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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-02-2019

Es hora de sentir pnico

David Wallace-Wells
The New York Times

Traducido por Eva Calleja


El planeta se est calentando de manera catastrfica. Y el miedo puede ser lo nico que nos salve.

La era del pnico climtico est aqu. El verano pasado, una ola de calor asfixi a todo el Hemisferio Norte, matando a docenas de personas desde Quebec a Japn. Algunos de los incendios ms destructivos en la historia de California convirtieron millones de hectreas en cenizas, derritiendo los neumticos y las suelas de las zapatillas de aquellos que intentaban escapar de las llamas. Los huracanes del Pacfico obligaron a huir a tres millones de personas en China y arrasaron casi por completo la Isla del este de Hawi.

En la actualidad vivimos en un mundo que se ha calentado solamente un grado centgrado desde finales del siglo XIX, cuando se comenzaron a tener registros a escala mundial. Estamos aadiendo dixido de carbono que calienta la atmosfera a un ritmo ms rpido que en cualquier otro momento de la historia humana desde el comienzo de la industrializacin.

En octubre, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climtico public lo que se ha venido a conocer como el informe del Juicio Final -un detector de humo agudo y ensordecedor que ha saltado en la cocina, como lo defini un funcionario de las Naciones Unidas- que detalla los efectos climticos de un calentamiento de 1,5 y 2 centgrados. En la apertura de una importante conferencia de las Naciones Unidas dos meses despus, David Attenborough, la meliflua voz del programa Planeta Tierra (Planet Earth) de la BBC y ahora la conciencia medioambiental del mundo de habla inglesa, lo expuso con ms desaliento: Si no actuamos, dijo, el colapso de nuestras civilizaciones y la extincin de gran parte del mundo natural est en el horizonte.

Los cientficos llevan tiempo sintindose as. Aunque con frecuencia no lo hayan expresado. Durante dcadas, pocas cosas haba con peor reputacin entre los que estudiaban el cambio climtico que el alarmismo.

Algo que es un poco extrao. Normalmente no se oye a los expertos en salud pblica decir que hace falta prudencia al describir los riesgos de los cancergenos, por ejemplo. El climatlogo James Hansen, que testific ante el Congreso sobre el calentamiento global en 1988, ha denominado a este fenmeno reticencia cientfica y ha recriminado a sus colegas por ello, por editar sus propias observaciones tan concienzudamente que no han sido capaces de comunicar lo urgente que realmente era la amenaza.

Esa tendencia se extendi incluso a las noticias que se daban sobre las investigaciones, que eran cada vez ms deprimentes. As que durante aos, la publicacin de cada artculo, escrito o libro importante era recibida por una nube de comentarios que debatan el ajuste preciso de su perspectiva y de su tono, y los cientficos consideraban que a muchos de esos artculos les faltaba el equilibrio apropiado entre las malas noticias y el optimismo, y como resultado los etiquetaban de fatalistas.

En 2018, su prudencia comenz a cambiar, quiz porque todos esos fenmenos meteorolgicos extremos no permitan otra cosa. Algunos cientficos incluso comenzaron a adoptar el alarmismo, particularmente despus de ese informe de las Naciones Unidas. Las investigaciones que resuma no eran nuevas y ni siquiera se discutan las temperaturas ms all de los dos grados centgrados, aunque nos dirigimos a un calentamiento de esa escala. Aunque el informe un trabajo de casi 100 cientficos de todo el mundo no abordaba ninguna de las posibilidades ms terribles del calentamiento, ofreca una especie de permiso para los cientficos del mundo. El nuevo mensaje era: Por fin est bien asustarse. Es incluso razonable.

Para m, esto es un adelanto . El pnico puede resultar contraproducente, pero hemos llegado al punto donde el alarmismo y el pensamiento catastrfico son valiosos por varias razones.

La primera es que el cambio climtico es una crisis precisamente porque es una catstrofe inminente que requiere una respuesta global tajante ya. En otras palabras, est bien alarmarse. La senda de emisiones en la que nos encontramos hoy fcilmente puede llevarnos a un calentamiento de 1,5 C para 2040, 2 C en las dcadas siguientes y quiz 4 C para 2100.

La subida de temperaturas podra suponer que muchas de las grandes ciudades de Oriente Medio y del sur de Asia sean mortalmente calurosas en verano, quiz para 2050. Podra haber veranos sin hielo en el rtico y la imparable desintegracin de la capa de hielo de la Antrtida occidental, algo que algunos cientficos creen que ya ha empezado, podra amenazar con inundar las ciudades costeras del mundo. Los arrecifes de coral podran desaparecer casi por completo. Y podra haber decenas de millones de refugiados climticos, quiz incluso ms, escapando de sequias, inundaciones, calor extremo y de la posibilidad de que desastres naturales mltiples provocados por el clima sobrevengan simultneamente.

Hay muchas razones para pensar que es posible que no lleguemos a los 4 C, pero mundialmente, las emisiones todava siguen creciendo y el tiempo que tenemos para evitar lo que ahora se cree ser un calentamiento catastrfico 2 C se va acortando cada da. Segn el informe de las Naciones Unidas, para mantenernos sin riesgo por debajo de ese umbral, debemos reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 45% para 2030 con respecto a los niveles de 2010. En vez de eso todava siguen creciendo. As que estar alarmado cuando se trata del cambio climtico no es una seal de estar histrico, estar alarmado es lo que requieren los hechos. Quiz sea la nica respuesta lgica.

Esto ayuda a explicar la segunda razn por la que el alarmismo es til: Al definir los lmites de lo que puede pasar con ms precisin, el pensamiento catastrfico permite ver la amenaza del cambio climtico con ms claridad. Durante aos hemos ledo en los peridicos cmo se presentaban los 2 C de calentamiento como el nivel ms alto tolerable, ms all del cual el desastre estara asegurado. Un calentamiento mayor casi nunca se discuta fuera de los crculos cientficos. As que era fcil desarrollar un retrato intuitivo del panorama de posibilidades que empezaba con el clima tal y como existe hoy y terminaba con el malestar de los 2 C, el techo del sufrimiento.

De hecho casi seguramente es el suelo. Sin duda los escenarios ms probables para finales de este siglo estn entre los 2 C y los 4 C de calentamiento. Por eso, valorar honestamente en lo que se puede convertir el mundo dentro de ese rango dos grados, tres, cuatro- es una mejor preparacin frente a los retos a los que nos enfrentaremos, que retirarse a la tranquilizadora normalidad relativa del presente.

La tercera razn es que mientras la preocupacin por el cambio climtico est creciendo afortunadamente- la complacencia sigue siendo un problema poltico mayor que el fatalismo. En diciembre, una encuesta nacional que buscaba la actitud de los estadounidenses con respecto al cambio climtico encontr que el 73 % admiti que el calentamiento global estaba ocurriendo, el porcentaje ms elevado desde que se comenz a hacer esa pregunta en 2008. Pero la mayora de los estadounidenses no estaban dispuestos a gastar ni siquiera 10 dlares al mes para abordar el cambio climtico; la mayora puso el lmite en 1 dlar al mes, segn una encuesta realizada el mes anterior.

El otoo pasado los votantes de Washington, un estado verde en unas elecciones azules, incluso rechazaron un modesto plan de impuestos a las emisiones. Esas personas no estn dispuestas a pagar ese dinero porque creen que ya no hay remedio o porque creen que no es necesario todava?

Esta es una pregunta retrica. Si hubisemos empezado la descarbonizacin a nivel mundial en 2000, siguiendo el Proyecto Mundial del Carbono (Global Carbon Project), solamente tendramos que haber recortado las emisiones en un 2 % anual para mantenernos sin riesgo bajo un calentamiento de 2 C. No lo hicimos porque pensamos que ya no haba solucin o porque todava no considerbamos que el calentamiento era un problema lo suficientemente urgente como para actuar contra l? Solamente el 44 % ciento de los encuestados el mes pasado citaron el cambio climtico como una prioridad poltica de mxima importancia.

Pero debera serlo. El hecho es que retrasarlo ms solo har que el problema empeore. Si hoy comenzsemos un extenso programa de descarbonizacin una tarea titnica de reajustar nuestros sistemas de energa, construcciones, infraestructuras de transporte y de produccin de nuestros alimentos el ritmo de reduccin de emisiones debera ser alrededor de un 5 % al ao. Si lo retrasamos otra dcada, requerir un recorte de emisiones de un 9 % anual. Esta es la razn por la que el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, cree que solamente tenemos hasta 2020 para cambiar el curso y ponernos manos a la obra.

El cuarto argumento para aceptar el pensamiento catastrfico viene de la historia. El miedo puede movilizar, incluso puede cambiar el mundo. Cuando Rachel Carson public su trascendental y polmico libro contra los pesticidas Primavera Silenciosa (Silent Spring), la revista Life dijo que haba exagerado su argumentacin y The Saturday Evenig Post calific el libro de alarmista. Pero, casi por s solo, provoc la prohibicin nacional del DDT.

A lo largo de la Guerra Fra, los detractores de las armas nucleares no evitaban alertar sobre los horrores asegurados de una destruccin mutua, y en los aos 80 y 90, los que hacan campaa contra la conduccin bajo los efectos del alcohol no se sintieron obligados a reivindicar su caso hablando solamente de las bendiciones de la sobriedad. En su informe del Juicio Final, el panel del clima de las Naciones Unidas ofreci una analoga muy clara para la clase de movilizacin que necesitamos para evitar un calentamiento catastrfico: La Segunda Guerra Mundial, a la que el presidente Franklin Roosevelt llam un desafo para la vida, la libertad y la civilizacin. Esa guerra no se libr solo con la esperanza.

Pero quiz el argumento ms poderoso a favor de la sensatez del pensamiento catastrfico, es que todos nuestros reflejos mentales van en la direccin contraria, hacia la incredulidad de que exista la posibilidad de que las consecuencias sean nefastas. Lo s por propia experiencia. He pasado los ltimos tres aos sumergido en ciencia climtica y siguiendo las investigaciones mientras se introducan en territorios cada vez ms sombros.

Probablemente podra contar con los dedos de las dos manos el nmero de artculos cientficos con buenas noticias que me he encontrado en este tiempo. Los artculos con malas noticias sern probablemente miles, cada da pareca traer una nueva y alarmante revisin de nuestro entendimiento sobre el trauma medioambiental que ya est en progreso.

S que la ciencia es verdad, s que la amenaza es universal y conozco sus efectos, si las emisiones continan sin cesar ser terrorfico. Y sin embargo, cuando imagino mi vida dentro de tres dcadas o la vida de mi hija dentro de cinco dcadas, tengo que admitir que no imagino un mundo en llamas sino uno parecido al actual. As de difcil es sacudirse la autocomplacencia. Estamos viviendo un engao, incapaces de procesar realmente las noticias que llegan de la ciencia y que nos dicen que el cambio climtico es una amenaza universal. De hecho es una amenaza del tamao de la vida misma.

Cmo podemos estar tan engaados? La economa conductual nos da una respuesta. La lista de prejuicios cognitivos identificados por psiclogos y simpatizantes durante el pasado medio siglo puede parecer, como las publicaciones en las redes sociales, no tener fin, y distorsionan y distienden nuestra percepcin de un clima cambiante. Estos prejuicios optimistas, tendencias profilcticas y reflejos emocionales conforman una biblioteca completa de engaos climticos.

Construimos nuestra visin del universo desde nuestra propia experiencia, una tendencia reflexiva que seguramente modela nuestra habilidad para comprender realmente las amenazas existenciales a nuestra especie. Tendemos a esperar a que otros acten en lugar de actuar nosotros, preferimos la situacin presente; tenemos poca disposicin a cambiar las cosas y un exceso de confianza en que podramos cambiarlas fcilmente, si fuera necesario, sin importar su magnitud. No somos capaces de ver nada si no es a travs de un autoengao ciego.

La suma total de todas estos prejuicios es lo que hace del cambio climtico lo que el terico ecologista Timothy Morton llama un hiperobjeto un hecho conceptual tan grande y complejo que no puede comprenderse con exactitud- En su libro El Peor de los Casos (Worst-Case Scenarios), el jurista Cass Sunstein escribi que, por lo general, tenemos dificultades para tomar en consideracin riesgos potenciales poco probables, a los que evitamos desde la autocomplacencia o desde la paranoia. Su solucin es un poco retorcida: Todos deberamos ser ms rigurosos en nuestros anlisis de costo-beneficio.

Que el cambio climtico demande experiencia, y fe en ella, en el preciso momento en el que la confianza pblica en la experiencia est desplomndose, es una de sus muchas paradojas. Que el cambio climtico toque tantos de nuestros prejuicios cognitivos es una seal de su magnitud y de cmo afecta a tantos aspectos de la vida humana, a casi todos.

Y desafortunadamente, mientras el cambio climtico ha estado acaparando ms atencin en las ltimas dcadas, todos los prejuicios cognitivos que nos empujan hacia la autocomplacencia se han incentivado con nuestro relato sobre el calentamiento por un periodismo definido por la cautela al describir la escala y la velocidad de la amenaza.

As que, qu podemos hacer nosotros? Y, a propsito, quines somos nosotros? La magnitud de la amenaza del cambio climtico implica que es necesario organizarse a todos los niveles, comunidades, estados, naciones y acuerdos internacionales que coordinen la accin conjunta. Pero la mayora de nosotros no vivimos en las salas de las Naciones Unidas o en las salas del Consejo donde se negoci el Acuerdo del Clima de Pars.

En vez de eso vivimos en una cultura consumista que nos dice que podemos dejar nuestra sea poltica en el mundo con base en dnde compramos, lo que vistamos, cmo comemos. As es que vemos cosas como las ltimas recomendaciones dietticas de The Lancet para aquellos que quieren comer para mitigar el cambio climtico menos carne para algunos, ms verduras o sugerencias como las publicadas en el The Washington Post, a tiempo para las resoluciones de Ao Nuevo. Por ejemplo: S inteligente con tu aire acondicionado.

Pero el consumo consciente es escurrir el bulto, una distraccin neoliberal para desviarnos de la accin colectiva, que es lo que necesitamos. La gente debera intentar vivir de acuerdo con sus propios valores, sobre el clima y sobre todo lo dems, pero el efecto de las elecciones de estilo de vida individuales son, en ltima instancia, triviales comparadas con lo que los polticos pueden conseguir.

Comprar un coche elctrico es una menudencia comparada con elevar duramente los estndares de eficiencia del combustible. Elegir conscientemente volar menos es mucho ms fcil si hay ms trenes eficientes y accesibles. Y si como menos hamburguesas al ao, qu importa? Pero que a los granjeros se les requiera que alimenten a su ganado con algas, lo que podra reducir las emisiones de metano en casi un 60 % segn un estudio, s sera enormemente positivo.

Esto es lo que se quiere decir cuando se llama a la poltica multiplicador moral. Es tambin un descanso de la carga personal y emocional del cambio climtico y de lo que puede sentirse como una hipocresa al vivir en el mundo tal y como esta y al mismo tiempo preocuparse por su futuro. No pedimos a la gente que paga impuestos para sostener la red de seguridad social que demuestren ese compromiso a travs de actos filantrpicos y de la misma manera no deberamos pedir a nadie y ciertamente no a todo el mundo que gestione su propia huella de carbono antes de que incluso intentemos promulgar leyes y polticas que reduciran todas nuestras emisiones.

Esa es la funcin de la poltica: que podemos ser y hacerlo mejor juntos de lo que podramos hacerlo como individuos.

Y la poltica, de repente, est que arde con el cambio climtico. El pasado otoo se form en Gran Bretaa un grupo activista con el inquietante nombre de Extintion Rebellion e inmediatamente creci tanto que fue capaz de paralizar distintas zonas de Londres durante su primera protesta. Su demanda principal es: Decid la verdad. Ese imperativo se repite en los Estados Unidos en la organizacin de Genevieve Guenther, End Climate Silence y en el proyecto de bases de Margaret Klein, Salamons Climate Mobilization, que, de manera inspiradora, ha adoptado las llamadas del panel del cambio climtico a canalizar los recursos del planeta hacia la accin contra el calentamiento.

Por supuesto el activismo medioambiental no es nuevo, y estos son solamente los grupos que han surgido durante los ltimos aos, empujados a la accin por el pnico climtico. Pero la alarma tambin est llegando a los niveles ms altos. En el Congreso, la Representante Alexandria Ocasio-Cortez de Nueva York ha reunido el apoyo de los Demcratas para el New Deal Verde una llamada a reorganizar la economa estadounidense en torno a una energa limpia y a una prosperidad renovable. El gobernador del Estado de Washington, Jay Inslee, se ha declarado, en cierto sentido, como un candidato presidencial de una sola causa.

Y aunque ni a Hillary Clinton ni a Donald Trump se les hizo ni una sola pregunta directa sobre el cambio climtico durante los debates presidenciales de 2016, el tema seguramente dominar las primarias demcratas de 2020, junto al Medicare para todos y la gratuidad de los estudios superiores. Michael Bloomberg, dispuesto a gastar al menos 500 millones de dlares en la campaa, ha dicho que l insistir en que cualquier candidato que presente el partido tenga un plan concreto para el clima.

A esto es a lo que se parece el principio de una solucin, aunque solo sea un principio incipiente y solo una solucin parcial. Probablemente ya hayamos desaprovechado la oportunidad de evitar un calentamiento de 2 C, pero podemos evitar los 3 C y ciertamente todo el terrible sufrimiento que hay ms all de ese umbral.

Pero cuanto ms esperemos peor ser. Lo que es un ltimo argumento a favor de un pensamiento catastrfico: Qu hay mejor que el miedo para crear una sensacin de urgencia?

 David Wallace-Wells es el autor del libro que saldr prximamente La Tierra Inhabitable: La Vida Despus del Calentamiento" (The Uninhabitable Earth: Life After Warming)

Fuente: https://www.nytimes.com/2019/02/16/opinion/sunday/fear-panic-climate-change-warming.html

Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelin.org como fuente de la traduccin.



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