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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-05-2019

El indefenso inversionista minoritario

Antonio Lorca Siero
Rebelin


Una situacin como la presente, en la que el mercado burstil se mueve al ritmo que marcan las empresas fieles a la ideologa capitalista regida por la ley del dinero, se caracteriza porque el inversor comn no cuenta con medios eficaces para la defensa de sus intereses frente a los grandes grupos especuladores. Se puede aadir que est econmicamente indefenso frente a las polticas de esos grandes tenedores de acciones que manejan a su conveniencia las empresas y el mercado. De otro lado, puede ser vctima de la vorgine especuladora que domina el panorama en las Bolsas en general ante la pasividad de los poderes pblicos en la prctica. Cierto que en algunos pases existen organismos reguladores eficaces que velan por los intereses de los citados especuladores, puesto que tienen carcter preferente dado que vivimos en sociedades capitalistas, y tambin si queda tiempo, ya en plan de propaganda poltica, se se puede echar una mano a esos otros inversores escasamente representativos en el panorama de los mercados financieros protegindolos formalmente, para seguidamente desampararlos en el plano real.

Vistas casi desde una perspectiva mundial, buena parte de las Bolsas de valores, lugar donde en teora las transacciones debera moverse al ritmo marcado por la oferta y la demanda, resulta que en ellas no es infrecuente observar que tal actividad no transcurre a ritmo natural, sino que se mueve artificialmente, incluidos los robots que operan a conveniencia de los grandes inversores. Subyacen movimientos ocultos de los manipuladores utilizando sofisticados instrumentos de inversin para alterar el natural funcionamiento del mercado de valores. Casi siempre tiene lugar a la vista del gran pblico, ante la impotencia generalizada del pequeo inversor y al amparo de las normas reguladoras del sistema. Esto se suele achacar al juego burstil, cuando en realidad todo aparece orquestado por las grandes marcas que controlan el mercado.

Quienes operan con ventaja utilizan estrategias variadas de ingeniera burstil, por ejemplo, el camuflaje tras distintos instrumentos financieros para mover grandes cantidades de acciones en una determinada direccin, los traspasos de bloques accionariales bajo cuerda o fuera del mercado, las opas debidamente cocinadas, fusiones monopolistas para aliviar de personal a las empresas y tratar de aumentar beneficios en base a supuestas sinergias, exclusiones de cotizacin de empresas a precios ridculos, generar un ambiente de apariencia pulsando unos pocos valores para maquillar los ndices haciendo como que la Bolsa sube cuando en realidad est bajando o a la inversa, alquilar accionespara hundir empresas como parte de las conocidas operaciones bajistas soportadas sobre la base de unas acciones que no se tienen en propiedad y que sin tenerlas se venden alegremente para recomprarlas cuando se haya hundido la cotizacin. En general domina la apariencia, pocas cosas son como se ven, y as, basta crearse cierto blindaje en torno a un nombre sostenido por el dividendo que a veces se reparte sin haber obtenido beneficio alguno acudiendo al sufrido crdito, aunque solamente sea un cascarn vaco, para vender solvencia en el mercado.

De tales movimientos especulativos y de otros no tan conocidos propios del funcionamiento de este mercado, el minorista se queda fuera y a menudo ignorando lo que hay detrs. Pese a la opacidad de fondo, que a menudo acompaa al negocio, le vienen bien los tejemanejes porque tambin permiten recaudar fondos para los organismos que de l dependen. Todo esto dice poco sobre la libertad de mercado, ya que lo distorsiona y falsea su funcionamiento, alienta la especulacin y desampara al inversor minoritario. La apreciacin comn dira que la Bolsa es el lugar para comprar y vender libremente instrumentos de inversin, fundamentalmente acciones, y no para manipular a travs del fraude legalizado con el dinero de miles de inversores. Quien quiera comprar una empresa cotizada que compre sus acciones a la luz del mercado, en horario de funcionamiento pblico y no acudiendo a las artimaas que se realizan al amparo de la ley, porque la ley es insuficiente si se opera al otro lado de la realidad.

Ya en un plano ms concreto, cabra sealar la estrategia dirigida empobrecer a las masas con fines especulativos, es decir tirar la cotizacin de una empresa aprovechando su situacin difcil, para reflotarla o trocearla y obtener las correspondiente plusvalas, siempre ha estado vigente y hoy todo sigue igual. Basta con aprovechar la situacin de debilidad para poner zancadillas hasta agravarla al mximo. Los habilidosos de la bolsa saben como hacerlo y de esa forma luego comprar a precio de desguace, coger los beneficios y salir corriendo de ese mercado en busca de nuevas vctimas. Los perdedores no pueden ser otros que los accionistas, especialmente los que permanecen apartados del juego. Al final resulta que les han robado el dinero a base de trampas y nadie responde por el robo, porque la burocracia no est para esas cosas. No es infrecuente utilizar el argumento de que ya saben a lo que se exponen si entran en el juego burstil o basta con recriminar su falta de formacin en la materia, olvidando que la ciudadana paga los salarios de esos empleados pblicos o semipblicos con la finalidad de que les protejan de los simples especuladores. Y se soslaya tal obligacin argumentando la legalidad a conveniencia del que manda o simplemente invocando el normal funcionamiento del mercado, actitud muy propia de la burocracia administrativa. A todo esto, los guardianes del mercado a veces ni acusan recibo de las quejas de los inversores particulares y, cuando lo hacen, marean el papel y entra en juego el rodillo de la burocracia para que se desanimen ante las trabas que se les presentan y desistan de sus quejas o denuncias, para que en todo caso den por perdida la inversin o sus derechos y se prosiga con el blindaje de los grandes como una prctica natural. Solo queda la opcin de jugar a la lotera de la justicia y, como todo est sujeto a interpretacin, cualquier cosa puede suceder.

En tiempos de crisis econmicas, que son los de casi siempre pese a lo que diga la propaganda porque en ellas reside el negocio del capitalismo, el principal sufridor burstil es el llamado pequeo accionista al que engaan miserablemente porque los grandes juegan con ventaja y la cosa no tiene solucin, dado que el manda manda. El desafortunado inversor a veces se encuentra con que un da de la noche a la maana cierta empresa de prestigio, con amplio volumen de negociacin, que incluso reparte dividendos aunque no los haya, incluso los procura acudiendo al crdito, se hunde y el accionista pierde su inversin. Algunos se quejan, pero no pasa nada, porque se dice que son cosas del mercado. Solo cuando se trata de alguna empresa favorecida con el dinero pblico, se pone en marcha la mquina de la justicia, porque la burocracia se acuerda de exigir responsabilidades el apreciar que se ha burlado ya no a los inversores, sino al poder. En los dems casos basta con que pague el accionista, porque el poder ha quedado indemne en sus cuentas. Los saqueadores se escapan con el dinero robado o lo camuflan convenientemente y a otra cosa. Como si el fraude solo lo fuera si se trata de dinero pblico, y a veces ni eso, porque sin duda influye que los causantes cuenten con la gracia del poder para escabullirse. En definitiva, el minorista a menudo es una vctima propiciatoria del mercado, por muchas leyes que digan protegerle se impone la ley del capital, pero siempre falla lo mismo: el funcionamiento de la burocracia.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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