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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-02-2019

La reafirmacin feminista de las jvenes

Antonio Antn
Rebelin


El pasado ao fue expresivo de la masividad, el avance y el impacto pblico del movimiento feminista, tal como escrib en su da: Nueva marea por la igualdad (Rebelin, 16/03/2018). Este 8 de marzo de 2019 constituye un reto para su continuidad y consolidacin. Analizo un hecho significativo para resaltar la combinacin de factores que explican la implicacin de millones de mujeres jvenes en esta reafirmacin feminista democrtico-igualitaria frente a discriminaciones y desventajas impuestas y percibidas como injustas.

Las adolescentes y las jvenes han experimentado, en las ltimas dcadas, un gigantesco avance en la libertad y la igualdad de sus relaciones interpersonales (respecto de los varones), sus trayectorias vitales y familiares y su cultura democrtica y de derechos civiles y polticos. En particular, en el mbito educativo, quiz la institucin ms libre e igualitaria en materia de gnero, han demostrado incluso cierta superioridad en sus resultados acadmicos medios. Es decir, nunca ms se va a poder decir que las chicas tienen menores capacidades intelectuales, racionales o cognitivas que los chicos, ni tampoco menores capacidades y habilidades para su formacin respecto del empleo o sus responsabilidades cvicas. La expectativa de reconocimiento laboral y pblico y la movilidad ascendente es innegable, para ellas y sus familias.

No obstante, como dice Carmen Heredero (Gnero y coeducacin, ed. Morata), el xito escolar femenino es relativo, aunque no achacable a su falta de mritos. Existe una presin distributiva en los itinerarios acadmicos, condicionada por estereotipos de gnero, que empuja a las chicas hacia especialidades escolares (bachillerato de humanidades y ciencias sociales, o formacin profesional de cuidados) con una salida ms precaria en el mercado de trabajo que las especialidades de varones (cientficas, ingenieras o de formacin profesional industrial y tecnolgica), con un empleo futuro de mayor calidad, remuneracin y estabilidad.

Persiste cierta brecha de gnero en la escuela. Pero, sobre esa base, ya en desventaja de las trayectorias de las jvenes respecto de las de sus colegas varones, se acumulan dos dinmicas discriminatorias que acentan la desigualdad.

Una, especialmente para las jvenes de origen y condicin popular, por su insercin en el mercado de trabajo de forma ms precaria, insegura y subordinada; est derivada de las estrategias empresariales de segmentacin laboral, no solo por la condicin social. Tambin hay un sesgo de gnero: bajo el pretexto de su menor productividad y dedicacin laboral por su supuesta mayor implicacin en la tarea social asignada de la maternidad, la reproduccin vital y social y el cuidado de personas dependientes, adoptan dinmicas preferenciales para varones en detrimento de mujeres.

Dos, todos los elementos discriminatorios, desde los estereotipos socioculturales y la divisin sexual del trabajo hasta la violencia machista directa, que son agravios comparativos respeto de los jvenes, perjudican la igualdad en perjuicio de las mujeres y atentan a la cohesin social y la convivencia cvica. Es decir, debilitan tambin la calidad tica y relacional de los jvenes varones y la ciudadana en general, si se dejan llevar por la inercia ventajista y no ejercen una actitud solidaria. La emancipacin femenina conlleva la construccin democrtica e igualitaria de la sociedad.

Desde una ptica ms general esas tendencias discriminatorias se han agravado con la crisis econmica, las medidas de ajuste neoliberal, las polticas pblicas regresivas sobre el Estado de bienestar y contra el empleo decente, la extensin del paro y la precariedad laboral. As, el poder econmico y empresarial, con su ejrcito de supervisores, expertos y gestores, ha ido imponiendo una socializacin laboral, una nueva cultura empresarial de control y sometimiento, entre la gente joven con unos objetivos bsicos: asegurar su mximo rendimiento y productividad con abaratamiento de costes, en bsqueda de ganancias suplementarias -a corto plazo-; e imponer una posicin de subordinacin y una actitud de resignacin adaptativa y de supervivencia individual, unas costumbres insolidarias y conservadoras frente a su cultura relativamente igualitaria, libre y democrtica de la escuela, sus relaciones interpersonales y la vida pblica.

Es decir, la imposicin del poder empresarial en las relaciones laborales y la mayor subordinacin de las capas precarizadas, mayora de jvenes populares (incluido de origen inmigrante), tiene tambin una funcin ideolgico-poltica: frenar la cultura democrtico-igualitaria mayoritaria en la juventud, revertir las conquistas en materia de derechos civiles, sociales y laborales, afianzar los valores conservadores y asentar la hegemona poltica liberal conservadora.

Pero el choque entre las chicas de esas dos dinmicas contrarias, progresivas y regresivas, es todava ms brutal. Si en trminos comparativos respecto de los chicos, los avances y las expectativas de movilidad ascendente -meritocrtica- eran superiores, ahora se encuentran con que las evidencias de su socializacin laboral precaria les imponen mayores desventajas, persiste el machismo estructural y todo ello lo sufren de forma inmerecida. Por tanto, a partir de su experiencia relacional y sus recursos ticos, crece su percepcin de padecer una grave injusticia. Tambin se produce incertidumbre, desconcierto o reacciones simplistas. Pero no hay, mayoritariamente, resignacin o adaptacin individualizadora, sino indignacin colectiva, exigencia de soluciones pblicas y reafirmacin identitaria emancipadora. Y aunque, incluso en corrientes feministas y dada la diversidad existente, existan salidas falsas o unilaterales. Se trata del nuevo puritanismo, una reaccin moralista que supone un retroceso respecto de las dinmicas de liberacin sexual conseguidas hace dcadas; o de la prioridad al incremento punitivo ante las agresiones, a la utilizacin exclusiva del cdigo penal, ms barato y meditico, en vez de aplicar una poltica integral y desarrollar medidas preventivas y educativas, as como de control y reinsercin.

Igualmente, en el campo institucional ms amplio de las polticas de igualdad y contra la violencia de gnero, la valoracin positiva de algunos cambios normativos, en ms de una dcada de implementacin, no ha implicado una modificacin sustancial de los elementos bsicos de discriminacin, inseguridad o acoso machista. La desconfianza llega a la clase gobernante y distintos poderes (incluido el econmico y el judicial), por su incapacidad para atajar esa desigualdad, as como por su responsabilidad en el mantenimiento de esas dinmicas discriminatorias, normativas retricas, contraproducentes e incompletas o actuaciones injustas e insuficientes.

Ahora, con la disolucin de las Cortes, el Gobierno socialista, a pesar del amplio respaldo parlamentario y de la comunidad educativa, ha sido incapaz de conseguir la derogacin de la LOMCE, smbolo conservador de la segmentacin escolar, el desprecio elitista hacia la escuela pblica y los privilegios materiales e ideolgicos para la jerarqua catlica. Y tambin se mantienen las contrarreformas laborales con grave impacto para la gente joven. O sea, hay ms motivos para porfiar en un cambio de progreso, democrtico y feminista.

La gestin poltica de las fuerzas progresistas ha sido la de intentar representar esa nueva ola reivindicativa y cultural, aun sin impacto relevante de cambio estructural y normativo. Pero de su profundidad y amplitud han tomado nota los sectores conservadores. Al relativo estancamiento en la eficacia de las reformas institucionales ahora se aade la nueva contraofensiva poltica y meditica de las derechas con un proyecto regresivo de involucin social, normativa y cultural en relacin con las conquistas feministas. Es un bloque reaccionario y conservador potente, pero de escasa legitimidad social que se enfrenta a una mayora social, especialmente de mujeres, con fuerte conciencia cvica y feminista.

Pero, como deca, esta generacin joven ha experimentado una amplia cultura democrtica y de justicia social bastante comn en la mayora de los chicos y las chicas populares. El hecho diferencial es que, ante esa doble desigualdad discriminatoria de las jvenes y su dbil defensa institucional, las propias mujeres han tenido que reafirmarse en sus valores democrticos y de justicia social y su actitud progresiva, as como consolidar su experiencia de libertad e igualdad para asegurar su ciudadana plena y un futuro de bienestar.

Por tanto, tienen que hacer un sobreesfuerzo tico y prctico-relacional para dar respuesta a esa subordinacin adicional y dar soporte motivacional y de legitimacin a la correspondiente actitud participativa. Lo estn haciendo frente al marco poltico e institucional dominante, en el menos malo de los casos, impotente ante esa regresin que condiciona toda su trayectoria vital. No es fcil y se enfrentan a numerosos obstculos. Pero se abre otra tendencia de activacin cvica: una profundizacin de sus capacidades humanas, solidarias y transformadoras, una actitud ms igualitaria y una convivencia ms democrtica. Todo ello con una articulacin asociativa muy diversa y horizontal, unos liderazgos colectivos prximos, abiertos y transitorios, una labor concienciadora de una gran parte del profesorado femenino, junto con unos discursos expresivos contra la discriminacin y por la igualdad y la libertad.

En definitiva, superando esquemas interpretativos estructuralistas o enfoques culturalistas, ambos unilaterales, as como visiones rgidas y esquemticas, hay que realizar un anlisis realista que facilite una firme accin transformadora feminista y solidaria. Por tanto, son necesarios un enfoque relacional y un discurso multidimensional, considerando la interaccin y la combinacin de distintos elementos y planos que afecta, particularmente, a la mayora de las jvenes: una situacin precaria e incierta, una experiencia social y una cultura democrtica e igualitaria, nuevas dificultades para sus trayectorias y expectativas personales y profesionales, una responsabilidad institucional (pblica y econmica) en sus bloqueos vitales, percibida como injusta o insuficiente, unas redes de apoyo y pertenencia con identificaciones comunes sobre bases solidarias y una reafirmacin colectiva en la justicia social y la emancipacin. Por todo ello, el movimiento feminista y, en particular, la mayora de las jvenes, con talante progresivo, son un motor de cambio democrtico-igualitario y emancipador.

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid

@antonioantonUAM

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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