insultante y biliosa: Son delincuentes atrincherados dice mientras con un guio del ojo busca la aprobacin el emperador- y prosigue : Violadores de derechos humanos y ejecutantes de crmenes de lesa humanidad atrincherados. Narcotraficantes atrincherados.

Ante tamao vituperio un lector desprevenido podra creer que ahora el bribn estara hablando de lvaro Uribe, su lugarteniente Ivn Duque y la pandilla de paramilitares y narcotraficantes que durante dcadas vienen asolando Colombia, sembrando de fosas comunes ese pas y aniquilando a miles de falsos positivos, esos humildes campesinos disfrazados de guerrilleros, fusilados y luego presentados al incauto pblico como pruebas del xito de la poltica criminal de seguridad democrtica urdida por Uribe. O que Almagro estara hablando de los dirigentes democrticos que en Colombia han asesinado 400 lderes sociales en poco ms de un ao luego de firmados los Acuerdos de Paz llevando destruccin y muerte a lo largo y a lo ancho del pas sin que la OEA emitiera condena alguna. Pero no. El monigote basado en Washington se refiere al gobierno bolivariano, al que podrn formularse muchas crticas pero jams las mismas que a justo ttulo merece la dominacin oligrquica en Colombia. Los crmenes perpetrados en este pas no tienen paralelo alguno en la Venezuela bolivariana. Pese a lo cual para Almagro el problema es la dictadura de Maduro.

Tanta sucesin de mentiras y fake news salidos de la boca de ese esperpento no podra eximir de sus ataques a Cuba y su Revolucin. Al definir la situacin de Venezuela denuncia, con absoluta irresponsabilidad, la existencia en este pas de un verdadero ejrcito de 22.000 cubanos por delante (de las propias tropas bolivarianas!) realizando tareas de inteligencia y represin, entre otras. Mentira gigantesca pero que, sin embargo, la prensa hegemnica admite y difunde sin una elemental repregunta que hubiera obligado al bandido con chapa de diplomtico a fundamentar su respuesta, cosa que, va de suyo, no hubiera podido hacer. En cambio, el periodista le pide que manifieste su opinin en relacin al gobierno de Miguel Daz-Canel. La respuesta del bribn fue un calco de la que tantas veces repitieran los esbirros de la Casa Blanca: los Pompeo, los Cruz, los Rubio, los Bolton, los Abrams y antes Hillary Clinton: Miguel Daz Canel es un eslabn ms de un rgimen dictatorial-hereditario. Es hoy la personificacin de segunda lnea de la dictadura jinetera seudo revolucionaria. La descalificacin no slo es incorrecta de p a p, sino sobre todo humillante, inmoral, insultante. Hay que tener una mente carcomida por el odio, revuelta en la basura de los peores instintos tanticos, y una furia incontenible, demencial y asesina como para caracterizar de ese modo a la Revolucin Cubana.

Es que para el gobierno de Estados Unidos y sus despreciables sirvientes Fidel y la epopeya de los moncadistas no merece olvido ni perdn, slo resentimiento y un enfermizo afn de venganza que lo expresan los amos del norte y sus enfangados lacayos sureos que, al igual que las hienas, se solazan alimentndose de la carroa y los excrementos de la Casa Blanca. Cuando un personajillo que se ha prostituido integralmente como Almagro habla de una dictadura jinetera seudo revolucionaria ejemplifica el fenmeno de la proyeccin descubierto por Sigmund Freud como uno de los mecanismos de defensa mediante el cual un yo atribulado, culpable y neurotizado proyecta en otros la inmundicia de su propia condicin. Su prostitucin poltica, su acelerado trnsito de Canciller de Pepe Mujica a jinetero diplomtico de la Casa Blanca debe ser intolerable y por eso nada mejor que poner afuera lo que es imposible mantener adentro. Y eso es lo que hace el capataz de Donald Trump.

Lo mismo cabe decir sobre su descalificacin del gobierno de la Revolucin Cubana como un rgimen dictatorial-hereditario, lo que revela un profundo desconocimiento del funcionamiento de una democracia participativa, de base, que construye su autoridad de abajo hacia arriba mediante miles y miles de asambleas barriales y en centros de trabajo, todo lo cual otorga al actual presidente de Cuba una impresionante legitimidad popular que poqusimos jefes de estado pueden ostentar en cualquier lugar del mundo. Con sus palabras el mandams de la OEA no slo ofende al gobierno de Cuba sino a todo el pueblo cubano. Pero todo esto no le importa. Lo nico que le interesa a Almagro es proseguir con sus mentiras, porque para eso le pagan. Ni una palabra de la tragedia infinita e interminable de Colombia; de la rebelin en marcha en Hait y su sangrienta represin; del holocausto hondureo; de la farsa anticonstitucional del gran estafador ecuatoriano, Lenn Moreno, que delega sus funciones presidenciales en cuatro ignotos personajes imponiendo de hecho un protectorado norteamericano en la noble tierra de Alfaro y Correa. Nada de esto altera la paz en las cloacas del imperio y en ese gigantesco estercolero llamado OEA. El problema hoy es Venezuela y, por extensin Cuba. Para eso lo han encumbrado a la secretara general del ignominioso Ministerio de Colonias. Por eso descender a la historia, ms pronto que tarde, para instalarse en la galera de los ms nefastos personajes de la historia nuestroamericana.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

 



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