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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-05-2019

90 aos de lucha obrera en el Per

Gustavo Espinoza M.
Rebelin


Cuando EL 17 de mayo de 1929 se constituy, por iniciativa de Jos Calos Maritegui, la Confederacin General de Trabajadores del Per, se marc una etapa nueva en el movimiento obrero peruano y se dio comienzo a un proceso muy rico en experiencias de clase, que debemos tomar en cuenta.

Ese periodo, no fue el primero en las luchas de los trabajadores peruanos. Con toda propiedad, debe sealarse que antes, se registr la formacin de las primeras organizaciones sindicales y luego la histrica Jornada por las 8 horas, cuyo centenario celebramos recientemente. En esta etapa germinal, el papel principal estuvo a cargo de dirigentes anarco sindicalistas, como Fonkn, Barba, Gutarra y Lvano. Ellos aportaron una alta dosis de combatividad, pero no tuvieron capacidad de resistencia. Pronto fueron puestos fuera de combate, por la dictadura del Oncenio; y por sus propios errores, que les impidieron percibir la esencia de clase de su movimiento.

Jos Carlos Maritegui fue ms claro y perceptivo que los anarco-sindicalistas. Y por eso pudo aportar no slo organizacin, sino tambin pensamiento poltico, teora de clase; que fue, en ltima instancia, lo que permiti desbrozar un camino que asomaba complejo por el atraso que viva el pas dada la ineptitud, la voracidad, y la soberbia de la Oligarqua dominante. Eso se pudo percibir ntidamente en las publicaciones de Labor, el peridico sindical del Amauta, que diciembre de 1928, denunci e hundimiento de la laguna de Morococha, y sell con ella un vnculo serio con el proletariado de la regin.

Los comienzos

Cuando a fines de la dcada del 20, Maritegui propuso crear la Central Sindical Peruana no slo estaba recogiendo la enseanza de su periplo europeo. Tambin estaba obrando en un escenario concreto en el que los trabajadores venan acumulando experiencias y acerando una definida voluntad de lucha. Faltaba, para coadyuvar a ella, una estructura centralizada, que le diera norte y perspectiva.

El documento titulado La Central Sindical del Proletariado Peruano publicado en Amauta en junio de 1929, tomaba por las astas el debate poltico de ese entonces: No Faltan militantes aferrados a la idea de que la organizacin de sindicatos en la Repblica, debe preceder a la de una central sindical. Y, en efecto, era un tanto la tesis dominante. aquella que afirmaba la necesidad de formar primero las bases sindical, antes de marchar a la creacin de una estructura superior que represente a los trabajadores. Para Jos Carlos, el proceso era inevitablemente inverso: La Central Sindical tiene precisamente por objeto ayudar a los trabajadores en todo lugar y en toda industria a organizarse sindicalmente. Nada impeda comenzar desde arriba, para aligerar un proceso que se tornaba esencial, y urgente.

Es posible que en Maritegui hayan primado dos criterios en torno al tema: la concepcin de un centro aglutinador y atizador; y la premura con la que se deba actuar. El, probablemente, senta ya que sus propias fuerzas flaqueaban, y que no deba retardar un proceso que, sin su aporte, sera ciertamente mucho ms arduo y difcil. Por eso, se empeo en la tarea.

La CGTP que naci entonces en 1929 debi enfrentar desde el inicio importantes acciones de clase. Los conflictos mineros, fueron los primeros, pero tambin las acciones de los campesinos y yanaconas, a los que Maritegui les prest atencin. Las huelgas mineras de 1929 y 1930, fueron seal clara de lo que aconteca en el centro del pas, donde los trabajadores abran laboriosamente camino de lucha no slo sindical, sino tambin poltica; y forjaban un claro sesgo anti imperialista. Jorge del Prado asegur que ellas no tenan slo fines reivindicativos, ni genricos. Se trataba de una lucha no contra cualquier empresa capitalista, sino contra la ms poderosa empresa norteamericana afincada en nuestro pas. Esa orientacin hizo que el Amauta se esmerara en crear una estructura superior que enarbolara esas banderas.

Las dursimas condiciones de la lucha

La cada de la dictadura de Legua, en agosto de 1930, no fue seguida por la instalacin de un gobierno aunque fuere formalmente democrtico. Fueron las dictaduras de Snchez Cerro y Samanez Ocampo, las que marcaron el escenario en esta aciaga etapa nacional. La clase obrera pag un precio muy alto en esa circunstancia. La represin se abati de manera cruel, y se expres en distintas masacres pero tambin en la ilegalizacin de conflictos, en la persecucin y detencin de lderes sindicales y en el amedrentamiento sistemtico de los trabajadores. Las huelgas de los mineros de Cerro de Pasco del 4 y el 7 de septiembre, el Congreso Obrero de la poca y el Primer Pleno de la CGTP, previos al reinicio de la huelga en La Oroya el 10 de octubre de 1930, que culminara con la masacre de Malpaso, el 12 de noviembre de ese ao, dieron testimonio de una realidad lacerante, que marc el parto sangriento de la conciencia de clase del proletariado peruano.

En noviembre de 1930, la CGTP fue ilegalizada. Su ncleo dirigente -Avelino Navarro, Adrian Sovero, Gamaniel Blanco, Oscar Oteagui, Jos Pajuelo y otros- hizo dura resistencia, pero no pudo resistir el embate de enemigo. La estructura sindical realmente qued desarticulada y no fue posible recomponer su presencia sino a partir de 1935, cuando bajo la iniciativa de Isidoro Gamarra, se resolvi retomar el espritu de clase del 1 de Mayo y celebrarlo con un Paro General de un da. La accin dio tambin con la mayora de los dirigentes sindicales y otros, en los stanos de la Intendencia de Lima. Para ese entonces, los principales dirigentes mineros del periodo, haban muerto asesinados, o como consecuencia de los inmensos daos que sufrieran en la prisin. Un indicador del repliegue del movimiento, lo da el saber que entre 1931 y 1947, no se registr una sola huelga en el pas. La capacidad de accin de los sindicatos, haba sido realmente castrada.

Nuevamente las dictaduras

Los primeros aos del primer gobierno de Manuel Prado fueron tambin escenario de una violenta y sistemtica represin contra los trabajadores. Pero esa realidad se fue atenuando al comps del escenario exterior, donde el Ejrcito Rojo y los Aliados, comenzaban a obtener victorias.

Hasta 1942 hubo presos condenados por la ley 8505 que creaba tribunales militares Luego de esa etapa gris, el movimiento comenz a recuperarse, pero slo el 1 de Mayo de 1944 fue posible recomponer unas nueva estructura dirigente, la Confederacin de Trabajadores del Per, la misma que tambin fue ilegalizada en octubre de 1948, cuando ascendi al Poder una nuevo rgimen militar.

Fueron los aos de Odria, los que registraron de manera ms palmaria el oportunismo y la traicin al movimiento obrero por parte de los lderes del APRA que seguan predicando un verbal anti imperialismo que haban abandonado. La direccin del APRA, no solo capitul ante el imperio, sino tambin se someti los designios de la gran burguesa, de la que se convirti en soporte y aliada. Ese fue el sentido del gobierno de la Convivencia, una alianza estratgica de banqueros, exportadores y apristas que arri las banderas de lucha de los trabajadores.

La recomposicin de la CGTP

Esa realidad impuso, a partir de 1966 la lucha por la recuperacin del sentido de clase de la Central Obrera. Primero fue el Comit de Defensa y Unidad Sindical -el CDUS- y luego, a partir de junio del 68, la CGTP la que hizo valer el mensaje del Amauta y libro las ms trascendentes luchas de la poca.

El papel que jug la CGTP en los aos del proceso de Velasco, debe ser reconocido sin mezquindad. Aun registrando limitaciones y errores, aport al movimiento como no haba ocurrido antes en el proceso peruano, Forj la unidad sindical, organiz a los trabajadores en sindicatos y federaciones en los ms diversos sectores, politiz activamente las luchas obreras y promovi y alent la accin independiente y de clase de los trabajadores. Bien puede decirse que el prestigio de clase que aun mantiene la Central Sindical peruana, se afirma en buena medida en esta etapa, en la que cumpli con honor sus compromisos con el pueblo.

Hoy, se vive otra experiencia. No caben, por eso, las comparaciones entre el pasado y presente. Lo que importa es que ahora es indispensable que los trabajadores recuperen el papel que les corresponde, como aglutinadores de los segmentos ms diversos de la sociedad para batir el modelo Neo Liberal, y retomar el camino por el que combatieran aguerridas generaciones. Con el ejemplo de Isidoro Gamarra y Pedro Huilca y en honor a antiguas tradiciones, eso es posible.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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