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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-06-2019

Unas notas rpidas en medio del debate poltico

Miguel Alejandro Hayes
La Trinchera


Est muy bien montado el signo lingstico pos 59 en Cuba -y no es palabrera-. El lenguaje nos domina, y repetimos -y nos creemos- que somos un pas en revolucin. La Revolucin Francesa no dur ms de diez aos, ni poda. Una revolucin no puede durar sesenta En un sentido de cambios constantes acelerados, un pas en Revolucin durante un tiempo superior a una dcada no aguantara, sobre todo porque las transformaciones pudieran ser mayores que los que las propias relaciones sociales soportaran. Por otro lado, un pas altamente burocratizado no puede ser un pas en revolucin suena contradictorio verdad? Eso ya se ha dicho antes, pero deba empezar por ah.

Aclaro que con lo anterior no he catalogado que vivimos en la era Contrarrevolucin, sino en la Pos-revolucin. Afirmarse como que se est haciendo Revolucin, no sera entonces un argumento muy serio para que alguien se auto-valide en cierta actuacin o postura -aunque muchos se lo creen-. Estrechamente relacionado con eso, veo un fenmeno al que la oficialidad -quien lo es de hecho y de conciencia, o ambas juntas- aun no se adapta a lidiar, en buena medida por auto-nominarse a s como Revolucin: no ser los nicos actores, o no ser las nicas voces con cierto discurso en favor del bien social y con un espacio para exponer sus ideas.

Durante aos, dicha oficialidad estuvo acostumbrada a tratar con una pobre e incompetente desde el punto de vista ideolgico, disidencia. Todo era muy sencillo: est ltima, era la oposicin. Era la derecha cubana que se juntaba con el enemigo. Con ese clima, el discurso oficial sale invicto ante la falta, no de alternativa, sino tan siquiera de otro discurso que sea creble.

Pero los tiempos cambian. La apertura a nuevas formas de gestin, a nuevas lgicas de produccin social, no solo se expresan en relacin al papel moneda (actividad econmica en el sentido estricto), sino tambin a la actividad cultural, poltica, ideolgica. Por eso, la prctica por cuenta propia, no solo es la puerta a cierta legalidad a la actividad independiente, y a un marco que lo estimule y lo valide, sino tambin es un catalizador de la produccin de subjetividades que apuestan por una actividad independiente -al menos, separada de los clsicos esquemas estatalizados-. Y los resultados se ven: mucho hay de produccin cultural, econmica, poltica, e incluso acadmica, de manera independiente.

A todo ello, si se le suma cierto hermetismo en la actividad humana bajo la lgica estatal de propiedad (que a su vez, las insuficiencias de esta ocasionaron la necesidad de la apertura a la actividad independiente), si no es capaz de satisfacer las dinmicas de realizacin como individuo que necesitan muchos, entonces estos irn a parar a los espacios independientes. La prueba de ello, es el flujo que reciben estos, lo que demuestra que estn dichos espacios atrapando las aspiraciones de una parte nada despreciable de la fuerza de trabajo cubana. Termina por ser que el sector estatal tiene que lidiar con un sector privado -hijo de sus propios contradicciones-, que por cierto, en tales relaciones ha mostrado rasgos de intolerancia.

En el campo poltico ideolgico, destaca la entrada en escena y proliferacin de otros paradigmas de discurso poltico -otro discurso que responde a otras reglas-. En l, aparecen alternativas, al auto-proclamado por decreto como la izquierda oficial, e incluso, al opositor. De manera muy llana, a veces se asume a todo lo no oficial, como oposicin y derecha-. La cuestin ah, es que esos -estos- discursos independientes, no pueden todos ser la derecha.

Ya no todo el que no tiene el mismo discurso que el gobierno es la derecha. Ahora coexisten con el oficial, tambin, el independiente de izquierda, y el opositor de izquierda. La oficialidad tiene que aprender a lidiar con otro lenguaje revolucionario, incluso con dicha oposicin de izquierda -tan legtima como la izquierda institucionalizada-.

Todos los medios independientes no son financiados por el imperio, ni trabajan para este, o son enemigos del pueblo (debera ser considerado enemigo del pueblo todo aquel que orgnicamente contribuye a que como mnimo, no mejore la situacin de este, y en ese saco no solo va el imperialismo norteamericano). Lo revolucionario no es el gobierno, tampoco fuera de este se es lo contra-revolucionario. Lo revolucionario se mide por la relacin orgnica en pro de los cambios favorables a la nacin. El veredicto sobre eso, a base de un mal uso de teora de conjuntos, no arrojar un resultado correcto. Descalificar a la actividad independiente que ha alcanzado a la vida poltica-ideolgica, no es nada apropiado. Es cuestin de asumir su presencia y sus causas los espacios vacios de la actividad oficial en esos aspectos-. Tal parece que lo que molesta es la prdida de la hegemona ideolgica absoluta.

Basta de acusaciones y de atacar al mensajero. Es solo una sugerencia.

Fuente: http://www.desdetutrinchera.com/politica-en-cuba/notas-rapidas-debate-politico/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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