Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-05-2019

Una conversacin con Mabel Thwaites Rey, politloga e investigadora
Las vicisitudes del Estado latinoamericano

Jeffery R. Webber
Rebelin


Webber: Bueno, estamos ac en la oficina de Mabel Thwaites Rey, 2 de mayo en Buenos Aires. Para empezar puedes describir tu formacin poltica e intelectual, para los lectores que no la conocen?

Thwaites Rey: Egres de la Facultad de Derecho y tengo el ttulo de abogada, pero rpidamente empec a hacer posgrados y formarme en Ciencias Sociales y a dar clases en la Universidad de Buenos Aires y me fui desarrollando en el campo de la Ciencia Poltica. Curs una Maestra en Ciencias Sociales de FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales), luego complet una Maestra en Administracion Pblica y el doctorado en el rea de Derecho Poltico-Teora del Estado, ambos en la Universidad de Buenos Aires. Mi formacin ms fuerte ha sido en el campo de las teoras del Estado y tambin en el anlisis de polticas pblicas, ajuste estructural y economa poltica, en un sentido muy laxo. Vengo de una formacin marxista y en los aos 70 y 80 milit en formaciones partidarias. Despus no, pero segu siempre vinculada a movimientos polticos y sociales de izquierda, en el mbito universitario y fuera de l. Me defino ubicada en el espacio de la izquierda popular, prxima a la tradicin autonomista en su vertiente de crtica al modelo partidario ms rgido que sostienen, por ejemplo, las variantes de la tradicin trotskista, muy arraigadas en la Argentina. Si bien tengo muchas afinidades y afecto por compaeros que adscriben a ella, no pertenezco a la tradicin trotskista. Creo, sin embargo, que debemos intentar sntesis entre las distintas vertientes de la izquierda, una tarea pendiente y ardua, que me convoca. Soy una estudiosa de la problemtica estatal, pero no estatista. Entiendo que la dimensin estatal ha sido muy subestimada o poco comprendida y por eso insisto en qu hay que considerarla y estudiarla en profundidad, tanto en trminos tericos como, sobre todo, por su importancia en la definicin de estrategias polticas.

Webber: Bueno, es un buen lugar empezar con el Estado. Tericamente cul es tu posicin, tericamente en general, sobre el estado capitalista y en particular sobre las particularidades del Estado de Amrica Latina?

Thwaites Rey: Bueno, lecturas... he seguido las lecturas marxistas clsicas sobre el Estado; trabaj mucho sobre la perspectiva terica de Antonio Gramsci, la idea del Estado ampliado, del Estado como articulador de relaciones sociales, y la deriva p oulantziana es la que ms me interesa. El aporte de Poulantzas a la comprensin de la dinmica y la problemtica estatal ha sido fundamental en mi formacin. Los aportes de Gramsci y Poulantzas son los que me parecen ms fructferos para analizar el Estado. Y tambin los debates en torno a la Derivacin hicieron un aporte muy valioso, aunque me sigue resultando compleja en esa tradicin la bsqueda de categoras intermedias, ms especficas, que sean tiles para comprender procesos concretos. Lo que une a muchas de estas corrientes es la mirada del Estado como relacin social, a la que suscribo y a la que le sumo la dimensin insuperablemente contradictoria del formato estatal. Hacer nfasis en lo contradictorio apunta a resaltar que cuando las luchas populares logran plasmarse en aparatos estatales como conquistas, esos mismos aparatos pueden servir, a la vez, para apaciguar las luchas, encauzarlas y as solidificar el capitalismo. Entonces, siempre se est en esa tensin de que toda conquista puede volverse una forma de subordinacin, pero no por eso se renuncia a luchar por obtener triunfos que se plasmen en el aparato estatal en el formato de leyes, recursos, oficinas. Porque la derrota produce frustracin y eso no mejora las chances de superar el capitalismo. En ese sentido, coincido con algunos de los planteos que hace lvaro Garca Linera al respecto, y con la idea de nudo de sutura que planteaba Guillermo ODonnell a fines de los 70.

Webber: Y las especificidades de Amrica Latina?

Thwaites Rey: sobre las especificidades de Amrica Latina trabajamos en el libro El Estado en Amrica Latina: continuidades y rupturas, que publicamos en 2012 como producto colectivo del Grupo de Trabajo de CLACSO que lleva el mismo nombre. Con Hernn Ouvia planteamos que la especificidad de Amrica Latina tiene que ver con su constitucin histricamente dependiente de la relacin del capital a escala global. Entonces, lo que hay de especfico es que las formaciones estatales latinoamericanas no pueden ser pensadas sin tener en cuenta su constitucin como parte del proceso de expansin del capitalismo a escala global, desde la conquista en adelante. Podemos referirnos a todos los debates de los aos 60 y 70 sobre en qu momento Amrica Latina puede decirse que adquiri carcter capitalista, si tuvo o no una etapa feudal, dnde arraiga su dependencia estructural, pero lo que no puede negarse es que los Estados perifricos se caracterizan porque no tienen, desde sus orgenes, gobernanza plena de sus espacios territoriales de reproduccin social, en la medida en que estn atravesados por las lgicas de acumulacin global, a las que se subordinan. Y eso tiene un peso especfico muy particular.

Nosotros discutimos mucho en los 90 con John Holloway, que es un amigo al que quiero mucho, sobre la idea de la circulacin global del capital y la puja de los Estados nacionales por capturar porciones del capital y hacerlos productivos en los espacios territoriales nacionales. Nosotros enfatizbamos que no haba equivalencia entre todos los estados nacionales, ya que esa competencia entre Estados por capturar capital estaba determinada por las historias de cada uno de ellos, sus estructuras, sus modos de acumulacin.

Entonces ah aparece la dimensin especfica para analizar el anclaje nacional, que tiene una particularidad muy distintiva en Amrica Latina. Es decir, plantear los nacionalismos en Amrica Latina no es plantear "los nacionalismos" en general y, menos an, los nacionalismos europeos. No se puede hacer una traslacin directa, es decir, todo nacionalismo es malo. Las luchas anticoloniales, las luchas de liberacin, las luchas antiimperialistas tienen una especificidad y connotan a los Estados nacionales perifricos de una manera distinta. Yo creo que una de las especificidades de los Estados nacionales de la regin est all.

Webber: Y para contextualizar histricamente esta ola del progresismo y despus su declive, podemos empezar con la coyuntura del fin de los aos 90 y comienzos de los aos 2000, qu explica esta emergencia de muchos diferentes tipos de izquierda y movimientos sociales y, despus, gobiernos progresistas?

Thwaites Rey: Con Hernn Ouvia coordinamos el libro Estados en disputa, donde planteamos, en el captulo introductorio, una serie de caractersticas de lo que llamamos Ciclo de Impugnacin al Neoliberalismo en Amrica Latina (CINAL). Tenemos una perspectiva, en este sentido, que parte de analizar el surgimiento de los movimientos de contestacin, protesta, demandas populares, que se van acumulando a lo largo de la dcada de ajuste estructural en los 90. Los ajustes neoliberales tuvieron particularidades en cada uno de los pases de la regin y vari la profundidad con que se implementaron polticas de venta de empresas pblicas, apertura econmica, flexibilizacin laboral. Pero todos fueron afectados por la oleada ajustadora que, conforme las pautas del consenso de Washington, arras con nuestras economas y con la calidad de vida de nuestros pueblos. En la Argentina fue muy drstico el proceso de privatizaciones y desregulacin, con un endeudamiento externo enorme.

El descontento social en la regin fue generando distintas expresiones, con mayor o menor radicalidad. En la mayora de nuestros pases se dio la irrupcin de luchas, movimientos y malestares que fueron derivando, hacia el fin del siglo, en la emergencia de gobiernos que se hacan eco de estas demandas y, en mayor o menor medida, se oponan a las polticas neoliberales que los precedieron. Se discuti mucho qu eran estos gobiernos: posneoliberales, de izquierda, progresistas y tambin sobre cmo clasificar esta "ola rosa", con pases ms rojos, ms rosados. Lo que los unifica, creo, es que todos, mal o bien, impugnaron, cuestionaron, interpelaron -en trmino ms retricos o ms en concreto- al neoliberalismo. Fueron gobiernos que se plantaron para decir no queremos ser neoliberales, estamos en contra de las polticas de ajuste neoliberal.

Eso tie a la mayora de los procesos polticos de la regin al comenzar el nuevo siglo, y algunos de ellos plasman en gobiernos y otros no. Si uno analiza el proceso en su conjunto como un ciclo, en este ciclo se puede incluir a Mxico, donde en el 2006 pierde las elecciones por fraude Andrs Manuel Lpez Obrador, con un discurso nacionalista progresista.

Un elemento significativo es la llegada de Hugo Chvez al poder, que gana las elecciones en el 98, asume en el 99 y que se radicaliza en el 2002, tras el golpe fallido. El plantea una mirada del socialismo del siglo 21 y renueva y refuerza, tanto a favor como en contra, los dems procesos polticos de la regin. El lder bolivariano es un parteaguas regional.

El segundo elemento a tener en cuenta es que este ciclo se despliega en un contexto internacional de aumento del precio de los commodities, de una bonanza para los pases exportadores que englob a la mayora de los pases de la regin. Es decir, los pases se vieron beneficiados, ms all de los gobiernos que tuvieron y las formas de utilizacin de los recursos que hicieron, por ingresos extraordinarios provenientes de sus exportaciones, fueran granos, energa o minerales.

Eso no quiere decir que hayan sido lo mismo los casos de Per, Chile o Colombia, que los de Brasil, Argentina, Uruguay, Ecuador, Bolivia y Venezuela. Incluso dentro de estos pases, las formas de hacerse de esa renta diferencial fueron distintas, porque tambin esto tiene que ver con qu tipo de produccin es la que se exporta. No es lo mismo apropiar renta del cobre o del gas y nacionalizar esas industrias extractivas, que -como en el caso argentino- hacerse de una parte de la renta que proviene de la tierra, un recurso que est en manos privadas. En este caso, la discusin pas por cmo capturar esa renta diferencial, lo que trajo enormes conflictos y tensiones, que son los que ha enfrentado histricamente la Argentina. Es constante la tensin sobre cmo capturar la renta diferencial que viene el campo a causa del clima y del lugar geogrfico donde estn ubicadas esas tierras, tan favorables para la produccin agropecuaria por gracia de la naturaleza.

Y el tercer componente, que tiene como rasgo comn la mayora de estos procesos, es el papel del Estado. No porque el Estado no hubiera tenido un papel muy fuerte y central en la etapa neoliberal, que lo tuvo para favorecer la captura del excedente a favor del capital y disciplinar a los trabajadores y trabajadoras. En esta nueva etapa, lo que empiezan a recuperar los Estados nacionales es capacidad de arbitraje entre las fracciones burguesas y capacidad de redistribucin y de mediacin entre clases dominantes y clases populares, o entre capital/trabajo. Siguiendo a Ren Zavaleta -y un poco la recuperacin que de l hace Luis Tapia-, que plantea el momento estructural y el momento instrumental del Estado, podemos decir que en el CINAL se configur un momento ms estructural, dado por la posibilidad del que el Estado operara de un modo ms bonapartista para mediar en las relaciones capitalistas.

Estos son tres de los rasgos que nosotros destacamos como distintivos del ciclo de impugnacin al neoliberalismo, con los problemas que cada uno de ellos tuvo. En trminos de luchas, planteamos que al momento de alza y auge de luchas le fue seguido por una etapa de mayor declive de activacin popular. Hay muchas discusiones sobre el porqu del apaciguamiento de la movilizacin al interior de los procesos populares, o si solo hubo movilizaciones desde arriba o planteadas desde los propios Estados.

Massimo Modonesi, un querido amigo, hace un anlisis basado en el concepto gramsciano de "revolucin pasiva" y habla de "pasivizacin". Sostiene que lo que producen los gobiernos es una captura, una subsuncin de la energa de la iniciativa popular insumisa, para reconducirla en la recomposicin burguesa. Entonces, se trata de revoluciones pasivas, en sentido progresivo porque hacen concesiones, pero mantienen la estructura intacta del capital. Coincido en que los procesos pueden ser analizados as, siempre y cuando no se tenga una mirada, casi dira romntica, de un movimiento popular siempre en expansin y aplastado mientras pugnaba por avanzar... cuando la realidad muestra varias cosas diferentes. En primer lugar, muestra que si bien nosotros decimos que en la base del ciclo de impugnacin al neoliberalismo, como conjunto, estn las protestas, las demandas, las luchas populares iniciadas en los aos 90, los gobiernos no llegaron aupados y en andas de las luchas populares.

Salvo en Bolivia, que es el caso ms claro de una consistente movilizacin popular que desemboca en el gobierno de Evo Morales, en la mayora de los casos hubo mediaciones. En la Argentina, la crisis fue en el 2001/2002 y en el 2003 el proceso se encauza polticamente con una fraccin del peronismo, es decir, dentro del sistema de partidos. En Ecuador protagoniza la Revolucin Ciudadana, un movimiento de clases medias urbanas y no el movimiento indgena Pachacutil, que aos atrs haba liderado las luchas. En la propia Venezuela no es que hubiera un proceso de gran activacin popular. Al contrario, es desde la conduccin del Estado que Chavez empieza a promover la participacin popular. Por eso hablar de "pasivizacin" en el caso de venezolano es bastante ms complejo, ya que ms que "pasivizar", y sobre todo en la primera etapa, hubo un intento de activacin. En los casos de Brasil y Uruguay, llegan al gobierno dos coaliciones de centroizquierda que haban sido combativas, pero que en algn momento -en el caso del PT es muy claro-, hacen alianzas polticas y morigeran su discurso pblico como para poder ganar las elecciones. Entonces, no vienen en andas de una gran ola participativa que uno pueda decir que fue pasivizada ex profeso desde la conduccin estatal. En todo caso, puede reprocharse que poco se hizo para activar desde el Estado la presencia popular para profundizar los cambios.

Otro aspecto para pensar esto es que no hay posibilidad de gobierno y de conduccin poltica estable si no se tratan de articular y calmar ciertas exacerbaciones de demandas y luchas internas. Y, adems, no es lo mismo intentar articular desde el gobierno un montn de demandas diversas, que ser parte de un movimiento que tiene las propias, parciales y acotadas, que se disputan con otras.

Volvamos al segundo elemento del ciclo, que es la expansin econmica facilitada por un proceso de aumento de los ingresos de los pases por el boom de los commodities. Esto empieza a tener lmites y, adems, lo que produce es la paradoja de que profundiza los esquemas productivos anteriores. El extractivismo, la monoproduccin y la desindustrializacin se van acrecentando por efecto del auge externo.

En Brasil es muy fuerte, es decir, en estos aos va descendiendo la proporcin de la participacin industrial y va aumentando la de la produccin agrcola. La tendencia a la "sojizacin" -la expansin de la tierra cultivada con la soja-, con todos los conflictos que eso trae, ms la restriccin para fomentar otras formas de produccin ms integradas y que tuvieran en cuenta criterios medioambientales.

Lo que nos provoca, tambin aqu, una pregunta compleja, porque una cosa es la descripcin crtica de lo que sucedi y otra es entender si podra haber sido tan fcilmente de otra manera. Porque qu relacin de fuerzas tens que asegurar para desposeer materialmente a los sectores que son dueos de los medios y factores de produccin principales y alterar las bases productivas, en un contexto internacional que demanda y paga bien los productos que exportas? Hay varias discusiones, en ese sentido, que todava no terminan de saldarse y que creo que, de la manera en que sean saldadas, impactar tambin en como nos paremos frente a otros ciclos por venir que se planteen expandir los intereses populares. Eso es un tema central.

Est claro que este ciclo permiti capturas de ese excedente y la redistribucin a partir de l. Fue importante la profundizacin de las polticas sociales y, en casos como en la Argentina -aunque no solo all-, se puso el eje en el consumo y el empleo. Es decir, despus de dcadas de aumento del desempleo, la desocupacin, la pauperizacin, garantizar el acceso a niveles de consumo y empleo para los sectores populares fueron centrales para ganar hegemona y en eso se bas la apuesta poltica del kirchnerismo. Algunos analistas sostienen que hubo en estos aos un "consenso de los commodities ", es decir, que el pacto prevaleciente fue mantener el extractivismo minero o agropecuario, sin distincin de los proyectos polticos nacionales. Nosotros consideramos que, en cambio, lo que prim fue un pacto de sostenimiento del consumo y el empleo, a como diera lugar, como forma de legitimacin. Esto es relevante para diferenciar la ndole de cada uno de los procesos polticos de la regin y no sobreestimar una nica dimensin, de fuerte contenido medioambiental, como criterio explicativo excluyente.

Otro aspecto a tener en cuenta es el institucional. Salvo los procesos que, por el grado de descomposicin poltica preexistente, requirieron o habilitaron reformas constitucionales, como en Bolivia, Ecuador y Venezuela, en el resto no de dio un cambio en las bases de organizacin poltica. Y an en esos tres casos que tuvieron reformas constitucionales, los formatos de representacin poltica quedaron ms o menos sin alterar.

Se mantuvo el esquema de democracia representativa clsico de elecciones peridicas, pero sin modificaciones ni ampliaciones en la participacin. Esto tiene de bueno la consulta popular pautada, pero lo malo de clausurar otras instancias que pudieran haber dado una estabilidad mayor a procesos de transformacin ms profundos. Porque los modelos de elecciones liberal-democrticas ms clsicos son portadores de la urgencia de demostrar resultados muy inmediatos para poder ganar elecciones, lo que conspira contra las necesidades de transformaciones ms profundas. Y esto tambin vale para las aspiraciones de cambios radicales regresivos. La derecha tambin, vaya paradoja, pide tiempo para introducir sus cambios. Y s, la cuestin es que hay que ir a elecciones y tratar de ganarlas en funcin de las promesas hechas y de lo que efectivamente entregue el gobierno.

Entonces, tambin es cierto que cuando se critica la falta de transformaciones estructurales o que se haya usado la renta de los recursos del ciclo de bonanza sin alterar el esquema productivo, hay que tener en cuenta que, si no se distribuye esa renta se pierde apoyo poltico, y si esto pasa, puede ganar el oponente que lo promete, aunque mienta. Por eso creemos que un tema central es cmo hacer para producir procesos de transformacin, que requieren una sustraccin mayor de ese excedente para destinarlo a otras polticas de largo plazo, cuando hay demandas muy inmediatas, muy acuciantes y exigentes para satisfacer.

El proceso de transformacin genera una tensin constante, donde en cada pas son distintos los cuellos de botella que se generan en la estructura productiva, que puede hacerse ms agudo en la medida en que no se toquen las bases materiales de sustentacin. Y cmo se construyen esas bases materiales? Una pregunta que podra hacerse es por qu no se pudieron construir bases de apoyo popular ms fuertes como para avanzar en los cambios estructurales. Uno de los ejes que nosotros explicamos en el libro y que seguimos trabajando es la dimensin de consumo, que es estructurante a escala global. Es decir, las formas y artefactos de consumo definidos a escala global son un factor de solidez material del sistema capitalista, mucho ms fuerte del que a veces nosotros tenemos ganas de aceptar. Es decir, estn all y son artefactos muy poderosos en trminos de construccin cultural, de cemento ideolgico.

Webber: Bueno, hemos discutido las construcciones de la ola del progresismo ahora, cundo y por qu empieza el llamado fin de ciclo de esta ola?

Thwaites Rey: hay elementos econmicos generales que estn en la base del fin del ciclo. La crisis del capitalismo global de 2008 Amrica Latina la pudo ir contrarrestando, pero a partir de 2011 empieza a acentuarse ms y en 2013 aparecen problemas serios en casi todos los pases de la regin. Bolivia es el que mejor sortea la crisis, por un manejo bastante ortodoxo de su presupuesto, a diferencia de Ecuador y Venezuela, que no pueden evitar el cimbronazo. Tambin en Brasil y Argentina la crisis empieza a pegar fuerte, con la baja de los precios de los granos. Aparecen sntomas de mucha debilidad, que agudizan los problemas estructurales de cada pas, que tiene su propia trama de insercin en el mercado mundial, sus propias lgicas de articulacin econmica, social y poltica en funcin tambin de esa trama.

El ao 2013 es clave: Dilma es reelecta en Brasil e inmediatamente aplica un plan de ajuste contrario a lo que ella haba anunciado en campaa, con lo que desata una cadena de rechazos y de protestas que despus capitaliza la derecha. Y a eso se le suma la muerte de Chvez. Yo creo que as como uno puede darle fecha de inicio al ciclo con la llegada al gobierno de Hugo Chvez, su muerte en 2013 es un momento de inflexin poltica muy fuerte para la regin. Me parece que la imposibilidad de traspasar a Maduro ese liderazgo carismtico, la dificultad para contener las presiones polticas y econmicas que se vienen encima en esta etapa, es definitoria. Es decir, todos los lmites que tena el proceso bolivariano se agudizan tras la muerte del lder.

Podramos decir que este ciclo dura una dcada larga, que no llega a la dcada y media. En 2013 aparecen las protestas en Brasil por el sistema de transporte y las capitalizan las derechas; le siguen las protestas indgenas en Ecuador, las protestas en Argentina encabezadas por segmentos de los trabajadores sindicalizados que reclaman rebajas en el impuesto a las ganancias que alcanzan a sus salarios, y los sectores medio-altos y altos que expanden su rechazo anti-populista. Estas capas acomodadas comienzan a tomar las calles y a ganar protagonismo, muy especialmente en Venezuela, Brasil y Argentina, con las banderas de la seguridad y contra la corrupcin. Justamente la cuestin de la corrupcin es lo que empieza a articular el antagonismo poltico y social. Se pone de manifiesto una alianza de los grandes medios de comunicacin con segmentos importantes del poder judicial y los servicios de inteligencia, articulados con Estados Unidos para levantar a la corrupcin como arma de enfrentamiento letal a los gobiernos. Ya en un contexto econmico adverso, empezaron a aparecer escndalos de corrupcin -algunos reales y otros no comprobados- como instrumento de lucha poltica e intervencin judicial. La corrupcin gubernamental es siempre algo verosmil y por eso las denuncias prenden mediticamente y son empujadas por una justicia alineada con los intereses dominantes. Pero tambin es evidente la subestimacin de los gobiernos del ciclo de la importancia de la corrupcin en la opinin pblica. No es admisible que haya personajes que estn en los entornos gubernamentales o en altos cargos de poder, que exhiban un ostensible enriquecimiento, y que esto sea subestimado.

En casi todos los procesos aparecen los medios de comunicacin como los lderes organizadores de las oposiciones de derecha. Siempre estuvieron y es sabido que los medios son empresas que juegan su juego econmico, pero esta vez se hizo muy ostensible su papel como organizadores principales de las derechas sociales y polticas para combatir a los gobiernos del ciclo. Contra la ilusin de que las redes sociales contrarrestaran ese poder y garantizaran una circulacin democrtica de la informacin y la opinin, la concentracin meditica en su formato digital result muy poderosa. Hoy hay una mayor concentracin de la capacidad de creacin y difusin de mensajes y las derechas no se quedaron quietas y batallaron para organizar en ese territorio digital a ese porcentaje -entre un 25 y un 50% de la poblacin, segn cada pas- que nunca se sum a las propuestas de los gobiernos del ciclo y se sostuvo opositora. Esa gente siempre estuvo ah, con capacidad de irradiar, de articular sus intereses, con recursos de poder y econmicos muy grandes.

En ese contexto de disputa social y poltica se desencadena la crisis econmica, se hacen ms vulnerables los gobiernos y empieza un proceso de degradacin poltica muy fuerte en la regin. El primer hito es el triunfo electoral de Mauricio Macri en Argentina, en octubre de 2015, cuando hasta poco antes pareca una opcin impensable. Pero logra ganar el ballotage con muy poco y comienza a implementar cambios sustantivos de corte neoliberal, hasta llegar al actual presente de crisis econmica y social. Aplica, en simultneo, un plan monetarista para contener la inflacin y una estrategia de endeudamiento masivo, con el propsito declarado de generar las condiciones para atraer inversiones externas. Ambas estrategias conducen al desastre de una inflacin imparable, con tasas de inters exhorbitantes, el dlar por las nubes, recesin, desempleo y una deuda imparable que empuja a pedir asistencia al FMI.

Webber: Bueno, fuera de Macri, cmo caracterizas esta nueva ola de la derecha. Porque tenemos Macri, hasta Bolsonaro, hasta Piera, hay inflexiones diferentes en diferentes pases pero cules son las caractersticas comunes y las particularidades, algunas particularidades?

Thwaites Rey: Lo que uno parece notar es el grado de intolerabilidad que tienen ciertos sectores sociales medios y altos a los mnimos procesos de reformas. Es un temor que parece exagerado frente a medidas que, para nosotros, no implicaron ninguna transformacin profunda. Sin embargo, provocan una irritacin y rechazo mucho mayor a lo que efectivamente produjeron estos procesos.

En algunos casos, tiene que ver con la inflamacin de la retrica de los lderes, que generaron un antagonismo fuerte. Es preocupante la reaccin de las derechas latinoamericanas, que se muestran muy belicosas con todo lo que le parezca popular o de izquierda. En Europa las izquierdas son rechazadas porque defienden a los inimigrantes, aqu lo que se rechaza es la pretensin de igualitarismo. Y usan el argumento de la corrupcin -indudablemente existente- como excusa para atacar lo popular en todas sus manifestaciones. Es una excusa porque, de lo contrario, no podran aceptar a personajes como Macri, que proviene de una familia que se ha enriquecido con contratos dudosos con el Estado, que l mismo ha tenido causas por contrabando, que tiene empresas off shore y aparece en los Panam papers, que hasta reconoci que su padre -a 15 das de su muerte- haba pagados coimas.

Una cuestin que aglutina a las derechas es la de la seguridad y la represin. En Argentina, por ejemplo, se manifestaron siempre muy en contra del llamado garantismo, es decir, el sistema legal que garantiza los derechos humanos e impide la represin brutal. Esto siempre fue interpretado por las derechas como una defensa de los criminales y por contraposicin levantan la mano dura. Esto tambin se ve en Brasil, donde est ms acentuado por el componente explcito de racismo. Y en la Argentina tiene ese componente de orden, de meritocracia, al que se le suma el anti peronismo. Es la mirada del peronismo como un "plebeyismo" igualador, que vulnera la meritocracia de quienes se sienten, sobre todo de capas medias, herederos de una tradicin de ascenso social laborioso de sus abuelos inmigrantes.

En chiste decimos que ac hay una meritocracia hereditaria, porque el abuelito hizo mritos para toda su descendencia, que solo tiene que invocarla. Entonces, hay este componente que tiene muy arraigada la idea del peronismo como eso que vino a poner en un plano de igualdad lo que no tiene que ser igual. Y no es necesariamente antidemocrtico, por eso es paradojal, porque supone que una democracia tiene que permitir que cada uno suba todos los escaloncitos sociales que pueda por sus propios mritos individuales... y pareciera que el peronismo lo que hace es intentar saltarlos con atajos que ayudan a quienes no lo merecen.

Pero, a su vez, no es solo el peronismo clsico el objeto de rechazo, porque ya en esta vuelta de tuerca se ve al kirchnerismo como un peronismo que levanta objetivos de izquierda, derechos humanos. Entonces se da una rehabilitacin de ideas reaccionarias que siempre estuvieron ah. No es que la derecha apareci de golpe, siempre estuvo ah. Lo qu pasa es que en determinados procesos se ven obligadas a retroceder un poco, porque no tienen la posibilidad de articular sus propias demandas, porque la escena pblica est hegemonizada por otros discursos y otras polticas y entonces no pueden expresar las propias. Hay un determinado momento en que eso refluye y ah salen con todos sus fueros y con todas sus posibilidades de expresarse, mientras los medios de comunicacin dominantes le dan forma, construyen y amplifican su discurso. Porque tambin es otra falacia creer que los medios de comunicacin inventan todo, manipulan y llevan a la gente de las narices. Lo que hacen es darle sustancia y difusin a aquello que ya est presente.

Adems, creo que no hace falta tener ninguna mirada conspirativa para saber que el Departamento de Estado norteamericano, a travs de las embajadas, de agregados militares, de servicios de inteligencia, oper y sigue operando en contra de cualquier opcin que roce mnimamente sus intereses. Y bueno, la llegada de Trump aceler este proceso, aunque con resultados contradictorios y complejos, porque es tan brutal su accionar que hasta espanta a los propios. Pero que estn, estn.

Webber: La ltima pregunta es, con todos estos nuevos gobiernos de la derecha, ellos tampoco tienen su propia salida a estas crisis, porque en el mercado mundial no hay una respuesta al 2008 todava, entonces la popularidad de Bolsonaro es casi un 30% ahora, hay una crisis de Macri por las prximas elecciones, entonces cul es la probabilidad de una duracin ms larga de esta nueva derecha?

Thwaites Rey: Yo creo que hay una diferencia muy importante entre la ola neoliberal de los 90 y sta. En los 90 haba una densidad econmica, poltica e intelectual muy grande. Haba una promesa de que aplicando determinadas medidas del consenso de Washington privatizacin, desregulacin, apertura, disciplinamiento fiscal iban a producirse mejoras notables. Y, sobre todo, estaba la globalizacin como el estandarte prometedor de un mundo integrado y feliz. Decan que la globalizacin nos iba va a permitir acceder a distintos mercados y que iba a primar la soberana del consumidor. Era una promesa muy potente de bienestar, que aseguraba que la prosperidad iba a llegar si se sala de los lmites de los modelos "benefactoristas" y se liquidaban los gastos improductivos del Estado. Y, en Amrica Latina, el proyecto vena llave en mano, con recetas para aplicar las polticas necesarias. El consenso de Washington haca que las burguesas internas, encargadas de aplicar estos proyectos, no tuvieran que hacer ningn esfuerzo intelectual para plantearlo. Llegaban los prstamos del Banco Mundial, el BID, el PNUD con un manual de procedimientos incluido para conducir el Estado.

Hoy parece que las derechas no tienen un rumbo claro. No hay ninguna cosa que puedan exhibir como un rumbo enamorador, que entusiasme, que pueda generar alguna ilusin a futuro. No lo hay, no lo tienen porque las consecuencias de la crisis son muy terribles y el ajuste permanente no parece ser una meta muy encantadora que digamos. Todo lo contrario. Lo preocupante, sin embargo, es que esto exacerba otro tipo de derechas ms brutales, ms xenfobas, ms antipopulares y ms dispuestas a usar la fuerza y la violencia, que es lo que empieza a verse con gran inquietud.

Una pregunta lascerante es qu viene despus de los fracasos de estos gobiernos u opciones polticas en pugna, que se plantean como adalides anti-corrupcin del populismo y los devaneos redistributivos de la izquierda irresponsable y autoritaria? Por eso es tan inquietante la forma de resolucin que tenga la actual crisis venezolana. Que Trump, por razones electorales internas, juegue a desestabilizar a Venezuela de la peor manera es un tema crucial para la regin. El cachivache del intento de golpe, con Guaid apoyado por los gobiernos de derecha de la regin, no pudo prosperar, pero la situacin sigue siendo muy grave y peligrosa. Por eso la importancia de los equilibrios polticos que puedan lograrse para evitar una radicalizacin belicosa del conflicto. El papel de Mxico y Uruguay es muy importante en el actual contexto. Est claro que la llegada de Macri, la cada de Dilma y el encarcelamiento de Lula, ms el desplazamiento de Correa por un Lenin Moreno derechizado habilitaron la ofensiva derechista sobre Venezuela. Queda claro aqu como el ciclo de impugnacin al neoliberalismo tena un componente regional que, aunque incipiente e insuficiente, intentaba contrarrestar la influencia estadounidense. Y hoy ya no est.

*Jeffery R. Webber es profesor de economa poltica en Goldsmiths, Universidad de Londres y coautor de Los gobiernos progresistas latinoamericanos del siglo XXI. Ensayos de interpretacin histrica, con Franck Gaudichaud y Massimo Modonesi (UNAM, 2019).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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