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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2019

Hace 40 aos los soviticos cayeron en la trampa. En condiciones mucho ms favorables, los americanos han multiplicado su desastre
La derrota de Estados Unidos en Afganistn

Rafael Poch de Feliu
Ctxt


Hace cuarenta aos el ejrcito sovitico entr en Afganistn. Aquel diciembre de 1979 hacia ya cinco meses que el Presidente Carter y su consejero de seguridad, el fantico antiruso de origen polaco Zbigniew Brzezinski, haban iniciado, con sus amigos saudes, una multimillonaria ayuda para fomentar, financiar y armar un integrismo sunita en Afganistn. Los celebres muyaidines, luchadores por la libertad.

En Pars, algunos de los que entonces eran entusiastas valedores de aquellos oscuros personajes del siglo XVIII y los elevaban al ttulo de hroes positivos, soy hoy especialistas en su consecuencia: el terrorismo integrista que llega sus ciudades como resultado, entre otras cosas, de aquella cruzada anticomunista. Todo sin mediar la ms mnima consideracin autocrtica.

Hasta mediados de los aos setenta, Afganistn era un pas atvico que los hippies cruzaban en su ruta hacia la India. Los fusiles de los invasores britnicos del siglo XIX que se cargaban por el can, las escopetas de caza y los trabucos, eran las armas habituales en su mundo rural. El conflicto Este/Oeste transform aquello en un universo de armas automticas, blindados, helicpteros, minas antipersonal, morteros y misiles antiareos porttiles Stinger, creando un desastre bblico con ms de dos millones de muertos y la destruccin de una sociedad que se contaba (y se cuenta) entre las mas pobres del mundo.

El dinero de la CIA y de los saudes y los cuadros del servicio secreto pakistan, el ISI, introducan el fundamentalismo islmico en las repblicas de tradicin musulmana de la URSS, y tambin algunos comandos en acciones de sabotaje cerca de la frontera en las entonces repblicas soviticas de Tadjikistn y Uzbekistn. En Paqustn la CIA y el ISI organizaron una red de campos de entrenamiento para los afganos, cuyos comandos entraban en el pas acompaados por supervisores militares paquistanes en acciones de sabotaje.

Las misiones iban de voladuras de oleoductos hasta ataques con cohetes a un aeropuerto o emboscadas, explica en sus memorias (The Bear Trap) Mohammad Yusaf, jefe del departamento afgano del ISI. Entre 1981 y 1986 pasaron por aquellos campos 80.000 guerrilleros afganos, recordaba el militar con orgullo.

Los soviticos entraron llamados por el gobierno filocomunista afgano, dividido en facciones irreconciliables, tras una sucesin vertiginosa de golpes internos y asesinatos. Creyeron que sera una misin de algunos meses para pacificar el pas y poner orden en su rgimen, pero se encontraron empantanados.

Escrib al Presidente Carter dicindole que ahora tenamos la ocasin de darle a la URSS su Vietnam, dijo Brezinski en una de sus ltimas entrevistas. Los soviticos permanecieron en aquella trampa una dcada, hasta que la voluntad de Gorbachov de distender las relaciones con China y Occidente se impuso. Para entonces (1989), la URSS perdi 15.000 soldados muertos, 50.000 heridos, pero la factura para Afganistn fue mucho peor: 1,3 millones de muertos, 2 millones de desplazados en el interior del pas, y 4,5 millones de refugiados en los pases vecinos.

La guerra sovitica logr establecer un gobierno estable en el pas -con todos sus horrores, el mejor que ha tenido aquel desgraciado pas, tal como valoraban, por amplsima mayora, los afganos en una encuesta de 2008- y organizar unas fuerzas armadas relativamente eficaces. Cuando los soviticos concluyeron su retirada en 1989, aquel gobierno y aquel ejrcito an se mantuvieron tres aos, controlando todas las ciudades y las carreteras que las unan. El gobierno solo cay cuando la Rusia de Yeltsin ces todo suministro en 1992. Sigui una dcada de caos y guerra civil entre facciones en la que sobre un panorama de ruinas y oscurantismo, se acabaron imponiendo los talibn a partir de 1996, sin que la guerra cesara en el norte.

Diez aos despus de la retirada sovitica, llegaron los americanos. Oficialmente para combatir a Bin Laden y su organizacin, que era uno de los desastres incubados por su propia poltica contra los soviticos durante las dos dcadas anteriores. Tampoco hubo autocrtica alguna. Brzezinski hasta se enfad cuando le preguntaron hace un par de aos si no reconoca su error: Cmo voy a lamentarlo? Fue una excelente idea, con ella metimos a los soviticos en la trampa!

Los especialistas americanos -y tras ellos los papagayos del complejo meditico occidental- explicaban aquel otoo de 2001, por qu ahora nada iba a ser igual que en 1979 cuando entraron los soviticos. El ejrcito de la URSS estaba integrado por reclutas sin experiencia, estaba mal equipado, su intendencia era desastrosa, con psimas raciones de alimentos y bajos niveles de higiene que causaban enormes bajas por enfermedad, decan. Nada permite establecer un paralelismo entre la operacin antiterrorista de ahora y la invasin sovitica de 1979, escriba en La Vanguardia hasta el malogrado Xavier Batalla, sin duda el comentarista internacional ms competente, glosando aquel pronstico general.

En un cochambroso hotel de la frontera afgana asist aquel otoo a la llegada de los primeros contingentes de la CIA, tipos que hablaban uzbeco con acento de Oklahoma y que llevaban en sus mochilas papel higinico, soluciones para potabilizar el agua y todo tipo de tecnologas y que decan trabajar para oscuras organizaciones humanitarias o no gubernamentales. Su conocimiento del pas era psimo. La Rusia de Putin les ofreci toda su cooperacin en materia de inteligencia afgana, lo que no sirvi de gran cosa para la mejora de relaciones que el Kremlin buscaba entonces a cambio de un mnimo reconocimiento de sus intereses en Washington. El 8 de octubre de 2001 comenzaron los bombardeos. A las pocas semanas haban matado ms gente que el nmero de vctimas de las torres gemelas de Nueva York. Dos meses despus, con la cada de Kandahar, ltimo bastin talibn, se daba la guerra por concluida.

Dieciocho aos despus, la guerra contina. Ah estn empantanados, con toda su tecnologa militar, ayudados por los vasallos europeos (Espaa se gast 3.600 millones en esa campaa), sin una superpotencia que financie a sus adversarios pero con todo lo dems tan parecido. La simple realidad es que en condiciones mucho ms favorables, los americanos han multiplicado el desastre de los soviticos en Afganistn y han perdido la guerra.

El pasado enero un gran convoy militar fue atacado por los talibn en la provincia de Faryab. Ms de treinta vehculos militares y de transporte fueron destruidos en aquella provincia fronteriza con Turkmenistn que pasa por tranquila. Con pocos das de diferencia, el ataque al cortejo del gobernador de otra provincia, Lowgar, mat a diez de sus escoltas y una accin contra una base de las brutales tropas especiales entrenadas por la CIA, caus la muerte de unos 200 soldados de aquel cuerpo.

En el conjunto Afganistn/Paquistn esta segunda guerra ha ocasionado 1,2 millones de muertos, segn la contabilidad de Nicolas J.S. Davies. El gobierno afgano y sus mentores solo controlan alrededor de la mitad de los 407 distritos del pas. El narcotrfico, ese negocio tradicional para sufragar las cajas negras de la CIA, campa a sus anchas. El opio afgano est creando serios problemas de drogadiccin en Rusia. La dimensin del fiasco es tal, que se han abierto negociaciones y conversaciones con los talibn. Con 18 aos de retraso se habla de talibn moderados.

El problema de los anuncios de retirada militar formulados por Donald Trump (y vale igual para Siria) es que al Pentgono no le gusta retirarse de una base que es importante para vigilar a sus reales adversarios, China y Rusia. Los chinos quieren usar un Afganistn pacificado para ampliar las conexiones de sus rutas de la seda a lo largo de Asia central y meridional. Los militares americanos buscarn la manera de quedarse de una u otra forma.

Estados Unidos ha perdido la guerra de Afganistn de una manera no muy diferente a sus predecesores. Evidentemente, esa derrota no ha sido una victoria para los afganos. La guerra de los cuarenta aos que trajeron, fomentaron y amplificaron los extranjeros, ha sido para ellos una calamidad bblica.

(Publicado en Ctxt)

Fuente: https://rafaelpoch.com/2019/02/20/la-derrota-de-estados-unidos-en-afganistan/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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