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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-03-2019

Las desconocidas

Santiago Alba Rico
Ctxt

La mayor movilizacin feminista de la historia de Espaa se produce en el contexto de la mayor radicalizacin derechista


He escrito otras veces que una sociedad empieza a habitar el umbral del fascismo cuando sus miembros dan por supuesto y reaccionan a la medida de esta conviccin que slo se puede esperar lo peor de los desconocidos. Podra decirse que bajo el capitalismo, donde el contrato regula econmicamente los vnculos individuales, la desconfianza es ya un presupuesto antropolgico, pero el contrato no es incompatible con la ingenua confianza en el pescadero, al que preguntamos si las sardinas estn frescas (aunque su inters sea ms bien mentir), o en el viandante al que consultamos la hora o la localizacin de una calle. Hace falta el derrumbe de todos los contratos, comenzando por el llamado contrato social, para que los desconocidos de pronto se vuelvan fuente de amenaza y para que, al mismo tiempo, el crculo de los conocidos, al que queremos ceir el desamparo de nuestra vida, se contraiga hasta la clausura neurtica. Los primeros desconocidos, los ms visibles, son obviamente los extranjeros, vctimas de esa inversin psicolgica, explotada muchas veces a lo largo de la historia bajo el nombre de chivo expiatorio, que convierte precisamente al ms dbil, rodeado, l s, de desconocidos, lejos de su tierra, en el ms desconocido de todos y, por eso mismo, en la mayor fuente de peligro.

La traduccin poltica de este paso de la desconfianza contractual al terror antropolgico es el desplazamiento del spero eje schmittiano amigo/enemigo al mucho ms estrecho conocido/desconocido. La decisin poltica por excelencia es deca el jurista filonazi Carl Schmitt la de trazar una lnea entre amigos y enemigos para regular a continuacin la relacin con el adversario. A los enemigos, claro est, hay que combatirlos, pero tambin se puede negociar con ellos; y el reconocimiento de ese estatuto el de enemigo era para Schmitt la condicin misma de la reglamentacin y la negociacin. El eje conocido/desconocido es, en este sentido, mucho ms primitivo y excluyente. La decisin poltica de distinguir a los conocidos de los desconocidos es acompaada, en el mismo gesto, de la imposibilidad de todo arreglo o acuerdo. Con los enemigos se negocia; a los desconocidos se los expulsa o extermina.

Quines son los desconocidos? En primer lugar los que estn fuera y pretenden entrar: los invasores de toda laya, incluidos los marcianos. As se genera ese falso club de conocidos, ms o menos amplio, que llamamos Nacin: yo no veo ni pobres ni ricos, ni hombres ni mujeres, slo veo espaoles, deca Rivera contra los independentistas catalanes y contra los comunistas. Pero esa actividad clasificatoria, en precipicio enloquecido, va cerrando cada vez ms Espaa, como el caballo blanco de Santiago, y el desconocido se vuelve enseguida interno: el inmigrante, claro, completamente marcianizado, pero tambin, s, el cataln, la feminista, el activista de izquierdas. El eslogan los espaoles primeros es inseparable de la virtual decimatio demogrfica del nmero de espaoles, reducidos al angosto mbito de mi tribu ideolgica. La imagen de Santiago Abascal asomado a un balcn con la bandera espaola y tocado con un morrin imperial del siglo XVI es una buena sntesis de esta matanza ideolgica: la reconquista apunta precisamente a todos esos desconocidos internos, poblacin numerossima de la anti-Espaa histrica, que amenazan con convertir la Nacin en un pas extranjero. Digamos la verdad: Espaa ha estado siempre felizmente poblada de extranjeros internos. Pero digamos la verdad: salvo en perodos muy breves de olvido democrtico, Espaa ha estado siempre infelizmente poblada de extranjeros internos en peligro.

Las guerras civiles recordmoslo son guerras entre conocidos. O mejor dicho: son las guerras que estallan inevitablemente cuando los conocidos se convierten en desconocidos internos. No hay nada ms amenazador lo siniestro, segn Freud que el hecho de que un conocido devenga de pronto extrao, irreconocible, incomprensible. Contra l se desencadena no el odio impersonal de los fuertes contra los dbiles sino la concreta rabia aniquiladora de los despechados, los traicionados, los acorralados: los que defienden su pequea casa del vecino feln. Esta actividad clasificatoria astringente en torno al eje conocido/desconocido anuncia, segn el ttulo de un viejo libro de Hans Magnus Enzensberger, perspectivas de guerra civil en toda Europa. En Espaa, que ostenta el rcord histrico de guerras fratricidas, deberamos tener mucho cuidado a la hora de recuperar este modelo de memorizacin intravenenosa.

En todo caso, si el destropopulismo consiste en la multiplicacin alfoba del nmero de los desconocidos, la solucin no est en defender el cosmopolitismo abstracto o los grandes principios descarnados; se tratar ms bien de aceptar este marco de las cortas distancias como territorio en disputa para ampliar, en direccin contraria, el nmero de los conocidos. Los conocidos son siempre ficciones: nos tranquiliza, por ejemplo, tropezar con un espaol en un mercado de Bali, con independencia de su voto, su equipo de ftbol o sus aficiones. Espaol es una ficcin performativa y vinculante; internacionalista, por ejemplo, no. Si queremos ejercer el internacionalismo habr que estirar y estirar, contra la construccin de desconocidos internos, el nmero de los conocidos internos que llamamos Espaa.

Por eso es tan importante el feminismo. Porque si se trata de aumentar el nmero de los conocidos desde las cortas distancias, ningn movimiento cuenta con una experiencia histrica ms favorable y potencialmente ms universal. La guerra civil se produce decamos cuando los conocidos se convierten en desconocidos internos. Pues bien, el feminismo consiste en subvertir esta metamorfosis; en voltear su tendencia excluyente y neurtica. Slo hay guerra de sexos y slo por parte de los hombres contra las mujeres cuando las mujeres son consideradas, como ha ocurrido a lo largo de la historia y sigue ocurriendo en tantos sitios, como desconocidas. La relacin de poder que llamamos patriarcado, con su cultura aparejada, ha transformado sin interrupcin a las mujeres en nuestras desconocidas internas. Los hombres se casaban siempre, y an se casan muchas veces, con una desconocida (es decir, una mujer), lo que alimentaba al mismo tiempo su amenaza y su misterio; en cuanto a las desconocidas no casadas, an ms peligrosas, slo podan ser putas o brujas. Estas desconocidas tenan adems la llave de la reproduccin y del placer sexual, de tal manera que no se poda desactivar su poder y controlar sus cuerpos sin aumentar su enigma. Como explica muy bien Angela Carter en un libro de 1979 de necesaria relectura (La mujer sadiana) la sacralizacin del tero, con la consiguiente divinizacin de la mujer, era inseparable del dominio masculino y de su invulnerabilidad metafsica. Muerta la diosa, mueren los dioses; muere, dice Carter, la nocin misma de eternidad: si la diosa est muerta, la eternidad ya no tiene dnde ocultarse. El ltimo expediente de regreso al hogar nos es negado. Debemos enfrentarnos con la mortalidad, como si fuera la primera vez. Creo que esta es la razn por la que tanta gente encuentra aterradora la idea de la emancipacin femenina.

As que la igualdad entre hombres y mujeres su inclusin comn en el mismo club de conocidos pasa por la muerte de la diosa y el reconocimiento de una fragilidad compartida. Esta es la verdad que explica la aparente contradiccin entre las conquistas feministas y el aumento de la violencia de gnero en pareja: no se mata a las mujeres porque sean desconocidas sino porque, al darse ellas a conocer, los hombres se vuelven frgiles. La agresividad del maltratador machista no es la rabia aniquiladora del xenfobo o del anticomunista proyectada sobre el amenazador conocido transformado en extrao sino, al contrario, el dolor homicida, cuerpo a cuerpo, del cobarde que ve cmo su mujer, hasta ahora misteriosa y controlada, se vuelve tan familiar como l. El marido maltratador no es un fascista ni un terrorista, enemigo schmittiano o desconocido invertido: es un conocido sufriente y debilitado al que su mujer, incluso vctima de su violencia, ha derrotado ya. Por eso el neomachismo poltico, muy poderoso, es una tentativa de devolver su misterio a las mujeres para devolver as su inmortalidad a los hombres. Muchas mujeres quieren seguir siendo misteriosas y mucho hombres quieren seguir siendo inmortales y por la misma razn: porque unas y otros se sienten as ms protegidos. Por eso no hay que desdear las resistencias al feminismo como pura alienacin ignorante ni criminalizarlas como mera barbarie patriarcal. No todos los dolores son expiatorios; hay dolores injustos y criminales que agravan, a fuerza de dolor, el dolor de los ms dbiles. Pero lo cierto es que a veces dejadme decir este disparate matar duele. Si queremos evitar ms muertes de mujeres y extender la potencia emancipatoria del feminismo al 99% de la poblacin es necesario comprender el dolor cultural inmenso, injusto y sincero que genera este indispensable impulso liberador.

(Como hay que aceptar asimismo que no se puede desacralizar completamente el mundo sin poblarlo de desconocidos o, en su defecto, de protocolos, por lo que, si queremos secularizar a la mujer, habr que sacralizar a cambio los cuidados que hemos llamado madre, columna no poltica sobre la que se ha sostenido el universo. Toda la seguridad de los humanos procede, no de la polica ni de los gobiernos, sino de las madres, aunque no tengan necesariamente tero ni sus hijos sean necesariamente biolgicos).

En todo caso, lo cierto es que, muerto el comunismo y resucitado el nacionalismo identitario para conocidos, nicamente el feminismo puede reducir el nmero de desconocidos victimizables. Mujer es, como Espaa, una ficcin, pero una ficcin en la que, si no se hacen muy mal las cosas, pueden caber tambin los hombres (para constituir as una ficcin Humanidad ms o menos performativa y vinculante).

Dos son, a mi juicio, los peligros: uno el de politizar el feminismo, en el sentido de convertirlo en un partido, una asignatura escolar o una identidad para conocidas. O en el de ceder a la ilusin, o a la tentacin, de una inmediata traduccin de las masivas movilizaciones feministas al terreno electoral. Me atrevo a observar y quizs incluso es bueno que conciencia feminista y contienda electoral discurren en paralelo y sugiero que la mejor manera de frenar a los partidos neomachistas es justamente no ceder a la politizacin que ellos denuncian y demandan, idntica a la suya. Conviene recordar, en todo caso, que la mayor movilizacin feminista de la historia de Espaa se produce en el contexto de la mayor radicalizacin derechista de la reciente historia de Espaa.

El segundo peligro, al contrario, es el de despolitizarlo (el feminismo). Creo que hay que alegrarse de que los partidos neomachistas se hayan sumado a regaadientes a esta hegemona discursiva y movilizadora, y no importa si piensan lo contrario de lo que dicen: huelgas como la del 8-M tienen el efecto inmediatamente poltico de cerrar bocas y obligar a revisar estrategias e incluso clculos electorales. Pero el contraataque de la derecha, ahora en ese mismo marco feminista donde se la ha encerrado, es visible y peligroso. Cuando se quieren dejar las cosas como estn, deca Maquiavelo, se cambian las palabras o se adoptan las del rival. As las oligarquas se hacen llamar democracias y la fuerza se hace llamar derecho. La reaccin de los medios y partidos neomachistas a las manifestaciones del 8-M ha sido la de acusar a la izquierda de robar un patrimonio comn; es decir, la de llamar sectarismo y partidismo y hasta vandalismo al feminismo y llamar feminismo... al machismo. Para mantener politizado el feminismo, como condicin de urgentes transformaciones ms generales, es necesario seguir controlando, por tanto, el marco hegemnico y sus discursos, y ello implica paradjicamente, frente a esta acusacin de empequeecimiento sectario, asumir el riesgo de aceptar a muchas y muchos desconocidos a fin de que el feminismo sea el normal patrimonio comn de todos los que no caben en la Espaa cerrada por Santiago ni en la democracia encogida por las oligarquas. Lo mejor que se puede decir del feminismo, y de ah las esperanzas que despierta en este momento de contraccin neurtica, es que gracias a l, despus de siglos de crueles misterios religiosos, los hombres y las mujeres empezamos por fin a conocernos. Estamos, por as decirlo, en nuestra primera cita; ni la lluvia ni el fuego ni los dioses deberan impedir la segunda.

Fuente: http://ctxt.es/es/20190313/Firmas/24892/Santiago-Alba-Rico-desconocidos-feminismo-fascismo-patriarcado-neomachismo.htm

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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