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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-03-2019

El lenguaje inclusivo, a debate?

Javier Garca Garriga
Rebelin


Cuando el zngano es un escritor, y por supuesto viceversa, escribir a la contra slo sirve para una cosa: ayudarme o ayudarte a pensar mejor lo que ya hemos pensado o todava no. Creo que lo primero no va a ser mi caso. Reconozco adems que el texto que enfrento (libelo, por decirlo bien) me ha generado una pereza indecible; ltimamente (y esto s que es un decir) me ocurre lo mismo con determinados periodistas o lingistas. Pero, para el tema que nos va a ocupar siete minutos, quiz lo mo sea un sntoma de algo ms serio y que de momento callo.

De momento lo callo porque el beatificado barro del gritero televisado no deja entender de qu pie cojea nuestra vocacin crtica, si del lado del lenguaje o de la mera insurreccin. En aquel circo empobrecido, ni sirve de mucho ni, la verdad, tampoco significa gran cosa: no slo salen malparadas la sintaxis y la semntica; no hay argumentacin que valga. Y quien dice circo dice tambin, porque as lo requiere nuestra era, internet. Internet. Ese no-lugar comn. Donde hasta los gramticos menos pardos tienen un blog.

Hay uno que habla de una gramtica tres. Terciar entre dos que se oponen fingiendo que son semejantes le cost una histrica reprimenda a Platn. Pero ni el sooliento Campillo es un filsofo de alta omnicomprensin (su deletreo folleto vale lo que vale un grito en televisin) ni yo un peripattico discpulo suyo que quisiera dedicarse a la lingstica; que la diosa me libre de relamerle la mano a lo que me permite crecer. No obstante, s voy a suponer que tendr inters sealar su uso paralgico de las formas del lenguaje; no tanto por el peso real de este ofendido clero patrio, como para extirpar un poco de toxicidad del natural lenguaje que vamos hablando.

Nuestro pre-matriarcal catedrtico empieza con una conclusin que, segn admite, funda en una opinin exclusiva: la suya. La pulsin por imponer el llamado lenguaje inclusivo es, en mi opinin, y ante todo, un genuino producto de la ignorancia. Slo quien pregunta se cura de eso ltimo: En la oracin primera de Campillo, qu cosa es producto de la ignorancia? La pulsin? El lenguaje inclusivo? La pulsin por la cosa, la cosa misma o las dos cosas? A este funesto aprendiz de Orwell se le ven las costuras desde el propio ttulo, pero sorprende (o no demasiado) que quien se apresta a calificar de totalitario a quien se mueva con otros andares no sepa luego darle un sujeto (un sujeto que sea adems coherente y no producto de un enfado cerril) a su pueril coleccin de fanfarrias. Sorprende, digo, por el estado de indefensin al que se condena (si Frege levantara la cabeza). Pero la cosa es, por supuesto, todava ms seria.

Un contra-argumento, dicen las voces que regulan su uso, no es tal si no presenta las razones del oponente en su mejor versin; o sea, que no hay mrito ni solidez (y ni siquiera verdad) en el hecho de ridiculizar con caricatura las palabras ajenas. Quien tenga la pretensin, no de ganar, sino de argumentar con criterio no puede emprenderla con hombres de paja (para eso ya est la televisin o la retrica del competidor). Es difcil no dar con este conocido sofisma en cualesquiera prrafos de Campillo, sofisma comnmente acompaado de la proverbial arrogancia que asiste al experto en tan ingrata materia.

Puede el veneno intoxicar la gramtica del gramtico? Claro, y con total naturalidad. La misma naturalidad con la que Campillo redunda cuando sostiene que quienes defienden el lenguaje inclusivo no estn bien informados porque son ignorantes y son ignorantes porque, atencin, no albergan conocimiento apropiado. Si su exabrupto no fuera un crculo, o digamos mejor, si lo suyo tuviera un propsito honesto, acaso dara mayores frutos (o los dara, sin ms) el hecho de que tratara de informar a quienes desestima por legos en lugar de vituperarlos agresivamente (los ejemplos trufan todo su escrito, as que mejor ahorro ahora esa experiencia fea). Pero para formar este condicional mo he presupuesto que el iluminado Morfeo quiere compartir su conocimiento y as despus entrarle al debate. La triste realidad, muy del gusto de quienes viven a voluntad en Matrix, es que mi interpelado habla slo para los convencidos de su secta.

Por el segundo Wittgenstein, aunque esto no es naturalmente exclusivo, debera saber que el uso altera una regla. [] las reglas de la lengua dice Campillo- no operan sobre las formas, sino sobre los significados con que esas formas son usadas en cada ocasin, [y] esos significados lingsticos no son representaciones objetivas de la realidad, sino codificaciones simblicas que operan dentro de un sistema conceptual propio, del que el hablante es perfectamente inconsciente. Salvo por la ltima coletilla, y si de verdad asume las implicaciones de lo que acaba de sostener, debera, pues, saber Campillo que toda regla (tambin la de su presunto neutro-masculino) deja de tener sentido tan pronto como lo dispone el uso.

En efecto, no siempre se habla con conciencia meta-lingstica, dado que las exigencias del cotidiano intercambio comunicativo no dejan mucho margen ni tiempo para ello; pero ah est el papel de la reflexin sobre las narrativas propias y comunitarias. E incluso ms all de esto: el hablante lingsticamente competente sabe de qu va el uso y sabe usar el lenguaje movindose por entre reglas que reconoce alterables; el hablante competente juega con el lenguaje y con su juego no para de crear. As que digamos de nuevo: a quin se est refiriendo Campillo? Quin es su oponente? Qu discurso est tomando como representativo de lo que (esto s est claro) no le gusta? El del ignorante, totalitario e incompetente? No tendra que demostrar, primero, la razn de ser de estas atribuciones? Queda satisfecho el catedrtico ganndole la partida a la peor versin de lo que critica? Existe una mejor versin? La conoce Campillo? La ha ledo? Ha estudiado las discusiones ms rigurosas al respecto? Qu planteamientos tienen mayor recorrido? Ha formulado estas preguntas o anejas alguna vez?

Preguntas. Un buen antdoto contra la ignorancia. No as la diatriba de un gramtico paradjicamente alrgico al argumento. O alrgico a una modalidad de conversacin seria. Escribe:

Sabemos, por ejemplo, que el sol no sale, que es la Tierra la que se mueve, pero esto no nos importa porque no estamos dando una conferencia de astrofsica: es solo la manera intuitiva con que nuestra cognicin conceptualiza ese hecho. [] Sabemos que el gato que araa los sillones y el gato con el que elevamos el coche no son la misma cosa, pero no vemos grandes campaas de los animalistas en Twitter alegrndose de la muerte de un conductor atropellado cuando cambiaba una rueda con su gato.

Puede responderse: la polisemia del sustantivo gato est al servicio, en el sarcasmo pobre de Campillo, de otra falacia habitual, la que consiste en emplear un mismo trmino con distinto sentido para tratar de conducir la argumentacin hacia el terreno que al orador le resulta ms provechoso; o tambin que, cuando decimos el sol sale, no hacemos uso de un saber intuitivo que est equivocando el referente de lo que se enuncia (y que por lo tanto sea luego cuestin de ms o menos pragmatismo aceptar, como tal, ese equvoco modo de hablar), sino de un saber de sentido comn envuelto en una serie de proyecciones, con un paradigma metafsico (geocntrico) que el paradigma cientfico (post-copernicano) podr venir a corregir (porque tambin este es o puede ser un saber nuevo que funda nuevo sentido comn; si as lo dispone, claro, la historia de quienes inquisitorialmente juzgan de lo bueno y de lo malo, como hubieron de sufrir Bruno y Galileo). Pero, no sin astucia, en realidad Campillo est jugando con dos planos a la vez: con el ejemplo del sol (al servicio otra vez de una caricatura que raya el insulto) est tratando de unir dos mundos que no guardan analoga, como un platnico demiurgo, intruso e intelectualmente estril, sin recorrido. Dicho de otro modo: tomar conciencia del empleo de metforas en el lenguaje no sirve a la clarificacin del hecho de que las reglas del lenguaje sean subsidiarias del uso del lenguaje; tomar conciencia de que usamos metforas nos ensea nicamente que hacemos eso: usar metforas. Pero falta explicar qu relacin guarda hacer eso con el hecho de seguir, o no, una regla. Campillo no lo hace. Tampoco hay un desarrollo que justifique su afirmacin segn la cual en la propuesta del neutro inclusivo (les nies por las nias y los nios) se estara excluyendo a la mujer, hasta ahora incluida (cosa que Campillo presupone, porque no lo explica) en la actual forma-masculina-auto-investida-de-neutro. Cambiar un neutro por otro no necesariamente excluye; o todava no: esa ser justamente la discusin.

Pero Campillo no entra en discusiones. No le interesa un debate en serio, sino el abuso de ejemplos que han sido escogidos con mala intencin. Campillo no explica lo que afirma, por qu la o no refiere excluyentemente al varn ni a la mujer la a. Campillo no se atiene a las fuentes de discusiones solventes; Campillo no se ha molestado en informarse, como debiera hacer quien quiera hablar con rigor de lo que ignora (insisto: otra cosa son los gritos en televisin). Campillo no analiza qu significa la inclusin del femenino en el masculino, ni en qu condiciones sociales se proyecta tal gestin del idioma; cules son sus implicaciones, qu usos socio-culturales y econmico-polticos pueden derivar de ah si es que derivan; Campillo no valora cundo ni cmo inclusin es sinnimo de aceptacin, de sumisin, de consenso por imposicin; Campillo no hace preguntas; Campillo no nos permite saber si tiene o le falta razn; Campillo es enemigo de lo que despectivamente llama tambaleo, o sea, de la crtica y autocrtica honesta; Campillo junta dogma con dogma; certeza inmutable, imperecedera, invariable.

Una cultura viva es aquella donde la reflexin crtica es una constante, y eso, para el socilogo del lenguaje, claramente introduce la variable del cambio historicista. El uso hace la regla? Entonces, negar por pre-juicio (sin conocimiento ni causa) un modo-de-hablar-otro es imponer el uso. En este caso, el que Campillo manda. Con verdadera pulsin. Como por ejemplo cuando habla del espaol natural. Estar refirindose a lo que es por naturaleza, es decir, invariable como las propias leyes de la fsica? Cuando dice que todos incluye tiene en mente el uso actual del lenguaje o, ms bien, al lenguaje in se y per se? Si de verdad adoptamos la perspectiva del uso, nos debe dar igual que exista o no un espaol natural, puesto que de lo que va el uso no es de lo natural en su sentido fisicista, sino histrico.

De igual modo, que algo goce de continuidad, de tradicin milenaria no permite inferir ni que sus premisas sean verdad ni que no deba cambiar (al margen de si el discurso religioso atesora o no algn gramo de verdad, la historia del cristianismo se ha sostenido cerca de 2000 aos ms por la espada que por la cruz). Campillo, por su parte no busca cientficamente los motivos de tales continuidades (lo cual ya es en s mismo constitutivo de una falacia o error argumentativo), simplemente realiza una constatacin de hecho (esto es ahora as), no de razn (debe seguir siendo as? Es necesario?).

El texto de Campillo es, en fin, una invitacin a la ignorancia, una invitacin que (y esto justifica que discuta un texto as) se ampara en la fuerza de quien, siendo todava brutalmente hegemnico, se permite el regalo de llorar un poco la (merecida) prdida de unas pocas parcelas colonizadas. Por lo dems, y como sabe un hablante ms o menos versado, la ignorancia roza el ridculo cuando se atreve a cargar contra lo que desconoce. Sin embargo, la ignorancia, como enseaba Scrates, es ciertamente estimulante cuando invita al conocimiento. Lo peor que le puede ocurrir a quien quiera saber es dejarse embotar el cerebro por obra y gracia de la pereza; la pereza, tambin, por temas que hasta ahora no parecieron ser propios.

Leer El pensamiento heterosexual, de Monique Wittig, es una invitacin a la sabidura, es un interrogante, una interpelacin de la vctima a quienes con nuestro silencio somos, en el mejor de los casos, cmplices del victimario. La fuerza de quienes, como Campillo, opinan pero no saben, no es slo su ignorancia: es tambin su fuerza violenta, estructural, cultural. La cosa, por ponernos serios, no se resuelve ni con descrdito ni descalificando lo que se ignora. Por eso dejo a Campillo, me callo y sigo leyendo.

Javier Garca Garriga. Doctorando en Filosofa Poltica por la Universidad de Barcelona

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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