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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-06-2019

Sobre la corrupcin y sus culpables

Juan Carlos Pinto Quintanilla
Rebelin


Dignidad como valor

Hubo un tiempo en el que la dignidad era un principio fundamental para sostener el orgullo social de seguir siendo, para que la imagen personal y familiar pudiera perdurar en el recuerdo y quizs la admiracin de los allegados, amigos, familiares, vecinos o colegas de gremio; por haber sostenido con dignidad-es decir con estoicismo, honradez y sacrificio- la condicin laboral y/o de penurias existenciales con las que les toc vivir, sin apelar a medios inmorales.

Quizs recordar en Europa, a los viejos artesanos medievales, que orgullosos de su privilegiado trabajo para los nobles, producan prendas exclusivas y se preciaban de su dignidad laboral de obtener lo que tenan con su esfuerzo. Algunos de ellos fruto de su emprendimiento, mutaron rpidamente al naciente sistema capitalista, organizando la produccin y proclamando la honradez como valor del trabajo, esta vez para no sufrir prdidas por parte de los recientes proletarios. El valor del trabajo y el esfuerzo que antes se tornaba en smbolos de dignidad, empiezan a cambiar convirtindose en razones de sobrevivencia proletaria, ante patrones que exaltan su propio esfuerzo y penurias para proporcionar trabajo a los miles de siervos que se incorporan al naciente sistema capitalista en calidad de vendedores de su fuerza de trabajo. Aqu la dignidad empieza a devaluarse frente a la sobrevivencia necesaria, y el sistema lo convierte en un principio para cuidar los bienes de la empresa.

Todava ms, el capitalismo convierte al trabajo en una necesidad de sobrevivencia, frente a la dignidad de trabajar de antao, y persigue la ociosidad, la penaliza creando leyes que penaliza a los que no trabajan, y crean un sistema penitenciario moderno, para disciplinar a los indisciplinados y rebeldes al trabajo proletario.

En nuestra Amrica Latina, la colonia se impuso a sangre y fuego, pero tambin de engaos y traiciones, que expresaban que la conquista justificaba su fin civilizador con cualquier medio utilizable, pues la evangelizacin y la civilizacin de los indios lo ameritaban. La corrupcin fue utilizada en funcin de los fines histricos propuestos, los ingleses cambiaron por espejos extensas cantidades de territorio a los pobladores indgenas de Norteamrica, engaaron a los Incas para enriquecerse con el oro incaico o envilecieron y compraron conciencias como ocurri con la Malinche en Mxico; y as se podran sumar miles de ejemplos histricos ms.

La dignidad de los pueblos se convirti en su resistencia. Mientras los colonizadores los explotaban y los exterminaban, tambin buscaban doblegarlos corrompindolos, as, el engao y el ofrecimiento de privilegios a algunos buscaba dividir, mientras el alcohol que ancestralmente era de uso ceremonial fue utilizado por la conquista para doblegar voluntades y comprar conciencias.

Ya entrada la Repblica, mientras dichas prcticas coloniales de dominacin continuaban, tambin se normativiza el trabajo como valor fundamental y el disciplinamiento de la fuerza de trabajo como una necesidad productiva del sistema. De esta manera, como nos narra Rodrguez Ostria, en las minas se implantan los calendarios laborales y los castigos disciplinarios. En Cochabamba, por otra parte como nos comenta Yuri F. Torres, las chicheras que cercaban el centro de la ciudad empiezan a ser desplazadas a la periferia, mientras se implantan leyes contra la vagancia y la ociosidad, que rpidamente eran relacionados con la delincuencia, y penados con crcel. Ocurra con la misma lgica del sistema capitalista en Europa, solo que un siglo despus y en otras condiciones ya que las crceles en el viejo mundo funcionaban como centro de disciplinamiento de la mano de obra proletaria, mientras en el mundo dependiente latinoamericano se convirtieron en centros de deshecho humano y de exclusin que estuvo permeado por el racismo que vean a la rebelda indgena como factor de delincuencia que deba ser perseguido y penado.

El trabajo como valor fundamental

Fue Adam Smith y en definitiva Marx los que exponiendo las entraas del Capital, pusieron de manifiesto que es el trabajo humano la nica productora de riqueza, pero adems que el capitalismo es el que se encarg histricamente de organizar las fuerzas productivas, a travs de su concentracin y disciplinamiento, para el objetivo fundamental de revolucionar el sistema productivo en base a la extraccin de la plusvala del esfuerzo de los trabajadores.

En esa perspectiva es que el sistema capitalista, reordena no slo el sistema productivo, sino la cultura y la moral social que permita a la sociedad asumir que el trabajo es el eje de la vida y la reproduccin. El ascenso social de los ms pobres, as como posibilidades futuras para su prole slo podrn ser posibles con ms trabajo, y aunque sea una ilusin nunca cumplida, es un objetivo construido para dar sentido de futuro al esfuerzo proletario. De esta manera, el trabajo se convierte bajo el impulso capitalista en el leitmotiv de la vida, y no es que no lo fuera antes, pero bajo el influjo capitalista no slo que no podemos sobrevivir, sino que se constituye en el sentido de la vida, tambin como herencia de valores a la siguiente generacin.

En Europa y el primer mundo los grandes maestros artesanos, se convirtieron en los annimos trabajadores en serie, y el trabajo como realizacin humana, se convirti en razn de sobrevivencia. En nuestro mundo dependiente y capitalista que no dio lugar a la explosin industrial sino en enclaves determinados, la migracin de indgenas y campesinos hacia las ciudades, que bien o escapaban de la explotacin de los patrones, o del exterminio de los gobiernos para dar cabida a los miles de migrantes europeos que llegaban a ocupar sus territorios; slo dio lugar a determinados espacios de formalidad laboral, pero a otros miles de informalidad para la sobrevivencia.

Y las clases dominantes y oligrquicas constituyeron repblicas con la independencia, bajo la sombra fundamental de sus intereses econmicos que marcaron fronteras, y donde el trabajo sigui la moral capitalista de ser el eje fundamental de la sobrevivencia, y donde no exista trabajo formalizado de empresa, campeaba la informalidad o bien la abierta explotacin semiesclava de la fuerza de trabajo, como en el caso de Bolivia con el pongueaje y el mitanaje. Todo ello permeado por la doble moral de la repblica que mientras proclamaba la ciudadana para todos, dejaba excluidos a los pueblos indgenas. Que mientras proclamaban la repblica constitucional, su mayor recurso era precisamente el de las asonadas militares, y el robo de los recursos estatales, junto a algunos celebres presidentes, como en el caso de Bolivia, que rifaron, vendieron o negociaron el territorio nacional con los pases vecinos.

La cultura de la corrupcin

Entonces, cmo definimos la corrupcin en el contexto histrico estructural al que nos referimos anteriormente? Si establecemos que est relacionada con la violacin de lo establecido para la obtencin de beneficios individuales o de grupo, tendremos que afirmar que la historia toda est llena de actos de corrupcin a lo establecido, y que cada sistema que determina normas morales para organizar la sociedad, termina siendo interpelado, corrodo por los actos de corrupcin individual de quienes conspiran o se apropian ilegalmente de recursos o bien de pueblos que dejan de creer en las ideologas establecidas para la convivencia en dichos regmenes y buscan formas propias de sobrevivencia al margen de lo establecido.

Entonces en ese marco, el delito y la corrupcin se convierten en un medio no un fin. Los medios no son buenos ni malos, son efectivos o no. El juicio de valor opera sobre los fines, existe otros medios disponibles para lograr los mismos fines con igual efectividad? O ms bien el beneficio conseguido es colectivo o tan slo es de egosmo individual o de grupo, daando o afectando los intereses del conjunto de la comunidad? En ese camino, nos preguntamos con Bertolt Brecht ese revolucionario poeta alemn: qu es robar en comparacin con crear un banco? haciendo irona de la moral burguesa que penaliza el robo de la propiedad privada, mientras las instituciones capitalistas, bancos y empresas, cotidianamente se apropian del trabajo de los pobres, legalmente a travs de contratos, o bien de emprstitos que les permiten a los bancos lucrar con dinero de los ahorristas.

Por eso, hipcritamente, se penaliza el robo que afecta a la propiedad privada, que es un tema moral de la comunidad y que el Estado debe intervenir para mostrar sentido de representacin de autoridad; pero lo hace en mayor dimensin cuando es la propiedad capitalista la afectada, porque representa al sistema en su conjunto. La acumulacin originaria del capital, representa el despojo de campesinos, comunidades indgenas y originarias, en definitiva el robo a nombre de la modernidad y el desarrollo; en este lado del mundo a nombre de la repblica contra el atraso y el barbarismo indio, es decir eso no es definido como ROBO sino como avance civilizatorio; como en tiempos neoliberales el proceso de capitalizacin de las empresas estatales, que signific el remate de bienes estatales a los precios ms bajos, signific traer inversin en lugar de ser llamados procesos estatales de corrupcin.

Los valores de mercado

El pensamiento y los valores de mercado dominan todos los aspectos de la vida pblica y privada, ambas dominadas por un hiperindividualismo radical y perverso que naturaliza la ceguera moral, consolida la tolerancia a la corrupcin como problema si se obtienen beneficios. La corrupcin es un problema si nos afecta en lo personal, pero si podemos desarrollarnos sin amenazas, la corrupcin no es un problema.

Sin embargo, el discurso oficial basado en el deber ser, exalta la honradez individual y social, y lo penaliza o sanciona socialmente; en ese camino el discurso anticorrupcin se convierte en un dispositivo ideolgico que permite defender la democracia neoliberal, es decir el conjunto de valores exaltados por una sociedad para la convivencia en trminos armnicos de mercado y que define una forma consensuada de poder y gobierno. Ahora bien, el sistema que persigue a la corrupcin como un mal que pervierte a la propia democracia, construye su antpoda en el de transparencia, y no en el de honestidad. Para el discurso moralista la transparencia es el medio para recuperar la confianza pblica en los dirigentes y las instituciones, sin embargo, es diferente a la confianza que se activa frente a lo desconocido, es una virtud, no una certeza.

Con la transparencia se degrada la virtud, niega el campo de la tica de la capacidad de decidir. En un supermercado tenemos todo al alcance de la mano, es personal la decisin, sin embargo hay una cmara que nos avisa sonra lo estamos filmando. Pasamos al campo de la coercin, del miedo, por sobre la confianza. Vivimos en la sociedad del miedo y la vigilancia a nombre de la seguridad, del control por nuestro bien, en definitiva nos vigila para que podamos cumplir con la transparencia que la sociedad requiere para dar seguridad, la que el estado y el poder hegemnico requiere. Existe una abundante transparencia en una sociedad hipermediatizada para juzgar y utilizar, todo se transparenta a nombre de la honestidad social, pero lo que realmente se vigila y sanciona es el pensamiento y la accin que interpela al sistema. A nombre de la transparencia se desaparecen las fronteras entre lo pblico y lo privado, y nadie escapa al control meditico donde existimos socialmente.

Finalmente, es el sistema el que de acuerdo a los intereses dominantes generar una opinin sancionatoria o de silencio cmplice respecto a los actos de corrupcin, por cuanto la diferencia entre los corruptos y los no corruptos es que los no corruptos somos siempre nosotros. En la sociedad de mercado, la gente reacciona segn sus intereses, importa el fin y el contexto. La corrupcin existe segn la contingencia, pues es fuente de deslegitimizacin, de su persecucin y condena.

La condena a la corrupcin es el medio por el que se activa el inters, una herramienta para crear o negar escndalos que generen estabilidad o inestabilidad poltica. En definitiva siendo que la corrupcin es parte del funcionamiento del sistema de mercado capitalista, se activa la transparencia social y mediatizada anticorrupcin segn los intereses en curso; todava ms el sistema nos cambia el objetivo de la lucha, que no haba sido la lucha contra la explotacin, sino contra la corrupcin, ya que el mal de la democracia no es la gran diferencia social y econmica que genera un sistema de clases, sino el que algunos corruptos que abusan de la confianza ciudadana se apropian de recursos de todos, ese es el gran flagelo a combatir.

Por eso desde hace mucho y ahora de manera ms intensa, las agendas electorales en el continente y el mundo versan sobre el enfrentamiento contra la corrupcin, como producto de algunas malas conciencias a las que hay que penalizar para salvar la democracia; y no de un sistema que promueve la corrupcin como forma de existencia en la lucha de mercado por la hegemona.

Corrupcin como poltica imperial

En los 90, el neoliberalismo haba llegado, con la oferta de que con democracia se comera, estudiara, pero las cosas empeoraron, la apariencia de democracia era un fin en s mismo, ya no, los valores y las ticas pblicas. La democracia empez a crear entramados que modificaron las instituciones, el trabajo perdi prestigio, la familia se desestructur, de una economa de mercado a una sociedad de mercado, donde todo tiene precio, se convierten en problemas lo que son consecuencias. No queremos afirmar que antes no se diera esta situacin en el mundo del mercado dependiente de nuestros pases, pero la cultura plena del consumo se convierte en un eje cultural en este momento de la historia; pero adems porque para la expansin del mercado y de la democracia liberal imperialista, la corrupcin se convirti en un arma geopoltica que les permiti seducir a los gobiernos para privatizar, reducir el estado, repartir ddivas personales por favores de mercado, sobornar para expandir el neoliberalismo global, pareca ser la consigna.

Esta accin deliberada de corromper a los gobiernos como geopoltica imperial, ya fue implementada por EUA, cuando perdan la guerra en Vietnam, cuando vieron que poda ser ms efectivo que la propia guerra, el corromper a los funcionarios y al propio enemigo para lograr la informacin o las decisiones necesarias. Entonces, la corrupcin se convirti en un medio de influencia necesaria, a decir de Moriconi, la corrupcin fue defendida y naturalizada en la prctica como medio efectivo para estabilizar nuevas democracias y extender el capitalismo. La corrupcin generaba previsibilidad en contextos administrativos inestables, por cuanto se logran los resultados esperados y asegurados previamente. Para el sistema significa que la corrupcin afecta positivamente el desarrollo en trminos econmicos. La honestidad en ese contexto deja de ser un valor, y es ms bien un estorbo para el desarrollo posible en trminos de mercado y acceso a la modernidad.

Todava ms el propio sistema de mercado legaliza formas de corrupcin que afectan al funcionamiento del mercado y lo hacen de manera permanente, por ello acuden a los recursos de la despenalizacin, como el de las amnistas fiscales. Tantas veces se ha mencionado la figura del lobbysmo, que en el primer mundo se ha vuelto empresa, ya que existe un mundo empresarial que paga un determinado monto por la posibilidad de generar reuniones con determinadas personas del mundo poltico o empresarial. Esa misma estrategia que aplican esas empresas con gobiernos de nuestros pases, es deducible de los impuestos que pagan esas empresas en sus respectivos estados. All es legal, aqu es corrupcin.

La experiencia de Odebrecht con varios gobiernos de Amrica Latina, que ha puesto de manifiesto la relacin de los intereses de mercado con la poltica de representacin, nos ha demostrado hasta qu punto, el tema de la corrupcin institucionalizada se ha visto coaligada con distintos gobiernos, que han recibido determinados montos para favorecer en contratos a empresas que buscaban asegurar sus inversiones. En palabras del propio director de la mencionada empresa: sin sobornos no habra empresa posible. O lo que es lo mismo, la corrupcin es una estrategia ms para que el sistema de mercado funcione, los mrgenes de accin dependern de gobiernos y legislaciones que pongan determinados lmites morales pero sin embargo, estos son permanentemente rebasados en la prctica.

Queda sin embargo el tema de porqu determinadas prcticas patronales son controladas y hasta legalizadas en los pases del primer mundo, permitindoseles incluso de manera legal el corromper gobiernos y empresas del tercer mundo, donde el tema de la corrupcin se presenta como una forma de escndalo que daa la moralidad instituida y permite defenestrar a quienes incurrieron en esas acciones de la gestin pblica.

Lo ms grave en ese camino es que se hubiera generalizado una doble moral al respecto, donde lo que en realidad impera en el inconsciente del sistema de mercado dependiente, es que el mayor pecado o delito no es cometerlo sino hacerse pescar, de esta manera parece que nos hubiramos ido adaptando como cultura ante un tema que no podemos controlar y muchas veces optamos por ejercerlo para que las cosas funcionen. De esta manera, con el modelo exitoso de mercado, el fin de la riqueza o del prestigio se obtiene de cualquier modo y la tolerancia poltica-social a la corrupcin se justifica con el roba pero hace para juzgar a algunos polticos, con el que demasiado sentido comn de las personas acta, porque parece que se hubiera hecho ajeno el sentido de pertenencia de lo pblico, de esta manera solo si me beneficia o afecta de manera directa a m o los mos, tomo posicin crtica o de aceptacin; mientras el Estado se convierte o es visto como un botn del que logr subir, y sobre el que no tenemos control y slo podemos resignarnos a que parte del botn sea de beneficios para m y mi entorno.

En este camino, la legalidad dej de ser efectiva como medio poltico y se reconoce abiertamente que existe una corrupcin estructural la corrupcin es aburrida, todo el mundo roba pero hace, hasta que alguien roba de ms y se olvida de hacer, entonces aparentemente se detonan las alertas morales, que nos permiten manifestar nuestra ratificacin en los temas morales que todos creemos y por tanto, denigrarlo o enjuiciarlo socialmente. Sin embargo, en trminos sociales seguir el camino de la legalidad puede ser un obstculo para conseguir prestigio social y econmico, en esta doble moral en la que solemos acostumbrarnos a convivir; ya que los nuevos ricos o los que logran xito social, muchas veces no lo han hecho precisamente siguiendo las reglas morales establecidas, sino los atajos que el sistema permite para lograr el fin deseado: xito, prestigio y dinero.

Para esos fines, los mercados ilegales suelen ser ms efectivos que el Estado de Derecho, que sin dejar de funcionar en el marco de la explotacin del trabajo en el capitalismo, generan redes familiares y clientelares de trabajo informal que evaden los derechos laborales y generan redes de complicidad no slo en temas de productividad, sino en su comercializacin, que involucra el contrabando en las fronteras e incluso el narcotrfico. De esta manera, la corrupcin como forma de sobrevivencia ha generado en grandes espacios poblacionales populares, una estrategia asumida de evasin de lo legal, frente a un sistema formal que histricamente los ha excluido de las posibilidades de inclusin y xito en el mercado.

Qu podemos decir de la institucionalidad estatal encargada de velar por el cumplimiento legal de la norma establecida en un Estado histricamente inexistente en su capacidad de incluir y generar la ilusin de la gobernabilidad para todos? Pues que la perversin institucional se ha convertido en la forma de existencia y funcionamiento, de esta manera, todo un sistema de existencia y sobrevivencia informal, genera presin y adapta la institucionalidad legal, policial y militar de acuerdo a sus necesidades en funcin de las ofertas de mercado para evadir lo instituido.

En definitiva, el Estado nacional histricamente se ha informalizado en nuestra realidad, porque bajo la idea del poder concentrado, no se expresaban los imaginarios colectivos de un pas para todos, y s se expres en la accin poltica y militar estatal, de que el botn estatal le perteneca al sector dominante; al pueblo slo le quedaba para sobrevivir la evasin de la norma y la informalizacin de las relaciones. Por eso es que las instituciones que hacen al Estado colonial y republicano estn permeadas de corrupcin institucionalizada, donde lo que diferencia a jerarquas de bases, son los montos recibidos para permitir que la corrupcin ocurra al margen de la institucin, o gracias a ella.

Es esa cultura colonizada la que expresa el alma del colonizador, que suele vivir a travs de los colonizados, que asumen que el poder de la imposicin es algo que se replica o imita cuando las circunstancias cambian, incluida la corrupcin como estilo de gobierno. Hace falta todo un proceso de toma de conciencia en el camino de construir un proyecto revolucionario diferente para senti pensar el poder como construccin colectiva y servicio, que provoque una actitud diferente y revolucionaria, sino por el contrario seguiremos reproduciendo en el poder los mismos vicios de la imposicin y el aprovechamiento del poder que el mercado promueve y la imposicin ideolgica colonial sostiene.

Seguiremos teniendo funcionarios que se aprovechan del cargo, que cometen excesos de autoritarismo, que promueven el amiguismo y el nepotismo en los puestos pblicos a su cargo; que utilizan el poder como prolongacin flica (Ximena Centellas sic) cuando utilizan los espacios laborales no por la capacidad sino por los favores que puedan lograr de las contratadas que permanentemente estn sometidas a acoso sexual y laboral; que utilizan los recursos y posibilidades estatales que han generado mayor inclusin, para el aprovechamiento personal, como reproduciendo ese lema neoliberal de que lo que es pblico estatal es de nadie en lugar de haber pensado a la inversa en un camino que est construyendo sentidos distintos, donde lo pblico estatal es de todas y todos y la ciudadana toda es afectada cuando se atropella y corrompe lo que es de beneficio comn.

Y el Proceso de Cambio?

A pesar de esa mentalidad oligrquica racista y reacia a construir patria para todos, siempre hubo una reserva de dignidad que desde los pueblos aflor en las batallas que impidieron que Bolivia desapareciera producto de las invasiones territoriales de los pases vecinos, que sin embargo se quedaron con la mitad del territorio nacional con el que empezamos a ser Repblica.

Hoy tenemos muchas batallas en curso en un proceso revolucionario que sostiene como principio la recuperacin de la dignidad. Hemos logrado sostener la posibilidad de la transformacin econmica de quienes sobrevivan en la miseria, y que hoy tienen mejores posibilidades. Nuestra nueva economa ha permitido recuperar el derecho a la vida digna de nuestros pueblos. Sin embargo, todava pendiente est la batalla de la revolucin cultural, en el mundo de las ideas y del control ideolgico; donde todava nos hace falta construir poder popular frente al poder republicano y neoliberal que heredamos. La sombra del colonizador se cierne sobre el proceso de cambio, potenciando el mercado que individualiza y pervierte las conciencias al mejor postor; frente al proyecto comunitario y revolucionario del Socialismo; en ese contexto la corrupcin siempre seguir siendo un arma ideolgica y moral eficaz del sistema para desgastar el proyecto revolucionario comunitario.

Necesitamos en este enfrentamiento con el sistema, salir de su lgica corrupta de competir por quienes son menos corruptos, y que utiliza las armas del propio mercado. No solucionaremos los temas de la corrupcin, policializando o militarizando la sociedad, generando mayores controles totales sobre la ciudadana, generando mayores miedos ciudadanos, llenando las crceles y un largo etctera de recetas del sistema; pues siempre habr resquicios para que la corrupcin siga, y solo estaremos creando una apariencia institucional de control, que nos permita apaciguar miedos y ganar respaldos.

No le queremos quitar la importancia al sistema punitivo en el cumplimiento de la norma y que se busque un sistema institucional que penalice adecuadamente la corrupcin, de tal forma que recupere la credibilidad perdida, sancionando pblicamente a quienes se han aprovechado de los recursos comunes. Pero eso no termina de salir del campo de la transparencia, de la generalizacin de la desconfianza social, como forma poltica de control.

Lo que necesitamos es avanzar sobre la construccin de una tica pblica revolucionaria, que tenga como base la formacin poltica y el involucramiento ciudadano en la construccin del nuevo pas. Sostener en la gestin pblica el proyecto revolucionario, devolviendo el protagonismo a la ciudadana no slo con sus propuestas sino con la construccin colectiva de lo pblico. El control social debe dejar de ser una instancia burocrtica o de complicidad, y tomar el papel poltico de ser equilibrio y complemento crtico de las decisiones de Estado.

Cambiar el sentido comn de las cosas construido por la ideologa de mercado nos llevara tiempo, para sostener el proyecto alternativo del Vivir Bien con prcticas de gestin comunitarias, que no sean un imperativo del miedo sino un acto poltico de voluntad colectiva, basada en la confianza y en la certeza de que es posible construir un mundo diferente. Eso es construir la Patria como comunidad de destino que se consolide en una democracia intercultural que promueva la responsabilidad, la virtud y la identidad junto al inters comn.

Bibliografa consultada

Rodrguez Ostria, Gustavo. La acumulacin Originaria en Bolivia. CIS, La Paz, Bolivia 2018

Torres, Yuri F. Las chicheras en Cochabamba. Art en Opiniones de La Razn. La Paz, Abril 2019

Gargarella, Roberto Si eres igualitario, porque eres tan rico. Art. En Nueva Sociedad # 276. Pg. 91. Bs As. Argentina 2018

Moriconi, Marcelo Desmitificar la corrupcin Art. En Nueva Sociedad # 276. Pag.118. Bs As. Argentina 2018.

Centellas, Ximena La condicin de la mujer. Cuadernos de Formacin #6. Direccin de Fortalecimiento Ciudadano. VPEP. La Paz 2018

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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