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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-04-2019

Presentacin de Barbarie y resistencias. Sobre movimientos sociales crticos y alternativos, de Manuel Sacristn y Francisco Fernndez Buey
Activismo en movimientos sociales democrticos, crticos y anticapitalistas

Salvador Lpez Arnal y Jordi Mir Garcia
Rebelin


Despus de finalizar sus estudios de posgrado en el Instituto de Lgica Matemtica y Fundamentos de la Ciencia de la Universidad de Mnster en Westfalia (Alemania, entonces RFA), su decidido y arriesgado compromiso antifranquista en el partido de los comunistas, duramente perseguido y golpeado por el fascismo en aquellos aos, llev al entonces profesor no numerario Manuel Sacristn (1925-1985) a formar parte, a impulsar y organizar el movimiento universitario que empezaba a manifestar por aquel entonces, mediados de los aos cincuenta del siglo pasado, su decidida voluntad democrtica en Barcelona (y en otras ciudades espaolas), en duras y difciles circunstancias. Amigos suyos, como el lgico, filsofo, matemtico y trabajador sindical Miguel Snchez Mazas, ya entonces exiliado, haban puesto sus importantes granitos de arena en las luchas de los universitarios madrileos.

Algunos aos despus, principios de los sesenta, el joven estudiante palentino Francisco Fernndez Buey (1943-2012) llegaba a la ciudad de Teresa Pmies y Montserrat Roig para cursar estudios de Filosofa en la Universidad de Barcelona. En muy poco tiempo se convirti en uno de los estudiantes ms activos en las movilizaciones universitarias. Uno y otro, profesor perseguido y alumno comprometido, ambos represaliados, confluyeron en la formacin del SDEUB, el Sindicato Democrtico de Estudiantes de la Universidad de Barcelona. Varios de los textos que aqu recogemos dan informacin y reflexionan sobre este importante movimiento social alternativo antifascista.

Del ya entonces profesor expulsado de la universidad por motivos polticos es el Manifiesto por una Universidad Democrtica[1], uno de sus textos clsicos y penetrantes (no ha perdido fuerza ni incluso vigencia), y Francisco Fernndez Buey es autor de uno de los ensayos ms interesantes que se han escrito sobre la universidad en estos ltimos aos en nuestro pas: Por una universidad democrtica, el ltimo de sus libros publicados en vida. En sentida y sensata opinin del que sera profesor de la Facultad de Humanidades de la UPF, la mayoría de los universitarios de aquel entonces no aspiraban a la comunión de los santos, sino sólo a unir fuerzas (lo que en aquellas condiciones ya era cosa difícil) en favor de una universidad y una sociedad democráticas en la que se superaran las barreras de todo tipo (autoritarias y clasistas) entonces existentes. Algunas, bastantes de estas barreras, no han sido an superadas. El movimiento sigue en pie; los motivos para la revuelta continan. La lucha contra el plan Bolonia tambin fue un aldabonazo.

Militantes ambos del PSUC, el perseguido partido de los comunistas catalanes, fuertemente vinculado al PCE, el universitario fue el primer movimiento social, democrtico y transformador que los aproxim y en el que colaboraron juntos en muchos momentos [2]. Artculos, notas y papeles clandestinos, annimos en su mayor parte, perdidos muchos de ellos, y tambin acciones y movilizaciones (y, por supuesto, persecuciones policiales, detenciones y castigos) lo corroboran. A este movimiento transformador, de manera ms o menos ininterrumpida y siempre desde una perspectiva crtica (reparemos, por ejemplo, en la conferencia de Sacristn de 1969 aqu incluida), estuvieron vinculados prcticamente hasta el final de sus das, hasta 1985, en el caso del editor, traductor y anotador de la Antologa de Gramsci, hasta 2012, en el caso del autor de Leyendo a Gramsci.

Pero no fue ste, siendo muy importante y constante en sus trayectorias polticas y biogrficas, el nico movimiento social democrtico y alternativo en el que ambos participaron. Hubieron otros. El principal, sin ningn atisbo de duda, el movimiento obrero. Ambos construyeron slidos puentes de unin entre ambos movimientos. Tambin hasta el final de sus ideas y yendo contra corriente (y en minora de dos o de pocos ms) en algunos momentos.

Dos aos despus de la fundacin del SDEUB, un intento de renovacin democrtica desde las propias instancias del partido comunista, un movimiento de transformacin y renovacin que cont con el apoyo explcito y entusiasta de sectores amplios de la ciudadana checoslovaca fue absurda y duramente reprimido. La primavera de Praga y la invasin militar de agosto de 1968, la irresponsable y abyecta aniquilacin por parte de las tropas del Pacto de Varsovia (con la oposicin de Rumana) de uno de los intentos de renovacin democrtica y rectificacin ms importantes de la historia del comunismo del siglo XX supuso para ellos un momento de no retorno, de decidida ruptura poltico-ideolgica con unas prcticas inadmisibles y unas teoras encubridoras, pero no con las finalidades comunistas renovadas de emancipacin de la tradicin ni con el cultivo de un marxismo sin ismos ni dogmas.

Tal vez porque yo, a diferencia de lo que dices de ti, escriba Sacristn a su compaero de lucha en las filas del PSUC Xavier Folch cuatro das de la invasin, no esperaba los acontecimientos, la palabra indignacin me dice poco. El asunto le pareca lo ms grave ocurrido en mucho tiempo tanto por su significacin hacia el futuro cuanto por la que tiene respecto de cosas pasadas. Por lo que haca al futuro, le pareca sntoma de incapacidad de aprender; por lo que haca al pasado, representaba la confirmacin de las peores hiptesis acerca de esa gentuza, confirmacin de las hiptesis que siempre me resist a considerar. La cosa en suma, aada, le pareca no final de acto, sino ya final de tragedia.

El autor de La universidad y la divisin del trabajo extrajo las consecuencias de lo sucedido. Veremos cosas peores seal un ao despus en una entrevista para Cuadernos para el dilogo. Tambin lo hizo su discpulo y compaero que siempre tuvo muy presentes esas palabras y esa entrevista. Era necesaria una urgente y extensa renovacin del ideario y las prcticas de una tradicin obrera y popular, una fuerte rectificacin que no renunciase a las grandes finalidades, a las grandes esperanzas de un movimiento internacionalista de emancipacin social y de clase.

Irrumpieron entonces, poco a poco, un conjunto de reflexiones y escritos (tambin de prcticas), una parte sustantiva de los cuales estn incorporados a este volumen, que intentaron acercarse, comprender, construir y alentar en la medida de sus fuerzas, que no fueron pocas, los intentos de renovacin del movimiento obrero y los colectivos crticos alternativos que empezaban a irrumpir en nuestro pas, conocidos entonces como los nuevos movimientos sociales: el ecologismo, el movimiento antinuclear, el pacifismo, el antimilitarismo y el feminismo principalmente. Fueron influyentes (lo siguen siendo incluso actualmente) y, por supuesto, discutidas y comentadas, las aportaciones de ambos a estas nuevas temticas no muy cultivadas inicialmente (y desconsideradas, mal conocidas e incluso menospreciados en algunos casos) por las izquierdas espaolas en aquellos aos, los primeros setenta del pasado siglo.

Pero, tanto en un caso como en otro, no fue tan slo, siendo importante, la reflexin terica, el pensar con su propia cabeza, lo que marc de manera singular su intervencin en estos nuevos mbitos. Tanto Sacristn como Fernndez Buey fueron activistas (militantes se deca entonces) del movimiento antinuclear, del movimiento antiotnico, pacifista y antimilitarista, del movimiento ecologista, todos ellos movimientos crticos que en su caso trataron de vincular y enlazar con el entonces muy activo movimiento obrero organizado. Los trabajadores y trabajadoras, la clase obrera, tambin deban ser sujetos activos en las nuevas luchas, en los nuevos horizontes y problemticas que estaban abriendo estos nuevos movimientos emancipadores. Igualmente, por supuesto, en movimientos que irrumpieron posteriormente: insumisin, altermundismo, lucha por una vivienda digna, etc.

Tras algunas muestras de estas nuevas preocupaciones polticas en la coleccin Hiptesis, que ambos codirigieron para Grijalbo (y en la Jove Gurdia, el rgano de expresin de las Juventudes Comunistas, en el caso de Sacristn), Materiales fue la revista en la que publicaron sus primeros escritos sobre estas temticas, influenciados en algunos casos por las tesis eco-comunistas (que discutieron abiertamente en lo que respecta a sus nudos autoritarios) del filsofo alemn Wolfgang Harich. Pero fue sobre todo en mientras tanto, la revista que tanto uno como otro ms hicieron suya, donde se publicaron sus textos ms recordados y valorados, algunos de los cuales tambin hemos incorporados a este libro.

En noviembre de 1979, en el editorial del primer nmero de esta revista de nombre hermosamente lorquiano, un texto escrito por Sacristn tras un profunda y fructfera discusin colectiva, una reflexin muy citada y reconocido tambin por Fernndez Buey, poda leerse que e l mal momento de la cultura socialista tena una consecuencia de particular importancia: la incapacidad de renovar la perspectiva de revolucin social. Precisamente porque la crisis de la civilizacin capitalista era ya entonces radical, la falta de una perspectiva socialista transformadora facilitaba la reconstitucin de la hegemona cultural burguesa al final de un siglo que asisti por dos veces a su resquebrajamiento por causa de las guerras mundiales que desencaden.

Lo que era crisis de la economa y la sociedad capitalistas, prosegua el editorial, se vea, superficialmente, como desastre de la forma ms reciente de ese sistema social, su gestin keynesiana y socialdemcrata. De hecho, la identificacin de la gestin socialdemcrata del capitalismo con el socialismo facilitaba un rebrote ideolgico capitalista a veces financiado discretamente por alguna gran compaa transnacional. Sin rplica material ni ideal de un movimiento obrero del que ya entonces se sealaba que sus organizaciones mayoritarias estaban muy identificadas con muchos valores capitalistas como lo est la parte de las clases trabajadoras a la que representan, las clases dominantes pasaban a una ofensiva llena de confianza (y no meramente represiva) que nadie habra previsto hace diez aos.

La ofensiva, descrita con deslumbrante lucidez leda 40 aos despus, arrancaba de la esfera de la produccin material con una poltica econmica de sobreexplotacin y un programa de fragmentacin y atomizacin de la clase obrera en nuevos dispositivos industriales, se articulaba en el plano poltico con xitos perceptibles, el ms importante de los cuales, la despolitizacin, se est logrando con la colaboracin tal vez involuntaria, pero, en todo caso, torpe hasta el suicidio, de las organizaciones obreras, se arropaba con el florecimiento de una apologa directa e indirecta del dominio, la explotacin y la desigualdad social por parte de intelectuales que vuelven a hacerse con una orgullosa autoconsciencia de casta, trmino este ya usado por los colaboradores de mientras tanto en aquellos lejanos aos, y tiende a eternizarse mediante una "solucin" final de las luchas sociales, a saber, el incipiente aparato represivo de nuevo tipo justificado por el gigantismo del crecimiento indefinido (cuya manifestacin ms conocida, pero en absoluto nica, son las centrales nucleares) e instrumentado por los ordenadores centrales de los servicios policacos de informacin.

Con esas hiptesis, tambin descriptivas de nuestro hoy, el colectivo de la revista intentaba entender la situacin y orientarse en su estudio. El paisaje que dibujaban, lo admitan, era oscuro, muy oscuro. En el editorial del n 1 de Materiales haban escrito que sentan "cierta perplejidad ante las nuevas contradicciones de la realidad reciente". Aunque convencidos de que las contraposiciones entonces aludidas se haban agudizado, ahora se sentan un poco menos perplejos (lo que no quiere decir ms optimistas) respecto de la tarea que habra que proponerse, para que tras esta noche oscura de la crisis de una civilizacin despuntara una humanidad ms justa en una Tierra habitable, en vez de un inmenso rebao de atontados ruidosos en un estercolero qumico, farmacutico y radiactivo. La tarea, que no se poda cumplir con agitada veleidad irracionalista y mucho menos anticientfica, sino, por el contrario, teniendo racionalmente sosegada la casa de la izquierda, consista en renovar la alianza ochocentista del movimiento obrero con la ciencia autocrtica, un principio central, esencial, que tanto Sacristn como Fernndez Buey defendieron siempre con denuedo, sin caer a un tiempo en ningn tipo de cientificismo, sabedores ambos de los lmites gnoseolgicos del hacer cientfico y de los intentos de la civilizacin del Capital de ubicar la ciencia a sus pies y al servicios de sus intereses insaciables. Ciencia con consciencia y conciencia.

Los viejos aliados tendran dificultades para reconocerse, los dos haban cambiado mucho: la ciencia, por una parte, porque desde la sonada declaracin de Emil Du Bois Reymond -ignoramus et ignorabimus, ignoramos e ignoraremos-, lleva ya asimilado un siglo de autocrtica (aunque los cientficos y tcnicos siervos del estado atmico y los lamentables progresistas de izquierda obnubilados por la psima tradicin de Dietzgen y Materialismo y Empiriocriticismo no parezcan saber nada de ello); el movimiento obrero, por otra parte, porque los que vivan por sus manos y sus cerebros eran ya entonces una humanidad de complicada composicin y articulacin.

El inmensa trabajo a realizar se poda ver de varios modos, segn el lugar desde el que se la emprendiera. Consista, por ejemplo, en conseguir que los movimientos ecologistas, que se cuentan entre los portadores de la ciencia autocrtica de este fin de siglo, se doten de capacidad revolucionaria. Consista tambin, por otro lado, en que los movimientos feministas, llegando a la principal consecuencia de la dimensin especficamente, universalmente humana de su contenido, decidan fundir su potencia emancipadora con la de las dems fuerzas de libertad. O consista en que las organizaciones revolucionarias clsicas, los sindicatos y partidos obreros, comprendieran que su capacidad de trabajar por una humanidad justa y libre tena que depurarse y confirmarse a travs de la autocrtica del viejo conocimiento social que inform su nacimiento, pero no para renunciar a su inspiracin revolucionaria, perdindose en el triste ejrcito socialdemcrata sino para reconocer que ellos mismos, los que vivan por sus manos, haban estado demasiado deslumbrados por los ricos, por los descreadores de la Tierra.

Todas esas cosas se tenan que decir muy en serio. La risa, sealaban, vena luego, cuando se comparaba la tarea necesaria con las fuerzas disponibles. Las suyas alcanzaban, de entrada, para editar la revista. Quienes de verdad tenan la palabra eran los movimientos potencialmente transformadores, desde las franjas revolucionarias del movimiento obrero tradicional hasta las nuevas comunidades amigas de la Tierra. Slo cuando unas y otras coincidieran en una nueva alianza, abierta y dialogante, superadora de dificultades, se abrira una perspectiva esperanzadora [3].

Este fue, sucintamente descrito, el eje poltico-filosfico central de ambos a partir de finales de los aos setenta, principios de los ochenta. No es en absoluto casual que la ltima intervencin pblica de Sacristn, recogida en el libro, fuera una conferencia impartida en Gijn, en julio 1985, un mes y medio antes de su fallecimiento, sobre los nuevos movimientos sociales (feminismo, pacifismo y ecologismo en este caso). Tampoco lo es que uno de los ltimos escritos de su amigo y compaero fuera sobre el movimiento ecologista decrecentista.

La antorcha, ya transportada con su amigo desde haca aos, fue mantenida, como decamos, por Francisco Fernndez Buey, que habl, teoriz y fue activo en esos movimientos sociales y en otros posteriores. Desde el movimiento de los objetores de conciencia y de los insumisos (l mismo lo fue en temas fiscales), pasando por los movimientos vecinales, el movimiento de movimientos, los movimientos por una vivienda digna, hasta llegar a los compases iniciales de las PAH y del 15M, sin olvidar, por supuesto, su apoyo y participacin en las luchas y movilizaciones del movimiento universitario contra el plan Bolonia y en las intervenciones alternativas del movimiento obrero [4]. Varios libros y artculos suyos, escritos desde las entraas de esos movimientos, estn dedicados a estas temticas. Cabe recordar aqu, entre otros, Redes que dan libertad. Introduccin a los nuevos movimientos sociales (escrito al alimn con su amigo y compaero Jorge Riechmann); Ni tribunos. Ideas y materiales para un programa eco-socialista (tambin con Jorge Riechmann); Politica y Gua para una globalizacin alternativa. Otro mundo es posible.

Tampoco es de ningn modo casual que una de las ltimas intervenciones pblicas del autor de Albert Einstein. Ciencia y consciencia fuera sobre el 15M (tambin recogida en el libro) y que su ltima accin poltica, ya enfermo y despus del fallecimiento de su esposa y compaera Neus Porta, fuera en la Plaza Catalua de Barcelona, en los actos en recuerdo de la II Repblica que se celebraron el 14 de abril de 2012, al lado de su hermana Charo Fernndez Buey.

El libro que el lector/a tiene en sus manos es una seleccin (que deja textos en archivos), un conjunto de artculos y reflexiones, conjeturas e hiptesis sobre movimientos sociales crticos, democrticos y transformadores de los autores de Sobre Marx y marxismo y Marx (sin ismos).

Nuestro criterio principal ha sido incorporar los escritos que consideramos imprescindibles sumados a los probablemente menos conocidos. Hemos especial nfasis en sus ltimas aportaciones.

Cada texto incorpora una breve presentacin. Nuestras notas estn sealadas como NE, Notas de los Editores. Las ms extensas estn situadas al final de cada apartado para no dificultar la lectura del cuerpo principal del escrito. Estn indicadas del siguiente modo: NC(n), Nota Complementaria 1 por ejemplo.

scar Carpintero, Jorge Riechmann, Iaki Vzquez lvarez, Mercedes Iglesias Serrano, Jordi Torrent Bestit, Daniel Lpez Martnez, Guillermo Lusa, Javier Aguilera y Paula Veciana Botet, nos han ayudado y acompaado en nuestro trabajo. De los errores, slo nosotros somos responsables; los aciertos, si existieran, deben ser compartidos.

Nos gustara dedicar nuestro trabajo a la memoria de estos dos grandes filsofos , a la memoria de estos dos grandes maestros de ciudadanos y estudiantes universitarios, y a la de amigos activistas en movimientos sociales crticos que nos han dejado estos ltimos aos (Ramn Fernndez Durn, Ladislao Martnez, Toni Domnech,..) conscientes de que no podemos dejar nuestro futuro, ni nuestro presente, en manos de los descreadores de la Tierra, de los acumuladores de una inmensa riqueza y de su contrapartida: mbitos insoportables, a veces desconocidos y ocultados, de extema pobreza, sufrimiento, explotacin salvaje, xenofobia, alta precariedad, marginacin social, falta de apoyo mutuo, esclavismo y mucha desesperacin. Tambin de muerte.

 

Notas:

(1) Puede verse ahora en S. Lpez Arnal (ed), Universidad y democracia. La lucha estudiantil contra el franquismo, Vilassar de Dalt (Barcelona), El Viejo Topo, 2017, pp. 157-173.

(2) Ninguno de los dos ignor, por supuesto, la existencia de movimientos sociales nada alternativos, muy conservadores, fuertemente contrarrevolucionarios en algunos casos. Los ejemplos han abundando estos ltimos. Ucrania y Venezuela son dos ejemplos conocidos.

(3) Para una interesante aproximacin, desde una ptica, no muy alejada de los autores, Albert Recio Andreu, Movimientos sociales y representacin poltica: una historia de desamor http://www.mientrastanto.org/boletin-167/notas/movimientos-sociales-y-representacion-politica-una-historia-de-desamor . Un peligro, sealado por Recio, que seguramente tambin ellos hubieran denunciado: Una movilizacin no es una alternativa. Como recordaba hace unos das Leo Panitch en un sugerente artculo ( El partido de la revolucin , Sin Permiso, 6-3-2018), las revueltas han sido constantes a lo largo de la historia; lo novedoso fue que estas revueltas, casi siempre derrotadas, dieran lugar a organizaciones estables de masas a finales del siglo XIX. Una movilizacin se produce, recuerda Recio, cuando hay un estado de nimo favorable; ese estado puede construirse de muchas formas. Cuando se aplicaron los recortes en Catalunya, hubo movilizaciones en zonas ajenas al rea Metropolitana, especialmente en algunos pueblos que experimentaron el traumtico cierre de parte de su centro de asistencia primaria. Pero la indignacin y la movilizacin desaparecieron cuando las propuestas independentistas, bien arraigadas en la base de estas poblaciones, desviaron las energas hacia una cuestin completamente diferente. De la misma forma, prosigue, no poda pasarse por alto el papel jugado por diversos medios de comunicacin en los das previos al 8-M (lo que en nada desmerece su xito) o el impacto del asesinato masivo de Parkland en la generacin del imponente movimiento juvenil norteamericano a favor de la regulacin de armas.

(4) Tampoco esta reflexin de Albert Recio, del artculo citado anteriormente, les sera ajena: Las movilizaciones a menudo son reactivas. Requieren de un escenario adecuado pero difcil de sostener en el tiempo. Lo explic hace aos Albert O. Hirschman en su inestimable Salida, voz y lealtad. Y lo son porque quiebran la vida cotidiana, hecha de rutinas y obligaciones. La transformacin de las movilizaciones en un movimiento depende en gran medida, en opinin del autor que compartimos, de la capacidad de integrar en la vida cotidiana de la gente actividades de participacin social. Cualquiera que haya participado activamente en cualquier organizacin, no solo poltica, puede reconocer este hecho. Esta transformacin, concluye Recio, solo es posible si se generan canales y mecanismos de organizacin social que facilitan este trnsito. Mi experiencia vital es que en todas las organizaciones hay un reducido grupo de entusiastas que cargan con el peso del trabajo, pero su capacidad de penetracin social depende de que estn rodeados de un continuo social receptivo y capaz de activarse ante retos concretos.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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